..."No hay nada más contagioso 
que el entusiasmo; mueve rocas, 
corrige las torpezas. El 
entusiasmo es el genio de 
la sinceridad, y la verdad 
no alcanzaría las victorias 
sin que este elemento lo 
acompañara"...

                      Burlwer-Lytton.


¿Me soñaste o te soñé
o nos soñábamos juntos?
Cruzados sueños de sueños
son mi destino y el tuyo.

                      Eduardo González Lanuza



Creo que el entusiasmo desbordado por haber alcanzado el primer objetivo de esta guerra es justificado. Más, si hemos trabajado arduamente durante casí un año. Más, si hemos sacrificado algo personal en aras de reabrir nuestra Universidad. El sabor de la victoria es embriagante, porque sumerge nuestra alma en la profunda satisfación y confianza.

Habrá quien diga que son infundados esos sentimientos, que quien abrió la UNAM no fuimos nosotros, habrá otros que se alarmen por los festejos espontáneos. Lo cierto es que la UNAM fue abierta, y los paristas encarcelados (aunque llege a ser ésto momentaneo), debido a un trabajo de equipo y una estrategia (que no puedo llamar sinceramente aún exitosa).

¿Porqué el entusiasmo? Veánlo de esta forma:

Durante el Paro, fuimos parte fundamental en el proceso de desprestigio al movimiento parista. Nada les causó más dolor que estudiantes evidenciaran que no eran sus representantes y que no eran la mayoría (¿recuerdan las reacciones del día siguiente al 23 de marzo?). Fue un trabajo arduo, retumbante y zigzagiante (siempre ingenuo y de buena fé), que en muchas ocasiones se encontró con fuertes obstáculos interpuestos por los medios, ciertos sectores de la sociedad, partidos políticos, grupos de universitarios e incluso autoridades.

Durante el paro, fuimos activistas (como dice Arturo, en pañales) que difundieron propaganda, ideas, generaron concentraciones, marchas, presencia en medios, presión a autoridades extra universitarias y universitarias, de forma opuesta y contraria a la de los paristas. Si bién no fue, en algunos o muchos casos, tan impactante como ciertas presencias paristas, es claro que lo que se hizo fue sin recursos y con todo el corazón.

Durante el paro, fuimos un grupo con ideales que fue creciendo, al contrario de los paristas que se fueron quedando solos. Algunos dirán que eso se debe a que muchos se cansaron del paro (que habían apoyado) y se volvieron antiparistas, muchos dirán que eso dependíó de la intransigencia de los paristas. Muchos tal vez dirán que eso es relativo e incierto. Pero lo cierto es que crecimos porque nuestra amistad y cohesión se fortaleció por la búsqueda de ideales comunes, donde la adversidad saco a relucir lo mejor de nuestra humanidad y corazones.

Hay quien dice que somos, que existimos, sólo porque a los paristas se les ocurrió su movimiento, y que incluso debemos agradecerles nuestra participación (el eterno dilema del huevo y la gallina). Lo que es verdad, es que dondequiera que la verdad sea pisoteada, donde la injusticia se presente, donde los derechos se trastoquen, siempre existirán fuerzas como nosotros. En dado caso fue nuestro idealismo nuestro gran creador y motor de trabajo, fue nuestro sueño común el que nos ha conducido.

La victoria es de TODOS (no sólo de Deber), de cada uno de la comunidad universitaria y sociedad que hicieron presión junto con nosotros para que los paristas fueran desalojados. Cada alumno, trabajador, padre de familia, ciudadano o académico, cada grupo, grupito, grupote o asociación, que vió en el paro el reflejo de lo vil, lo obscuro, lo siniestro y lo sombrío, ha tenido éxito. El éxito pertenece a la UNAM, el éxito es de México.

Muchachos, es un acto de madurez el contemplarnos como lo que somos: Un grupo de estudiantes universitarios que trata de interpretar y representar, con los escasos recursos que tiene, la opinión de la mayoría de nuestra comunidad. Un pequeño grupo que ha fortalecido su carácter con la adversidad.

El entusiasmo por el éxito alcanzado debe reflejarse en retroalimentación, autocrítica, planeación, trabajo y una sobria humildad. "Después de las derrotas y las cruces, de las victorias y el éxito, los hombres se vuelven más sabios y más humildes"... Festejemos la batalla ganada, lo merecemos (y lo recontra merecemos), pero trabajemos sabiamente unidos para ganar la guerra...

En algún momento, nuestros sueños se cruzaron, y de ahí en adelante, nuestro destino es el mismo. Capitalicemos nuestro entusiasmo, enfrentemos nuestro futuro...

M. en Arq. Ernesto Ocampo Ruiz,
Maestría en Arquitectura,
Tecnología, U.N.A.M., México.

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