Roberto Garduño y Karina Avilés
Por consenso, los comités de huelga decidieron regresar al diálogo... pero la suerte estaba echada.
Pasadas las tres de la mañana, hora que los rumores ubicaban como definitiva para el asalto policiaco a Ciudad Universitaria, la sesión del CGH tomó un respiro de alivio. Su dinámica retomó los pasos de otras asambleas: muchos estudiantes, extrañamente, abandonaron el recinto; los oradores discutían, la mesa de debates retardaba las definiciones políticas, en el butaquerío muchos dormitaban... y por consenso aprobaron regresar al diálogo resolutivo. De pronto, a las 6:35... se escuchó el sonido de las botas de los cuerpos de élite, y aquel grito ya no pudo ser de alerta: ''¡Compañeros, ya viene la policía!''. Ya estaba ahí.
A las 6:30, sobre Insurgentes, los integrantes de la Policía Federal Preventiva descendieron de sus transportes. Apenas amanecía. La mayoría de los estudiantes dormitaba tras diez horas de debate. Nadie se percató de la movilización en el estacionamiento de Filosofía. Adentro, Vicente, de Trabajo Social, intervenía cuando dos muchachas ingresaron al auditorio de Filosofía con el aviso y se abrió paso a la confusión.
Los tres reporteros que permanecían en el recinto gritaban ''¡prensa, prensa!''. Frente a ellos y a todos los estudiantes aparecieron los cuerpos de élite y paracaidistas de la PFP con pasamontañas, chalecos antibalas y cascos de campaña. Poco a poco fueron arrinconando en una de las alas del auditorio a los alumnos. Los huelguistas se apostaron junto a la pared. Francisco Ramírez, de la Facultad de Derecho, pedía ''tranquilidad, no pasa nada, no perdamos el orden''. En eso, un oficial encapuchado le arrebató la grabadora al reportero de este diario.
En cuestión de minutos, el pleno del CGH se vio rodeado de efectivos que no respondían a ninguna interrogante. Y en ese ínter, la dureza del oficial se transformó, regresó en dirección de los huelguistas y devolvió la grabadora. ''¡Júntense, por favor compañeros, no griten! Hay que sentarse todos'', eran las súplicas. Aquello era una avalancha de confusiones: ''Vámonos tranquilamente sentando''; pocos respondieron. El grueso de la policía mantenía el mutis, observaba a los alumnos acorralados, y detrás de sus cuerpos... los toletes.
Ramírez, otra vez se acercó a los efectivos y les preguntó: ''¿Qué orden traen, qué sucede, qué procede? Finalmente ustedes tienen la fuerza''. Iván Zavala, el asesor del CGH, también preguntaba, pero no hubo respuesta. Detrás de ellos, el remolino de estudiantes guardaba silencio. Mario Benítez, Jorge Martínez Valero, Cristóbal Sánchez, Isaías Barrientos, Higinio Muñoz, Víctor Alejo, Joel Cimbrón, Concha, la integrante de la Comisión de Enlace, y cientos de sus compañeros se apretujaban y miraban. Los rostros palidecieron; lívidos, no articulaban nada.
Otra vez, Francisco Ramírez interrogaba: ''¿Estamos detenidos? Nos pueden contestar si nos podemos retirar. Como ciudadano mexicano, les hago esa petición. ¿Cómo tenemos que proceder? No queremos saber el nombre de quien está a cargo del operativo, queremos saber qué prosigue, la verdad''.
Desconcertados, los estudiantes comenzaron a levantar el brazo izquierdo y formaron la ''V'' de la victoria. Para entonces, la PFP había formado una valla que dividió por la mitad las butacas del auditorio de Filosofía. Mientras esto ocurría, en la otra mitad quedaron abandonadas las pertenencias de los alumnos que en su afán por resguardarse corrieron hacia el otro costado del recinto, y también los agentes del Ministerio Público Federal recogían documentos que estaban tirados en el suelo. Todo lo metieron en bolsas de plástico. A las sombras de angustia y duda que se cernían en ese lugar se sumó una actitud de autodefensa, y de nuevo los huelguistas hacían la ''V''.
Eran las 6:45, y un estudiante desdobló una bandera nacional, que fue sostenida por muchas manos. Los policías, inmutables, observaban y entonces un joven preguntó a sus compañeros: ''¿Pueden cantar?'', y otros le preguntaron: ¿Cantamos el Himno a la Alegría? Y lo hicieron. Escucha hermano la canción de la alegría/el canto alegre del que espera un nuevo día, y ahí se ahogó el coro.
Horas antes, uno de los tantos rumores, el más insistente, el que provocó la movilización por todo el campus se refería a la intervención de la fuerza pública, pero a las 3 de la madrugada. No ocurrió nada, y el golpe sobrevino tres horas y media después. Fue rapidísimo. Los huelguistas buscaban dónde salvaguardarse, reconfortarse y asirse: ''Tú como periodista, quédate aquí para que hables con mi mamá y se tranquilice... Mamá, estoy aquí con un periodista, todo está tranquilo, no te preocupes''. Policías federales grababan con cámaras de televisión los rastros de la frustrada huida. Mientras, Karen, una joven estudiante, perdió el habla y sus compañeros solicitaron a los demás que buscaran el morral de la muchacha, postrada en una butaca. ''Aquí está, aquí está, son unas pastillas rojas'', respondieron.
Antes de las 7:00, rodeado de agentes del MP y judiciales, el subprocurador A de Procedimientos Penales, Everardo Moreno Cruz, ingresó al auditorio:
-¿Cuál es la situación de los estudiantes?
-La presencia nuestra obedece al cumplimiento de un mandato de juez que ordenó al procurador Madrazo la restitución de los bienes de la universidad a las autoridades universitarias.
-¿Qué juez?
-La juez segundo de distrito, en un acuerdo que dictó el pasado 4 de febrero.
-¿Cuál es la condición de los estudiantes?
-Los señores están cometiendo flagrantemente el delito de despojo.
-¿Y su suerte cuál será?
-Eso deberá determinarlo un juez.
-¿A dónde los van a llevar?
-Bueno, yo les respondo con mucho gusto que esta acción responde a una averiguación que se integró desde mediados de julio del año pasado. Se vinieron acumulando otras denuncias, entre ellas las que presentó la misma universidad, y atendiendo el mandato del juez que ordenó a la PFP su participación es que estamos aquí.
-¿Qué tan grave es este delito?
-En principio, el Código Federal de Procedimientos Penales no lo considera grave.
Entre los estudiantes privaba el desconcierto. Los pocos teléfonos celulares que había fueron insuficientes para comunicar a los jóvenes con sus familias. Jorge Martínez Valero, de Ciencias Políticas, dijo: ''Fue sorpresivo para todos, ya lo veíamos venir pero no pensamos que se fuera a desatar con esta magnitud. En realidad, el movimiento no fue derrotado''.
A las 7:20 comenzó el desalojo, la prensa salió poco a poco confundida entre los alumnos. El escenario que se presentó en el estacionamiento de Filosofía se asemejaba al de un campo militarizado: cientos de policías federales, preventivos, judiciales federales, de la PFC y vehículos de asalto. Dos helicópteros sobrevolaban. Nadie de los que salían del inmueble entendía. Los que avanzaban hacia los camiones foráneos, muchachos y muchachas, hacían la ''V''. Muchos de ellos, casi niños, saludaban y otros lloraban. Quienes les siguieron se sujetaron de las manos, no se separaron. Había madres de familia, profesores y hasta hermanos de los huelguistas. En menos de una hora, los paristas abordaban los camiones que los condujeron a las oficinas del Ministerio Público Federal. Seguían subiendo.
Pero entre aquéllos apareció una persona de nombre Martín Ramos, a quien sujetaban dos policías encapuchados, y en lugar de trasladarlo al camión lo llevaron a una Van 3500 color negro. Mario Benítez siguió la misma suerte y en el trayecto alcanzó a decir: ''¡El movimiento va a ganar! La autonomía será defendida por el CGH. Hasta la victoria, siempre. Díganle a todo el pueblo que estamos defendiendo la educación de sus hijos...''.
Y la larga hilera de huelguistas siguió avanzando hacia los camiones. Pálidos, los estudiantes reflejaban en su rostro la sorpresa, y entre la valla policiaca alcanzaban a articular frases de enojo e impotencia: ''La universidad de nuevo abierta... a la fuerza''. Para entonces, regimientos de policías escudriñaban en el resto de las instalaciones del campus. Muy cerca de rectoría hallaron a dos niños de la calle que de inmediato fueron esposados e introducidos a uno de los camiones. Entre el maremágnum, el subprocurador Moreno Cruz fue informado del hallazgo de unas matas de mariguana. A un costado de donde salían los estudiantes se colocaron seis macetas en que la cannabis retoñaba. Aquella imagen fue más que suficiente para convertirse en un festín de camarógrafos y fotógrafos.
El funcionario de la PGR respondía a los periodistas:
-¿Saldo blanco, señor?
-Ni siquiera ha habido un golpeado o un lastimado.
-¿Es simultánea la acción en todas las instalaciones universitarias?
-Solamente de Ciudad Universitaria.
Entonces comenzaron a llegar al estacionamiento grupos de policías federales que traían a los alumnos aprehendidos en otros planteles aledaños. Y como la fila de jóvenes se extendía desde la entrada del auditorio, llegaban más camiones foráneos para trasladarlos. A Víctor Alejo le tocó la misma suerte que a Mario Benítez: lo llevaron a una panel, pero antes de abordarla gritó: ''¡Viva la huelga, venceremos, la represión no nos derrotará compañeros, adelante!''. Jorge Martínez Valero, también identificado como dirigente del comité de huelga de Ciencias Políticas, fue conducido a la panel donde ya estaba Alejo. Después, Higinio Muñoz subió a un camión, pero continuaba la labor de limpieza de los federales, que seguían llevando a grupos de tres o cuatro huelguistas que estaban en las facultades cercanas.
La policía federal solamente portaba toletes y escudos antimotines. Desencajados, los estudiantes caminaban una vez que eran revisadas sus pertenencias. Entre ellos Cristóbal Sánchez, alcanzó a decir: ''Me da pena ver así a mi universidad...''.
Todavía, con poco ánimo, del pasillo del auditorio se escuchaban los ''¡huelga, huelga, cachún cachún ra ra, cachún cachún ra ra, huelga, universidad!''
Todo el operativo era coordinado por Wilfrido Robledo, titular de la PFP, quien respondía enojado a reporteros que preguntaban sobre el estado de salud de dos jóvenes que habían subido a una ambulancia:
-Vimos a dos personas...
-Se desmayaron. Vayan a verlos a la ambulancia -decía de mala manera, mientras empujaba a la reportera Lénica Avila, de Radio Educación.
-¿Cuál es el saldo hasta el momento?
-Todavía no terminamos...
En ese ir y venir también salió Alberto Pacheco, El Diablo. ¿Qué opinas de esto?, se le inquirió: ''¡Hasta la victoria, siempre!''. Mientras, El Mosh fue trasladado a una camioneta de la PFP; alcanzó a exclamar: ''¡Ni un paso atrás, compañeros. Este movimiento no claudicará jamás!''. Después Mario Benítez, Víctor Alejo, El Mosh, El Diablo, Martín Ramos e Iván Zavala fueron esposados y se les trasladó a un camión foráneo.
El primer visitador de la CNDH, Víctor Martínez, explicaba su presencia en el lugar: ''Nuestra preocupación es que no haya un maltrato a los detenidos y supervisar que no haya una agresión, que no estén golpeados, que no se torture''.
-¿A dónde van a llevar a los estudiantes?
-A la delegación de la PGR, a Zaragoza, por lo menos eso fue lo que me informó el subprocurador y nuestra labor es estar presente.
-¿Cuáles son sus informes hasta ahora?
-Hasta el momento, no tenemos ningún informe. Hay 12 gentes (sic) de la CNDH en todas las áreas. Hasta ahora, no hay golpeados ni lastimados, salvo un incidente de una muchacha que se puso (sic) alterada de los nervios. Y hasta el momento eso es lo único que hay.
-¿Qué opina de este operativo?
-Hasta el momento, no tengo una opinión -respondió el funcionario.
-¿Ya no hubo más tiempo para el diálogo? _se insistió.
-Yo me imagino que lo que las autoridades consideraron es que se llegó a un límite donde ya no podían más.
-¿A qué hora los enteraron?
-Yo me enteré a las 5 de la mañana.
En el último grupo que faltaba por abordar los autotransportes, Ernesto Almada, de Veterinaria, gritaba: ''No nos rendiremos ni nos venceremos ante las amenazas del gobierno. No nos arrodillaremos ante el poder del Estado. Este es nuestro único delito''.
Y a éste lo secundó otro estudiante de Ciencias: ''Cuando nuestro orden del día era cómo íbamos a dialogar, cuando estábamos discutiendo cómo tratar de solucionar este problema, llegan los cuerpos policiacos. Esta es la respuesta...''
A las 8:50 salieron los últimos estudiantes huelguistas del campus, que se encontraba acordonado en todos sus accesos. Fueron 14 los camiones que trasladaron a 432 integrantes del CGH, capturados en la Facultad de Filosofía y sus inmediaciones.
En el vacío interior del auditorio de Filosofía y Letras, en el suelo se observaron las pertenencias de los estudiantes: bufandas, cobijas, gorras, bolsos, tupperwares donde guardaban su comida, zapatos, bolígrafos. Entre todo aquello figuraban los artículos personales de las jovencitas: lápices labiales, rímel, espejos, cepillos, botellitas de crema Atrix. Hasta una carta de amor, escrita por una alumna de la Preparatoria 6, Coyoacán, dirigida a su novio, que comenzaba diciendo: ''Querido Alfonso...''.
Los efectivos de la PFP revisaron los morrales. En el piso balones de futbol y basquetbol, libros, agendas, un breve diccionario político. La credencial de elector de Daniel Salvador Bravo Gómez. Volantes donde destacaban frases como ''hoy cerramos la universidad, para que mañana permanezca abierta para todos...''