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| Diarrea en los Niños |
Se conoce como diarrea a la disminución de la consistencia de las heces (muy blandas o líquidas) y /o al aumento en la frecuencia de las evacuaciones del niño. La diarrea puede acompañarse de otros síntomas como vómitos, fiebre, pérdida del apetito o cólicos.
Causas
En los niños, la principal causa de diarrea aguda (de aparición repentina y corta duración) son las infecciones: Por virus (las más frecuentes), por bacterias o por parásitos. Esto le puede ocurrir por el agua que viene ya contaminada a través de los acueductos, por las manos de las personas que preparan los alimentos sin habérselas lavado bien, por las manos sucias del bebé, a través del chupón, alimentos mal lavados o mal cocidos, por las moscas o por teteros muy concentrados o con la dósis inadecuadas para la edad del niño.
Consecuencias
Uno de los motivos que más alarma a los padres es el hecho de que las heces sean muy líquidas; sin embargo, mientras el niño se pueda mantener bien hidratado, la consistencia de las heces es de menor importancia. Lo que sí es de vital importancia es saber identificar los signos de deshidratación en el niño. La deshidratación es la pérdida excesiva de líquidos del cuerpo que se produce por la diarrea o los vómitos o por la escasa ingesta de líquidos debida a la pérdida del apetito.
El primer signo que nos alerta sobre la presencia de deshidratación es la sed. El niño desea beber más líquido de lo habitual. Posteriormente y a medida que la deshidratación avanza, aparecen otros signos: boca seca, saliva escasa y espesa, llanto sin lágrimas, ojos hundidos, la fontanela (mollera) se hunde, el niño orina poco o deja de orinar, se observa pálido, y si se hace con los dedos un pliegue en la piel del abdomen esta permanece arrugada. En caso de aparecer dos o más de estos signos, deberá consultarse rápidamente al pediatra.
Tratamiento
Generalmente y cuando la diarrea es aguda suele durar alrededor de 3 o 4 días y no se prolonga más allá de los 7 días.Dependiendo de las características de la diarrea y de los síntomas que la acompañen, el pediatra podrá determinar la necesidad de realizar o no algún análisis de las heces y cuál es el tratamiento más adecuado, por lo que no es recomendable administrar medicamentos al niño sin consultar previamente.
Para evitar que el niño se deshidrate durante un episodio de diarrea, se debe aumentar la cantidad de líquidos que beba: leche materna, agua, fórmula láctea con o sin cereal (preferiblemente de arroz), jugos de frutas (sin azúcar añadida), papillas y sopas. Otra de las medidas a tomar es administrar sueros orales, los cuales se adquieren en las farmacias ya listos para beber o pueden prepararse diluyendo en agua las sales que vienen en sobre. No debe mezclarse el suero con otras bebidas (gaseosas, jugos) ni añadírsele azúcar para mejorar el sabor, ya que ello modifica la composición del mismo, pudiendo alterarse su absorción a nivel intestinal. Estos sueros están especialmente formulados para reponer no sólo el líquido perdido sino también los electrolitos (sodio, potasio y cloruro) que se pierden junto con el agua. La mejor manera de administrarlos esdejando que el niño los beba a libre demanda o haciéndole beber ½ a 1 taza de suero luego de cada evacuación líquida o vómito. Si el niño presenta vómitos que dificulten la ingesta de líquidos, los mismos deben administrarse de forma más lenta y en cantidades menores y frecuentes, de tal manera de facilitar que el niño pueda tolerarlos mejor. En caso de que los vómitos sean muy frecuentes o incontrolables, deberá consultarse al pediatra.
Otra costumbre frecuente es someter al niño a dietas especiales o en el peor de los casos, dejarlo sin comer. Durante un episodio de diarrea, el niño suele tener poco apetito, come poco o deja de comer. Si se deja al niño sin comer en la creencia de que de esta forma su recuperación será más rápida, se puede afectar el estado nutricional del niño, lo cual retrasará su curación y puede traer además otras consecuencias perjudiciales para el mismo. Por tal motivo, no debe dejar de alimentarse al niño y por el contrario, deben ofrecérsele los alimentos que habitualmente come–respetando su tolerancia sin forzarlo- e incluyendo la leche, la cual sólo en casos especiales será eliminada temporalmente de la dieta y siempre por indicación médica.
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