Historias para destapar el excusado

 






 

Pues se lo tuve que decir

Roberto Remes

La verdad es que es una historia larga de contar así que ni siquiera sé cómo empezar, porque tampoco tengo idea de cómo fueron las cosas en realidad, pero lo cierto es que un día acabamos en la cama, con la almohada de pluma de ganso deshecha, con las sábanas batidas de cera, chocolate, jarabe de fresa, restos de vino, con algunos condones usados en el suelo, el despertador desconectado, el teléfono descolgado, las ropas perdidas en la sala, sudando, cantando, fumando, dormitando, con la luz del mediodía escondida detrás de las persianas cerradas, con la misma película porno en la videocasetera, tras haberla visto unas cuatro veces en toda la noche y parte del amanecer, con una botella medio llena encima del piso y otras tres vacías sobre el buró, con una copa despostillada y otra perdida debajo del somier, con mi cuerpo completamente desnudo y descubierto, con el de ella tapado por la parte más limpia de la ropa de cama, con el ventilador espantando las moscas y pero sin disipar nuestro sudor, con el rechinado de los resortes del colchón, la música lejana del cuarto de arriba, y con los recuerdos de una noche excitante en compañía de Olga, una mujer buenísima pero ligeramente fea.

Nos conocimos un día en que había temblado en la ciudad, cuando yo acudí a su empresa para cerrar una venta con su jefe, y como el negocio se concretó nos seguimos encontrando cada vez con más frecuencia hasta que coincidimos un día en el horario de comida, así que terminamos almorzando en la misma fonda y repitiendo esa escena una vez por semana, hasta que luego fuimos al cine, una vez, dos veces, y luego a cenar, a bailar, y claro que también nos besamos, nos fajamos, y ella me preguntó si yo la quería, y pues ni modo que dijera que no, así que dije que sí, y que si yo la amaba, y pues ni modo que dijera que no, así que dije que sí, y entonces la invité a que pasáramos juntos una noche, Pero es que no me dan permiso en mi casa, dijo, Pues si no te dan permiso olvídate de mí, le dije, Pero hay, oye, no seas así, que yo te quiero, pero soy una muchacha decente y mis papás me cuidan mucho, Pues que te cuiden toda la vida, Pero cómo eres, se me hace que no me quieres, Pues piensa lo que quieras, pero si tú me quisieras te irías conmigo, Pero no sé qué hacer, no me gusta decir mentiras en casa, Pues tú di lo que quieras, Pero, pero, Pero qué pues, Pues sí.

Bueno, pues llegamos a mi departamento, que no es muy amplio, pero sí tiene una pequeña sala, una cocina y su cuarto, y entonces nos empezamos a besar en la sala, y a fajar, y a desnudar, y cuando íbamos a hacerlo en el sillón me acordé de que los condones los guardo en la recámara, entonces nos pasamos para allá y lo empezamos a hacer, y yo después me puse a sacar cosas para disfrutar al máximo la noche, le derretí una vela sobre sus senos, me puse chocolate y jarabe de fresa en el cuerpo, nos rociamos vino, nos emborrachamos, lo hicimos como cuatro o cinco veces, me volvió a preguntar que si la quería, le volví a responder que sí, me volvió a preguntar que si la amaba, le volví a contestar afirmativamente, se acurrucó en mi pecho y se quedó dormida, se despertó, lo volvimos a hacer, y luego propuso que nos casáramos, y yo le dije que no, que no era tiempo aún para ello, y ella me dijo que por qué no, y yo le dije que el matrimonio era mucha responsabilidad, que yo no estaba preparado para ello, que no apresuráramos las cosas, y ella dijo Ándale, no seas así, si ya llegamos tan lejos el matrimonio es lo de menos, Pues si el matrimonio es lo de menos entonces para qué casarnos, Ándale, Que no, Que sí, Que no, y ya no me estés molestando con eso, y luego otra vez la pregunta de que si la quería, y pues ni modo de contestarle que no aunque estuviera enojado, y que si la amaba, y pues ni modo de contestarle que no, y que si nos casábamos, y ahí sí tuve que insistir en mi negativa, y entonces me dijo que cómo era posible que la amara y que no me quisiera casar con ella, y yo respondí que así era y punto.

A partir de ese momento Olga me insistió en que nos casáramos, que si no ya no lo volveríamos a hacer, y yo Ándale, no seas así, vámonos a Acapulco un fin de semana, allá lo pensamos un poco más, quien quita y sí me animo, Pero me vas a salir con lo mismo, Pues no sé, Cómo que no sabes, Pues lo tengo que pensar, Pero qué tienes que pensar, Pues todo esto, Qué acaso tienes que pensar si me quieres, Sí te quiero, de veras Olguita, pero nomás no me presiones, mejor vámonos a Acapulquito, No, Ándale, Que no, Está bien, ya vete a tu casa, y entonces el llanto y el reclamo de que si habíamos pasado una noche juntos lo menos que podía hacer era llevarla, Pero si te llevo yo tus papás van a pensar que te quedaste conmigo, Pues entonces les diré que ya nos vamos a casar, Que no, y otra vez la misma discusión, y luego ella con su pregunta de siempre, que si la quería, que si la amaba, y pues ni modo que le dijera que sí, la verdad se lo tuve que decir, Pues no te quiero, pues no te amo, pues no me voy a casar contigo, pues mejor coge tus trapitos, vístete, deja de llorar y vete, y ella que se viste y que se va, pero no dejó de llorar, y yo que me quedo jetón, y en la noche que suena el teléfono, y que me despierto encabronado, y la Olga esa con su pregunta esa de que si la quería, y pues yo se lo tuve que decir otra vez, No te quiero, y otra vez, Que no te quiero, y luego un Qué no entiendes, y luego que me amenaza con que se iba a tirar a las vías del metro, Pues tírate, porque yo no te quiero.

Olga no se tiró a las vías del metro ni se cortó las venas, aunque me dijeron que se volvió alcohólica, pero yo creo que fue por otras cosas, porque por alguna razón era tan necia, si no, no me hubiera fregado con eso de que nos casáramos y de que si la quería o no la quería. Yo lo que digo es para qué lo andan presionando a uno con esas preguntas, por eso fue que se lo tuve que decir, No te quiero Olga, qué no entiendes que no te quiero.

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