Hay algunos hechos de magia que son tan grandes que son recordados
incluso aunque sus propósitos fuesen puro hubris. El Dodecaedro
es el resultado de uno de estos actos, que incluso los Oraculos de Espiritu
no comprenden verdaderamente.
En tiempos antiguos, se dice, vivió un grupo de mago inmensamente
poderosos en el Mediterraneo. Son conocidos hoy día como los Doce,
y casi nadie sabe nada de ellos. Varios autores han dicho que este o aquel
hombre era un miembro de ellos, pero realmente nadie sabe quienes fueron
(ni siquiera el Cultista conocido como Peeping Tom, quien ha estado mucho
tiempo estudiando las vidas de los Maestros). Se reunían regularmente
en un templo secreto en un bosque de cipreses, donde contemplaban los profundos
secretos del cosmos y tejían extraña magia.
Un día una de ellos astounded a los otros con terribles noticias:
ella había encontrado una desarmonía en el gran Tapiz. Cuando
lo estudiaron usando su inmenso conocimiento, se dieron cuenta de que dentro
the sutiles patrones había un leve error, una hebra rota, que eventualmente
disolvería el Tapiz entero de la realidad. Era imposible de reparar
sin destruir la realidad y recrearla de nuevo; algo que incluso los
Doce eran incapaces de hacer.
Cuando ellos ponderaron qué hacer, se dieron un paseo por el
campo, mirando su belleza con ojos angustiados como si pudiese disolverse
en la nada gris en cualquier momento. Casi al mediodía, entraron
en un pueblo pequeño para beber algo y descansar. Cuando se
sentaeon en la sombra fuera de la taberna, observaron a un alfarero trabajando.
El anciano aparentemente había olvidado el calor y críticaba
los cuencos que su aprendiz había hecho; había devuelto
muchos que encontró inadecuados al montón de arcilla del
que habían salido. Pero otros los aceptó, y los puso en el
horno para que tomasen dureza y perfección. Los Doce se miraron
entre sí y sonrieron.
Regresaron a su templo y comenzaron con una nueva creación, una
creacion sin error o defecto. Pronto se percataron de que tendría
que estar completamente separada de la vieja creación, para prevenir
cualquiera de sus inestabilidades. También se encontraron rapidamente
con que no se podía usar cualquier tipo de arcilla para modelar,
del mismo modo tampoco todos los poderes pueden ser usados para crear un
mundo. Durante la noche, comenzaron a darse cuenta de la única fuerza
en el universo que conservaba su pureza y fuerza original: sus Avatares.
Usando magia más allá de cualquiera conocida hoy día,
los Doce se pusieron a rehacer sus propios Avatares en una creación
perfecta durante la noche. Los purificaron further, reduciendolos a sus
esencias singulares a través de una alquimia secreta que solo ellos
conocían.
Las forjaron juntas en una unidad a pesar del agonizante dolor en el
alma que les provocó, modelando la brillante esencia de su ser en
la creación perfecta que deseaban. Sus doce Avatares entrelazados
formaron una única estructura sin defecto alguno, con una regularidad
y elegancia matematicas. Con una llamarada final de poder los Doce la sellaron,
creando el Dodecaedro.
La mañana siguiente los Doce despertaron en su templo, agotados
pero felices por su éxito. Saludaron al amanecer con invocaciones
de agradecimiento a los dioses, y entonces volvieron al altar para contemplar
lo que habían creado. Pero el Dodecaedro no estaba allí;
fiel a su diseño había llegado a ser un cosmos en sí
mismo y era inalcanzable para dioses y hombres. Cuando intentaron
percibirlo entonces, comenzaron a percatarse de que algo iba mal; ya no
recordaban como hacer funcionar su magia. Ellos, que habían convertido
mares en montañas y rivalizado con los dioses, ahora concentrated
all their powers pero eran incapaces siquiera de hacer que cayesen las
hojas de los árboles del exterior. Todo su poder, todo su conocimiento
se había desvanecido en el Dodecaedro.
Nadie sabe que sucedió con los Doce. Se dice que uno se prendió
fuego, esperando recuperar su poder a través de los susurros de
las llamas. Se dice que uno se convirtió en herrero, renunciando
a todo ideal superior por el simple placer de dar forma a una pieza de
metal, muriendo finalmente a una edad anciana como cualquier otro mortal.
Se dice que uno aún está vivo, vagando por el mundo buscando
un modo de desacer su mayor éxito. De los otros no se sabe nada,
y los Oraculos de Espiritu aún ponderan los misterios del Dodecaedro.