Historias para destapar el excusado

 




 

Esa mujer es de las que destruye hogares

Roberto Remes

Sicilia era una mujer alta, atractiva, blanca con ojos cafés pero con la luz del sol se veían a veces color miel, y su mirada fija era capaz de meterse en cualquier persona, para bien o para mal, unos para que se enamoraran de ella y otros para que desconfiaran de ella, las mujeres para que le tuvieran miedo o envidia, los niños para que se sintieran regañados sin haber hecho nada. Yo estaba entre los que desconfiaban de ella. Desde que la vi pensé Esa mujer es de las que destruyen hogares. Siempre supuse que estaba en lo cierto y se lo comenté a mi jefe un día en que lo llevaba a una reunión a la que asistiría ella, él nada más se rió y no comentó nada. Cuando me di cuenta de que había metido la pata fue cuando mi jefe me pidió que pasáramos por Sicilia para ir a cenar y entendí por qué se había reído.

El asunto no era como para hacerme perder el trabajo, y más aún que a partir de ese momento yo manejaba información confidencial, por las infidelidades de mi jefe, y él no era tan autoritario como para correrme nada más porque yo le había dicho que la mujer con la que salía era de esas que destruyen hogares. De cualquier manera, entre ella y yo no había química y se quejaba siempre hasta de mi manera de manejar, pese a que cumplía ya dieciséis años de estar trabajando como chofer y cuatro de estar laborando para la misma persona.

Las cenas y las idas a bailar de mi jefe con Sicilia se fueron haciendo mucho más frecuentes, por lo cual mi jornada de trabajo se extendió hasta la madrugada y en más de una ocasión salieron de algún bar y me encontraron dormido en el coche, por lo cual Sicilia se quejó de que yo era un haragán y no sé cuánto más. A partir de ese momento supe que mis días sí estaban contados, aunque por más esfuerzo que hiciera el sueño me vencía en medio de la soledad y oscuridad nocturna.

La esposa de mi jefe comenzó a sospechar de la relación extramarital que él sostenía con Sicilia, por lo cual cada vez que me veía me hacía preguntas sobre los lugares a los que íbamos, los restaurantes que frecuentaba mi jefe, sus amistades, sus horarios de trabajo, los míos, y otras cuestiones que me comprometían, amén de que mis bostezos actuaban como delatores. Si bien yo no quise dar mucha información, sí hice algún comentario que seguramente puso en contradicción a mi jefe y eso propició mi salida, pero un día antes de que me despidiera trabajé hasta las tres de la mañana en un itinerario que incluyó un bar, un hotel y la casa de Sicilia, y precisamente cuando pasamos a dejarla ella alcanzó a sentenciar, Ya llegaste demasiado lejos así que o dejas a tu esposa o no me vuelves a ver.

Por lo que me pude enterar, la esposa de mi jefe le reclamó la contradicción en la que lo hice caer y ese mismo día él me corrió. Mi antiguo padrón siguió viviendo con su esposa y dicen que también continuó frecuentando a Sicilia, porque así son muchas mujeres, tanto las esposas como las amantes, que terminan soportando un amor compartido, incluso Sicilia, con sus ojos penetrantes y prepotentes, se quedó con la mitad de un hombre.

Yo, en cambio, traté de conseguir trabajo durante varios meses pero no logré que me contrataran en ningún lado, conforme pasaba el tiempo las cosas se volvían más difíciles y yo me sentía más inseguro para buscar empleo, temblaba tan sólo al abrir los anuncios clasificados del periódico y contaba con dolor cada peso que gastaba para ello. El mayor de mis hijos tuvo que dejar el bachillerato y trabajar como cargador en la Central de Abastos, pero luego empezó a llegar borracho a la casa. Mi esposa me reclamaba que yo no trabajara, que era un inútil y no sé cuánto más y hasta tuvo que emplearse horas extras. Ninguno de mis hijos me respetaba, pero tampoco respetaban mucho a su madre, que era la que daba las órdenes.

Yo salía todas las mañanas con la esperanza de encontrar trabajo pero regresaba siempre cabizbajo, deprimido, con ganas de llorar, viendo cómo lo que tenía se desmoronaba, y sin ver la luz al final del túnel. La situación familiar se volvió insoportable y mi hija de catorce años se fugó de la casa con un novio de veintisiete años, y al poco tiempo quedó embarazada y el tipo la abandonó. Después de eso mi esposa me corrió de la casa y tuve que refugiarme en casa de mi madre, y cuando me enteré de que mi esposa estaba viviendo con otro hombre quise regresar a la casa pero el tipo me puso una golpiza que me mandó al hospital, y ahora ni siquiera puedo pagar las medicinas.

Yo tenía razón, esa mujer, Sicilia, es de las que destruyen hogares.

Esta página ha sido visitada

veces, desde el 29 de julio de 1988.

REGRESAR A LA PÁGINA DE ROBERTO REMES