Lluvia de fuego y viento de ceniza.
Agonía del cielo ametrallado:
encima
del paisaje calcinado
una columna de humo se
eterniza.
Entre orillas de
muertos se desliza
De Babilonia el Tigris
profanado.
Busca el bárbaro halcón
acorazado
El crudo que en las bolsas se cotiza.
Herido, el niño agua necesita
Para su carne abierta y ofendida,
Donde una hoguera de
dolor crepita.
Abre el grifo la madre
enternecida
para apagar el fuego de
las herida...
¡y sólo mana crudo de la espita!
Eduardo