| NACIONAL
CRONICA 02 de Agosto de 1999 |
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Una lucha contra la pobreza Es difícil explicarse porqué miles de familias optan por vivir en el frío y el barro, con tal de dejar de ser allegados. Hay razones profundas detrás de esta actitud. Pamela Gutiérrez Garcés
Quieren dejar de ser allegados, porque cuando muchas familias comparten una misma casa, la convivencia es muy difícil: "En la mayor parte de los casos, la familia se ve sometida a una presión muy compleja. Porque hay seis o siete familias que viven en un terreno de 100 metros cuadrados y los adultos también tienen problemas con la intimidad", dice la jefa de la División de Estudios de Mideplan, Verónica Silva. Los que se toman terrenos son principalmente parejas jóvenes, menores de 30 años. Su número de hijos es superior al promedio nacional: tres hijos por pareja en vez de los casi dos que es la media del país. Es común ver niñas de 16 años que ya están cargando un segundo hijo y mujeres de 24 años, que ya tienen seis. La mayoría de estas mujeres no trabaja por falta de capacitación. Por eso quieren que sus hijos tengan una educación y una de las , en la toma de Peñalolén, una de las reglas es que los pequeños asistan al colegio a diario. En una toma, no se puede meter a todos en un mismo saco. Verónica Silva distingue tres grupos: el duro, es decir, el que planea la toma con el objetivo de conseguir una casa para tener autonomía e intimidad. El segundo está dispuesto a volver al lugar de origen, en caso que las cosas fallen. Y el tercero va a lo que sea, por si les llega algún beneficio,pero es el menos comprometido. Las reglas de una toma son rígidas: si hay negocios, no se vende alcohol. Los traficantes de drogas no pueden ingresar y menos los que se "ganan la vida" como delincuentes. De hecho, Jaime Suárez, vicepresidente de la toma de Peñalolén, contó que ya han echado a varios por ese motivo. |
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