NO DECÍA PALABRAS

 

No decía palabras,

Acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,

Porque ignoraba que el deseo es una pregunta

Cuya respuesta no existe,

Una hoja cuya rama no existe,

Un mundo cuyo cielo no existe.

 

La angustia se abre paso entre los huesos,

Remonta por las venas

Hasta abrirse en la piel,

Surtidores de sueño

Hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

 

Un roce al paso,

Una mirada fugaz entre las sombras,

Bastan para que el cuerpo se abra en dos,

Ávido de recibir en sí mismo

Otro cuerpo que sueñe;

Mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,

Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

 

Aunque sólo sea una esperanza,

Porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

 

 

 

TE QUIERO

 

Te quiero.

 

Te lo he dicho con el viento,

Jugueteando como animalillo en la arena

O iracundo como órgano tempestuoso;

 

Te lo he dicho con el sol,

Que dora desnudos cuerpos juveniles

Y sonríe en todas las cosas inocentes;

 

Te lo he dicho con las nubes,

Frentes melancólicas que sostienen el cielo,

Tristezas fugitivas;

 

Te lo he dicho con las plantas,

Leves criaturas transparentes

Que se cubren de rubor repentino;

 

Te lo he dicho con el agua,

Vida luminosa que vela un fondo de sombra;

 

Te lo he dicho con el miedo,

Te lo he dicho con la alegría,

Con el hastío, con las terribles palabras.

 

Pero así no me basta:

Más allá de la vida,

Quiero decírtelo con la muerte;

Más allá del amor,

Quiero decírtelo con el olvido.

 

 

 

A UN POETA FUTURO

 

No conozco a los hombres. Anos llevo

De buscarles y huirles sin remedio.

No les comprendo? O acaso les comprendo

Demasiado? Antes que en estas formas

Evidentes, de brusca carne y hueso,

Súbitamente rotas por un resorte débil

Si alguien apasionado les allega,

Muertos en la leyenda les comprendo

Mejor. Y regreso de ellos a los vivos,

Fortalecido amigo solitario,

Como quien va del manantial latente

Al río que sin pulso desemboca.

 

No comprendo a los ríos. Con prisa errante pasan

Desde la fuente al mar, en ocio atareado,

llenos de su importancia, bien fabril o agrícola;

La fuente, que es promesa, el mar sólo la cumple,

El multiforme mar, incierto y sempiterno.

Como en fuente lejana, en el futuro

Duermen las formas posibles de la vida

En un sueño sin sueños, nulas e inconscientes,

Prontas a reflejar la idea de los dioses.

Y entre los seres que serán un día

Sueñas tu sueño, mi imposible amigo.

 

No comprendo a los hombres. Mas algo en mi responde

Que te comprendería, lo mismo que comprendo

Los animales, las hojas y las piedras,

Compañeros de siempre silenciosos y fieles.

Todo es cuestión de tiempo en esta vida,

Un tiempo cuyo ritmo no se acuerda,

Por largo y vasto, al otro pobre ritmo

De nuestro tiempo humano corto y débil.

Si el tiempo de los hombres y el tiempo de los dioses

Fuera uno, esta nota que en mi inaugura el ritmo,

Unida con la tuya se acordaria en cadencia,

No callando sin eco entre el mudo auditorio.

 

Mas no me cuido de ser desconocido

En medio de estos cuerpos casi contemporáneos,

Vivos de modo diferente al de mi cuerpo

De tierra loca que pugna por ser ala

Y alcanzar aquel muro del espacio

Separando mis anos de los tuyos futuros.

Sólo quiero mi brazo sobre otro brazo amigo,

Que otros ojos compartan lo que miran los míos.

Aunque tú no sabrás con cuánto amor hoy busco

Por ese abismo blanco del tiempo venidero

La sombra de tu alma, para aprender de ella

A ordenar mi pasión según nueva medida.

 

Ahora, cuando me catalogan ya los hombres

Bajo sus clasificaciones y sus fechas,

Disgusto a unos por frío y a los otros por raro,

Y en mi temblor humano hallan reminiscencias

Muertas. Nunca han de comprender que si mi lengua

EI mundo cantó un dia, fue amor quien la inspiraba.

Yo no podré decirte cuánto llevo luchando

Para que mi palabra no se muera

Silenciosa conmigo, y vaya como un eco

A ti, como tormenta que ha pasado

y un són vago recuerda por el aire tranquilo.

 

Tú no conocerás cómo domo mi miedo

Para hacer de mi voz mi valentía,

Dando al olvido inútiles desastres

Que pululan en torno y pisotean

Nuestra vida con estúpido gozo,

La vida que serás y que yo casi he sido.

Porque presiento en este alejamiento humano

Cuán mios habrán de ser los hombres venideros,

Cómo esta soledad será poblada un dia,

Aunque sin mí, de camaradas puros a tu imagen.

Si renuncio a la vida es para hallarla luego

Conforme a mi deseo, en tu memoria.

 

Cuando en hora tardia, aún leyendo

Bajo la lámpara luego me interrumpo

Para escuchar la lluvia, pesada tal borracho

Que orina en la tiniebla helada de la calle,

Algo débil en mi susurra entonces:

Los elementos libres que aprisiona mi cuerpo

Fueron sobre la tierra convocados

Por esto sólo? Hay más? y si lo hay adónde

Hallarlo? No conozco otro mundo si no es éste,

y sin ti es triste a veces. Ámame con nostalgia,

Como a una sombra, como yo he amado

La verdad del poeta bajo nombres ya idos.

 

Cuando en días venideros, libre el hombre

Del mundo primitivo a que hemos vuelto

De tiniebla y de horror, lleve el destino

Tu mano hacia el volumen donde yazcan

Olvidados mis versos, y lo abras,

Yo sé que sentirás mi voz llegarte,

No de la letra vieja, mas del fondo

Vivo en tu entraña, con un afán sin nombre

Que tú dominarás. Escuchame y comprende.

En sus limbos mi alma quizá recuerde algo,

Y entonces en ti mismo mis sueños e deseos

Tendrán razón al fin, y habré vivido.

 

 

 

1936

 

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,

Cuando asqueados de la bajeza humana,

Cuando iracundos de la dureza humana:

Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

 

En 1961 y en ciudad estraña,

Más de un cuarto de siglo

Después. Trivial la circunstancia,

Forzado tú a pública lectura,

Por ella con aquel hombre conversaste:

Un antiguo soldado

En la Brigada Lincoln.

 

Veinticinco años hace, este hombre,

Sin conocer tu tierra, para él lejana

Y estraña toda, escogió ir a ella

Y en ella, si la ocasión llegaba, decidió a apostar su vida,

Juzgando que la causa allá puesta al tablero

Entonces, digna era

De luchar por la fe que su vida llenaba.

 

Que aquella causa aparezca perdida,

Nada importa;

Que tantos otros, pretendiendo fe en ella

Sólo atendieran a ellos mismos,

Importa menos.

Lo que importa y nos basta es la fe de uno.

 

Por eso otra vez hoy la causa te aparece

Como en aquellos días:

Noble y tan digna de luchar por ella.

Y su fe, la fe aquella, él la ha mantenido

A través de los años, la derrota,

Cuando todo parece traicionarla.

Mas esa fe, te dices, es lo que sólo importa.

 

Gracias, Compañero, gracias

Por el ejemplo. Gracias porque me dices

Que el hombre es noble.

Nada importa que tan pocos lo sean:

Uno, uno tan sólo basta

Como testigo irrefutable

De toda la nobleza humana.