|
Informe de la National Geographic |
De todos los problemas que encaramos con la inminente llegada del nuevo milenio, ninguno es más importante que el crecimiento demográfico. Mientras que en 1900 la población total de la Tierra era de 1,700 millones de personas, hoy es de casi 6 mil millones de habitantes y la cantidad sigue en aumento. Y cada vez que hablo del tema, alguien invariablemente pregunta: "¿Cómo puede haber un problema de población cuando hay tanta tierra desocupada?", una pregunta lógica si se considera que si todos los habitantes del planeta se mudaran a Texas cada uno tendría cerca de 110 mts2 de espacio para habitar. De hecho, el corazón rural de Estados Unidos está quedando deshabitado debido a la creciente mecanización de la agricultura. Existe un lazo que me une a esta despoblada zona: en busca de oportunidades y libertad, mi abuelo emigró de Rusia en 1905 para establecerse en el condado Logan, Dakota de Norte. Así como señala Michael Parfit en "Migración Humana", casi todos tenemos esta clase de éxodos en nuestra historia familiar. La familia de mi padre dejó Dakota del norte y se mudó a Bayonne, Nueva Jersey, en 1918, como parte del tránsito rural - urbano que está modificando la faz del planeta. Cuando mi padre era joven, casi 90% de la población mundial vivía en el campo, en tanto que hoy, cerca de la mitad vive en las ciudades. En 1930, la población de Logan alcanzó su máximo con un total de 8,100 habitantes; hoy se encuentra por debajo de 2,500, por lo que las granjas abandonadas motean el paisaje. Una disminución en la población no es una inquietud exclusiva de las áreas rurales, ya que la baja taza de natalidad contribuye a la esperada reducción en el número de habitantes de Japón y Europa Occidental. En "Mujeres y población", Erla Zwingle explica que la tasa de natalidad disminuye conforme las mujeres tienen mayor acceso a los anticonceptivos y mejoran sus oportunidades económicas, de atención médica y educación, de modo que, a la fecha, el 98% del crecimiento demográfico se observa en los países en desarrollo, donde dichos beneficios están menos disponibles.
Pero la crisis de población (o al menos la crisis potencial) no ha desaparecido, y el futuro podría depararnos un crecimiento de población que supere con mucho a las fuentes de alimento y agua en la más reciente y elevada proyección de la ONU, se esperan 11 mil millones de habitantes para el 2050. Reducir el número total de habitantes no basta para solucionar todos los problemas de población ya que, al volvernos más urbanos e industriales, consumimos más recursos y generamos más contaminación; pongamos por caso China, cuyas ciudades albergan 350 millones de personas y que desde fines de los años 50 ha perdido 20% de sus tierras de cultivo. ¿Cuántos otros daños ambientales y conflictos sociales surgirán mientras los chinos se amontonan en sus urbes? En "Alimentar al planeta", T. R. Reid concluye que el problema principal no estriba en nuestra capacidad para producir alimentos, sino en la forma cómo los distribuimos; así, su artículo expone un debate actual entre los optimistas, quienes señalan que la innovación tecnológica siempre mantendrá la producción de alimentos por encima del crecimiento de la población, y los pesimistas, quienes argumentan que no podemos contar con que las soluciones tecnológicas nos rescaten de los problemas demográficos, pues al cambiar el ambiente, la tecnología agrícola misma crea nuevos problemas como la pérdida de biodiversidad que podrían agravarse al aumentar nuestras cifras. La inquietud originada por la super población parece muy distante mientras conduzco por Wishek, Dakota del Norte, localidad tan pequeña que ni siquiera tiene semáforos. Harley y Carol Brandner, propietarios de Aceros y manufacturas Wishek y antiguos cultivadores de trigo en la localidad, explican que establecieron su taller de reparación y soldadura en 1969, y después patentaron "Un sistema de muelle que, al chocar con una piedra, levanta toda una sección de discos de una trilladora" y facilita el cultivo en terrenos duros y rocosos, invento utilizado actualmente en los pastizales de Hulun Buir, en el interior de Mongolia, donde el suelo, yermo por el pastoreo excesivo y la erosión, muy pronto comenzará a producir alfalfa. Conduzco por caminos de tierra en busca de la granja familiar la cual, para mi sorpresa, encuentro convertida en un área federal para protección de la vida silvestre, donde los sabaneros hacen nido entre las altas hierbas. Al hallarme de pie en el sitio donde nació mi padre la tierra cobra vida, y parece preguntar si tendremos la sabiduría para vivir en armonía con el mundo natural, mientras tratamos de resolver las necesidades de nuestra creciente población. Wolfgang Lutz |
|
[Inicio] [Informe] [Gráficos] [Fotos] [Links] [Lista de Correo] [Contáctenos] |