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Artículo principal
¿Quién Propone y quién
dispone?
Desde el origen, la humanidad
ha buscado respuestas que siempre estuvieron allí, delante de sus narices,
manifestadas en la Naturaleza misma; ¿por qué no las ve?
Todo está a nuestro alcance para ser investigado y corroborado, pero, ¿lo
hacemos? ¿nos tomamos el "trabajo" de corroborar?
Al escuchar esto, el hombre se pregunta: ¿para qué corroborar lo que nos
enseñaron en la escuela, o la iglesia, lo que tomé de mis padres? ¿acaso dudo de
todo? ¿me alcanza lo que tengo, o prefiero creer lo que me conviene porque es
más cómodo y no quiero más complicaciones?
Bastante problemas tengo con mis hijos, pareja, trabajo, no me alcanza el
sueldo…¿y me tengo que poner a trabajar para ver si lo que tengo como
conocimiento es verdad? Nooo!…
Me conviene más creer que hay un Dios todopoderoso que me va a dar todo lo que
necesito: amor, salud, trabajo etc.; además, yo sé lo que necesito y lo que
quiero tener, por eso se lo pido.
NO; no existe ese “Dios todopoderoso”. ¿Cómo explicamos que alguien a quien
llamamos Dios, con un chasquido de dedos hace milagros a algunos, o usando el
servicio "delivery" reparte dones a unos, milagros a otros, a voluntad del
hombre, cuando vemos que hay niños que se mueren de hambre, o que a los 8 años
cargan un fusil, cientos de accidentes y “tantas injusticias” que se cometen
según nosotros?
Lo que SÍ existe, es ese Dios como relación insuperable, como Propósito Único a
realizar, Creador de un Universo perfecto, al que no tenemos la capacidad de
ver, mucho menos entender; que ha creado al hombre a imagen y semejanza, es
decir con todas las potencialidades…y libre; pero no para pedir que haga lo que
cada uno de nosotros debe hacer y no hace...
Contar con la
condición de libres quiere decir que estamos capacitados para elegir aceptar o
no, SU Propuesta.
Le dijo al hombre: "o haces lo que te prepongo o te mueres"
¿Qué quiere decir esto? “Te haces cargo de tus propias decisiones, sos el único
responsable de tu vida, lo que siembres, cosecharás, y de tus caprichos y
antojos serás esclavo.”
“Yo Soy el Creador y tú, hombre, el que debe adecuarse a la Propuesta, por
voluntad en libertad, porque así lo quieres y lo sientes", porque el Amor es
sabiduría hecha sentimiento, es cuidar y proteger esa hermosa Naturaleza, que
por ser cosa de todos los días y estar inmersos en ella, no vemos, menos
valoramos.
La propuesta la hace Dios al hombre. Como un padre a su hijo, le propone hacer
algo juntos, disfrutarlo y ser felices, sin cuestionamientos, sin autogestión.
¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? Basta del sucio trueque de: "si me das lo que te
pido, te prometo que..." Basta de corrupción espiritual, somos lo que queremos
ser, "somos lo que valoramos"; nadie nos regala nada y no esperemos que nadie lo
haga.
El pensamiento que nos mueve es cultural, moral, malas costumbres, estructuras
sin corroborar, en síntesis; ignorancia jerarquizada por el medio en que nos
movemos, con valores totalmente distorsionados por la ambición y la hipocresía…
El infierno, el purgatorio, y hasta ese limbo que ya no existe ( porque somos
tan soberbios como para tomar ciertas decisiones), están aquí, ahora, y los
estamos sufriendo.
Pero en este presente, este punto de partida, se nos brinda una oportunidad
única: encontrar el sentido de la Vida y hacer la voluntad del Creador: convertir
a la Tierra en un Cielo...
...o prendemos el T.V. y comemos más de lo mismo que vemos en la calle.-
Dios propone...y el hombre, elige.
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SÓCRATES:
¿ignorancia o sabiduría?
La famosa
frase atribuida al filósofo griego Sócrates, traducida como: “Sólo sé que no
sé nada”, fue una idea que trajo por largo tiempo interrogantes y confusión
¿qué significaba eso?
Unos hablaban de la máxima humildad, de 'ironía socrática' como parte de su
método de dialéctica (la otra parte, se llamó “mayéutica”), o el reconocimiento
de la propia ignorancia, otros afirman que lo dijo oponiéndose a los sofistas
que “creían saberlo todo”, mientras él se refería a “no saber nada”, no como
ignorancia absoluta, sino tal vez en su necesidad de “saberlo todo”, intuyó la
Realidad única como respuesta a esa insatisfacción que lo llevó a expresarla en
esa frase. Otros simplemente la consideraron incoherente y paradójica.
“Sólo sé”- indica que se sabe algo, así pero la “nada” es lo que parece ser
contradictorio a esta afirmación. ¿Qué es la nada? ¿existe? Podemos definir la
nada como la ausencia de lo conocido. Si decimos “no sé nada” es siempre
respecto a “algo” específico, conocido. No se puede buscar lo que no se conoce.
Conocer o no la cosa en cuestión, es lo que marca la diferencia entre la
búsqueda para encontrar (algo que conocemos) y la investigación para descubrir
(algo que desconocemos).
Siendo así, la frase de Sócrates cobra sentido, pudiendo traducirla como: Sólo
sé que ignoro cuánto sé. Y esto, lejos de indicar falsa modestia, nos muestra el
límite de nuestras capacidades, capacidades que podemos, desde luego, ir
ampliando con nuestro trabajo personal.
No podemos saber cuánto es lo que sabemos porque, dentro de nuestra mirada
relativa, apenas si vemos una parte, desconocemos el Todo, el Absoluto ¿cómo
podríamos medir nuestro conocimiento?
Podemos afirmar que sabemos algo, pero no podemos medirlo. Sabemos más de lo que
creemos sobre algunas cosas, aunque las hayamos olvidado, y menos de otras,
aunque nos pensemos eruditos en la materia. De manera que tenemos mucho trabajo
por delante, para desarrollar nuestras capacidades; siempre nos quedará más por
conocer y descubrir de nosotros mismos, y de la Realidad.
La frase “sólo sé que ignoro cuánto sé”, nos muestra la necesidad de ser
receptivos, en lugar de aferrarnos tan solo a lo que ya sabemos, ver que podemos
seguir creciendo y no estancarnos. Y si teníamos una idea incorrecta, aunque la
hayamos tenido por mucho tiempo y adquirido como costumbre o hábito, tener la
apertura necesaria para dejarla ir, corregirnos, y recibir el conocimiento que
otros nos brindan como oportunidad para descubrir lo que es… Verdad.-
Conocer no significa acumular datos o información, sino descubrir, entender con
la ayuda de la imaginación y la lógica, y corroborarlo por la propia
experiencia. Y cuando el conocimiento llega al sentir, al corazón, podemos
hablar de comprensión…de sabiduría. -
“Sólo hay un bien, que es la
sabiduría,
Sólo hay un mal, que es la ignorancia”
Sócrates.
Frase que nos dice que la ignorancia, es el mayor de
los enemigos del hombre, para sí mismo y para todos. Ante esto, debemos contar
con una actitud adecuada: la del aprendiz, que nos acompañará hasta el fin de
los tiempos.
Si podemos reconocer que aún nos falta mucho por saber, y sentir la necesidad de
investigar para descubrir la Realidad y así poder participar de la Obra
Creadora….entonces, habremos encontrado nuestro punto de partida.-
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Justicia Divina y justicia humana
Existe en
general la idea de que la llamada Justicia que administran los hombres,
constituye una suerte de sucedáneo de la que se considera la verdadera: la
Justicia Divina.
No obstante establecer tan drástico distingo entre una y otra, parece tener una
representación de esta última que a la postre resulta similar a la única
conocida; la de los hombres. El desconocimiento de lo que es en sí la divinidad
y por ende de lo que es su Justicia, lleva a elaborar una concepción
antropomórfica de esa función, es decir, a considerar que el juzgador divino sea
visto como la figura de un hombre
excelso, superior, que pesa en el fiel de la balanza lo “bueno” y lo “malo” de
la
conducta de los hombres, para emplear una expresión metafórica de arraigo
popular.
Intentaremos poner de manifiesto, a través de un paralelismo conceptual, las
diferencias que sin embargo median entre ambas justicias: los hombres juzgan a
sus semejantes por sus conductas (básicamente por lo que hacen, otras veces por
lo que omiten hacer, teniendo el deber de hacerlo); la divinidad en cambio, no
juzga esos comportamientos, porque el hombre ya ha sido juzgado al momento de su
creación: se lo hizo libre, es decir, con capacidad para decidir, condición que
tan sólo le sirve para hacer suyo el Propósito del Creador. Si decide lo
contrario, se auto condena, pero no por lo que hizo durante las experiencias
existenciales por las que pasó, sino por lo que dejó de hacer (no haber dado la
respuesta que el Creador espera de él).
No existe por
tanto un “Dios castigador”, como muchos creen.
Se impone por tanto, para una mejor comprensión, establecer el distingo
conceptual entre condición y estado. Así como el ser libre es una condición
(capacidad de decidir) la libertad es un estado (un resultado); de manera que el
correcto ejercicio de la condición de libre garantiza el estado de libertad. No
hay estado sin condición.
Trasladado esto al tema que nos ocupa, podemos del mismo modo expresar que la
Justicia es también un estado, un resultado, que requiere para su configuración
de una condición: lo justo. Vemos sin embargo que algunos hombres claman por
Justicia y otros se dicen empeñados en administrar Justicia, cuando lo que unos
y otros deberían hacer es tratar de ser justos, lo que determinaría, como
resultado, un estado de Justicia.
Ahora bien, para la justicia de los hombres, el concepto de lo justo se reduce,
en el mejor de los casos, a lo justo legal, lo que se estima ajustado a la ley;
pero para la justicia divina lo justo consiste en hacer en el momento oportuno
lo necesario, medido esto en relación a la realización del PROPÓSITO ÚNICO DE LA
CREACIÓN (P.U.C.), esto es la expansión de la Vida Inteligente Participante.
En síntesis, entonces: existe una diferencia esencial, sustancial, entre la
Justicia de los Hombres y la Justicia Divina. La primera, juzga a otros seres y
los condena por sus actos; la segunda ya juzgó al hombre al crearlo y éste se
auto condena a sí mismo por lo que dejó de hacer, debiendo hacerlo. Ello porque
como criatura tiene el deber de hacer suyo y realizar el Propósito Único de la
Creación, que en lo que al hombre concierne consiste en llegar a ser Vida
Inteligente Participante.
Es posible, sin embargo, trazar una línea de conexión entre una y otra, sobre la
base de que los hombres establezcan un código de conducta (actualmente ausente)
en vez de un código de represión y castigo, como rige en los distintos
ordenamientos penales. La Justicia debe en tal caso ser preventiva, si quiere
ser eficaz, y no en cambio simplemente sancionadora, porque esto último ha
conducido al fracaso total de los diferentes sistemas represivos imperantes en
el planeta. En tanto y en cuanto no se opere tal cambio, la Justicia Humana
estará cada vez más distanciada de la Justicia Divina.
El tema admite por cierto, un análisis mucho más amplio, pero sólo hemos
intentado esbozar una síntesis conceptual, para aquellos que tengan interés en
obtener mayores y más claras precisiones sobre el particular, las que pueden ser
manifestadas a título de dudas e inquietudes por quienes así lo sientan, como
necesidad de lograr respuestas para las mismas.-
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