Centro de Unificación Conceptual ; Córdoba, Argentina

 

REVISTA DE DISTRIBUCIÓN GRATUITA

V. I. P. 

Vida Inteligente Participante

Revista Nº 10

Junio, después del 2007

"El Hombre ya ha sido Juzgado..."

¿Quién Propone y quién dispone?

SÓCRATES: ¿ignorancia o sabiduría?

Justicia Divina y justicia humana

Artículo principal    

¿Quién Propone y quién dispone?

Desde el origen, la humanidad ha buscado respuestas que siempre estuvieron allí, delante de sus narices, manifestadas en la Naturaleza misma; ¿por qué no las ve?
Todo está a nuestro alcance para ser investigado y corroborado, pero, ¿lo hacemos? ¿nos tomamos el "trabajo" de corroborar?

Al escuchar esto, el hombre se pregunta: ¿para qué corroborar lo que nos enseñaron en la escuela, o la iglesia, lo que tomé de mis padres? ¿acaso dudo de todo? ¿me alcanza lo que tengo, o prefiero creer lo que me conviene porque es más cómodo y no quiero más complicaciones?
Bastante problemas tengo con mis hijos, pareja, trabajo, no me alcanza el sueldo…¿y me tengo que poner a trabajar para ver si lo que tengo como conocimiento es verdad? Nooo!…
Me conviene más creer que hay un Dios todopoderoso que me va a dar todo lo que necesito: amor, salud, trabajo etc.; además, yo sé lo que necesito y lo que quiero tener, por eso se lo pido.


NO; no existe ese “Dios todopoderoso”. ¿Cómo explicamos que alguien a quien llamamos Dios, con un chasquido de dedos hace milagros a algunos, o usando el servicio "delivery" reparte dones a unos, milagros a otros, a voluntad del hombre, cuando vemos que hay niños que se mueren de hambre, o que a los 8 años cargan un fusil, cientos de accidentes y “tantas injusticias” que se cometen según nosotros?

Lo que SÍ existe, es ese Dios como relación insuperable, como Propósito Único a realizar, Creador de un Universo perfecto, al que no tenemos la capacidad de ver, mucho menos entender; que ha creado al hombre a imagen y semejanza, es decir con todas las potencialidades…y libre; pero no para pedir que haga lo que cada uno de nosotros debe hacer y no hace...
 

Contar con la condición de libres quiere decir que estamos capacitados para elegir aceptar o no, SU Propuesta.
Le dijo al hombre: "o haces lo que te prepongo o te mueres"
¿Qué quiere decir esto? “Te haces cargo de tus propias decisiones, sos el único responsable de tu vida, lo que siembres, cosecharás, y de tus caprichos y antojos serás esclavo.”
“Yo Soy el Creador y tú, hombre, el que debe adecuarse a la Propuesta, por voluntad en libertad, porque así lo quieres y lo sientes", porque el Amor es sabiduría hecha sentimiento, es cuidar y proteger esa hermosa Naturaleza, que por ser cosa de todos los días y estar inmersos en ella, no vemos, menos valoramos.

La propuesta la hace Dios al hombre. Como un padre a su hijo, le propone hacer algo juntos, disfrutarlo y ser felices, sin cuestionamientos, sin autogestión.
¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? Basta del sucio trueque de: "si me das lo que te pido, te prometo que..." Basta de corrupción espiritual, somos lo que queremos ser, "somos lo que valoramos"; nadie nos regala nada y no esperemos que nadie lo haga.

El pensamiento que nos mueve es cultural, moral, malas costumbres, estructuras sin corroborar, en síntesis; ignorancia jerarquizada por el medio en que nos movemos, con valores totalmente distorsionados por la ambición y la hipocresía…

El infierno, el purgatorio, y hasta ese limbo que ya no existe ( porque somos tan soberbios como para tomar ciertas decisiones), están aquí, ahora, y los estamos sufriendo.
Pero en este presente, este punto de partida, se nos brinda una oportunidad única: encontrar el sentido de la Vida y hacer la voluntad del Creador:  convertir a la Tierra en un Cielo...
...o prendemos el T.V. y comemos más de lo mismo que vemos en la calle.-
             

                          Dios propone...y el hombre, elige.

 

SÓCRATES: ¿ignorancia o sabiduría?

La famosa frase atribuida al filósofo griego Sócrates, traducida como: “Sólo sé que no sé nada”, fue una idea que trajo por largo tiempo interrogantes y confusión ¿qué significaba eso?
Unos hablaban de la máxima humildad, de 'ironía socrática' como parte de su método de dialéctica (la otra parte, se llamó “mayéutica”), o el reconocimiento de la propia ignorancia, otros afirman que lo dijo oponiéndose a los sofistas que “creían saberlo todo”, mientras él se refería a “no saber nada”, no como ignorancia absoluta, sino tal vez en su necesidad de “saberlo todo”, intuyó la Realidad única como respuesta a esa insatisfacción que lo llevó a expresarla en esa frase. Otros simplemente la consideraron incoherente y paradójica.

“Sólo sé”- indica que se sabe algo, así pero la “nada” es lo que parece ser contradictorio a esta afirmación. ¿Qué es la nada? ¿existe? Podemos definir la nada como la ausencia de lo conocido. Si decimos “no sé nada” es siempre respecto a “algo” específico, conocido. No se puede buscar lo que no se conoce.
Conocer o no la cosa en cuestión, es lo que marca la diferencia entre la búsqueda para encontrar (algo que conocemos) y la investigación para descubrir (algo que desconocemos).

Siendo así, la frase de Sócrates cobra sentido, pudiendo traducirla como: Sólo sé que ignoro cuánto sé. Y esto, lejos de indicar falsa modestia, nos muestra el límite de nuestras capacidades, capacidades que podemos, desde luego, ir ampliando con nuestro trabajo personal.
No podemos saber cuánto es lo que sabemos porque, dentro de nuestra mirada relativa, apenas si vemos una parte, desconocemos el Todo, el Absoluto ¿cómo podríamos medir nuestro conocimiento?
Podemos afirmar que sabemos algo, pero no podemos medirlo. Sabemos más de lo que creemos sobre algunas cosas, aunque las hayamos olvidado, y menos de otras, aunque nos pensemos eruditos en la materia. De manera que tenemos mucho trabajo por delante, para desarrollar nuestras capacidades; siempre nos quedará más por conocer y descubrir de nosotros mismos, y de la Realidad.

La frase “sólo sé que ignoro cuánto sé”, nos muestra la necesidad de ser receptivos, en lugar de aferrarnos tan solo a lo que ya sabemos, ver que podemos seguir creciendo y no estancarnos. Y si teníamos una idea incorrecta, aunque la hayamos tenido por mucho tiempo y adquirido como costumbre o hábito, tener la apertura necesaria para dejarla ir, corregirnos, y recibir el conocimiento que otros nos brindan como oportunidad para descubrir lo que es… Verdad.-


Conocer no significa acumular datos o información, sino descubrir, entender con la ayuda de la imaginación y la lógica, y corroborarlo por la propia experiencia. Y cuando el conocimiento llega al sentir, al corazón, podemos hablar de comprensión…de sabiduría. -

“Sólo hay un bien, que es la sabiduría,
Sólo hay un mal, que es la ignorancia”
Sócrates.

Frase que nos dice que la ignorancia, es el mayor de los enemigos del hombre, para sí mismo y para todos. Ante esto, debemos contar con una actitud adecuada: la del aprendiz, que nos acompañará hasta el fin de los tiempos.

Si podemos reconocer que aún nos falta mucho por saber, y sentir la necesidad de investigar para descubrir la Realidad y así poder participar de la Obra Creadora….entonces, habremos encontrado nuestro punto de partida.-

 

Justicia Divina y justicia humana

Existe en general la idea de que la llamada Justicia que administran los hombres, constituye una suerte de sucedáneo de la que se considera la verdadera: la Justicia Divina.

No obstante establecer tan drástico distingo entre una y otra, parece tener una representación de esta última que a la postre resulta similar a la única conocida; la de los hombres. El desconocimiento de lo que es en sí la divinidad y por ende de lo que es su Justicia, lleva a elaborar una concepción antropomórfica de esa función, es decir, a considerar que el juzgador divino sea visto como la figura de un hombre excelso, superior, que pesa en el fiel de la balanza lo “bueno” y lo “malo” de la conducta de los hombres, para emplear una expresión metafórica de arraigo popular.

Intentaremos poner de manifiesto, a través de un paralelismo conceptual, las diferencias que sin embargo median entre ambas justicias: los hombres juzgan a sus semejantes por sus conductas (básicamente por lo que hacen, otras veces por lo que omiten hacer, teniendo el deber de hacerlo); la divinidad en cambio, no juzga esos comportamientos, porque el hombre ya ha sido juzgado al momento de su creación: se lo hizo libre, es decir, con capacidad para decidir, condición que tan sólo le sirve para hacer suyo el Propósito del Creador. Si decide lo contrario, se auto condena, pero no por lo que hizo durante las experiencias existenciales por las que pasó, sino por lo que dejó de hacer (no haber dado la respuesta que el Creador espera de él).

No existe por tanto un “Dios castigador”, como muchos creen.


Se impone por tanto, para una mejor comprensión, establecer el distingo conceptual entre condición y estado. Así como el ser libre es una condición (capacidad de decidir) la libertad es un estado (un resultado); de manera que el correcto ejercicio de la condición de libre garantiza el estado de libertad. No hay estado sin condición.

Trasladado esto al tema que nos ocupa, podemos del mismo modo expresar que la Justicia es también un estado, un resultado, que requiere para su configuración de una condición: lo justo. Vemos sin embargo que algunos hombres claman por Justicia y otros se dicen empeñados en administrar Justicia, cuando lo que unos y otros deberían hacer es tratar de ser justos, lo que determinaría, como resultado, un estado de Justicia.
Ahora bien, para la justicia de los hombres, el concepto de lo justo se reduce, en el mejor de los casos, a lo justo legal, lo que se estima ajustado a la ley; pero para la justicia divina lo justo consiste en hacer en el momento oportuno lo necesario, medido esto en relación a la realización del PROPÓSITO ÚNICO DE LA CREACIÓN (P.U.C.), esto es la expansión de la Vida Inteligente Participante.

En síntesis, entonces: existe una diferencia esencial, sustancial, entre la Justicia de los Hombres y la Justicia Divina. La primera, juzga a otros seres y los condena por sus actos; la segunda ya juzgó al hombre al crearlo y éste se auto condena a sí mismo por lo que dejó de hacer, debiendo hacerlo. Ello porque como criatura tiene el deber de hacer suyo y realizar el Propósito Único de la Creación, que en lo que al hombre concierne consiste en llegar a ser Vida Inteligente Participante.

Es posible, sin embargo, trazar una línea de conexión entre una y otra, sobre la base de que los hombres establezcan un código de conducta (actualmente ausente) en vez de un código de represión y castigo, como rige en los distintos ordenamientos penales. La Justicia debe en tal caso ser preventiva, si quiere ser eficaz, y no en cambio simplemente sancionadora, porque esto último ha conducido al fracaso total de los diferentes sistemas represivos imperantes en el planeta. En tanto y en cuanto no se opere tal cambio, la Justicia Humana estará cada vez más distanciada de la Justicia Divina.


El tema admite por cierto, un análisis mucho más amplio, pero sólo hemos intentado esbozar una síntesis conceptual, para aquellos que tengan interés en obtener mayores y más claras precisiones sobre el particular, las que pueden ser manifestadas a título de dudas e inquietudes por quienes así lo sientan, como necesidad de lograr respuestas para las mismas.-


 

 

 

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