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Sábado 01
de septiembre de 2001
De
tanto ir se pegó contra un paredón
Los Andes fue
siempre al frente, pero al final murió de contra.
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Cada
uno se llevó lo que mereció... La imagen del final fue perfecta:
Central Córdoba, en un abrazo interminable, apretado, unido; Los
Andes, mirada al piso, bajo un coro de silbidos, en fila india,
eterna. Es cierto que si no hubiera estado Jeremías Gallego y si el
palo no se metía en el destino de ese zapatazo de Moya casi sobre
la hora, el empate habría calmado a las fieras. Pero el equipo
rosarino, a esa altura, ya había hecho méritos para ganar.
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Primera aclaración:
buscar siempre, tomar la iniciativa, ir al frente, no siempre permite
acumular merecimientos. A eso hay que agregarle ideas, atención y orden.
Todo eso, de lo bueno y de lo malo, tuvo Los Andes.
Segunda aclaración: esperar ordenado para salir de contra, apostar al
error del rival, correr a todos y en todos lados, compensar la falta de
juego con sacrificio, nunca será lo más estético. Pero si se hace bien,
el camino hacia el objetivo por cumplir es más corto. Simple: Central Córdoba
no está para los lujos, sí para el interminable ida y vuelta de Maxi
Santa Cruz y la ubicuidad de Santos. Y también para la pegada de Alfredo
Aira, quien de tiro libre (al palo del arquero) clavó el primero.
Con un mediocampo más apto para ir que para venir, Los Andes empezó a
desesperarse. Cayó en el centro permanente para el grandote Ocampos,
empató y hasta soñó con darlo vuelta. Pero las contras de Zavala
apuntaban a la yugular de Los Andes. Y en una de ellas, casi en tres
toques, llegó el gol de Iuvale.
Los Andes quiere subir, pero así le va a costar. Central Córdoba quiere
mantener la categoría y, parece, va por el buen camino.
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