NIXON, NO HAY POLITICA DE PAZ
La espera del discurso que Nixon había anunciado para el día 3 de noviembre había abierto una especie de tregua en el "frente interior", en el país dividido y desgarrado por la guerra del Vietnam. El discurso se ha pronunciado y la expectación se ha defraudado. Nixon ha anunciado que tiene un plan, pero que ese plan debe permanecer secreto. ¿Cuántas veces ha dicho eso durante su campaña, durante los primeros meses de su mandato? ¿Cuántas veces lo ha dicho Johnson? Hay vehementes sospechas de que el plan no existe, como las hay de que realmente Nixon desea la paz, busca desesperadamente una fórmula para ella, pero no la encuentra ni puede encontrar la. Ni ha podido ni puede poner en práctica ninguna de las ideas que hayan podido tener él y su equipo. El breve repaso histórico de sus intentos es negativo. Una carta que escribió a Ho Chi Minh fue ineficaz, las conversaciones de París no han conseguido ningún resultado, no es posible dar plazos para las retiradas de tropas, incluso un alto el fuego unilateral es impensable. Por el contrario, si el Vietnam del Norte y los guerrilleros no reducen sus actividades bélicas, tendrán una respuesta inmediata y fuerte. Esta advertencia coincide con una información del seminario "Newsweek", publicada el mismo día 3, en la que se anuncia que los vietnamitas tienen preparada una ofensiva de volumen importante, una acción semejante a la del "Tet", que cambió enteramente el rumbo de la guerra. Y que, después de ella, propondrían algunas fórmulas de alto el fuego. Si la noticia es cierta- y "Newsweek" tiene justa fama de buenas informaciones- podemos estar en vísperas de un recrudecimiento muy grave de las hostilidades en el Vietnam, al mismo tiempo que los Estados Unidos "se ven envueltos" (por utilizar la curiosa expresión con que Nixon se refiere al Vietnam) en una situación creciente de la guerra en Laos.
Podría decirse que los estados Unidos, como inmensa fuerza militar y política, podrían sostener casi eternamente estas situaciones de guerra en el Sudeste asiático, aun convencidos de que no podrían ganarla Nixon no ha hablado un solo momento de ganar esa guerra -, si no hubiese una práctica sublevación de lo que puede llamarse una mayoría del país en contra de ella. Es una mayoría cualitativa. Si las encuestas aún dan resultados favorables a la política de Nixon en más de un sesenta por ciento, hay una tendencia continua a la baja en esa medida, y, lo que es por el momento más importante, es que en las élites que tienen ciertos medios de poder, la mayoría antinixon, la mayoría antiguerra es cada vez más importante. EN el Senado, los demócratas Mansfield y Fulbright, el republicano George Aiken, dirigen la lucha contra la guerra. Dominan el Comité de relaciones del Senado, y el examen de la guerra del Vietnam en ese Comité estaba siendo el punto más peligroso para Nixon. Con el anuncio de su discurso del día 3 y la mediación sobre el comité de los secretarios del Estado y Defensa, que pidieron "una medida de cortesía para el presidente", consiguió su aplazamiento su moratoria- de las sesiones. El trío de senadores discutió entre sí la situación y llegó a la conclusión de la buena fe del residente, de la posibilidad de que su discurso contuviese elementos importantes para hacer retroceder la guerra, y anunciaron la aceptación de la tregua. "Creo -dijo Fulbright a la prensa que el presidente está dispuesto a reducir la guerra. Asuma la idea de que el discurso del día 3 de noviembre dará pruebas suficientes de su determinación de liquidar la guerra.". No las ha dado. No ha añadido nada nuevo. ¿Por qué anunció Nixon este discurso con énfasis y anticipación, por qué eligió la fecha del día 3 de noviembre, por qué permitió que se crease esta expectación? Probablemente, porque creía que disponía de una baza importante y no la ha conseguido. Algo importante había preparado, algo que había podido convencer a los tres rudos pacifistas del Senado, algo que había perdido hacer decir a Aiken que ·a menos que suceda lo inesperado, espero que todas nuestras tropas de tierra se habrán retirado del Vietnam antes de que transcurra un año.". Lo inesperado ha debido suceder. El resultado del discurso de Nixon es que, a pesar de su llamamiento a la unidad, ahonda aún más la distancia entre los dos sectores de americanos y da armas a quienes sostienen que la política de Washington sólo puede cambiar mediante la presión popular. La segunda acción de paz está en puertas. Esta vez no será de un día, sino de dos jornadas consecutivas. El gran impacto de la del mes pasado puede hacer que esta doble jornada de ahora sea aún más espectacular. El discurso de Nixon habrá contribuido a ello. Podía haber sido un discurso dramático, expresando al país la imposibilidad de detener la guerra, podría haber sido lo que se esperaba- el anuncio de un plan concreto de desescalada. Lo que no podía ser es lo que ha sido: un discurso huero, tímido, inoperante. Un discurso capaz de aumentar la confusión, la desesperación, el desorden.
Simultáneamente a la reanudación de las sesiones del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, su subcomité, el llamado Symington, por el nombre de su presidente, reanuda el estudio de la cuestión de Laos. Lo que Symington anuncia al país es que no solamente no termina la guerra del Vietnam, sino que está creciendo la de Laos. El control guerrillero de Laos crece no solamente en los aspectos territoriales, sino también psicológicos. La sensación de que el gobierno está sostenido exclusivamente por los Estados Unidos, y que éstos tienen que aumentar incesantemente sus guarniciones, sus envíos de hombres, armas y dinero, lleva a la conclusión de que se va a producir un segundo Vietnam. EL ejército de Laos es tan poco combativo como el survietnamita. Está flanqueado por unas unidades especiales, por un " ejército secreto" de mercenarios se dice que unos doce mil hombres- encuadrados por los 2boinas verdes" de los Estados Unidos y dirigido por la CIA, sin intermediarios. Las acciones de bombardeo de las fuerzas aéreas americanas se multiplican cada día. Tienen éxitos aparentes, pero la lección del Vietnam ha probado ya que en ese tipo de guerras la aviación no es decisiva.
¿Cuál sería la situación si los Estados unidos se encontrasen con que no solamente no pueden acabar con la guerra del Vietnam, sino que se encuentran envueltos en otra, con las mismas características, con el mismo preludio? ¿Y si las dos guerras se fundiesen en una sola? Algunos militares del Pentágono, desde el punto de vista profesional, creen que esa sería una solución y que la guerra debía extenderse no sólo a Laos, sino también a Camboya, convertirse en una guerra de Indochina, con lo que la unidad de los frentes y de las acciones militares tendrían una coherencia. Otros creen, en cambio, que eso sólo podría ser el principio de una guerra sin fondo geográfico ni temporal, que no podría limitarse a la península, ni al Sudeste asiático, sino a todo el continente, lo cual sólo podrá conducir al desastre absoluto. Desde un punto de vista político y de opinión pública, la catástrofe será absoluta.
Eduardo Haro Tecglen