El Tatuaje en la historia
Debido a las represiones sociales o religiosas que han existido a través de los siglos, es prácticamente imposible precisar los orígenes del tatuaje. Sim embargo, se sabe que ha sido utilizado con motivos religiosos, sociales o decorativos por múltiples civilizaciones ancestrales. De hecho, los cristianos de la antigua Roma se tatuaban una serie de simbolos como el pescado o la cruz para identificarse y ayudarse entre sí.
Cuando la época de las persecuciones llegó a su fin, los cristianos pudieron practicar el arte del tatuaje hasta el grado de convertirlo en un acto de fe, en el que la religiosidad jugaba un papel predominante. Podían verse frentes, mejillas, pechos, brazos y hasta piernas adornadas con cruces, coronas de espinas, peces y otros símbolos própios de su fe. Pero en el año 787, ya más fortalecida la Iglesia y liberada de las persecuciones, el emperador Adriano I redactó un manifesto en el que prohibía su uso.
Con este decreto, el uso del tatuaje en Europa desapareció bajo pena de ser castigado severamente, pero fueron los fieles de la Iglesia de Oriente quienes continuaron con la antigua tradición del tatuaje. Estos religiosos estaban influenciados por los marineros que regresaban de sus viajes a Tierra Santa, donde el uso del tatuaje vivía un apogeo y fervor religioso muy elevado como muestra de su pertenencia a una comunidad creyente.
El tatuaje ha estado presente en varias zonas, entre ellas el Mediterráneo, donde los espías griegos se comunicaban por medio de tatuajes. A su vez, los romanos utilizaban el tatuaje para marcar a los criminales y esclavos que participaban en combates del coliseo, mientras que en el oeste de Asia se usaba para mostrar el estatus y la clase social a la que pertenecía. Las mujeres casadas estaban tatuadas de una forma característica que las identificaba como esposas de algún gran señor.