Ciclo Lectivo.

Anécdotas noveladas

 

 

Inés y Ariel Santanera

 

 

2000

 

 

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Marzo.

 

Cumpleaños.

Haber nacido un 15 de marzo, puede ser una condena, según se mire. Para Nicolás, la coincidencia de fechas entre su cumpleaños y la iniciación de las clases (o su cercanía, según fuese el humor de los gobernantes), desde siempre le dejaba un gusto raro, entre divertido y burlón. Este año era diferente, porque era el último de su carrera secundaria. Y podía aceptar como un regalo más el año lectivo a estrenar, un año que sería diferente, sin dudas.

¡El último! No preveía grandes dificultades en sus estudios: nunca había sido un alumno "brillante", nunca el primero de la clase, pero se había movido siempre bien en todas las materias, y rara vez tuvo que afrontar una mesa de exámenes. Así que veía a "Quinto Año" como casi la meta de tantos esfuerzos, sin sustos, sin sorpresas.

También iba a ser diferente este año por el ansiado "viaje de estudios" que ya desde cuarto estaban preparando. Sería la primera vez que viajaría sin la compañía de sus padres, y eso le halagaba como un reconocimiento a su hombría. O algo así.

Y por último, este año sería diferente también porque asistiría a la escuela acompañado, o mejor, acompañando a Ramón, su hermano menor, quien comenzaba el primer año.

Siempre se quisieron, Ramón y Nicolás, y fueron bastante compinches. La sensación de estar acompañando "al hermanito", que para un adolescente podría ser motivo de cierta vergüenza, no lo era para él. Más bien, tenía cierta sensación de orgullo al saberse protector de su hermano.

Ramón no solo era el menor, sino que desde siempre había mostrado ser el más débil, algo retraído, tímido. Vulnerable sería una palabra adecuada. En verdad, Nicolás no era consciente de todo esto, pero todo esto, sí, de algún modo, había formado ese sentido de protección hacia su hermano.

Eran pocas cuadras desde su casa hasta la escuela, y a pesar del frío, las recorrieron lentamente, curiosamente animados, charlando pavadas, comentando las aventuras que juntos habían vivido durante el fin de semana. Como había sido su costumbre durante casi los cuatro años últimos, Nicolás hizo una parada en un quiosco, y compró chocolate. Esta vez, dos barritas, y le dio una su hermano. Como lo harían tantas veces durante ese año, se sentaron en un umbral, saboreando la golosina, haciendo tiempo para no entrar demasiado temprano a la escuela; o, digámoslo de otro modo, para no salir tan pronto de ese, su mundo de barrio, al que de algún modo borroso sentían como el mundo de la libertad, en contraposición al mundo del "deber" y las ocupaciones representado por la escuela. Y como el mundo realmente mundo, abierto a todas las posibilidades, en contraposición con su hogar. A medida que las alas crecen, en nido parece más y más chico y limitado.

Algún día Nicolás aceptaría que ni la casa ni la escuela eran así como le parecía ahora. Los cuatro años de estudios, de confraternidad con los compañeros, de éxitos obtenidos y de fracasos superados habían convertido a la Escuela en algo muy suyo también.

Se dió cuenta de golpe, al dar vuelta la esquina y encontrarse con el frente del edificio. Se frenó un momento, miró a su hermano, y sin saber por qué, le pasó un brazo sobre el hombro y lo llevó abrazado fuerte hasta entrar al patio.

 

 

La Profe.

 

-Tengo 85 años...

Elena Patrese se divertía con la ingenuidad de los alumnos de primer año. Siempre aprovechaba algún momento de las primeras clases para desconcertarlos asegurándoles tener esta absurda edad.

-No puede ser, profesora, mi abuela tiene ochenta y parece mucho más vieja que...

-¿Más qué...? -el tono y la cara eran amenazadores.

-No. nada...

-Bueno, tienen razón. No tengo ochenta y cinco: las mujeres siempre nos quitamos algunos años...

Lo curioso era que, año tras año, la broma perduraba y muchos alumnos continuaban seguros de la ancianidad de "la Patrese".

-Profesor, con usted se puede tener confianza. ¿Es cierto que la Patrese tiene 85 años?

Albonio sonreía interiormente, y mantenía la farsa:

-Seguramente, si ella lo dice... no se vá a aumentar la edad así porque sí...

Albonio era un solterón, buen profesor, pero más interesado en vender su libro de Contabilidad que en llevar adelante sus cursos. Su libro era bueno, por lo menos útil y se adaptaba a las reales necesidades de los chicos.

-Ah, mirá que lindo... la nueva edición… Me gusta. Es más atractiva la tapa. Y adentro tiene menos colorinches que la del año pasado. ¡Muchas gracias!

La Patrese había usado en sus cursos el libro de Albonio desde su primera edición.

-Bueno, vos sabés que yo uso tu libro porque realmente me sirve. Pero no esperés que les obligue a comprarlo a todos mis alumnos. Me vas a tener que ayudar...

-¡Ya sé, vieja loca! Pedíme todo lo que necesités.

La Profesora Patrese nunca hubiese aceptado una propuesta "non sancta" para difundir el libro, y Fernando Albonio lo sabía. Aceptaba, por supuesto, que le obsequiase cada nueva edición. Pero además le pedía, casi le exigía, que regalase algunos ejemplares a chicos realmente necesitados. Además, la Patrese siempre recomendaba a los chicos que los ejercicios del libro los completasen con lápiz, para poder luego borrarlos a fin de año y venderlos a los pibes del curso siguiente, si querían. Albonio no protestaba por esas trampitas de su vieja amiga, porque sabía también cuáles eran las necesidades de los chicos, y porque confiaba en el buen criterio de la Patrese. Por otra parte la Patrese trabajaba en tantos colegios que resultaba una de sus más importantes vendedoras.

Pero este año pasaban los días y Albonio no aparecía…

En los recreos largos, en los ratos muertos, Patrese prefería siempre sentarse en un rincón de la sala de profesores, soltando sus energías contenidas en algún tejido. Desde allí, aparentemente aislada, estaba sin embargo al tanto de las conversaciones de los demás profesores, y cuando algún tema le llamaba la atención, alzaba la vista por encima de sus anteojos, e intervenía con alguna de sus frases lapidarias, que muchas veces ocasionaban una agitada discusión. Se "prendía" siempre Elisa, una ex monja ahora profesora de Física. Isabel, joven profesora de Lenguas, recién incorporada a la docencia, solía ponerse especialmente nerviosa cuando estas discusiones parecían enérgicas, pero pronto se acostumbró, o casi, al estilo fogoso de los demás.

Secretamente, casi todos los profesores "nuevos" admiraban la llaneza y la espontaneidad de "la Patrese", y la tranquilidad con que se enfrentaba a cualquier situación, por engorrosa que pareciese. Cuarenta años de docencia sobre sus hombros ("cuarenta años de tiza") hacían que todas las situaciones, que todas las burocracias, que todos los problemas tomasen su verdadera dimensión: pequeña. Lo verdaderamente importante para la Patrese eran los chicos, y conseguir que avanzasen lo mejor posible en su formación.

A veces, dejando volar sus pensamientos mientras tejía a solas, se daba cuenta de que también se habían acumulado sobre su humanidad, muchas frustraciones, quizás demasiadas. ¿Estaría tan vieja que le parecía que los "viejos" tiempos producían alumnos mejor preparados? ¿Eran mejores aquellos chicos? ¿O era ella que ya no estaba a la altura de lo que se necesitaba en estos tiempos? ¿Habría llegado el momento de pensar en la jubilación?

Dejaba un momento el tejido a un lado, inquieta, y salía a la luz del patio, que la deslumbraba momentáneamente. Si una alumna se le acercaba y le decía: "-Profesora, ¿podría hablar un momento con usted?", la Patrese sonreía y ya estaba segura de que tenía todavía mucho trabajo por delante.

 

 

De vuelta a casa.

Nicolás y Ramón llegaron a su casa con el entusiasmo del comienzo del curso. La mamá y el papá, los esperaban, especialmente para ver cómo había iniciado su nueva actividad Nicolás. Pero también interesados en saber cómo se organizaría el año lectivo. Hacía rato que las escuelas no exigían más la colección de carpetas por materias. Los trabajos especiales se realizaban en computación, y caligrafía era una curiosidad del pasado. Ramón ya había comenzado a trabajar con la computadora en los últimos años de su carrera, y su hermano en esto le aventajaría, ya que dispondría de la PC desde el primer año.

La cena fue un animado intercambio de noticias y opiniones, y casi un concurso de preguntas y respuestas. Habían decidido que festejarían el cumpleaños de Nicolás el sábado siguiente, pero igual hubo regalos y torta.

Pero la madre se sentía algo preocupada. Su perspicacia le decía que había algo que no andaba del todo bien, y la idea le daba vueltas a la cabeza. Ya en la cama, le dijo a su esposo:

-¿No te parece que Ramón estaba algo raro..?

-No. Será quizás el susto del comienzo de clases, o que está cansado de todo lo que hicimos el fin de semana. Además Nicolás acapara siempre toda la charla…

-Puede ser. Pero estemos atentos.

-Y vigilantes…

 

 

 

La Carpa.

La protesta docente puesta en marcha el año anterior, continuaba todavía. Tandas sucesivas de docentes se turnaban para ayunar en la carpa levantada frente al Congreso. La revista parroquial de la zona de la escuela se había hecho eco de la protesta desde el primer momento, y cada mes publicaba un comentario sobre el tema. Esta vez decía:

 

  • La carpa, Centro Cultural

    "La carpa se está convirtiendo en un Centro Cultural", nos decía hace poco un amigo. Y es verdad. En este proceso de "institucionalización" que la carpa está sufriendo, un aspecto significativo es que aparece como un centro de atracción y punto de reunión para los movimientos culturales, y para muchos que desde el interior pasan por acá. Dibujantes. Humoristas. Escritores. Actores. Aficionados y profesionales. Músicos. Pensadores. Los periodistas también, claro, aunque no tengan expresamente que hacer una "nota", aunque la carpa no sea "noticia".

    El alumnado también se acerca a la carpa. Las familias la visitan con sus hijos pequeños. Y aún los curiosos que se detengan un momento, todos, se llevarán "algo más", algo bueno, del contacto con la cultura... y con la dignidad.

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    Abril.

     

     

    Practicantes.

    Aparecen con más frecuencia después de las vacaciones de invierno; pero también en cualquier momento durante el año. Son los practicantes de los Profesorados.

    Es curioso ver cómo reacciona cada profesor cuando se le plantea la posibilidad de aceptar practicantes en sus cursos. Algunos se niegan absurdamente, sin recordar la imperiosa necesidad de cubrir horas de práctica que los alumnos de los Profesorados enfrentan. Pareciera que tienen envidia, o miedo a la competencia. Por lo general, se trata de falta de solidaridad con los jóvenes.

    Otros profesores aceptan de buen grado una intrusión en sus tareas que no es tal, en realidad.

    -No me molesta en absoluto. Y no pierdo horas de clase. ¿Te parece que es tan importante cumplir horarios? Mandáme nomás las practicantes que necesités. Que me llamen a mi casa con tiempo, eso sí.

    Viejos recuerdos. Observar una clase dada por practicantes era una experiencia más que interesante, llena de evocaciones. Los jóvenes futuros docentes aparecían con una rara mezcla de entusiasmo y de temores. Clases extremadamente prolijas, con poco margen para la improvisación. Algunos tropiezos, pero raramente algo tan grave que obligase a la intervención del Profesor a cargo. Y frecuentemente, el Profesor disfrutaba recordando todo el largo camino recorrido en su experiencia docente. Con algo de nostalgia.

    A veces sucedía que una practicante se extrañaba porque una profesora le decía "-Gracias…" al terminar la práctica…

     

     

    "Cosas de yanquis".

    -No son "cosas de yanquis", o sí, son de yanquis, pero parece interesante. -

    Suspendido momentáneamente su tejido, la Patrese se metió en los folletos que estudiaban y comentaban Isabel y Elisa. "Junior" ofrecía una variedad de cursos y entrenamientos para los alumnos, con la idea de prepararlos lo mejor posible para enfrentar el "mundo real" en el que deberían trabajar cuando se recibiesen.

    -¿Sabés que sí? Muy interesante. Si es gente seria, como parece, y lo hacen bien… Lo único, que los chicos no están para andar pagando cursos en estos tiempos, ni la escuela tiene medios para hacerse cargo…

    - Es que es una fundación, y para las escuelas oficiales resultaría todo gratis…

    -¡Mirá vos..! Fijáte en este asunto de los concursos de "simulación" de actividades: bancos, comercio internacional… Es como los cursos de "talleres" que damos acá… pero a lo mejor a los chicos les llama más la atención, y se entusiasman más, si están fuera de la curricula, y no son obligatorios…

    - Si ustedes me ayudan, yo me meto -dijo al final Patrese. No sabía lo que le esperaba.

     

     

    Ramón.

    Una de las satisfacciones más íntimas de Ramón era el estreno de un cuaderno nuevo. Despegar las hojas, sentir el olor al papel. Y las secretas esperanzas de que ése se convertiría en la mejor y más prolija de sus obras. Por eso se sintió algo defraudado, o mejor, desorientado, cuando tuvo que acometer la tarea de escribir sobre hojas sueltas: trabajar en carpetas.

    Todo aquello se había ido con la Primaria. Ahora, sobre la ya vieja mesa de su casa, Ramón comenzaba a acostumbrarse al uso de estas hojas movibles, que podrían ser reemplazadas ante cualquier desastre. Pero que también participaban del orgullo de lo nuevo, sin estrenar. ¿La lapicera, o el bolígrafo, corriendo sobre un papel nuevo se iría reemplazando por los trabajos en computadora?

    En algunas materias los requisitos eran mayores. Otros profesores "no pedían nada". Y sí, era cierto, más adelante muchos de los trabajos serían presentados en la forma más creativa que se pudiese, con la ayuda de la computación y el trabajo en equipo.

    Otras novedades se referían al sistema de horarios, a la multiplicidad de materias a la multiplicidad de profesores. Muchas caras nuevas. También en cuanto a sus compañeros. La timidez de Ramón no lo ayudaba confraternizar rápidamente. Pero pronto surgirían complicidades con su compañero de banco, mucho más extrovertido que él; a pesar de su problema.

     

     

    El Rengo.

    Era mucho más que un rengo. Estévez era un discapacitado motor grave. Paralítico en ambas piernas, acudía a la escuela en sillas de ruedas, y hubo que efectuar algunos cambios de salón, para que su clase estuviese situada en planta baja. Claro, la escuela de dos plantas no disponía de ascensor ni de otros medios para facilitar su desplazamiento. Afortunadamente los baños eran de dimensiones generosas, y podía acceder a ellos sin mayores problemas, con la ayuda de sus compañeros, también generosos.

    ¿Alguna vez nos ponemos a pensaren el esfuerzo de adecuación que significa vivir para un discapacitado? Adaptarse a una escuela significa primero, adecuarse al lugar. Y el lugar generalmente, en nuestra realidad, no está pensado para recibirlo con sus limitaciones. El recién llegado tiene que ir descubriendo dificultad tras dificultad. Aprender a entrar al aula, verificar si los pasillos o las puertas dejan lugar para que pase la silla. Luego aprender a pasarse al pupitre. O decidir trabajar directamente en la silla, con un tablero.

    Para el resto de los alumnos, "ir al baño" no representa más incomodidad que levantar la mano para pedir permiso. En el caso del Rengo significaba además que alguien le ayudase a pasarse a la silla, y luego lo acompañase hasta los sanitarios.

    Debía también enfrentarse a los profesores, que no siempre estaban mentalmente preparados para tener un alumno que "no fuese normal". Algunos profesores se sentían realmente molestos por la novedad. Algunos lo manifestaban en público, y otros lo mascullaban para sí mismos. Y no siempre conseguían elaborar adecuadamente la dificultad de este trato ¿Lo trato igual que a los otros? ¿No le estaré teniendo lástima? ¿O estaré siendo demasiado severo?

    Enfrentar a los alumnos era quizás la parte más fácil del problema. Algunos al principio trataban de evitar su compañía. Pero por lo general, al poco tiempo la convivencia hacía desaparecer aprensiones, y terminaba incorporándose a alguno de los grupos que naturalmente se formaban en la clase.

    El Rengo llegaba habiendo realizado bastante bien otra tarea difícil: aceptarse a sí mismo. Todos nosotros, durante la infancia hemos tenido que tomar conciencia de nuestra identidad y de nuestro cuerpo. El contacto con el otro ha sido fundamental como espejo donde descubrirnos. Descubrir nuestras diferencias observando al otro ha sido el camino para obtener una imagen interior de nosotros mismos. Pero ¿si la imagen que nos formamos es un imagen triste? ¿Si llegamos a la conclusión de que somos, en algún sentido, menos que los demás? Mucho depende de la actitud de esos otros.

    Afortunadamente para Estévez, el entorno en que tuvo que vivir su niñez fue alentador, positivo, y había dejado en él pocas lastimaduras. El resultado fue que Estévez era un pibe alegre, pícaro, expansivo y que creaba rápidamente lazos de amistad.

    Sentado a su lado, pronto resultó un gran amigo de Ramón.

     

     

     

    Comisiones.

    Temprano este año comenzaron las promociones para los viajes de egresados de los alumnos del último año. Las diferentes empresas solicitaron entrevistas con los directivos de la escuela, para iniciar reuniones de "difusión de actividades", "de explicación de las posibilidades", "de divulgación de las posibilidades turísticas que encierra Bariloche", etc. Una escuela grande como el "Instituto Superior", enorme en verdad con sus dos turnos y el nocturno para adultos, era un bocado inigualable para las empresas turísticas, que estaban dispuestas a todo por lograrlo.

    "A todo", significaba muchas cosas. Significaba todo, claro. Ellos lo sabían, y un grupito del personal directivo también. Y sabían que "las conversaciones" deberían llevarse a cabo exclusivamente con el Señor Director. Quien finalmente se dejaba convencer y autorizaba a los promotores para que hiciesen su trabajo, eso sí, "en forma ordenada y con la presencia de los señores padres".

     

     

    La sala de profesores.

    "La Patrese" lleva a la sala de profesores su famoso tejido. A veces parece inacabable. Las compañeras tejedoras entendidas, advierten enseguida cuando ha terminado un trabajo y comienza con otro. Pero para la mayoría "la Patrese" y el tejido forman un todo, en el cual no vale la pena buscar cambios. Es una institución.

    Aprovechan el recreo largo para tomar algo, un té generalmente, algún sandwich quizás. Es un servicio que les presta la gente de un bar cercano. Y es el momento para el intercambio de "chimentos" de lo más variados…

    oooooo

    -Y Fernando, que hace tanto que no lo veo? Me parece que no me crucé con él nunca este año…

    Un silencio breve, pero notorio.

    -Está con licencia por enfermedad... está... bastante grave. No sé...

    En conversaciones más privadas, se comentaba más claramente: Fernando tenía sida… Era curiosa la dificultad para conversar abiertamente del tema. Fernando estaba grave, se decía que ya a punto de morir en cualquier momento, dada su debilidad y las sucesivas infecciones pulmonares que había soportado durante todas las vacaciones.

    oooooo

    -Patrese ¿leíste lo que salió en Página sobre los diplomas truchos? No mencionan directamente a esta escuela, se ve que no tienen pruebas, pero la referencia es clara. Dicen "algunas de las más importantes escuelas comerciales…"

    -Me parece difícil, me cuesta creerlo. Está todo el tema de las certificaciones, y qué se yo… Me parecen macanas.

    Desde el otro rincón, Elisa intervino simulando una carcajada cadenciosa e irónica:

    -Ja, ja, ja… Dejá - que - me - ría. Ja, ja, ja. El otro día me señalaron el edificio de la Avenida de Mayo donde se arregla todo

    -Será algún caso de algún acomodado..

    -Mirá, parece que es para cualquiera que esté necesitando el título.. Es cuestión de mangos.

    -Me cuesta. Si la corrupción llega a la educación, estamos perdidos. Y me pongo a llorar, qué querés que te diga, me pongo a llorar.

    La Patrese iba a tener mucho para llorar ese año.

     

     

     

     

  • Los Maestros.)

    Estuvimos en la carpa, visitando a Los Maestros. La carpa, los maestros; ya casi son una institución de nuestra ciudad. Nos explicaba uno de ellos, que a medida que el tiempo pasa se corre ese riesgo: que la protesta se transforme en un hecho cotidiano, y que terminemos igualando la carpa con el obelisco. Atracciones turísticas.

    No lo permitamos. Visitemos la carpa de vez en cuando. Entremos y conversemos con alguno de los que ayunan. Quizás nos daremos cuenta entonces de que no se trata de un simple reclamo sindical. Se objetan, sí, los bajos salarios. Pero no solo eso. Lo que se busca es salvar a la educación pública, que fue y será la base genuina para promover al hombre, para forjar una sociedad mejor, donde la movilidad social, que nos caracterizó siempre, vuelva a señalar que la Argentina es tierra de oportunidades. Para todos los de buena voluntad.

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    Mayo.

     

     

    De nuevo Ramón.

    Quizás Ramón tenía de entrada muchas novedades con que preocuparse para pensar demasiado en Estévez y sus dificultades. En verdad, tener a alguien a su lado le daba alguna seguridad y lo tranquilizaba bastante. Ni pensaba en que era discapacitado. En último caso, Estévez era hasta ahora el único que se destacaba por algo entre todos, aunque fuese por la silla. Y estar a su lado podría contagiarle alguna importancia.

    ¿Por qué Ramón no actuaba con el mismo empuje de Nicolás? Ramón era algo temeroso, sin dudas. Veía a la escuela como una dificultad, o un conjunto de dificultades. Le daba cierta seguridad su hermano, que ya había sorteado los mismos problemas poco a poco, a lo largo de esos cinco años. ¡Cinco años! Para ramón, eso era toda una vida. Pensamientos como estos lo apagaban, le borraban su sonrisa, le quitaban hasta las ganas de jugar en el recreo. Así que solía quedarse en algún lugar del patio, aislado, charlando, o no charlando, con Estévez.

    Alguna vez Nicolás lo invitaba a participar de algún partido de pelota improvisado, pero a Ramón lo cohibía tener que jugar con los compañeros, ya mayores, de su hermano. Buscaba alguna excusa:

    -Quiero terminar de leer esto…

     

    Cosas de yanquis II.

    Realmente la Patrese no sabía en la que se metía. Ni Elisa ni Isabel. Porque el tema Junior les resultó tan atrapante, y los chicos se entusiasmaron tanto, que en pocas semanas estaban trabajando "horas extras" inpensadas, organizando cursitos, participando con los chicos en concursos de actividades simuladas, repartiendo folletos y, a cada rato, en cada recreo, aclarando temas y solucionando problemas a los pibes que se enganchaban.

    -Mirá esto, Patrese: Nos invitan a participar en la creación de empresas reales…

    -¿Cómo reales?

    -Sí, son empresas chicas, formadas por los chicos, que duran unos meses, pero son reales… Hasta pagan impuestos y todo..

    -¡Oia, que bueno..! Esto está fenómeno para los de cuarto. Yo les digo a los que quieran de mi curso, ya pienso en tres o cuatro, y los podemos juntar con algunos del tuyo, ¿no?

    Una actividad más.

     

     

    Corrupción.

    "La Patrese" tenía además un curso nocturno en una escuela para adultos. Era para ella un oasis: trabajar con gente grande, más seria, y por otra parte mucho más convencida de su decisión de estudiar que los "chicos" de la mañana, le resultaba una tarea especialmente grata. Le daba además la sensación de que hacía una tarea doblemente útil, porque cada alumno era un caso especial, con una rica historia detrás, y circunstancias también especiales, a veces íntimas, que los habían llevado a reiniciar, o a encarar tardíamente sus estudios.

    Después de un día cansador, pensaba disfrutar la clase nocturna. Falsa ilusión, pues ya al llegar notó una tensión en el ambiente que le advertía sobre algún problema grave.

    No tuvo necesidad de preguntar. Un par de alumnos se le acercaron y le pidieron ayuda para estudiar las cuentas que habían hecho acerca la caja de la Cooperadora. Sospechaban, y los primeros números eran elocuentes, que parte del dinero se había esfumado. Las entradas y salidas coincidían, pero las entradas eran mucho menores que lo que podía esperarse por los aportes hechos por ellos.

    Esa noche, la Patrese lo comentaba con su esposo:

    -Yo lo fui aguantando, porque me parecía que lo veía de afuera. La corrupción era algo que estaba pasando a nuestro alrededor, y contra ella nosotros, como educadores, podíamos y debíamos luchar. Pero ahora me encuentro con la corrupción dentro de la educación, y no lo puedo soportar. Me siento como si todo estuviese perdido. Pero no puedo ignorarlo, es así nomás: las coimas por los viajes, las falsas licencias para hacer un viaje, los certificados truchos, y ahora, la plata de la Cooperadora…

    -Yo creo que, en el fondo, vos siempre lo sabías. Pero lo que te pasa es que ahora te enfrentás a estas cosas directamente, casi tocás la corrupción, te ves obligada a actuar contra ella, y eso te aterra. No es para menos. Te desilusiona, es la palabra exacta, porque tus mecanismos de defensa te protegían tejiendo ilusiones al respecto: "Eso ya pasó. Eso es un caso aislado. Ese tipo ya no está más".

    -Algo así me pasa. Pero no me voy a paralizar. Ya es una posición decidida. Voy a colaborar todo lo que pueda con los alumnos para sacar a luz… lo que sea. No se puede dejar pasar esto.

    Era un latrocinio doblemente doloroso, porque se estafaba a alumnos de muy pocos recursos, muchos de ellos trabajadores mal pagos, que hacían un esfuerzo duro por adelantar en sus estudios.

    Patrese los arengó adecuadamente sobre sus derechos y sobre cómo controlar en adelante el movimientos de los fondos. Nunca se pudo aclarar qué había pasado en realidad.

    Para Elena Patrese, el golpe fue muy duro: se le venía abajo una estructura que internamente había idealizado. Y si la corrupción había llegado a la docencia, ¿quedaban esperanzas de que la sociedad pudiera recuperarse?

     

     

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    Junio.

     

     

    La propuesta.

    Ramón permanecía aislado, junto a Estévez. No leía. No charlaba. Si le hubiesen preguntado, habría dicho que estaba triste. Pero en verdad, no sabía bien por qué. Tenía un problema con Geografía, y las notas en Lengua no eran todo lo buenas que había imaginado. Su padre se lo había reprochado duramente, y no reconocía que él había hecho un gran esfuerzo para superar el problema. La mamá sugirió una profesora particular, pero el padre estaba realmente enojado y no quizo saber nada.

    Estévez tampoco estaba en un buen día, y dormitaba un rato. O simulaba dormir, para no tener que hablar con nadie. Más largo que de costumbre parecía este "recreo largo".

    -¿Están aburridos chicos?

    Así comenzó la conversación con López. López era de la barra de los pibes difíciles, repetidor de tercer año. Varias veces había intentado acercarse a Ramón y Estévez, pero no le daban calce. Hoy sin embargo, los dos pibes estaban necesitados de afecto, o de compañía, o de una oportunidad para descargar sus broncas, o tristezas.

    Estévez pidió:

    -¿No me llevan hasta el baño, por favor?

    -Yo te empujo -dijo López, tomando rápidamente el mando de la silla de ruedas.. Casi automáticamente, Ramón los siguió.

    Fue el comienzo. Fue la entrada de Estévez y de Ramón en la droga.

     

  • ¿Hasta cuándo,

    la carpa?

    Hasta que todos se convenzan de que no es broma, de que no es una payasada, de que va en serio.

    Hasta conseguir algo. No hasta que se prometa algo.

    Hasta que quede claro que gobernar es atender a todas las necesidades de la población. Hasta que quede claro que la educación es una de las más importantes de esas necesidades.

    Hasta que se cumpla la ley.

    Hasta que se reconozca que la educación pública será, como fue antes, el motor de la grandeza del país.

    Hasta que comprendamos que el docente no está clamando por beneficios para un sector, sino que lucha por algo que nos toca a todos.

  • Bibliotecaria.

    Dora Galíndez. Robusta y bonachona. Y entusiasmada por los libros, y por las bibliotecas, a las que había dedicado toda su vida, y vida de solterona.

    Dora regresaba de tomar un cafecito, cruzando el patio, cuando vió, otra vez, a Pablo Ferrando, de pie, esperando, otra vez, que lo atendiese la Vice.

    -¿Otra vez, Pablito?

    -Y sí, que quiere, si no me entienden.

    -¿Qué te pasó ahora?

    -La de Física, porque no le hice el trabajo. Y le contesté mal...

    Dora iba a seguir conversando, pero en ese momento la Vice llamaba a Pablo, así que lo dejó y se fué, rápido, hacia la biblioteca. Antes de sentarse, ya estaba llamando por el interno a la Vice, su amiga de tantos años.

    -Carmen, ya sé que estás allí con Pablito, otra vez. ¿Te puedo pedir un favor? No lo tratés... como se merece. El pobre está a punto de que lo echemos. Te lo pido para intentar algo. Dale un par de meses, y yo lo tomaré como ayudante. Es un pibe inteligente, y me parece que podré encontrarle algún tema de interés, para ver si cambia su actitud. ¿Me harás el favor..?

    -Como no, Señorita. Pero lo seguiremos charlando después, porque en este mismo momento estoy con un alumno, un caso grave, que ya me tiene cansada.

    -Gracias- dijo Dora sonriendo y colgó.

    La Vice cumplió con lo pedido por la bibliotecaria. Reprendió severamente a Pablo, pero no lo amonestó (hubiera quedado libre), ni mandó llamar a sus padres, como había pensado.

    Dora buscó cruzarse accidentalmente con Pablo durante el recreo largo:

    -¿Cómo te fue con la Vice?

    -Me salvé raspando. Me dijo que era la última vez, y todo eso.

    -Mirá, vení conmigo hasta la Biblioteca, que tengo algo urgente que hacer, y mientras tanto me contás.

    Pablo nunca había entrado en la Biblioteca. Dora lo observaba disimuladamente, y notó que Pablo miraba las estanterías con curiosidad. Buen comienzo. ¿Podría hacerle morder el anzuelo? Estaba segura de que una vez que encontrase algo de su interés, y comenzase a revolver libros, el olor de la biblioteca lo perseguiría por el resto de su vida.

    -Mirá, ayudame a guardar esta pila de libros.

    -¿Y cómo hago?

    -Fijáte en el lomo. Las letras rojas grandes indican la estantería donde van. Después te explico lo que significan los demás números. Por ahora, me basta que los pongas amontonados en la punta de los estantes que correspondan.

    Mientras Pablo hacía lo que le habían pedido, siguió relatando la entrevista con la Vice. Hasta que sonó el timbre.

    -¡Huy, que lástima! -dijo Dora- Te tenés que ir. ¿No podrías venir un rato, media hora, después de clase? -de reojo, Dora lo "pescó" hojeando un libro gris.

    -Sí, claro…

    -Bueno, ¿venís, entonces? -Dora sabía que nadie esperaba a Pablo en su casa, y que solía perder un par de horas en el local de "jueguitos" cada tarde. En cuanto Pablo se retiró, fue en busca del libro gris que había visto que leía, para ver cuál era.

    -Ah… Astronomía...

     

     

    La huelga.

    -¿Qué, ahora vas a hacer huelga, vos que nunca hiciste?

    -No sé por qué tanto lío. No sé por qué les cuesta tanto entender. No sé por qué cada vez que hay una huelga empiezan las preguntas de siempre: "¿Qué van a hacer?" "¿Hay que hacer huelga?" "¿Vos vas a hacer?". Pero ¿qué somos?. ¿Somos adultos? ¿Somos gente preparada? ¿Somos docentes? ¿Somos personas? -la Patrese estaba indignada- Yo considero que esta huelga es justa, y la hago. Otras veces consideré que nos querían usar, y vine a trabajar. ¿Qué pasa? ¿No son capaces de decidir por ustedes mismos?

    Era un "paro" con movilización, que pretendía hacer fuerza públicamente para que el Congreso tratase por fin el proyecto de financiación para la educación. La Patrese hizo una breve visita a "la carpa" de protesta docente, y allí encontró a un joven profesor de la Patagonia, Jorge, a quien había conocido en otra ocasión. Estuvo charlando con él sobre sus experiencias en escuelas rurales.

    -Mi escuela es muy, muy humilde, de piso de tierra. Yendo todos los días desde mi casa, cundo veo "el árbol" (el único en mi recorrido), ya sé que me falta caminar solo un kilómetro. Un día entré al aula y encontré a un pibe llorando. Un pibe buenito, casi siempre alegre, así que me llamó al atención. "-¿Por qué llorás?" "-Porque tengo frío". ¿Usted se imagina, un pibe llorando de frío? Me desarmé todo. Y me llené de rabia. Porque yo sé que el presupuesto está, pero a nosotros no nos llega el dinero ni para comprar querosene.

    -Duro, muy duro…

    -Y,sí, es muy duro. Pero yo me lo busqué. En cambio esos pibes no tienen alternativas. Si querés, vas a poder conocer a algunos, porque el mes que viene los voy a traer a pasear por Buienos Aires. No sabés lo que representa para ellos. Es el viaje soñado…

    Se fue de la Carpa pensando. Elena Patrese no tenía costumbre, ni ganas, ni piernas, como para marchar, saltando al compás de los bombos y redoblantes por la avenida de Mayo. Bombos y redoblantes que, por otra parte, siempre le parecieron una payasada sin sentido. Pero simbólicamente, antes de irse al cine con su marido, se llegó hasta la multitud, caminó una cuadra, saludó a varios conocidos (un cura, dos maestros del interior), y dio por terminada su actividad gremial del día. Feliz. Con la conciencia tranquila. Había hecho lo que quería, y lo que le parecía correcto.

     

     

    Certificados médicos...

    Domínguez tenía una suerte única para las coincidencias: cada vez que "había prueba", coincidía con que debía ir al médico "para que le diese un tratamiento por su .... " etc. etc.

    Hoy llegaba tarde, en medio de la evaluación que sus compañeros ya estaban realizando. Fue irónica la Profesora:

    -¡Qué lástima! Vas a tener menos tiempo que los demás para terminar la prueba. Difícil que puedas completarla bien...

     

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    Julio.

     

     

    No lo puedo creer…

    -Te digo que es así, mamá. Creéme, y pensá qué es lo que vamos a hacer. No metamos la pata.

    Ramón había salido después de hacer sus tareas ese viernes, diciendo que iría hasta lo de Estévez. Como se acercaba la hora de cenar y no aparecía, Susana llamó a los padres de Estévez. Tampoco él había llegado. Habían salido juntos a ver un partido improvisado en el parque Centenario. Pero ya el partido había terminado hacía bastante. Nicolás tuvo una corazonada cuando oyó hablar del parque. Una amarga corazonada.

    -Lo voy a buscar.

    Susana accedió, porque el esposo estaba viajando, y ella tenía que alimentar y acostar todavía al bebé.

    -Bueno, pero si no lo encontrás enseguida, veníte. A ver si tengo que buscarlos a los dos. Llamá por teléfono, en todo caso.

    Nicolás sabía dónde iba a buscar primero, siguiendo su sospecha. Y contra un viejo paredón del parque divisó al grupo que varias veces había visto drogándose. Desde lejos observó y reconoció a su hermano y a Estévez. Se dio cuenta de que era mejor alertar a su madre antes de presentarse con Ramón en ese estado, y la llamó por teléfono.

    -¿Pero estás seguro? ¿Cómo me decís eso?

    -Mamá, te digo que es así. Te aviso para que sepas antes de que lleguemos.

    Un silencio angustiante.

    -¿Pero podrás traerlos?

    -Sí, mamá, seguro..

    -Bueno, bueno… si te parece que podrás traerlos solo… no, mejor le digo al papá de Estévez que vaya para allá y te acompañe… quedáte allí, al lado del teléfono, para que te encuentre. ¿Dónde me decías que está?

    Era para desesperarse, pero Susana comprendía que debía actuar con calma. Iba a tener que manejar la situación sola durante una semana, la semana que duraría el viaje de su esposo. Y conociendo su carácter, quizás era mejor así.

    Rescataron a los dos chicos y los llevaron a sus casas. Susana no le dijo nada a Ramón, y dejó que Nicolás lo acostara. Después llamó a su cuñado, médico y hombre de gran experiencia en la educación infantil. Eran las cinco de la mañana del día siguiente cuando se despidieron, después de haber armado una estrategia para rescatar a Ramón, y después de haber hablado ambos por teléfono con el padre ausente.

     

    Vacaciones

     

    Si volver a Buenos Aires después de todo un año en el sur, era emocionante para Jorge, ¿qué estaría pasando por las mentes de sus alumnos?. Eran chicos nacidos en Río Negro, y educados en Río Negro. Y pertenecían a los grupos más humildes, ya que la escuela a la que asistían era casi de frontera.

    Piso de tierra. Techos con más de un problema. Y fuera de la escuela, igual. Pisos de tierra, techos con problemas, pero también familias con problemas. La mayoría de los alumnos de Jorge venían de familias de peones de quinta. En la cosecha, todos trabajaban. Cuando la cosecha terminaba, los que podían, los que tenían más suerte, iban a las quintas a hacer lo que se consiguiese allí. Y si el trabajo no alcanzaba, al "choreo". Y alimentarse con piñones y alguna nuez.

    Árboles. Los chicos miraban y miraban los árboles que pasaban velozmente junto a las ventanillas.

    -¡Cuántos árboles! ¡Qué grandes!

    Hay bosques en el sur, claro, pero hay que ir a visitarlos. Estos pibes vivían junto al desierto. El Alto Valle era toda una creación artificial para aprovechar el agua. Los árboles eran utilitarios, plantaciones de frutales, o algunos álamos para cortar los vientos. Pero la exuberancia de los montes de la pampa húmeda, la enorme variedad de especies, la altura descomunal de los eucaliptus, asombraba y asombraba.

    Y las ciudades. Quizás las ciudades les impresionaban menos, pues casi todos habían alguna vez visitado, por ejemplo, Neuquén. Pero la llegada a Buenos Aires, ya amanecido el día, fue todo un impacto. Horas atravesando los alrededores, horas entre edificios y más edificios. Y cada vez más autos, más camiones, más gente.

    Finalmente llegaron a la Escuela-Hogar de Ezeiza. Un edificio enorme, muy buenas instalaciones, y mucho verde. Todo un lujo para estos chicos para quienes, con mucho esfuerzo, se les había preparado este viaje de fin de la primaria, aprovechando las vacaciones de invierno.

     

     

     

    Exámenes.

    ¿Por qué los profesores tienen necesidad de tomar exámenes justo antes de las vacaciones? ¡Hay que cerrar los promedios, y las gripes, no solo de los alumnos, sino también de los docentes, han hecho perder tiempo muy valioso, y ahora nos encontramos "sin notas"… Una nota de concepto sería la salvación, pero a algunos profesores más exigentes (¿exigentes consigo mismos?) no les resulta tranquilizadora esta solución. Así que:

    -El lunes, prueba...

     

     

    Viajeros.

    Llegaba julio, llegaban las vacaciones. Para todos menos para el personal directivo de la escuela de adultos que debía permanecer haciendo una especie de guardia pasiva. Sin embargo, el Director desapareció de la circulación, aduciendo una operación de vesícula. Nadie supo nunca dónde se había operado, pero regresó a la actividad, rápidamente repuesto, al terminar las vacaciones. No solamente repuesto, sino saludablemente tostado. Las malas lenguas, (y también la buena lengua de la Patrese) aseguraban que había viajado a España, a visitar a su familia, como lo hacía cada vez que tenía oportunidad... o que se la fabricaba, como parecía ser el caso esta vez. Unido esto al caso del faltante de dinero de la caja de la Cooperadora resultaba doblemente sospechoso, y la Patrese se iba convenciendo: la corrupción existía y en los niveles más altos. Se sentía decepcionada y aterrorizada.

     

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    Agosto.

     

    La droga

    -No, muchachos, no me puedo ir. De ningún modo voy a dejarlo a Ramón solo. No hasta que esté realmente a salvo.

    -Pero por ahora parece que ha reaccionado bien.

    -Sí, pero si vuelve a aflojar, no me lo perdonaría nunca.

    No había sido fácil la rehabilitación de Ramón. Y fue posible solo porque todos hicieron su parte. La familia , la escuela, los amigos. Y especialmente, Nicolás. Nicolás, que parecía haber crecido con el problema. Él mismo, a veces, se asombraba de la fuerza con que sacudía a su hermano cuando un sacudón era necesario, o de su paciencia cuando la compañía era lo oportuno.

    Ahora había llegado el momento del viaje de egresados de la división de Nicolás. Nicolás siempre masticaba cada problema antes de tomar decisiones. Todas las ilusiones que durante su carrera se había hecho sobre el viaje de egresados pasaron a segundo plano frente al cariño que sentía por Ramón. Nadie pudo convencerlo, ni aún su madre, ni el llanto de Ramón.

    Hay tareas que requieren, que imponen un sacrificio para terminar bien. Hay tareas que no son tareas. Hay preocupaciones,. Hay responsabilidades. Hay desafíos. Y hay razones que maneja mejor el corazón que la razón. Todo esto lo estaba aprendiendo Nicolás, sin saberlo. Sin darse cuenta de que pasaba rápidamente a ser adulto.

     

     

    Cosas de yanquis III.

    "La empresa" estaba en marcha. Los pibes se habían entusiasmado tanto con el proyecto "Junior" que algunos se habían reunido durante las vacaciones de invierno para terminar de preparar detalles. Habían decidido fabricar y vender unas remeras con inscripciones que resultaron realmente bonitas y atractivas. Diseñaron un envase original, de papel reciclado y con una ventana transparente que permitía lucir el contenido. Finalmente eran diez socios, que habían conseguido "financiación externa" emitiendo acciones que vendieron a sus familiares y también a los profesores.

    -Este sábado a la tarde tenemos que ir al shopping, que los chicos de Junior armaron allí un quiosco para vender las remeras…

    -Bueno, ya sabía que este tema nos iba a complicar a todos. ¡Que le vamos a hacer! -protestó Pedro, el esposo de la Patrese, tratando de ocultar su entusiasmo. Es que su esposa contagiaba a cualquiera.

    -Vos no sabés cómo están los pibes. Y cómo han adelantado además en la escuela. Isabel y Elisa me dicen que estas actividades les han servido para mejorar también en sus materias. Qué querés que te diga. Será un poco cansador, pero resulta, che, resulta.

     

     

     

  • Carpa 1998.

    Regresamos de las vacaciones, y la carpa nos sigue esperando en la plaza de los Dos Congresos. "-La carpa es fea...". (Estamos de acuerdo, la carpa no nos parece linda). "-La carpa está sucia...". (También estamos de acuerdo. Tiene una cubierta de polvo de la granza roja de la plaza. Y está toda llena de inscripciones, y pegoteada con carteles). Y suponemos que también es cierto que para muchos "pasar por la carpa" tenga algo de snobismo, o sea una manera de promocionarse. Y podríamos seguir. Pero hay algo que queremos defender con todo entusiasmo: la carpa es necesaria. La carpa es una protesta digna, es una forma de lucha legítima, entusiasta, persistente, esforzada, que nos recuerda las técnicas gandhianas de resistencia pasiva. Y es noble en su objetivo: ya alguna vez dijimos que no se trata de una simple protesta gremial en busca de un aumento de salario. La carpa lucha por salvar la educación pública argentina. Que tendrá muchos defectos y carencias, pero que históricamente ha hecho la grandeza de nuestro país. Y que puede, debe, ser en el futuro el motor para que no pasemos a ser un pueblo de segunda, manejado por los intereses de los grupos poderosos.. La educación del pueblo es la base para desarrollar todo nuestro potencial. Intelectual y material. Y para asegurar un gobierno que defienda el bienestar y la justicia para todos.

  • La intervención.

    Estaban cenando, cuando recibieron el llamado de Carlos.

    -Escucháme bien, pero no digas nada a nadie. No se te vaya a escapar. Mañana temprano me haré cargo de la intervención de tu escuela. Te espero, y a Pedro también. Me gustaría que estuviesen los dos presentes.

    -¿Qué? Esperá un poco. ¿Estás loco? ¿Qué me decís?

    -Es en serio. Me lo propusieron hace un tiempo, y lo estuve estudiando hasta que acepté. Pero no podía decirles nada. Pero es así, no más. Y los espero, no me vayan a fallar..

    -¡Pero claro! Una sorpresas como esta… no sé… supongo que tengo que felicitarte.

    -Espero que sí. Va a ser una tarea difícil, y puse mis condiciones.

    -¿Ya avisaron al rector y a las vices?

    -En estos momentos están recibiendo un fax en la escuela. Mañana a las nueve estaremos allí con el Secretario de Educación y se notificará a todos.

    Quedaron asombrados. Y contentos de que la situación, amarga y que parecía irresoluble, encontrase esta rápida salida, o por lo menos se abriese un camino. Y esta salida, que les tocaba tan de cerca. La amistad que los unía a Carlos y su familia era cosa de muchos años, y de muchas dichas y amarguras vividas juntos.

    Al día siguiente, la aparición de la Patrese en horario que no le correspondía provocó cierto asombro entre el personal. Nadie imaginaba cómo se había enterado de la intervención, porque nadie sopechaba tampoco que Castro fuese amigo suyo.

    Pedro se mantuvo un poco al margen, observando divertido las reacciones de todos. Nadie sabía bien por qué se encontraba allí, pero nadie se lo preguntaba directamente.

    No hubo tiempo para organizar adecuadamente la recepción. Con bastante puntualidad aparecieron las autoridades municipales, y el Interventor, y se reunió brevemente con los directivos. No se justificaba, dijo el Interventor, utilizar el salón de actos. Bastaba con un salón vacío cercano a la entrada, al que fueron convocados los profesores y empleados que estaban presentes y una delegación de los alumnos.

    Escuela construida en tiempos en que la arquitectura de estos establecimientos se les daba la importancia debida. Aún hoy, con cincuenta años de edificada, el edifico seguía resultando funcional. Una amplia recepción, con pasillos ("galerías") que comunicaban al interior: la galería de las banderas, la galería de las provincias. Los bustos de varios próceres, alguno de los cuales quedaba tapado por algún pizarrón, al que servía de apoyo.

    Roble. Mármol. Vidrio. Épocas de esplendor de la educación en la Argentina.

    Pedro se había quedado afuera del recinto, para dar lugar a quienes realmente debían asistir, y recibía preguntas ansiosas y preocupadas de los profesores que iban llegando a sus clases:

    -¿Qué pasa?

    -Se ha intervenido la escuela. En este momento el Secretario de Educación está poniendo en el cargo al Dr. Castro.

    Se leyó el acta de toma de posesión, que se firmó por las autoridades correspondientes, y se escucharon muy breves palabras de parte del Secretario de Educación. Respondió el interventor, protocolarmente, y el grupo de la municipalidad se retiró.

    El Dr. Castro propuso reuniones más informales con diversos grupos. Primero con los profesores.

    A esta reunión se iban incorporando los profesores que arribaban a tomar sus tareas, ignorantes de lo que ocurría. Asombro y, en general, satisfacción.

    La vicedirectora ofreció toda la colaboración del cuerpo docente:

    -...y puede usted contar con que todos nosotros pondremos nuestros hombros para ayudarlo, para repartir la carga que deberá soportar...

    - O para llorar, quizás.

    Así comenzó su breve discurso el nuevo interventor. Fue el único breve de su gestión. Era un charlatán empedernido. Pero sus largas charlas con el personal y con los chicos, poco a poco los fueron conquistando.

    Y fue conociendo, poco a poco también los vericuetos, las trenzas, las buenas y las malas costumbres. Mucho pudo corregir, mucho quedó pendiente, como siempre sucede en estas azarosas actividades de los funcionarios

    Castro tuvo un empeño especial en luchar contra la corrupción. Comenzando por lo más pequeño, esa corrupción continua y oculta que son las malas costumbres, los incumplimientos de las normas y reglamentos. Y por supuesto, atacando decididamente cada caso manifiesto. ¿No logró solucionar todo? Claro que no. Nunca se acaba con este tema. Pero sí consiguió que se instaurase en el ambiente de la escuela la idea de luchar por la rectitud y limpieza. Por instaurar la idea de que la "avivada" no merece aplausos.

    Muchos comprendieron que debían replegarse. Quizás volverían "los buenos tiempos"…

     

     

    La luna.

    -¿Sabe, Señorita Dora? Ayer estuve en la Asociación de Amigos de la Astronomía. Había una conferencia sobre la luna, y la pude ver con varios telescopios. Se pueden sacar fotos con los telescopios, ¿sabe?

    -¿No me digas?

    -Sí. Y también me dieron este folleto que explica cómo hacer un telescopio casero. No parece tan difícil, pero tiene unas cuantas fórmulas que no entiendo un pito. Vea...

    -Yo más o menos las entiendo… ¡Huy, que interesante estos dibujos, che! Pero no estoy segura. ¿Porqué no le pedís a la Profe de Matemáticas, o a la de Física, que te expliquen?

     

     

     

    Auto viejo.

    -¡Otra vez la antena rota! -el viejo y destartalado auto de la Patrese era víctima preferida del curioso vandalismo de los "pequeños monstruos" escolares.

    Después de cambiar más de cuatro antenas en un año, la Patrese optó por reemplazarla por un alambre que, a partir de entonces, solía aparecer retorcido en las más curiosas formas, pero estaba siempre presente y cumpliendo sus funciones. Lo que nunca pudo digerir del todo, lo que siempre consideró un atentado supremo, una falta de consideración que no se merecía, fue que le robasen aquella vez la bolsa, su famosa bolsa del tejido. Con tejido y todo.

     

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    Septiembre.

     

  • ¡Qué diría Don Domingo!

    ¿Ustedes se imaginan qué discurso improvisaría Sarmiento si visitase Buenos Aires y se encontrase con la Carpa Blanca de los Docentes?

    Estamos a las puertas de un nuevo aniversario de la muerte del gran estadista. Quien ofreciese tanto esfuerzo por el progreso y el bienestar futuro del país, para lo cual la educación del pueblo era, y es hoy mismo y siempre, una herramienta fundamental.

    Con errores y con aciertos, pero con una gran donación de sí mismo. Los docentes son hoy dignos seguidores de ese ejemplo.

    El 11 de septiembre detengámonos un momento a reflexionar sobre el ideario sarmientino, y sobre las necesidades de nuestra Patria hoy. Y una visita a la carpa no estará de más.

  •  

    Citando al Padre.

    La Patrese no lo podía creer ¿Ése era el padre de Domínguez? Su larga experiencia le permitía "pescar" en el aspecto, en la actitud del padre de Domínguez, que la entrevista presentaría problemas.

    Había citado al padre porque Domínguez, persistente en sus problemas de aprendizaje, además se había insolentado gravemente con ella, en presencia de toda la clase.

    No se equivocaba. El Sr. Domínguez padre fue directamente al ataque:

    -Vengo acá porque usted maltrata a mi hijo. Le tiene bronca...

    La Patrese lo interrumpió serenamente:

    -Buen día, ¿Señor Domínguez, creo..? Mi nombre es Patrese. -Domínguez comenzó a sentirse incómodo- Mucho gusto en conocerlo. Yo lo he citado a usted, porque considero importante conversar acerca de su hijo. Importante sobre todo por él, por su hijo, porque todo lo que ha mostrado durante lo que va del año indica no solo que no aprende la materia, sino que no está aprendiendo a vivir. O a convivir civilizadamente con los demás.

    Increíble. Con esta introducción logró frenar la actitud de Domínguez. Y le había dado, adicionalmente, una lección de buena educación. El Sr. Domínguez acusó el castigo, y la conversación se encauzó positivamente. Llamaron a Domínguez hijo, y la reprimenda que tuvo que soportar provino no de la profesora, sino de su padre.

     

     

     

    11 de septiembre.

    La Patrese ya había tenido que pasar el amargo trago de aguantar que el prof. Sagasti plagiara descaradamente en un discurso a uno de sus autores favoritos. Y no estaba dispuesta a aguantar otra cosa así.

    Sagasti era uno de esos profesores "cancheros" que creen que una actitud adolescente gana la simpatía de los estudiantes. Ignoran (pues es una simple cuestión de ignorancia), que el alumno, el alumno adolescente sobre todo, busca conscientemente o no, lo acepte o no, un profesor ejemplar, es decir, un profesor que pueda servirle de ejemplo. No un payaso. No un facilista que a todas sus propuestas diga que sí, o que a todas sus falencias les encuentre una justificación. Aunque quiera ocultarlo, el joven está ávido de valores. En la dificultad de encontrarlos, intentará negarlos. Está en los adultos presentárselos, proponérselos, o ayudarles a encontrarlos.

    Sagasti no lo entendía. Quizás, porque en verdad no habría salido aún de la adolescencia. O tal vez, por haberla vivido como experiencia negativa. Era un hombre maduro, que no había alcanzado la madurez.

    Este 11 de septiembre reunía una vez más a toda la escuela, para recordar al Sanjuanino. Y esta vez Sagasti era el llamado a pronunciar el discurso de homenaje. Parecía que este año, estaba él de moda. La Patrese sufría, anticipadamente.

    -...¿Recuerdos de mi paso por la escuela? No me acuerdo de ninguno de mis maestros. Ninguno me dejó nada valioso. ¿Para qué sirve la escuela? ¿Enseña algo la escuela..?

    La Patrese no lo podía creer. Murmuró algo a la compañera que tenía sentada a su lado, también asombrada.

    -En estos tiempos de globalización, dejémonos de embromar con la Patria, con los próceres, con nuestra cultura fabricada a fuerza de libros y programas que no son más que vejestorios, mamotretos. Hoy la cultura nos llega a través de medios modernos, que nos ponen en contacto con las civilizaciones más avanzadas y sus costumbres. ¿O no hemos adoptado hasta su modo de hablar? ¿O no conocemos, y usamos todos, y entendemos perfectamente, sus gestos, como éste? -y levantó el dedo medio de su mano derecha.

    El Interventor tomaba apuntes. Muchos murmuraban, entre los profesores. Entre los alumnos, muchos habían quedado sorprendidos, y prendidos de las palabras del profesor. A muchos les divertía, y muchos lo aplaudieron al finalizar. No ocurrió lo mismo entre el cuerpo de profesores. La Patrese por supuesto, se levantó ostensiblemente y se retiró rápidamente del lugar, rumiando ya una respuesta adecuada. Esto no podría quedar así. Ella, por lo menos, no podía quedar callada.

    Así que esa noche, esa misma noche, su vieja computadora (cuatro años ya es vejez para una computadora), ruidosamente imprimía volante tras volante, mientras ella hervía las papas y los zapallos que la familia aguardaba. Este era el texto:

     

     

    Con quienes comparto la difícil tarea de educar...

    ...quiero compartir también unas pocas ideas sobre

    el Día del Maestro.

     

    Todavía creo en la educación: señalar caminos, acompañar a los chicos en todos sus proyectos, estar a su servicio para ayudarles a despertar a la vida.

    ¿Se puede preguntar "para qué sirve la escuela? ¿Se puede decirles a los chicos que "nada sirve"? ¿Que "todo está mal"?

    Yo no creo que todo esté perdido. No me gustaría, claro, mentirles y decirles a mis alumnos que "todo está muy bien"; pero... me niego a prepararlos para el desaliento y la frustración.

    El educador - profesor debe ser un adulto que ya haya solucionado su iracundia de adolescente. Un adulto que no dice que sí a todo, pero tampoco que no a todo. Que tiene espíritu crítico y que sabe que muchas veces aprende junto con sus alumnos. Que les recuerda límites, pero que es flexible, no por ser débil o facilista, sino porque trata de entender los vertiginosos cambios de la tecnología. De la Historia. De las costumbres. Pero que tiene, mantiene, y defiende algunos ideales y valores.

    Entre ellos, no aprovechar la cátedra para enviar mensajes negativos y de mal gusto. Gestos de mal gusto que los chicos conocen y usan, pero que no debemos emular.

    Por último, la escuela. Insistamos: en la educación no todo está bien, pero tampoco todo está mal. A pesar de las dificultades, me gusta lo que hago. Y no lo vivo solamente como un medio para conseguir un sueldo que, por el momento, es seguro.

    Respeto y admiro a los maestros: a los que me precedieron, y de quienes aprendí a serlo. (Como mi padre, de quien todavía hoy aprendo). Y a los que hoy siguen jugándose para que esta Argentina siga, para que todos tengan las mismas oportunidades y puedan ser críticos de la realidad. (Como mi hijo, quien lejos de casa afronta día a día sin desfallecer, las dificultades de enseñar a chicos con hambre). Rescato especialmente a los docentes del interior, tantas veces olvidados o injustamente criticados.

    Este es un hermoso trabajo. Es nuestro trabajo. No esperemos que lo mejore solamente una ley llegada desde arriba. Será mejor si nosotros lo hacemos mejor. Pero si no nos gusta, si no nos convence la docencia, si no estamos dispuestos a jugarnos por esta tarea, será mejor retirarnos... Dejar libre un lugar que no nos corresponde.

    `

    Me gustaría compartir tus comentarios, en una charla franca y alejada de los "chismes de pasillo".

    Prof. Patrese

     

    Recordó que el año anterior había sido ella la encargada del discurso. Lo buscó en la computadora y lo releyó. No había estado tan mal:

     

    Colegas Docentes, queridos Alumnos:

    "Fue la lucha su vida y su elemento". Así dice el Himno a Sarmiento, y es quizás la mejor descripción del prócer cuya muerte recordamos hoy.

    Sarmiento fue un luchador. Fue un maestro luchador. Estaba convencido de que el porvenir de los argentinos se jugaba con la educación de la población. Solo a través de la educación el hombre llegaría a ser verdaderamente hombre. Solo a través de la educación podrían los argentinos aprovechar todas las ventajas que la ciencia y la técnica podían ofrecer. Solo educado, el hombre tendría a su alcance todo el conocimiento y todo el arte que la humanidad ha acumulado a través de los tiempos.

    Hoy parece ridículo que alguien se haya opuesto en su tiempo a los adelantos que impulsó Sarmiento, o terrible que alguien se opusiese a que "la peonada" aprendiese a leer. Pero sí, así fue entonces, y así es aún hoy. Siempre los intereses particulares atacan al bien común si éste les hace frente.

    ¿O acaso hoy no se ven obligados los docentes a luchar para salvar la educación pública y gratuita, frente a una tendencia, (claro que no proclamada), a convertir la educación en el privilegio de unos pocos? ¿O no hemos escuchado decir "para qué quieren computadoras en el campo"? ¿O estamos tan ciegos que no vemos cómo paso a paso se van desmantelando todos los centros de investigación que fueron orgullo de nuestra patria? ¿O no es cierto que parece que se fuesen creando las condiciones para que los mejores talentos de nuestra sociedad solo puedan desarrollar su creatividad fuera del país?

    Churriaca es una pequeña población cercana a Zapala, en nuestro sur patagónico. Cuatrocientos habitantes, y más de cien de estudiantes. Dos maestros. Le escuché decir a su maestra, en una entrevista periodística, que "en Churriaca el maestro tiene que tener una imagen impecable: en una comunidad rural, el maestro es el eje y el punto de referencia y consulta de todos".

    No solo en Churriaca. Aquí también los docentes, y no solo los docentes, debemos tener una conducta inobjetable. Desde abril los docentes están dando una lección de dignidad, reunidos en la carpa del Congreso. (Que quede claro: es una lección de dignidad. No la desvaloricemos como si fuese una mera protesta sindical o política). Los docentes están siendo un punto de referencia para denunciar que no todo está bien, y para asegurar que no todo está perdido. Nada está perdido: solo tenemos que imitar la actitud sarmientina de lucha y trabajo por la cultura.

    Hoy colocamos flores junto a la figura que recuerda a Sarmiento. Los invito a que mañana entreguemos una flor virtual a ese maestro de nuestro recuerdo cuyo nombre y cuyo rostro seguramente quedaron grabados especialmente en nuestro corazón.

     

     

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    Octubre.

     

     

     

     

  • Ya estamos el tercer trimestre.

    Más que una lección de dignidad, los docentes ayunantes nos están dando sobre ese tema un curso completo. Ya han transcurrido seis meses desde que esta acción de reclamo comenzó, allá por abril.

    A lo largo de este tiempo, tal como sucede en los cursos escolares, hemos vivido o recordado diferentes acontecimientos que nos dejan también enseñanzas:

    La Feria del Libro. Un acontecimiento único, que muestra una fuerte valoración de la palabra escrita por parte de nuestro pueblo. ¡Que no debemos perder! La escuela pública ha sido el motor de la cultura en nuestro país y es imprescindible fortalecerla.

    Las Malvinas. Sin caer en nacionalismos tontos, el recuerdo de este tema pendiente nos da oportunidad para pensar en la necesidad de salvar la identidad nacional y sus valores, en estas épocas de fácil y alegre globalización.

    1º de mayo. El grave problema de la falta de trabajo, que es un fenómeno mundial, no encontrará una solución digna con el simple olvido de los derechos humanos que producen los planes de flexibilización. El hombre, todo hombre, es el primer valor que debemos salvar, respetar y atender. No el lucro, por supuesto.

    25 de mayo. Fue solo el comienzo. El pueblo quería, no solo saber de qué se trataba, sino también tomar en sus manos el manejo del país. Hoy disponemos del arma democrática, el voto, que debemos utilizar con convicción y con inteligencia.

    20 de junio. Sabía Belgrano la importancia de tener un símbolo que gritase nuestra unidad de ideales. Hagamos que realmente el trapo azul y blanco sea emblema de nuestra solidaridad. Ningún problema de ningún hermano nuestro debe sernos ajeno.

    9 de julio. Nuestro país no puede estar desconectado del resto del mundo. Mucho menos hoy, cuando la interrelación de los pueblos se ve tan necesaria. Pero Tucumán nos enseñó que nuestros destinos están y deben estar en nuestras manos. No aceptemos con tanta facilidad que las soluciones para nuestros problemas nos sean dictadas por los poderes internacionales y sus intereses.

    17 de agosto. Lo más destacable del General San Martín, lo indiscutible e indiscutido, fue su ejemplar honradez, su increíblemente limpio proceder público. Estos tiempos en que la corrupción ya aburre y no es castigada como corresponde, debieramos avergonzarnos al recordar su vida.

    11 de septiembre. Un luchador empecinado, Sarmiento estaba convencido del poder de la educación del pueblo (del soberano) para lograr el engrandecimiento del país, y la felicidad de su gente a través de una sociedad más justa. Muy especialmente en este día, los maestros ayunantes se nos muestran como vigilantes portadores de la antorcha que él encendiera.

    16 de septiembre. La noche de los lápices nos alerta: el ansia de saber despierta la prevención, y aún el odio, entre aquéllos que aún creen que su verdad debe imponerse por la fuerza. Un estudiante es un símbolo vivo de la esperanza. Y de la decisión de seguir trabajando por el bien de todos.

    ¡Fuerza, docentes! Somos muchos los que los acompañamos en esta patriada.

  • El Secretario.

    Por la tarde del lunes, comenzaron a sonar teléfonos en las casas de casi todos los docentes y de muchos alumnos. En la mayoría de los casos, el grabador registró un mensaje necesariamente breve, y algún numero telefónico. A medida que cada profesor o empleado iba llegando a su domicilio, las llamadas telefónicas comenzaron a multiplicarse hacia el anochecer. Las conversaciones en todos los casos eran casi las mismas. Congojas y grandes silencios.

    Había muerto Sebastián, el Secretario. Si bien por su edad ya no cumplía exactamente las funciones de Secretario, nadie recibía ese título entre todo el personal. En el trato personal, todos lo llamaban Sebastián. Cuando se referían a él, sin embargo, era siempre El Secretario.

    Murió en la misma escuela. No hubiese sido posible otra cosa, salvo que hubiese alcanzado la jubilación: habría muerto entonces en su casa, pero llorando.

    Lo velaron en la escuela. Llegaron todos los que pudieron, incluso los alumnos, para quienes representaba la imagen familiar, el cable de conexión con el nido que estaban aprendiendo a abandonar. Era el reaseguro para todos sus conflictos, y el mejor confidente si esos problemas no podían ser resueltos en el ámbito escolar.

    El martes fue el entierro. El miércoles fue un miércoles distinto. Ya no habría días iguales a los "de antes". Hasta que pasaran varias camadas de alumnos y se renovasen también los profesores.

     

     

    Cosas de yanquis IV.

    -Tenés que hacerme unos carteles… de lo de Junior

    -¿Qué carteles? -Pedro dejó lo que estaba haciendo al oír a su esposa que entraba como un ventarrón.

    -Uno, felicitando a los pibes que terminaron el curso de Comercio Exterior y a los que salieron primeros en las pruebas. ¿Sabés que Mariana está para concursar por el primer puesto de Buenos Aires? Y otros carteles para invitar a la reunión de entrega de premios. ¡Ah!, y otro con los resultados del cierre de la Empresa de las remeras. Vos reíte, pero ¿Sabés cuánto pagaron de dividendo a los inversionistas? Devolvieron el capital más ochenta por ciento… en tres meses. Es una locura, ¿no te parece?. Y cada pibe cobró por su actividad, y comisiones por las remeras vendidas.

    -Realmente, salió todo mejor que lo que yo pensaba. Lo único que me parece que hay que tener cuidado, y ver cómo se maneja, es el tema ideológico. Hay que hacerles ver a los alumnos que el famoso "mercado" no es la meta de su trabajo. Y que la economía tiene que orientarse hacia el hombre…

    -Eso dejálo por mi cuenta. Pero lo interesante de todo esto, es que toman contacto con el mundo real, aprenden a desarrollar sus valores personales, y aprenden también a trabajar en equipo. Una joyita…

     

     

    Corrupción 2

    Atender a todos los que querían verlo. Recorrer la escuela para ver tantas cosas que debían arreglarse. Conocer mejor a los alumnos. Y a los profesores.

    ¡Tantas cosas para hacer! Y lo peor, firmar, firmar, firmar.

    Parecía que todos los papeles debían pasar por sus manos. Y era difícil concentrarse en cada uno de ellos.

    Carlos Castro confiaba en que todo lo que le proponían estaba revisado una y otra vez. Pero ¿y si no..? Confiaba más, en verdad, en su instinto de auditor. Era curioso, pero cada vez que revolvía algún caso, aparecía mal olor. Así había sido, casi sin excepción, durante toda su carrera.

    Ahora aparecían para firmar unas certificaciones de estudios. Firmó una, dos… pero algo le hizo frenarse. ¿Qué era? A ver… ¿eh? ¿por qué son todas de alumnos viejos, de alumnos que pasaron hace más de cinco años por la escuela? Cuatro. ¿Cómo se les ocurrió a estos cuatro a la vez reclamar el certificado?

    Comenzó a preguntar. Nadie se los había pasado. Nadie los había revisado. Nadie nada.

    Y no habían concluido sus estudios en la escuela. Había uno, incluso, que nunca había sido alumno del establecimiento.

    ¿Y para qué lo pedían? En todos los casos lo mismo: para ingresar a la universidad. Por allá estaba la pista…

    Lo comentaba después con la Patrese:

    -Ayer casi me hacen ensartar. Me pasaron un montón de papeles para firmar, justo antes del almuerzo. Algo había, algo me alertó. Los hojeé y no me atrevía a firmarlos. Los dejé, afortunadamente, para hoy. Entre los papeles encontré varios certificados de estudios viejos, de hace unos cinco años, y se me ocurrió pedir los antecedentes. Había tres que no tenían completados los exámenes, y uno que nunca fue alumno de esta escuela. Ahora me van a dar un montón de explicaciones, y no voy a poder probar mala fe. Nadie sabe cómo llegaron los certificados a mi escritorio. Tendré que cuidarme más de lo que pensaba. Eso sí, me voy a encargar de que tengan miedo antes de hacer otra cosa así. Y en algún momento sabré quien fue.

    -Lo peor -le dijo Patrese- es que no se trata de una trenza que esté circunscrita a la escuela, a nuestra gente. Teóricamente esos certificados, aunque los hayas firmado, no tienen valor si no están debidamente conformados por los de arriba. ¡Pero vos vieras cómo se ponen sellos casi sin mirar! Además, en el centro, hay oficinas públicas donde todo el proceso de falsificación de certificados secundarios de realiza por cómodos pagos. Una vez me señalaron el edificio y todo...

     

     

    Un premio.

    Octubre terminó con una exposición de trabajos de todas las escuelas secundarias de la zona. Que Pablito terminase trayendo a la escuela un premio por su trabajo, terminó de asombrar a muchos que meses atrás lo habían considerado un caso perdido. Los profesores habían notado como poco a poco mejoraba su comportamiento e interés. Pablo había hecho un curso de tallado de lentes, en la Asociación Amigos de la Astronomía, y finalmente había armado un telescopio, rudimentario y casero, con el cual había conseguido fotografiar la cara de la luna. La foto y el telescopio habían causado sensación en la exposición, y logrado, como dijimos, un premio

    Sobre el costado del tubo del telescopio, Pablo había grabado un nombre: Señora Dora…

     

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    Noviembre.

     

     

  • ¡Atención a la carpa..!

    Es un emblema. Es un llamado de atención. Hay que tenerla en cuenta. Hay que responder a ese llamado.

    ¿Qué nos está diciendo? ¿Qué nos está pidiendo?

    Mucho más que soluciones a un problema gremial.

    Nos está diciendo que hay un peligro grave amenazando a nuestra sociedad. Y nos está pidiendo que le demos solución.

    Hace poco hablábamos con un empresario, un industrial de tamaño PYME. Un hombre preparado, y un luchador que se niega a bajar los brazos. A pesar de que hoy esté produciendo al diez por ciento de su capacidad. Sabe que no existen soluciones mágicas ni inmediatas a los problemas que nos aquejan. Pero ¿saben cuál era su angustia mayor? ¡Las fallas de educación! No habló de ahogo financiero, de falta de ayuda estatal, de protección contra la importación, de impuestos menores. No. Se daba cuenta de que la pérdida mayor de nuestra sociedad estaba en el campo de la educación. Y de que ese problema, la falta de una formación adecuada de nuestros jóvenes, ponía en peligro nuestras posibilidades de recuperación.

    Se irá algún día la carpa. Pero dejará detrás muchas conciencias inquietas. Dejará detrás muchos ánimos templados. Dejará detrás muchas manos unidas.

    Habrá cumplido su misión..

  • -A ver si con este examen salvan el año...

    La propuesta había sido interesante. De todos modos, la Patrese ya sabía quiénes podían y quiénes no podían salvar el año. En verdad, con ella nadie "salvaba" si no hacía el esfuerzo correspondiente.

    No pasaba a menudo, pero pasaba a veces. La Patrese entregó las pruebas corregidas, y se equivocó al corregir uno de los ejercicios. El resultado era 30.000 y ella calculó que sería 3.000 Así que en la primera prueba que vio como resultado 30.000, lo tachó y puso 3.000, y siguió así. Por supuesto, los resultados ("¡Qué brutos!", pensaba la Patrese) variaban entre 30 y 300.000. Cuando recibió la prueba una alumna advirtió el error y lo hizo notar a la profesora.

    -¡Ajá, tenés razón! Me equivoqué. ¡Qué macana! Tenés un punto más, entonces. A ver, ¿hay alguno otro mal corregido? No es tres mil sino treinta mil. Los que tienen treinta mil están bien…

    Había varios, y varios consiguieron así un punto más.

    No era el caso de Domínguez. Había puesto 300, y la Profesora lo había tachado. "¿Y si..?" Domínguez no lo pensó más , y agregó otro cero, también tachado.

    -Yo también lo tenía bien…

    La Patrese lo miró a Domínguez, miró la prueba, volvió a mirarlo a Domínguez, y le dijo:

    -Vos no. No me vas a pasar.

    -Pero Profe, usted me lo corrigió mal...

    -No insistás, Domínguez. ¿O te olvidás cuántos años hace que trabajo con pibes como vos..?

     

     

    Conversación, casi un monólogo, tomando el té.

    -Mi padre también fue docente, y recuerdo que decía: "Los chicos siempre terminan aprendiendo a leer, no importa cuál método se use. Unos métodos serán mejores que otros, pero con cartilla, con global, con lectoescritura, con palabra generadora, con cualquiera, en uno o dos años leen. Si los maestros y ellos ponen interés, leen". Y esto, poco más o menos, se aplica a toda la enseñanza. Lo malo para los docentes es que estén cambiando las normas de enseñanza a cada rato. En mis cuarenta y tantos años de profesora, ¡sabés cuántos ministros, secretarios, y demás funcionarios tuvieron la manija de la enseñanza? Y no importa si estuvieron en sus cargos dos años o seis meses: cada uno que tuvo la oportunidad, cambió algo de los planes. Hubo años en que comenzaron las clases sin que tuviésemos listo el programa de la materia.

    -¿Te sirvo un poco más?

    -Sí, gracias. Un día deciden "sacar" contabilidad y poner "taller" contable. ¿Te creés que alguien te prepara para el cambio o, mucho menos, que te consulta? ¡Ja, ja!, la opinión del docente no sirve. Y los alumnos desorientados. Hasta que el profesor le toma la mano al asunto, se perdieron un par de meses. O todo el año, si finalmente el profesor no pesca cómo hacerlo, o no le interesa. Che, cuidado, te quedó abierta la cartera…

    -¡Uy, gracias! Hay que tener un ojo aquí…

    -Te decía de los talleres. ¿Sirven? ¿Aprenden los chicos? Y, sí, como siempre: si los profesores los aprovechan bien, sirven. Pero hay muchos que dicen que "dan taller", y siguen dictándoles definiciones a los chicos… Yo enganché bien con los talleres, y menos mal que me dieron talleres y no me pasaron a dictar dibujo o trabajos manuales, que todo podía ser. ¿Aprenden los chicos? Sí, aprenden, pero antes me costó mucho a mí aprender qué y cómo debía enseñarles. ¿Esto es azúcar?

    -No, edulcorante. Tomá éste.

    -Gracias. Te cuento anécdotas de mis chicos, casi al fin de las clases. Mandé a diciembre, al recuperatorio a unos cuantos. Uno vino y me dijo: "¿Cómo me manda a diciembre, si yo tenía buenas notas en los primeros bimestres?", "Tenías buenas notas, pero mirá lo que hiciste", "Pero eso que me preguntó era de principio de año, y ya lo había aprobado", "Sí, pero ahora, al final, tendrías que saberlo y aplicar todo lo que aprendiste, y realmente, mirá lo que hiciste", "Yo ya estudié eso, así que no voy a ir a diciembre", "Vení o no vengas, hacé lo que quieras", viste, uno se cansa de estas cosas. Señor, Señor… ¿podría traerme un vaso de soda, que esta agua tiene un gusto a cloro que mata? Gracias. ¿Qué te decía?

    -De tus alumnos de taller..

    -Ah, si. Pesqué a dos que eran "socios" en un comercio, y me habían cambiado el valor en una factura. Qué se yo, eran treinta pesos y me pusieron trescientos. Les puse un uno a cada uno, claro. Al día siguiente agarré a uno y le pregunté: "Y, aprendiste algo?", "Sí, que esas cosas no se deben hacer", "Y menos con la Patrese", "No, con nadie, no se debe hacer, es una estafa", "Bueno, aprobaste, no me importa lo que hiciste, sino lo que aprendiste". Después encontré al otro: "¿Aprendiste algo"?, "Si, aprendí que esas cosas no se pueden hacer, porque te pueden pescar", "Porque te pueden pescar, no", "Y, lo que yo quería era ganar más", "Sí pero está mal", "Sí, porque me pueden pescar", "Bueno, no aprendiste nada, te espero en diciembre". Los talleres, una vez que les tomás la mano, pueden resultar muy interesantes. Lástima que no la traje, pero un día de estos te voy a mostrar la carta que me escribió una alumna.

    Lo de los talleres estuvo bien, pero hacer cambios por hacer cambios, me mata. Y ponerle a cada cambio una sigla bonita (CBC, EGB, etc.), me molesta, pero me molesta mucho. ¿Te acordás cuando a todas las escuelas de la Capital les cambiaron el nombre? Eran todas "EMEN Número". Y, finalmente, tuvieron que volver atrás, porque un número no es historia, no crea pertenencia, no distingue, no esta hecho a la medida del hombre, sino de esas mentes burócratas que nunca se emocionan.

    Ahora ya están pensando en nuevas formas de evaluación, en lograr la contención del alumno, eliminación de exámenes de marzo, notas apelables… son todas frases, frases. Y a veces, peor: son cosas que ya se ensayaron, por ejemplo en Provincia, y que no funcionaron.

    Llamá al mozo y vamos que se hace tarde.

     

     

     

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    Diciembre.

     

    Regalo.

    -Chicos, tengo que decirles que lo he pasado muy bien con ustedes todos estos meses. Y me parece que se merecen un regalo.

    Murmullos. De sorpresa. De curiosidad.

    -¿Nos va a aumentar el promedio, Profe..?

    -¡Ni lo sueñen! La nota es la nota, y además, ya están cerrados los promedios..

    -¡Ufa!

    -Nada de ufas. Los que se van a marzo, van a tener que estudiar como locos, Ustedes saben que yo no perdono. Pero el regalo va a ser otra cosa. A la salida nos encontraremos todos en Palmeiro y les regalo un helado a cada uno…

    No hubo ahora murmullos, sino exclamaciones y aplausos.

    -¿En serio, Profe, o nos está cargando?

    -En serio, ¿o yo alguna vez hablo en broma…?

    La variedad de helados en Palmeiro era asombrosa y los precios aceptables, así que el local tenía una fama bien ganada entre los alumnos. Cada pibe que recibía el helado le daba un beso a la Profesora.

    -Parece que los pibes la quieren mucho... -dijo el heladero mientras acomodaba el copete de frutilla a la crema- Me hubiera gustado tener una profe así...

    -No es oro todo lo que reluce…-agregó Elena Patrese, saboreando su chocolate con almendras.

     

     

    Continuando el "diálogo", por la vereda.

    -Esperá que retiro el "Metro". Estos diarios gratis no traen "grandes cosas" ni serán "la locura periodística", pero al final noticias tienen, y los podés leer cómoda mientras viajás. Y ¿notaste otra cosa? Los chicos los leen. Yo me fijo, y veo cada vez más chicos leyendo en el subte. Con los walkman puestos, con las mochilas al hombro empujando a todos, pero leen. Aunque sean pavadas, están leyendo. Y por ahí se prenden, por ahí es una buena costumbre. Por lo menos se enteran de lo que está pasando por el mundo, que sé yo… ¡Ah, che, menos mal que me acordé! Te traje la carta de la piba que te prometí el otro día. Espero haberla traído. Entremos a tomar el té, y te la busco... despacio… estas carteras… tiene que estar… ¡oh, disculpe, señor…

     

     

    La Carta.

    ¿Qué aprendí en la materia "Taller de educación práctica"? ¡Tantas cosas! Desde hacer una factura y así poder ayudar mejor en el negocio de mis padres. A relacionarme más con la gente sin tener vergüenza de preguntarle "¿Qué necesita?" o "¿Qué va a tomar?".

    Aprendí a cobrar bien sin tener que usar la calculadora. Aprendí a ser justa con los empleados, a entender que no todo lo que me parece que hacen mal está en verdad mal.

    Aprendí a recibir los pedidos o a rechazarlos. Todo esto aprendí y creo que si pienso un poquito más, mucho más voy a encontrar que aprendí. Gracias a la Profesora Patrese.

    ¡Muchas gracias, Profe!!! Ahora puedo estar en el negocio de mis padres, sola, si papá tiene que irse un rato a hacer una compra o un trámite, y gracias a lo que aprendí, ahora me puedo defender, cosa que antes no.

    Vuelvo a repetirle: ¡muchas gracias!, y hasta el año que viene, si Dios quiere,

    Carla.

     

    Promoción.

    Para Nicolás, era el último día que concurriría a la Escuela, por lo menos como alumno. Había llegado el día del acto de fin de año, y de su graduación. Miraba cada salón, cada detalle como si no los hubiese visto nunca antes.

    La escuela era amplia y cómoda. Prevista para que se pudiesen realizar en ella todas las funciones necesarias. Sí, una escuela muy amplia, que permitía albergar cómodamente a esa enorme cantidad de alumnos.

    Un salón de actos digno, muy cómodo. Se llegaba a él por una escalera de mármol, tan gastada ya que sus bordes parecían cuchillas afiladas.

    Eso sí, hacía calor, mucho calor, y no había ningún sistema de acondicionamiento de aire que lo combatiese.

    El jefe de preceptores actuaba como maestro de ceremonias y locutor principal. Después de la entrada de la bandera de ceremonias y de cantar el Himno, el Interventor habló brevemente, con cariño y con humor, cosechando aplausos, especialmente entre los alumnos. Dos profesoras cuchichearon: "-Se los tiene metidos en el bolsillo". (Y era verdad). Presidió el acto de cambio de escoltas de la bandera y luego bajó a sentarse en la primera fila de la platea.

    Retomó el micrófono el preceptor y comenzó la entrega de diplomas y premios.

    Nicolás esperaba. No estaba impaciente, sino que sentía cómo los recuerdos de tantos años de escuela se le iban apareciendo como fogonazos, uno tras otro. Por fin, comenzaron a ser llamados los compañeros de su división. Aguirre, Arena, Benítez, Boergego, Brunelo… Y él:

    -Nicolás Carre. Entrega el diploma la Profesora Elena Patrese, y la medalla, sus padres. Y atención que esto es una sorpresa: su hermano le entrega el premio al mejor compañero de la promoción, que ha merecido en votación secreta entre sus compañeros.

    No se había imaginado que iba a llorar. Pero fue tan fuerte el abrazo de Ramón, mientras le repetía una y otra vez ¡gracias!, que no pudo evitarlo. Ni quiso.

     

     

     

     

    Final.

    Se hacía largo el acto. Y casi insoportable el calor. Así que fue para todos un alivio cuando el Jefe de Preceptores anunció que la Profesora Patrese hablaría para cerrar el acto:

     

    Ya sé lo que están pensando: "¡Cuándo se jubilará la Patrese!". Todavía no.

    Ustedes saben que hay cosas que me vuelven loca. Y cada año, más. Por ejemplo: año tras año, he intentado que los alumnos aprendan qué es "Patrimonio Neto". Y año tras año, es infaltable, les pregunto y recibo la misma respuesta: "Lo que queda".

    Me vuelvo loca. Ya ni sé para qué pregunto. Siempre lo mismo.

    Por eso hoy voy a hacer al revés, a ver si entienden. Nos vamos a preguntar "¿Qué es lo que queda?".

    ¿Qué les queda después de este año de trabajo?

    A varios de ustedes les queda un título. Un comprobante de que han hecho un esfuerzo, con buen resultado. Un papel, que no es un papelito cualquiera. Si fuera un papelito cualquiera, nadie se tomaría el trabajo de robarlo o de comprarlo, o de falsificarlo. Y ustedes saben que esas cosas se han hecho.

    Es un papelito que resume ante quien lo requiera que ustedes se han capacitado para una actividad. ¿Es suficiente? Claro que no. Pero es un respaldo, y un escalón más donde apoyarse y seguir subiendo.

    Quedan muchas cosas más. Queda un montón de amigos. Y les recomiendo que mantengan esa amistad. Les ayudará a sentir que pertenecen a un grupo, y no es poca cosa. El hombre no está hecho para ser un solitario.

    Queda una transformación. A vuestra edad, las transformaciones que sufren son un tesoro invalorable. Cada costumbre que adquieren, cada decisión que toman, los marca y les aseguro que dará frutos.

    Les quedan pequeñas o grandes victorias. Han descubierto quizás defectos, han rozado peligros, han vencido cansancios, tentaciones, malos hábitos: es otro tesoro.

    Todo eso les queda. ¿Es eso su Patrimonio Neto? De ninguna manera. Patrimonio neto es aquello que realmente es de ustedes. Parte de todo esto es de ustedes, pero otra parte ustedes se la están debiendo a sus padres, a la sociedad, a los profesores (también a los profesores, porqué no) y a sus compañeros. Una deuda que no les vamos a cobrar de inmediato. Les damos crédito y sabremos esperar, porque sabemos que se lo merecen.

    Y sabemos que cumplirán.

    Los abrazo fuerte.

     

     

    (FIN)

    santaner@tutopia.com