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Hazaña totalizante del Teatro Gayumba en Ubú Rey

Marianne de Tolentino

(HOY, Santo Domingo, 2 de septiembre 2006)

 

Durante un fin de semana, el público ha tenido la oportunidad de disfrutar un magnífico espectáculo que demuestra la riqueza del teatro pobre... El Teatro Gayumba, que cumple 30 años al servicio de la vida teatral dominicana, acaba de presentar en el Instituto Cultural Dominico-Americano, la famosa obra dramática de Alfred Jarry "Ubú Rey" (Ubu-Roi).

Creemos que no se podía elegir una mejor celebración que el montaje de una pieza, insólita desde su creación, particularmente acorde con el temperamento de ese dúo formidable. Nives Santana y Manuel Chapuseaux actúan, inventan, dirigen, conciben, transforman, musicalizan, dejándonos atónitos ante su virtuosidad y energía. Son verdaderos magos de la escena.

Ubú Rey, basado aquí en el texto de Enrique Buenaventura, se presta indudablemente para una versión libre de la pieza original de Alfred Jarry. Casi nunca hemos visto y oído una "criollización" tan lograda e inteligente, cuando las adaptaciones suelen ser artificiales, exageradas y mediocres. Gayumba la vuelve eficaz, deslumbrante, perfectamente acorde con el espíritu de la obra francesa, y recibida con jocosidad por los espectadores ¡Bravo!

La Obra

Referirse a la historia de la pieza, a finales del siglo XIX, fortalece justamente la producción dominicana y su fantasía. Parece increíble que originalmente fue una farsa escrita en el colegio por Alfred Jarry adolescente, burla cruel a uno de sus profesores, apodado Pere (padre) Hebé o Ubu. Él la hizo representar en 1888 con títeres, exitosamente para los amigos. Ocho años más tarde, el "Theatre de l'Oeuvre" en París, cuyo director quería "mover ideas", montó ese Ubú Rey de Jarry.

La premiere, ¡un escándalo!, causó estupor, cuando estalló en boca del actor el famoso "Merdre", grosería inaudita para los oídos burgueses. Sin embargo, fue un triunfo y, desde entonces, en una multitud de países, se ha representado incontables veces, hasta en nuestro Palacio de Bellas Artes, hará unos 25 años. Así pues la travesura y la mofa sellaron a Ubú Rey desde el instante mismo de su nacimiento: ¡el Teatro Gayumba encontró el tono justo y legítimo!

En principio, perteneciendo a la corriente del teatro simbolista que quería provocar la reflexión, proponer un mensaje y hacer un mundo totalmente imaginario -válido para cualquier ámbito-, Ubú Rey se lanza a la irrealidad de una Polonia gratuita y abstracta, lleva a extremos la caricatura psicológica, social y política, a través de una pareja aberrante y criminal, Madre Ubú y Padre Ubú. Asistimos al delirio asombroso e hilarante de dos criaturas perversas, unidas en y por su degradación, que tendrán, al cabo de muchas peripecias y fechorías, por única salvación el exilio ¡hacia nuestra isla caribeña! Ese desenlace es invento puro de Gayumba, que salpica también alegremente los diálogos, de alusiones a la actualidad.

Resulta pues que una locura de argumento puede interpretarse como la sátira a ultranza de cualquier tiranía, convirtiéndose Ubú en un mito, símbolo de los siete pecados capitales y más. Es sabido que cualquier farsa posee una vertiente de vodevil feroz.

Puesta en escena y actuación

El Teatro Gayumba realiza un trabajo admirable. Con absolutamente nada, sin medios, excepto el talento y la experiencia, construye un universo.

El escenario, desprovisto de cualquier decorado pero bien iluminado, está sembrado de viejos trozos de periódicos, andrajos, recipientes de plástico, utensilios primitivos, despojos de la cotidianidad arrabalizada, cual un desastre de huracán o de fin del mundo globalizado.

Y suceden el milagro y la magia. Máscara, vestuario, muebles, accesorios, armas aparecen, desaparecen, reaparecen, ambientando la sucesión de los cuadros. Un tanque viejo pasa de trono a fortaleza o a bote. Gigantes tenedores de madera se convierten en extremidades corporales, una pelota en protuberancia panzuda. Residuos plateados se metamorfosean en sendas coronas.

Sugestión y sugerencias son inmejorables, con los solos recursos de la ingeniosidad, casi con técnicas de prestidigitación. Es al mismo tiempo una labor lúdica: Gayumba se (y nos) divierte con sus hallazgos...Y el ritmo sigue endiablado de principio a final.

La multiplicación de las cosas tiene su correspondencia en la multiplicidad de los personajes. Hay solamente dos comediantes, Nives Santana y Manuel Chapuseaux. Su versatilidad triunfa, mayor que nunca. No sólo interpretan, cuales ventrílocuos de la palabra, del gesto y el atuendo, a los protagonistas principales o secundarios, sino a un ejército, un pueblo entero, y ¡en movimiento!

La abundancia del lenguaje, de la verbosidad, más trivial aun cuando trata de refinarse, con su vulgaridad, sus repeticiones, sus palabrotas, alcanza una eficacia paralela a la expresión corporal. Ambos actores, hombre y mujer barrocos, testimonian la seguridad de su oficio, pero preservan siempre la emoción.

Manuel Chapuseaux, con una actividad desbordante, posee el dominio absoluto de la mímica y se funde literalmente con las ultranzas del Padre Ubú. Nives Santana, Madre Ubú tan atroz como el marido, sin embargo deja sentir con mucha habilidad su condición femenina y naturaleza retorcida. Además, esa mujer graciosa no teme lucir la más espantosa fealdad, y ¡no es asunto de maquillaje!

Esperamos que, simultáneamente con las estupendas fotografías tomadas por Mariano Hernández, se habrá filmado esta puesta en escena e interpretación sobresaliente. Nives Santana y Manuel Chapuseaux felizmente suelen reponer sus producciones. Ubú Rey podría permanecer varias semanas en cartel, y ciertamente ha de viajar al exterior. El hecho de que sean solamente dos actores y que la escenografía se fabrique "in situ", debería facilitar el traslado de esa obra, de montaje y producción inolvidables.

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