Historias para destapar el excusado

 






 

Voten chicas voten

Roberto Remes

Cuando decidí poner a votación mi nuevo look pensé que la idea sería todo un éxito y que me permitiría verme lo mejor posible, o lo menos peor, como quiera que sea porque no es uno nadie para juzgarse a sí mismo. Nunca creí que haría un esfuerzo vano.

Todo empezó con mi página electrónica, que no tenía muchas visitas, pero al menos era consultada cada vez que yo le decía a mis amistades que lo hicieran. Me visitaban y algunos recomendaban el sitio a otros de sus conocidos, y así en forma sucesiva, hasta que yo alcancé el millar de visitas en poco más de diez meses, y tuve la genial idea de colocar un banner que decía, en movimiento, Voten chicas voten, en el siguiente cuadro había dos fotografías en los extremos, en las cuales estaba yo con bigote en la del lado derecho y con barba y bigote en la del izquierdo, mientras que al centro puse una mano metiendo un papel en algo que simulaba ser una urna. El anuncio repetía los dos cuadros cada segundo. El banner conducía a otra página en la que había una serie de recuadros para llenar, con tres rangos de edad, menos de veinte años, de veinte a treinta y cinco, y más de treinta y cinco; luego estaba la opción de sexo, aunque desde el principio se hacía énfasis en que la encuesta estaba dirigida a mujeres. El tercer y último recuadro tenía cuatro opciones, las primeras tres con cierta lógica, y una cuarta que no sé por qué la puse. La primera opción era Barba y bigote, la segunda, Sólo bigote, la tercera, Sin barba ni bigote, y la cuarta Ninguna de las anteriores. Esta última pregunta, aclaro, se refería a cómo me prefería la gente.

Ya no recuerdo muy bien cuál fue el resultado numérico de los comicios del ego, como los llamaron algunos, pero lo cierto es que ganó la opción que no debí haber puesto, Ninguna de las anteriores, aunque en segundo lugar quedó Barba y bigote, en tercero Sólo bigote y al final Sin barba ni bigote.

Tardé varios días en tomar la decisión final, que finalmente no tomé porque el destino se me adelantó y la tomó por mí, mientras yo dudaba de los múltiples significados del término Ninguna de las anteriores.

No podía ser que los votantes, en su mayoría hombres, desearan que yo muriera, porque gente cruel o con humor negro, la hay, pero tanto así como para ganar una votación, yo pienso que no, así que después de ver el resultado rechacé la idea de que Ninguna de las anteriores significara que yo debía acomodar un cuchillo en la pared y aventarme en contra de ella, ni nada por el estilo. Otra opción que consideré fue que mis votantes desearan verme por la calle con una máscara hecha con una bolsa de papel de estraza o al menos con un pasamontañas que cubriera tanto la barba como la zona del bigote, y así se cumpliera la súplica de que yo no mostrara esa sección de la cara. Ponerme un pasamontañas lo descarté porque no quería que se me confundiera con los zapatistas, pero la máscara también la deseché porque me parecía un símbolo de fealdad poco compatible conmigo, no porque crea que no soy feo, sino porque no me parece propio andar presumiéndole a todo el mundo una fealdad oculta al interior de una bolsa. No es lo mismo serlo, que andar diciendo que se es.

Le di vueltas al tema para asegurarme de que tomaría la decisión correcta y seguí barajando opciones, como la de no salir a la calle, pero no salir no me servía de nada porque lo que yo quería era verme mejor, o menos peor, pero finalmente verme, así que la idea de no salir era como no bañarme o no vestirme.

Pensé en que Ninguna de las anteriores significaba para algunos usar sólo la barba pero no el bigote, como acostumbraban algunos personajes de la historia de México a mediados del siglo pasado, pero entonces la idea me atrajo mucho menos, porque ese tipo de barba me parece como de duende, entonces me haría falta dejarme crecer un copetote, y desde luego disminuir un poco mi estatura, si es que se puede, y arroparme con uno de esos sacurrones con la barba de Santa Clós en vez de cinturón, y aún así tendría que rellenar un poco mi traje porque los duendes normalmente son robustos, como no lo soy yo.

Ya no me quedaban muchas opciones, porque la barba de candado es finalmente barba y eso entra en las opciones que mis votantes descartaron. Otra opción era media barba y medio bigote, y dejar al azar los lados que permanecerían de cada uno, o incluso optar por un bigote hitleriano, que sería una manera más de traicionar a las y los que sufragaron por Ninguna de las anteriores.

No podía yo hacer otros comicios en los que prohibiera la votación masculina, porque no había forma de controlarlos para estar seguro de que sólo participaran mujeres y de que Ninguna de las anteriores significaba un rechazo hacia mi persona, o al menos hacia mi rostro, que hasta entonces yo había considerado si no guapo, sí con algunas cualidades, pero no pocas como para sentirme feo. Mi autoestima se negaba a reconocer eso, o sea, que Ninguna de las anteriores era una manera de evitar mi cara, aunque lo más probable es que fuera eso lo que decidieron los encuestados, y yo me negaba a hacerles caso.

La solución la dio el calentador de agua un día que se apagó y no sé de qué manera me acerqué a prenderlo pero generó una explosión, que entre otras cosas me causó una sordera temporal, compartida con mis vecinos, un tizne en el rincón donde está instalado, y quemaduras de tercer grado en la cara, de tal manera que ni la barba ni el bigote volvieron a salir, aunque sí quedaron algunos pelos chamuscados que no crecieron ya y que no se puede decir que sean barba ni bigote. En otras palabras, el boiler vino a asegurarse de que yo cumpliera con el resultado de la votación sin más complicaciones porque yo ya no satisfacía ninguna de las otras opciones, Barba y bigote, Sólo bigote, ni Sin barba ni bigote.

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