Historias para destapar el excusado

 






 

Complazcamos al público, pues

Roberto Remes

Primera parte, escenas nones.

Escena 1. Juanito, quien vive en un tercer piso, jala un banco hacia la ventana de su casa que da hacia la calle, toma un globo verde, se dirige hacia el baño, abre la llave, acerca el globo al grifo, lo llena, detiene el peso del agua con la mano derecha, con la izquierda sostiene la entrada que originalmente debía ser utilizada para el aire y que él utilizó para el agua de la llave, luego deja el globo apoyado en el lavabo mientras con sus dos manos anuda la punta de tal manera que el líquido no se salga, camina hacia la ventana sosteniendo con la mano izquierda el nudo y con la derecha la bomba de agua, se sube al banco y desde la ventana espera a que pase un peatón descuidado para que él le aviente el globo con agua y en un segundo lo bañe, y de paso le deje un pequeño dolor de cabeza, porque el globo estalla en el transeúnte a una velocidad de 36 kilómetros por hora, sin que esta persona sepa bien a bien qué sucedió.

Escena 3. Juanito, el mismo Juanito de la escena 1, decide incitar a sus amiguitos de a la vuelta para que desde su azotea avienten globos inflados con agua hacia los vehículos en movimiento, en medio de la ociosidad les hace la propuesta, les muestra la bolsa de globos y cada quien toma uno, él escoge, esta vez, uno amarillo y repite el procedimiento, con la izquierda sostiene la entrada de aire, y con la derecha recibe el peso del agua que entra en el globo, luego lo amarra con las dos manos mientras sus amigos lo observan, y más tarde son ellos, uno a la vez, quienes inflan sus globos, se acercan al parapeto de la azotea, ponen unas cajas de cartón en el borde para poderse ocultar con facilidad, escuchan el ruido de los motores de los coches, se dan cuenta de que se acercan las primeras víctimas, preparan sus globos, los avientan, fallan en su intento, uno golpea en la banqueta, otro se revienta en un árbol, y el otro, amarillo, cae justo después de un coche que acababa de pasar sobre un carril en el que nadie volvió a transitar hasta el siguiente cambio del semáforo.

Escena 5. Como la bolsa de Juanito, el mismo Juanito de las escenas 1 y 3, contiene cien globos, de los cuales se han usado sólo cuatro, Juanito y sus amigos continúan su empresa pero esta vez llenan cinco globos cada uno, pero con menos agua que la vez anterior gracias a que uno de los amiguitos de Juanito sugiere que los globos inflados con poca agua son más fáciles de manipular y pueden tener más efectividad al momento de ser arrojadas hacia el objetivo móvil. Los tres niños se cubren nuevamente detrás de la barda de la azotea, preparan sus globos, oyen los coches, lanzan las primeras bombas, fallan en algunos casos, y le atinan al vehículo de un señor que manejaba con la ventana abierta, el hombre detiene el coche de inmediato, obliga al vehículo de atrás a hacer una maniobra arriesgada para esquivarlo, se baja mojado de su auto, mira hacia la azotea y descubre algunas cabezas en movimiento que tratan de ver, con regocijo, el éxito de su tarea, entonces camina hacia la casa donde están los niños parapetados, toca el timbre con insistencia, lanza improperios al aire, patea la puerta, toma una piedra, la arroja hacia la azotea, cae al lado de uno de los niños, quien se la devuelve con tal tino que lo golpea en la cabeza y el hombre que tenía que morir, muere.

Segunda parte, escenas pares.

Escena 2. La mujer que tenía que vivir, vive. Coge el teléfono con picardía, marca el número del celular de su novio, oye su voz y suelta una serie de palabras cariñosas y concluye, sin saber si pregunta o afirma, Vas a venir a verme, a lo que su novio sólo contesta Ya voy en camino, y de inmediato él sube el volumen de su estéreo, baja los cristales del coche, saca el brazo y acelera en tanto el tráfico se lo permite, se detiene en un semáforo, mira las piruetas de unos niños, uno de los cuales viste una capa que dice chupacabras, mientras que su rostro está cubierto con una más cara que asemeja a un expresidente mexicano, cuando las piruetas terminan duda de sacar una moneda de su saco y termina por decir No traigo cuando los niños se acercan a su coche, voltea hacia el semáforo, ve que una luz roja se apaga, se prende una verde, arranca de nuevo rumbo a casa de su novia.

Escena 4. Una desviación obliga al novio de la mujer que tiene que vivir, y que vive, a modificar su camino y a meterse por una calle distinta a la que suele utilizar para llegar a casa de su chica, por lo cual maneja con lentitud y se encuentra con un mayor número de semáforos, sin embargo, como son de menor importancia no se topa con vendedores ni con aprendices de cirqueros en ningún alto, ni mucho menos con limpiaparabrisas, por lo cual se evita estar diciéndole no, con el dedo índice, a todo el mundo, en eso escucha una canción que le gusta y sube aún más el volumen del estéreo, ve la luz amarilla y luego la roja de un semáforo que está a una cuadra de la casa de los amiguitos de Juanito, el Juanito de las escenas nones, frena y espera que la luz cambie a verde, y mientras tanto revisa la Guía Roji para asegurarse de que esté en el camino correcto hacia la casa de su novia.

Escena 6. El novio de la mujer que tiene que vivir arranca, deja la Guía Roji en el asiento contiguo y acelera, en eso siente que un objeto lo golpea, lo moja, ve la sombra de unos niños que se esconden, se da cuenta de que le arrojaron un globo, se frena intempestivamente, sorprende al conductor del coche de atrás, ve por el retrovisor cómo lo esquiva, se baja del auto, se ve la ropa mojada, voltea hacia las azoteas, descubre movimientos de unos niños, camina hacia la casa donde están los chiquillos, toca el timbre con insistencia, grita insultos, patea la puerta, mira una piedra, se agacha, la recoge, la lanza con furia hacia la azotea, oye cómo golpea en el cemento, busca en el piso otra piedra y en eso siente un fuerte golpe en la cabeza, se desploma, ve estrellas, luego ve todo obscuro, luego claro, cada vez más claro, y muere sin alcanzar a pronunciar el nombre de la mujer que tiene que vivir.

Tercera parte, escena final.

Escena final. Me entero de la muerte del hombre que tenía que morir y no puedo evitar la sonrisa, era el novio de la mujer que a mí me interesaba, si no hubiera muerto no me habría hecho de su amor, así que celebro el fallecimiento porque me brinda la oportunidad de conquistar a la mujer que tienen que vivir, la visito con más frecuencia, la conquisto, la beso, la poseo, la amo. El telón se cierra.

Adendum a la escena final en virtud de la rechifla del público. El telón se abre de nuevo, aparezco yo en la cama, me tallo los ojos, me estiro, cojo un vaso de agua, la bebo, elevo las piernas por debajo del cobertor, doy una patada con las dos extremidades inferiores al mismo tiempo, lanzo sábanas y sarape hacia el frente de la cama, aparezco desnudo, se oyen risas del público, me doy cuenta de que todo ha sido un sueño, el hombre que tenía que morir sigue viviendo, la mujer que tiene que vivir sigue siendo novia del hombre que tenía que morir, la vida sigue su curso, sin embargo, preferiría que el hombre que tenía que morir no existiera, existe, en silencio abro un cajón, saco una pistola, la cargo, me apunto hacia la sien, disparo, caigo sobre el suelo, desnudo, se cierra el telón. La gente aplaude de pie.

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