tormenta del desierto 2

 

Lluvia de fuego y viento de ceniza.

Agonía del cielo ametrallado:

encima del paisaje calcinado

una columna de humo se eterniza.

 

Entre orillas de muertos se desliza

De Babilonia el Tigris profanado.

Busca el bárbaro halcón acorazado

El crudo que en las bolsas se cotiza. 

 

Herido, el niño agua necesita

Para su carne abierta y ofendida,

Donde una hoguera de dolor crepita.

 

Abre el grifo la madre enternecida

para apagar el fuego de las herida...

¡y sólo mana crudo de la espita!

 

 

 Eduardo