Connacht, Erin, 1973
Maeve Dhuit, Querido Troll
En tu carta me habías pedido información para aumentar
tus archivos sobre los Gangrel. Yo puedo darte sólo la misma instrucción
que daría cualquiera de mi Meiriceánach pástì
. Primero, tienes que entender que nuestras historias son muy importantes
para nosotros, y cada Gangrel que te encuentres tendrá las suyas
propias que contar. Olvída la verdad. La verdad, si alguna vez existió,
es ambigua e ilusiva. En la vida, como en esta carta, tendrás que
llegar a tus propias conclusiones.
De primaria importancia para cada uno de nosotros es la historia de
nuestro propio origen. Como siempre te dirá un Gangrel, mientras
existas, cada vez que te encuentres con otro de tu especie. No es sólo
mero entretenimiento. Serás juzgado por élllo; su contenido
y entrega dirán más sobre tí que cualquier cosa que
venga después. Después de eso está la historia de
nuestra creación como un clan. El cuento que más a menudo
oigo esta era es el de Lillith y Ennoia.
Lillith fue la primera mujer Judeo-cristiana, desterrada del jardín
legendario a causa de su franqueza. Ella dejó a su hija Ennoia para
que fuese criada entre lobos que la ayudaron como si fuese una de los suyos.
Ennoia dió a luz lobos y niños humanos que se convirtieron
en lo que nosotros llamaríamos los lupinos. Ella era una nómada,
como los omos hoy nosotros, y encontró a Enoch y su legendaria ciudad.
Enoch se enamoró de Ennoia. Él la abrazó, pero no
pudo retenerla y ella se marchó una noche del mismo modo en que
había llegado, fundando nuestra línea en el proceso.
Los Gangrel de otras culturas y, particularmente, otras eras, a menudo
tienen otras historias para relatar el nacimiento de nuestra especie. El
cuento que mi sire, que decía ser una de las primeras druidas de
Erin, me contó la noche de mi conversión es el que sigue:
En una época antes de que el sol iluminase el cielo, antes de
que la vida y la muerte pesaran sobre nuestras almas, antes de que los
hombres gobernaran la tierra, comenzó nuestra concepción.
Nuestros antepasados fueron los hijos de Maeve, la luna. Ellos eran los
lobos, imbuidos con toda la fiereza y la gracia feral de Maeve, y Maeve
condujo a sus hijos en cazas a través de la noche eterna, aumentando
su acción con los hijos de sus varones más fuertes. Ella
amó a sus hijos, y tan querida era por la manada que un grupo de
ellos vino hasta ella y pidió ser hechos a su imagen. Durante un
tiempo, los primeros humanos corrieron como uno con la manada. Para algunos,
sin embargo, el cambio trajo un venenoso orgullo con él. Bress miraba
a Maeve que aparecía cuando é, y se preguntaba qué
la hacía digna de dirigir la manada, mientras que él tenía
que seguirla. Su orgullo extendió a otros de la manada humana, y
juntos hicieron planes contra la Luna.
Ellos la atrajeron lejos de los otros en una partida de caza y la atacaron,
mordiendola y arañandola hasta que su sangre fluyó de una
gran herida en su costado. Maeve, debilitada y dolorida, se retiró
a los cielos y abandonó a sus hijos. Sin ella, el mundo cambió
para la manada, la total oscuridad cubrió la tierra y por
primera vez, la muerte llegó a lobos y humanos. Sus vidas y mundo
eran fríos y vacíos, y ellos lloraron a su madre que brillaba
cada vez más débil en el cielo. El corazón de Maeve
se conmovió, escuchando los incesantes lamentos de sus niños
perdidos. Acercándose a su fín, ella pidió ayuda,
y fue contestada por el luminoso dios Bel.
Bel vio a la bella Maeve, e inmediatamente la amó. Sabía
que no podía sanar la herida de su costado que cada día se
hacía más grande, pero podría ofrecerle el renacer
al final de su sufrimiento y la fuerza para visitar a sus niños
una última vez. "La alevosía de unos ha traído la
muerte a este mundo, y yo no puedo hacer nada para desterrarla". Dijo ella
a sus fieles hijos. "Nuestros cuerpos morirán, pero Bel protegerá
todas las almas y les permitirá renacer de nuevo."
Sus niños escogieron sus formas finales entonces; lobo o humano.
Sus más fieros guerreros que habían capturado a los traidores
se convirtieron en los lupinos, capaces de volverse lobo u hombre, para
que nunca olvidaran la historia de la luna, y el tiempo en que los hombres
y los lobos corrían juntos como una única manada.
Bress y sus camaradas fueron llevados entonces ante ella. Ella lloró
al ver que los hijos a los que había amado, se habían vuelto
contra ella. "Aunque nos hayais traicionado a todos, aún os amo.
No os destruiré, pero tendréis el recuerdo permanente de
vuestra alevosía en la necesidad de llenar vuestras bocas con la
sangre que tomásteis de mí. Vuestros cuerpos serán
un recordatorio de la muerte que habeis traído a este mundo, y nunca
conoceréis la redención del renacer. Podeís pensar
que es cruel, pero es gran bondad comparado con lo que Bel os hará
a si os atrapa, si os vé desde los cielos, os destruirá absolutamente
y sin renacer"
Bel y su especie fueron conducidos lejos entonces, y Maeve les dijo
adiós a sus hijos. Ella regresó a su lugar en los cielos,
y cada noche desde entonces sus hijos la han visto morir lentamente, sólo
para ser sanada de nuevo. Cada nueva luna trae un nuevo nacimiento para
Maeve, la Reina Lobo, y algunos de sus hijos aún lloran para ella.
Con amor,
Ara