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NIXON DESENTIERRA EL HACHA DE LA GUERRA

 

Vigorosamente, acaloradamente, Nixon ha defendido en un discurso ante los cadetes de la nueva promoción de la escuela de lasa Fuerzas Aéreas la necesidad de mantener en un alto nivel los gastos de armamento. Unos días después, en otro discurso, abordaba con no o menos vigor ni calor el tema de la juventud y de los estudiantes en los Estados Unidos, cuyas posiciones mentales e ideológicas considera ajenas a la totalidad global de la sociedad americana. La forma de expresión es la clásica: las armas sirven para preservar la paz, la acción juvenil es contraria a la libertad. De esta manera, el presidente Nixon reaparece como el entusiasta conservador de otros tiempos más como el moderado y neutral político de los tiempos de campaña electoral. Ciertamente, ni aun en aquellos momentos ocultó su idea de que el país debía estar siempre mejor armado que su enemigo potencial; la URSS, pero ahora se trata también de una toma de posición directa frente a un antimilitarismo creciente que emana de varios sectores de la nación. Este antimilitarismo, o antipentagonismo, se basa en el supuesto de que la guerra del Vietnam hubiese terminado ya de no ser por la oposición de los militares y en la deducción, por lo tanto, de una interferencia militar en la política. Esta tendencia critica ha cuajado en la creación de un comité oficioso con miembros de la Cámara y del senado, presidido por el senador republicano Hatfeld, que ha producido ya una serie de documentos y está en vías de producir otros, tomando posición negativa con respecto a numerosos programas de armamentos que están en estudio. Otros portavoces del antipentagonismo se expresan con mayor virulencia estos días. Para Noam Chomsky, autor de "América y sus nuevos mandarines", el problema general es el de la organización de una serie de grupos de intereses: "Las compañías industriales, los sindicatos y la "intelligentsia" científica y técnica". El profesor de Berkley, Franz Schurmann, autor de "Política de la escalada", estima que Nixon está tratando de maniobrar políticamente para "desviar el terrorífico poder de los militares" y desviar su presión en "otros sentidos", de esta forma que deberá concederles una política de rearme a cambio de que ellos cedan en el tema de la desescalada asiática. Kolko, profesor de historia de la Universidad del Estado de Nueva York, ataca los gastos militares por inútiles: "En una situación política esencialmente revolucionaria, no hay ninguna relación entre los gastos de potencia material, y los resultados políticos o militares obtenidos".

El discurso de Nixon en la Academia del Aire es un ataque a todos estos críticos, a los que califica de "nuevos aislacionistas" y de intentar que los Estados Unidos "vuelvan la espalda al mundo": si lo hicieran caería sobre él "una paz mortal". Tuvo una frase brillante: "Los adversarios de hoy en el mundo no están en conflicto porque están armados sino que están armados porque se encuentran en conflicto".

Alguno comentaristas piensan que estos discursos son muy iguales a los que pronunció Johnson cuando estaba en la cúspide de su poder presidencial. Probablemente estos mismos comentaristas pensaron y dijeron entonces que los discursos de Johnson eran muy iguales a los que pronunció años atrás Nixon, cuando era vicepresidente y dirigía con Eisenhower la guerra fría. De esta forma, se parece principalmente a sí mismo.

El cierta forma, efectivamente, la operación de Nixon ha precedido muy de cerca de su viaje a la isla de Midway, donde se ha entrevistado con Van Thieu, para no despertar la importante sospecha de que todos estos acontecimientos están estrechamente relacionados. Podría parecer una contradicción la insistencia en que los estados Unidos no deben intentar ningún aislacionismo ni volver la espalda al mundo con lo que claramente parece una vuelta de espalda al único escenario donde los norteamericanos tratan de hacer ver que el abandono del Vietnam que puede comenzar a producirse no es un aislacionismo ni una negativa al extraño compromiso tomado por ellos mismos hace ya años de defender lo que llaman las libertades del mundo. La regresión verbal de Nixon en su discurso ante los cadetes recupera el tema.

Nixon acusa de aislacionistas a los que pretenden la reducción del esfuerzo militar global; los vietnamitas de Saigón acusan a Nixon de aislacionista porque pretende la reducción del esfuerzo militar norteamericano en Vietnam. El sentido de la entrevista de Midway - al margen de los vocablos empleados en su comunicado - es éste. Nixon ha conferenciado con los ministros de un gobierno que él mismo - o su secretario de estado- ha desautorizado previamente al anunciar que los Estados Unidos no están ligados a ningún gobierno determinado y que su único compromiso consiste en dar al electorado vietnamita la posibilidad de votar libremente. Esta reflexión de William Rogers es curiosa cuando se recuerda que el origen de la guerra del Vietnam está en la negativa de un gobierno en celebrar elecciones libres y la ayuda que prestó Estados unidos a este gobierno incumplidor de los acuerdos de Ginebra, y a todos los que le han sucedido en el mismo camino. Desconcertando todas las retóricas que envuelven las declaraciones, los discursos y los planes de paz emanados del gobierno de Washington, encontramos que todo se reduce a que se forme un gobierno de coalición en el que participen los guerrilleros, los combatientes, los comunistas, junto con otros sectores de la nación, y que ese muevo gobierno convoque elecciones garantizadas. Esta fórmula es la que Thieu no quiere aceptar y esgrime para ello un excelente argumento: la legalización del régimen actual está hecha sobre la base de una Constitución y sobre esa misma Constitución, en cuya letra y en cuyo espíritu figura explícitamente la negativa a cualquier pacto con los comunistas o a cualquier colaboración de ellos en el gobierno. Pueden albergarse toda clase de dudas sobre esa legalidad, pero si alguien no puede dudar es precisamente Estados Unidos, que creó esa Constitución y la ayudó con su propaganda y con sus armas. Que Nixon vaya ahora a tratar de que Thieu viole esa Constitución es una incongruencia más.

El número de incongruencias en la política de los Estados Unidos se va haciendo excesivo. Puede entenderse fácilmente que haya contradicciones entre el poder y la sociedad en Estados Unidos; es más inquietante, cuando se examina la acción de ese país, la multiplicación de contradicciones dentro del mismo poder. No aparecieren ahora por primera vez. Aparecieron durante el cuatrienio de Johnson y se acusó entonces al presidente de ser contradictorio consigo mismo. Que continúen existiendo ahora, que se aceleren y se multipliquen, parece demostrar que las contradicciones no tienen su origen en un presidente, sino que desbordan ese poder, le sobrepasan y le determinan. La desunión entre los distintos elementos que forman el mosaico del poder es enormemente peligrosa.

 

Eduardo Haro Tecglen