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NIXON, AÑO UNO

 

Muchos de quienes le votaron esperaban del Presidente Nixon una especie de milagro. Ha pasado un año - el 20 de enero - de su instalación en la Casa Blanca, y el milagro no se ha producido. Lo que se esperaba esencialmente del nuevo presidente era que condujese hacia el final la guerra de Vietnam. Se podía esperar ese milagro porque él mismo lo había prometido en sus campañas electorales. Sin embargo, ha conseguido dar la sensación de que está trabajando seriamente en ello, cosa que Johnson no llegó a lograr nunca. La "imagen" de Nixon, duramente combatida por sectores activos de la nación, ha conseguido, sin embargo, una mayor adhesión de la que tuvo la de Johnson, vacilante y torpe. Nixon es más "profesional", y si puede ser acusado de inmovilismo, este mismo hacho le mejora con respecto a los desniveles y desequilibrios de su predecesor. Ninguno de los problemas que tenía el país hace un año - la pobreza en ciertos sectores, la desigualdad racial, la rebelión de la juventud, el poder del complejo militar industrial, el desequilibrio económico y, desde luego, la guerra de Vietnam y la sensación de "sociedad rota" -, han podido desaparecer en este año. En cambio, se ha instalado una especie de fatalismo, una sensación de que, se haga lo que se haga estos problemas no se pueden resolver, que resulta favorable a Nixon, al incluirle no entre los culpables, sino entre las víctimas de ese misterioso "factum". Muchos creen, evidentemente, que la solución estriba en una sacudida brusca de la sociedad y del sistema, en un cambio total de objetivos y organizaciones. Pero nadie ha pensado jamás, ni antes ni ahora, que Nixon fuese a emprender esa tarea. Esta nueva benevolencia de que se está beneficiando Nixon - en la encuesta del aniversario parece resultar que un 68 por ciento de la opinión pública respalda su política actual- se deba principalmente a que Nixon no tiene los escrúpulos de otros gobernantes a mostrarse derechista y conservador. Johnson lo era, fingiendo que era lo contrario, lo cual le llevaba a la contradicción y a la pérdida de adhesiones en los dos sectores. Nixon, en cambio, se apoya sobre la mayoría conservadora y derechista del país, que sigue dominando los resortes del gobierno. Sin embargo, algunos especialistas de la política interior americana, sostienen que en realidad Nixon es todavía un desconocido. La tesis es que hay dos estilos de presidentes en el país: Los "progresistas" que se lanzan a la innovación desde que pisan por primera vez la Casa Blanca, y los conservadores, que utilizan enteramente el primer año de su gobierno a asentarse sólidamente y, el cuarto a preparar su reelección, de forma que sólo gobiernan realmente durante los dos años centrales. Roosevelt y Kennedy pertenecerían al primer grupo. Johnson al segundo. Como Nixon -con vistas, evidentemente, a la reelección de 1972 - se apoyará cada vez más en el sector conservador de la nación.

 

Eduardo Haro Tecglen