
Dos noches de romanticismo y alegría, en el Auditorio
FELIPE MORALES MARTINEZ
Como ya es costumbre, entre la artista y el público no hubo barreras. Jamás le ha importado el tamaño del escenario. Su principal objetivo es motivar una retroalimentación: la gente goza, y ella más.
En esta ocasión presentó un espectáculo dividido en dos partes: en la primera canta sus grandes baladas, mientras que en la segunda, el grito de "¡Viva México!" se hace presente cuando de su garganta salen temas como "Si nos dejan" y "Tristes recuerdos", entre otras.
Pero no sólo hubo canciones. Lucero dio muestras de su gran sentido del humor al contar chistes en los que, por cierto, los hombres eran las "víctimas".
También quedó comprobado que es feliz en su matrimonio. Cada vez que podía, le recodaba a su público que era una mujer casada. Aunque todos se quedaron con las ganas de ver sobre el escenario al señor Mijares interpretando, tomado de la mano de su esposa, "Cuatro veces amor".
A lo largo del show, la gente bailó y cantó con su artista consentida grandes éxitos como "Ya no", "Siempre contigo", "Quiero", "Electricidad", "Cuéntame" y "Sobreviviré".
Entre las sorpresas, destacó el hecho de que Lucero tocara la guitarra en una versión acústica de "Tácticas de guerra".
Con su orquesta, cerró la primera parte de su presentación con "Piel de ángel", "Veleta" y "Vete con ella".
Luego vino la parte folklórica. El Mariachi Gama 1000 llegó hasta el escenario del Auditorio para interpretar un popurrí de canciones mexicanas que duró alrededor de 10 minutos, tiempo suficiente para que Lucero se vistiera de charra.
Sin duda esta fue una de las partes más emotivas del show, porque además la acompañó el ballet Mexicanerías y un floreador que demostró ser todo un "maestro" con la reata.
En lo que a música se refiere, deleitó al respetable con "Se me olvidó otra vez", "Amor de roca", "Que no quede huella", "Si nos dejan", "De qué manera te olvido", "Tristes recuerdos", "Qué bonito amor", "Volver, volver" y "Serenata huasteca".
Lucero se mostró feliz de regresar al lugar de su éxitos. Una vez más, el Auditorio y quienes lo llenaron dos noches seguidas, comprobaron que ahora ella es la consentida de México.
Cuando se despidió y las luces del recinto se encendieron, todavía hubo quienes no se movieron de su lugar, como esperando el "milagro" de que Lucero volviera.
Pero como dice el refrán: "Todo lo que empieza, tiene que acabar".
Ya habrá otra oportunidad de tener frente a frente a la que, hasta hace unos meses, era la Novia de México.
Han pasado varias horas desde que cantó en el Auditorio y ya hay quienes la extrañan. Así es la vida, decía el abuelo.