Coges la jarra dorada, observas con curiosidad las extrañas runas que tiene y te dices seguro que he elegido bien pues esta parece ser la jarra de un brujo y sin más te sirves el brebaje en ella y te lo tomas de un trago.

Su sabor es agradable, a pesar del aspecto que tenía.
Notas como te arde conforme te baja por la garganta hasta el estómago.

Parece que has elegido bien.