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SON, SOLO, PALABRAS
I
Quedan, suspendidas en el recuerdo, las palabras que lloraron.
Esas inmensas maravillas de dolor, crueldad y malicia, esas sorpresas que machacaban la verdad con violencia.
Las palabras devoradas por los gritos del pasado, por el agobio de unos ojos silenciosos y huecos.
Las palabras, extrañas, suspendidas en el recuerdo.
II
Ahora, fuera del tic tac del reloj eterno, con las manos atadas y sin ningún sueño, yo, silencio, acoso a las estrellas.
No porque busque un camino en sus estelas eternas, No porque tenga miedo a una palabra sin forma, sino porque me he dado cuenta de que el vació no existe y la soledad solo miente.
III
No existirá, jamás, un lugar mas cómodo o mas incomodo que este.
en este lugar, sombra o luz, pecado o penitencia, vivimos con la voz de nuestra humanidad, lloramos con la fe en lo venidero.
En este lugar, libertad de sueños, rezamos a una especie de Dios omnipresente que nos ofrece un paraíso demasiado artificial, una esperanza traicionera.
No podría vivir en otra mentira ni imaginar peor purgatorio.
IV
Gente que habla, gente que llora, una roca sin alimentarse que grita, un pulso de valor y dolor desmedido.
Gente que ama, gente que odia, una lluvia de suspiros, un diluvio de amargura.
Gente que maldice, gente que elogia, un verso que abraza, una mirada que ahoga.
V
El tiempo, ahora, amando el calor y la palabra, me asombra, y tiene, entre sus manos, oro, pedazos de nuestra alma.
Pero el infinito, celoso, atado a la locura de lo eterno, reza, mudo, para aplacar el plomo candente de nuestras mentiras.
VI
Hay una cara oculta, un secreto a voces, una rápida sonrisa que nos cuenta todo.
Existe una ley invisible que nos domina, Unas cadenas de frió glacial que nos atan.
Y creo saber más de lo que las medias verdades cuentan, no nos sirven las esperanzas corrompidas, ni las palabras que cubren lo cierto con montes de basura, solo sirven los ecos, profundos, Que cuentan el valor de nuestras vidas. |
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