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La luna y la rosa
En el silencio estrellado la Luna daba a la rosa y el aroma de la noche
le henchía -sedienta boca- el paladar del espíritu, que adurmiendo su
congoja se abría al cielo nocturno de Dios y su Madre toda... Toda cabellos
tranquilos, la Luna, tranquila y sola, acariciaba a la Tierra con sus
cabellos de rosa silvestre, blanca, escondida... La Tierra, desde sus
rocas, exhalaba sus entrañas fundidas de amor, su aroma ... Entre las
zarzas, su nido, era otra luna la rosa, toda cabellos cuajados en la cuna,
su corola; las cabelleras mejidas de la Luna y de la rosa y en el crisol
de la noche fundidas en una sola... En el silencio estrellado la Luna
daba a la rosa mientras la rosa se daba a la Luna, quieta y sola.
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