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El
Consenso de
El Cairo
Tendencias Demográficas
Cambiantes Pautas de Población
Salud Reproductiva y Derechos
Reproductivos
Alianzas y ampliación de los
medios de acción
Obtención de recursos |
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Las mujeres están teniendo menor cantidad de hijos que nunca
antes y el crecimiento de la población se ha hecho más lento: desde 2,4% hasta 1,3% en
los últimos 30 años. Pero las familias numerosas existentes en épocas recientes
signi-fican que hay muchas más mujeres en edad de procrear. La población mundial sigue
aumentando a razón de 78 millones de personas por año. La mitad de la población mundial
tiene menos de 25 años y hay más de 1.000 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años de
edad, los progenitores de la próxima generación.
La mayor parte del crecimiento de la población está ocurriendo en los países del mundo
más pobres y menos preparados. Que el crecimiento de la población siga perdiendo
velocidad y que vaya acompañado de creciente bienestar o de crecientes dificultades
dependerá de las decisiones que se adop-ten y de las acciones que se realicen en el
próximo decenio; y, en particular, de las acciones encaminadas a aumentar la educación,
promover la igualdad de género y velar por el ejercicio universal del derecho a la salud,
incluida la salud reproductiva.
Las regiones donde el crecimiento es más ace-lerado son las de África al sur del Sahara
y partes del Asia meridional y el Asia occidental. Mientras tanto, el crecimiento de la
población se ha hecho más lento o se ha detenido en Europa, América del Norte y el
Japón. Los Estados Unidos son el único país industrializado donde, según las
proyecciones, la población ha de seguir aumentando, en gran parte como resultado de la
inmigración.
En momentos en que ingresamos en el siglo XXI, hay más de 1.000 millones de personas que
siguen privadas de satisfacer sus necesidades bási-cas. De los 4.800 millones de personas
residentes en países en desarrollo, casi las tres quintas partes carecen de saneamiento
básico. Casi un tercio carecen de acceso a agua no contaminada. Un cuarto carecen de
vivienda adecuada y un quinto no tienen acceso a servicios de salud modernos. En las
regio-nes menos adelantadas, un quinto de los niños no llegan al quinto grado en la
escuela.
Asimismo, va en aumento la presión sobre el planeta, debido al despilfarro y el
desequilibrio en las pautas de consumo y a las crecientes cantidades de personas, lo cual
incrementa la demanda de ali- mentos y agua. Además, no se ha determinado aún cuáles
serán los efectos del calentamiento mundial. Algunos posibles cambios, entre ellos la
elevación del nivel del mar, la intensificación de los huracanes y las inundaciones,
podrían afectar a miles de millones de personas.
Los efectos acumulados de la persistente pobre-za, la discriminación por motivos de
género, el VIH/SIDA, el cambio medioambiental y la disminución de los recursos para el
desarrollo tienen posibilidades de desbaratar los beneficios de las más bajas tasas de
natalidad.
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El consenso de El
Cairo
Afortunadamente, hay en todo el mundo consenso acerca de lo que es preciso hacer. En la
Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) celebrada en 1994 en
El Cairo, 179 países convinieron en que la población y el desarrollo son cuestiones
inextricablemente vinculadas entre sí y que ampliar los medios de acción de la mujer y
satisfacer las necesidades de la gente en materia de educación y salud, incluida la salud
reproductiva, son requisitos necesarios, tanto para el adelanto individual como para un
desarrollo equilibrado. Se reconoce que promover la igualdad de género, eliminar la
violencia contra la mujer y velar por la capacidad de ésta de controlar su propia
fecundidad, son principios básicos de las políticas de población y desarrollo. Las
metas concretas se centran en ofrecer educación universal y servicios universales de
salud reproductiva, incluidos los de planificación de la familia; y reducir las tasas de
mortalidad de menores de un año y de niños y madres.
Al examinar los adelantos logrados en la aplicación del Programa de Acción después de
la Conferencia de El Cairo se han obtenido pruebas cada vez más elocuentes de que el
Programa de Acción de la CIPD es práctico y realista y que, pese a todos los
obstáculos, se lo está llevando a la práctica. Durante el examen se consideraron
informes sobre la aplicación del Programa de Acción por parte de los programas
nacionales, las reuniones mundiales de expertos y el Foro Internacional celebrado en La
Haya y organizado por el FNUAP. El proceso culminó con un período extraordinario de
sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrado del 30 de junio al 2 de
julio de 1999, en que se determinaron las acciones clave necesarias para continuar el
adelanto.
Los factores demográficos como las actuales cantidades sin precedentes de jóvenes,
ancianos, urbanización y migración internacional revisten importancia crucial para
los planes encaminados a mitigar la pobreza, ofrecer servicios sociales básicos, velar
por la seguridad alimentaria, conservar los recursos y proteger al medio ambiente. En los
cinco años transcurridos después de la CIPD, muchos países han adoptado nuevas
políticas de desarrollo en que se incorporan cuestiones de población. Casi la mitad de
ellos han examinado sus políticas de población y desarrollo; más de un tercio han
actualizado las políticas, de modo que armonicen con las metas de la CIPD.
De todos los países, dos tercios han introducido medidas legislativas o de políticas a
fin de promover la igualdad de género y ampliación de los medios de acción de la mujer.
Casi todos los países de América Latina han introducido medidas de política,
legislación o cambios institucionales con el propósito de proteger los derechos de la
mujer. Más de la mitad de los países asiáticos y varios países de África han actuado
para proteger los derechos de la mujer en cuestiones como la herencia, la propiedad y el
empleo. Varios países han adoptado medidas para incrementar la responsabilidad de los
hombres con respecto a su comportamiento sexual y reproductivo y sus papeles en la
sociedad y la familia.
Se están intensificando los esfuerzos por eliminar la violencia por motivos de género y
las prácticas tradicionales nocivas. Muchos países han enmendado sus leyes y códigos de
la familia para fortalecer las medidas contra la mutilación genital femenina, la
violación, el matrimonio forzado, la violencia en el hogar y los asesinatos relacionados
con la dote y "por motivos de honor". En África, 15 países han proscrito la
mutilación genital femenina.
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Tendencias demográficas
Está en curso una transición demográfica, desde altas tasas de fecundidad y
mortalidad hacia tasas bajas, que ya ha ocurrido en muchas partes del mundo. Las mejoras
en servicios de salud preventiva y atención médica han reducido espectacularmente las
tasas de mortalidad, especialmente, la mortalidad de menores de un año, que se ha
reducido en dos tercios. En consecuencia, la esperanza de vida a escala mundial ha
aumentado en los últimos 50 años, desde 46 hasta 66 años. No obstante, el grado de
adelanto varía ampliamente dentro de una misma región y de un mismo país.
Las tasas de fecundidad también han disminuido, pero de manera desigual. En 61 países,
donde reside aproximadamente el 44% de la población mundial, las parejas están teniendo
una cantidad de hijos menor que los dos necesarios para "reemplazarse" a sí
mismas. Pero incluso si se llegara de inmediato a las "tasas de fecundidad de
reemplazo", las poblaciones seguirían creciendo durante varios decenios, debido a la
gran cantidad de personas que están llegando en este momento a su máxima etapa de
procreación. Este impulso demográfico será la causa de hasta dos tercios del
crecimiento de la población mundial previsto en las proyecciones, que es superior en los
países donde la declinación de la fecundidad ha sido más rápida. Al aumentar la edad
de la madre en el primer alumbramiento, desde 18 hasta 23 años, se reduciría en más del
40% el impulso demográfico.
A comienzos del decenio de 1950, en los países desarrollados las parejas estaban
teniendo, en promedio, 2,8 hijos; actualmente, el promedio es 1,6. En las regiones menos
adelantadas, las tasas de fecundidad han disminuido desde 6,2 hijos por mujer en 1950
hasta algo menos en la actualidad y, según las proyecciones, han de reducirse hasta menos
de 2,1 hacia 2045. En los últimos 50 años, la mayor velocidad en la declinación de las
tasas de fecundidad ha ocurrido en América Latina (desde 5,9 hasta 2,7) y en Asia (desde
5,9 hasta 2,6), menos rápidamente en el África septentrional y el Oriente Medio (desde
6,6 hasta 3,5), y mucho más lentamente en África al Sur del Sahara (desde 6,5 hasta
5,5).
La disminución de las tasas de natalidad crea la posibilidad de obtener ventajas
económicas, pues hay una "protuberancia" en la pirámide de edades debida a que
los jóvenes crecen y se incorporan a la población activa y, al mismo tiempo, hay menor
cantidad de nacimientos. En los países del Asia oriental ya se ha aprovechado este
"dividendo demográfico", que redundó en un aumento en los ahorros y las
inversiones de los hogares y los países y, en particular, del gasto social. Según se
espera, en el Asia meridional y en África habrá oportunidades similares en los próximos
dos decenios. A fin de cosechar los consecuentes beneficios, será preciso que los países
fortalezcan los servicios de educación y salud, incluidos los de salud reproductiva, y
adopten otras políticas de apoyo.
No obstante, los adelantos logrados como resultado de las mayores inversiones en el sector
social pueden ser vulnerables a los disturbios financieros mundiales. En un estudio del
FNUAP se indica que la crisis financiera comenzada en 1997 en el Asia sudoriental ha
arrojado a millones de personas hacia la pobreza y las ha sumido en graves zozobras, y que
las reducciones concomitantes en los programas sociales han tenido graves efectos
sociales, particularmente sobre los derechos y la salud reproductiva de la mujer. Por
ejemplo, disminuyeron la promoción de la salud y las actividades de los servicios
médicos, incluidos los programas de prevención y tratamiento de las enfermedades de
transmisión sexual y el VIH/SIDA.
En general, debido a la mejor atención de la salud y las mayores opciones, a escala
mundial las tasas de fecundidad han disminuido más rápidamente que lo esperado. Según
las actuales proyecciones de la División de Población del Departamento de Asuntos
Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, la población mundial llegará
aproximadamente a 8.900 millones de personas en 2050, en lugar de los 9.400 millones
pronosticados en 1996. No obstante, estas noticias no son totalmente buenas:
aproximadamente un tercio de la reducción en las proyecciones a largo plazo se deben al
aumento de las tasas de mortalidad en África al sur del Sahara y partes del subcontinente
de la India, a raíz del VIH/SIDA, que se está propagando más rápidamente que lo
previsto anteriormente.
En 29 países africanos, actualmente la esperanza media de vida al nacer es inferior en
siete años a lo que habría sido si no existiera el SIDA. No obstante, no se prevé que
la población de esos países haya de disminuir, dado que persisten las altas tasas de
fecundidad. En Botswana, donde uno de cada cuatro adultos está infectado con el virus, la
esperanza de vida ha disminuido desde 61 años a fines del decenio de 1980 hasta 47 años
en la actualidad y, según se espera, ha de disminuir aún más, hasta 38 años hacia
2005-2010. No obstante, aún se prevé que la población casi se ha de duplicar hacia
2050.
Para frenar y eliminar la propagación de la epidemia será necesario mejorar los
servicios integrales de salud reproductiva, así como impartir una mejor educación
pública acerca de los riesgos y las consecuencias del contagio con el VIH. Y dado que
más de la mitad de todos los nuevos contagios se producen entre jóvenes menores de 24
años, es urgentemente necesario ofrecer servicios que respondan a las necesidades de esos
jóvenes.
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Cambiantes pautas de
población
La distribución de la población mundial está cambiando, y las tasas de crecimiento
difieren de una región a otra, a medida que el aumento de la urbanización y la
migración internacional cobran mayor visibilidad e importancia. En 1960, el 70% de los
habitantes del mundo residían en los países en desarrollo; actualmente, la proporción
es 80% y en esos países se produce un 95% del crecimiento demográfico.
La población de África se ha triplicado desde 1960 y es la que continúa aumentando con
mayor rapidez. En 1960, Europa contaba con un número de habitantes igual al doble de los
de África; hacia 2050, según se estima, habrá un número de africanos tres veces
superior al de europeos. Asia, que es, con mucho, la región más populosa, ha duplicado
con creces su población respecto de la de 1960, y lo propio ha ocurrido con la de
América Latina y el Caribe. En cambio, la población de América del Norte ha aumentado
en un 50% y la de Europa sólo ha aumentado en un 20% y actualmente está, a grandes
rasgos, estabilizada.
Las ciudades impulsan el cambio social; siguen creciendo en todo el mundo en desarrollo.
En 1960, una de cada tres personas vivía en una ciudad; en la actualidad, casi la mitad
de la gente reside en ciudades y, según se pronostica, hacia 2030 más del 60% de la
población del mundo residirá en zonas urbanas que se irán transformando cada vez más
en megaciudades con más de 10 millones de personas. El número de megaciudades ha
aumentado desde 12 en 1960 hasta 17 en la actualidad y, según las proyecciones, será de
26 hacia 2015: de ellas, 22 estarán en las regiones menos adelantadas y 18, en Asia.
En todas las regiones, la migración internacional está ocupando un lugar prominente en
el temario de las políticas, a medida que va en aumento el número de migrantes y la
importancia de los problemas que suscitan. Entre 1965 y 1990, la migración aumentó desde
75 millones hasta 120 millones de personas. Los trabajadores migrantes envían cada año a
sus países de origen remesas por valor superior a 70.000 millones de dólares y, en
algunos países, las industrias dependen del trabajo y las aptitudes de los migrantes. Va
cada vez más en aumento el número de migrantes que son mujeres: en 1990, casi un 50%; y
muchas de ellas son vulnerables a la explotación y el acoso.
Cómo proporcionar alimentos y agua a una población cada vez mayor sigue siendo otra
preocupación de importancia vital. La producción mundial de cereales per cápita ha
estado estancada durante más de un decenio y la superficie de tierras cultivables está
disminuyendo. Asimismo, llegará a un punto crítico el acceso al agua. Según un estudio
reciente, es probable que hacia el año 2050, la cuarta parte de la población mundial
viva en países sujetos a escasez crónica o recurrente de agua dulce.
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Salud
reproductiva y derechos reproductivos
Los derechos reproductivos reconocidos por la Conferencia de El Cairo abarcan el derecho a
efectuar opciones libres acerca del matrimonio y del número y espaciamiento de los hijos,
así como del momento de tenerlos, sobre bases de igualdad entre hombres y mujeres; el
derecho a disfrutar del más alto nivel de salud sexual y salud reproductiva; y la
protección contra la violencia sexual y la coacción sexual.
La necesidad de contar con acceso universal a servicios de calidad de salud reproductiva
es tan apremiante como nunca. Igualmente importante es la creación de condiciones
sociales, culturales y económicas en que las mujeres y los hombres puedan efectuar
opciones libres y bien fundamentadas acerca de sus vidas.
En los países en desarrollo, más de 585.000 mujeres pierden la vida cada año, y al
menos 7 millones padecen infecciones o lesiones, como resultado del embarazo; 70.000
mujeres pierden la vida debido a abortos en malas condiciones. Cada año hay más de 330
millones de casos de enfermedades de transmisión sexual susceptibles de tratamiento y
cada minuto se producen 11 nuevos contagios con el VIH. Hasta la mitad de los casi 175
millones de embarazos que se producen cada año son no deseados o inoportunos. Hay más de
350 millones de mujeres que carecen de acceso a una gama de métodos anticonceptivos
seguros y eficaces. Casi la mitad de los 130 millones de alumbramientos que ocurren cada
año no reciben asistencia de personal capacitado. Más de la mitad de todas las mujeres
padecerán en algún momento de su vida algún tipo de violencia por motivos de género.
Cada año, dos millones de niñas y mujeres jóvenes corren riesgo de ser objeto de
mutilación genital femenina; y hay 960 millones de personas que no saben leer ni
escribir, dos tercios de las cuales son mujeres.
De conformidad con lo convenido en El Cairo, muchos países se están esforzando por
mejorar la calidad, el alcance y la disponibilidad de los servicios de salud reproductiva
y están capacitando a su personal para que ofrezca mejor información, opciones más
amplias y servicios centrados en el cliente.
En los países en desarrollo, la utilización de anticonceptivos aumentó en un 1,2% anual
entre 1990 y 1995, pero aún siguen insatisfechas las necesidades de entre el 20% y el 25%
de las parejas. Las necesidades insatisfechas son más altas en África al Sur del Sahara
(29%) y más bajas en América Latina y el Caribe (18% y 20%). Al mismo tiempo, es preciso
efectuar más inversiones en investigación y desarrollo de nuevos métodos de regulación
de la fecundidad para los hombres, así como de métodos de barrera controlados por la
mujer, a fin de prevenir tanto las enfermedades de transmisión sexual como el embarazo.
Una de las cuestiones más difíciles de abordar ha sido la reducción de la mortalidad
derivada de la maternidad. Los estudios y la experiencia indican que para mejorar la salud
de las madres es preciso contar con mejores establecimientos de salud, servicios de
atención de emergencia y agentes de salud capacitados que aseguren una atención
apropiada y eficaz; todo ello requiere que se asigne prioridad a esta cuestión en las
políticas y que se cuente con los recursos necesarios.
Asimismo, en muchos países ha sido difícil la provisión de información y servicios
apropiados a los adolescentes solteros y los adultos jóvenes, tanto casados como
solteros.
En el examen a cabo de cinco años de la aplicación del Programa de Acción de la CIPD,
realizado en 1999, se exhortó a los gobiernos a adoptar medidas concretas para aumentar
los servicios de atención del parto por personal capacitado; enmendar las leyes que
afectan la salud reproductiva; incrementar el gasto en servicios de salud reproductiva;
involucrar en los programas a las comunidades, incluidas las organizaciones no
gubernamentales (ONG) y las entidades del sector privado; promover la responsabilidad de
los hombres; asegurar la disponibilidad de los servicios; y ofrecer detección de las
enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA, y asesoramiento, como parte de
los servicios de atención primaria de la salud.
En el examen al cabo de cinco años de la aplicación del Programa de Acción de la CIPD,
también se exhortó a los gobiernos a promover el comportamiento sexual responsable sobre
la base del respeto mutuo y la equidad de género; prevenir la explotación sexual de los
niños; velar por que los refugiados reciban servicios de salud sexual y salud
reproductiva e información al respecto; eliminar las prácticas tradicionales nocivas,
como la mutilación genital femenina; y asegurar que los adolescentes dispongan de
información y servicios para ayudarlos a tener vidas saludables y responsables.
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Alianzas
y ampliación de los medios de acción
Las ONG, los parlamentarios, los líderes religiosos, las entidades del sector privado y
los grupos comunitarios tienen papeles fundamentales que desempeñar en la aplicación del
Programa de Acción de la CIPD. Muchos gobiernos están colaborando más estrechamente con
sus aliados de la sociedad civil en la formulación de programas y la prestación de
servicios, especialmente para los sectores de la población a los que es más difícil
llegar.
En los años transcurridos después de la CIPD, ha seguido intensificándose la relación
entre las organizaciones de la sociedad civil y los gobiernos. Ha aumentado el número de
ONG que se ocupan de servicios de salud reproductiva y derechos reproductivos, y lo propio
ha ocurrido con el número de redes de ONG, lo cual ha intensificado los efectos generales
de su acción. En muchos países, las ONG, en especial las que promueven los servicios de
salud y planificación de la familia, y los grupos de mujeres, no sólo son paladines de
la salud reproductiva, los derechos reproductivos y la equidad de género, sino que
también ofrecen servicios para mejorar la condición jurídica y social de la mujer.
Asimismo, las ONG desempeñan un papel de importancia vital en cuanto a vigilar los
adelantos gubernamentales en la aplicación del Programa de Acción de la CIPD.
Por otra parte, el éxito depende de entablar alianzas que se apoyen mutuamente, de
conducir eficazmente las alianzas existentes y de lograr que los funcionarios
gubernamentales apoyen la colaboración. En una encuesta realizada en 1998 se comprobó
que de los 114 países en desarrollo que habían respondido, sólo 49 habían adoptado
medidas sustanciales para promover el involucramiento de las ONG en diversas etapas de la
aplicación de políticas y la realización de programas.
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Obtención de recursos
Se acepta universalmente que las metas de la CIPD son necesarias para promover los
derechos humanos y el bienestar de las personas, combatir la pobreza y mejorar la
seguridad nacional y mundial. No obstante, la financiación es insuficiente y los
gobiernos enfrentan ahora decisiones críticas acerca de comprometer los recursos para
conquistar aquellas metas.
En la Conferencia de El Cairo se calculó que hacia el año 2000 se necesitarían 17.000
millones de dólares anuales con destino a actividades de población y salud reproductiva;
de ese importe, unos dos tercios (11.300 millones) procederían de los propios países en
desarrollo y un tercio (5.700 millones de dólares), de donantes internacionales.
En 1997, los países en desarrollo estaban gastando cada año aproximadamente 7.700
millones de dólares, pero una gran mayoría de ese total correspondía a cinco países de
gran magnitud (China, la India, Indonesia, la República Islámica del Irán y México).
La mayor parte de los demás países en desarrollo, en particular los 51 países menos
adelantados, carecían tanto de recursos públicos como de ingresos privados para atender
a sus necesidades nacionales.
En 1997, la asistencia internacional ascendió a menos de 2.000 millones de dólares,
importe muy inferior a la meta. Los principales donantes en el decenio de 1990, entre
ellos los Países Bajos, Noruega y Dinamarca, han asignado una proporción relativamente
grande de su producto nacional bruto a la asistencia para el desarrollo, incluida la parte
correspondiente a cuestiones de población. Otros países, especialmente Australia,
Finlandia y el Reino Unido, han comenzado a incrementar la proporción destinada a
cuestiones de población. Por otra parte, los Estados Unidos siguen siendo el principal
donante a actividades de población pero han reducido sustancialmente la cuantía de su
apoyo.
A menos que aumente sustancialmente la financiación, el déficit podría conducir a que
continuaran las altas tasas de embarazos no deseados, abortos y defunciones de madres y
niños, así como a una propagación aún más rápida del VIH/SIDA. La escasez de
recursos también significa que el adelanto hacia la vigencia de los derechos humanos y la
igualdad en los servicios de salud será más lento que nunca.
El sector privado, incluidas las ONG y las fundaciones, está contribuyendo a salvar la
discrepancia en la asistencia y en los países en desarrollo, los cargos al usuario están
generando algunos recursos.
Debe asignarse urgente prioridad a ampliar la cuantía y la variedad de los recursos
prometidos y administrar mejor su utilización. Que aprovechemos o no la oportunidad,
actuando decisivamente y aportando los recursos necesarios, será un factor que tendrá
gran influencia sobre la vida en el siglo XXI. Las decisiones que se adopten en el
próximo decenio determinarán con cuánta rapidez el mundo ha de agregar los próximos
1.000 millones de personas, y los 1.000 millones de personas ulteriores, y si esos nuevos
miles de millones de personas tendrán vidas de pobreza y privaciones, si se establecerá
la igualdad entre los hombres y las mujeres y qué efecto tendrá el crecimiento de la
población sobre los recursos naturales y el medio ambiente.
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