Continuación


 

El cuarto estaba casi oscuro, solamente la tímida luz de una vela sobre la mesa de noche iluminaba la habitación que súbitamente pareció tan cálida cuando ella entró. Cerré la puerta lentamente y esperé por un segundo antes de volver el rostro.

A la tenue luz de la vela, pude ver cómo ella se soltaba el cabello de la cinta blanca que estaba usando, dejando que una cascada dorada de imposibles rizos cayese sobre su espalda. Yo había soñado tantas veces con este momento pero la visión de la mujer que tenía entonces frente de mi estaba más allá de mi más loco sueño.

…………………

 

Miré alrededor de la alcoba y todo lo que pude ver parecía simplemente perfecto. El lugar era cálido y acogedor. Había una ventana con paneles corredizos con una linda vista de la calle bulliciosa. En la mañana esa misma ventana permitiría la entrada de los rayos solares a la recámara. A la izquierda había un escritorio de cedro con un ramo de rosas rojas. La cama estaba cubierta de un edredón tejido que era una verdadera obra de arte. Aún así, no pude apreciar mucho estos detalles a la primera vista, tan nerviosa e inquieta estaba. Nunca antes me había sentido con tanto miedo y tan feliz al mismo tiempo como me sentí en aquel momento.

Caminé hacia la ventana dando la espalda hacia él. Yo no ignoraba lo que esencialmente estaba por suceder entre nosotros aquella noche . . . pero más allá de mis conocimientos básicos proporcionados por mis clases en la escuela de enfermería yo era totalmente ingenua en cuanto al amor se refiere ¿Cómo se suponían que una mujer reaccionase en semejante situación? ¿Cómo podría yo enfrentar una intimidad semejante si sus meros besos derretían todo mi cuerpo?

Tratando de encontrar un alivio para mi mente confundida solté el moño que sostenía mi cabello. Un segundo después sentí las manos de él sobre mis hombros haciéndome volver el rostro para mirarle y ya no pude pensar más.


…………………

Cerré las distancia entre nosotros y alcancé sus hombros con mis manos. Cuando pude mirarla, noté que ella bajaba los ojos con timidez. Repentinamente se me ocurrió que aquella sería su primera vez y aún cuando esta simple idea me sobrecogía el corazón con un inmenso gozo, también me preocupaba enormemente. No quería asustar a esta joven sirena, a la cual yo había adorado y deseado desde mis años de escuela y que era, por un increíble y afortunado giro del destino, mi recién desposada compañera.

Levanté su mentón con una de mis manos usando la otra para abrazar su diminuta cintura. Le di un beso ligero como una mariposa y resistí con todas mis fuerzas para no continuar y finalmente liberar todas mis urgencias íntimas.

 
Pequeña pecosa – le dije suavemente – esta puede ser una experiencia única y maravillosa para ambos. No tengas miedo, yo voy a cuidar de ti. Descubramos juntos el secreto éxtasis que el amor tiene reservado para unos cuantos seres afortunados como tú y yo – susurré a su oído.
Ella levantó esos ojos acuosos ojos verdes suyos, pequeñas lagunas llenas de luz y temblorosas sombras, para mirar a los mío.


…………………

Cuando escuché sus palabras en mi oído sentí cómo mis miedos se desvanecían lentamente con el sonido de su voz que nunca había sido tan tierna como en aquel momento. De pronto supe que podía estar segura en su abrazo. Con nueva confianza miré en sus ojos azules y comprendí que él también estaba nervioso.
 
Estaré bien, Terri – logré decir con mi tono más suave, tratando de hacerlo sentirse mejor y después me sorprendí a mi misma añadiendo – Yo deseo estar contigo tanto como tú deseas estar conmigo.


…………………

Sus dulces palabras casi hicieron explotar mi sangre, pero tenía que mantener el control sobre mis inclinaciones naturales que me exigían tomarla justo ahí y en ese mismo momento. Sabía que tenía que ser paciente y tierno. Sólo la abracé muy ligeramente  mientras ella descansaba su cabeza en mi pecho. Podía escuchar su delicada respiración invadiendo mis sentidos con una mezcla de rosas y fresas silvestres.

Mi mejilla sintió el sedoso toque de su cabello dorado y desee más que nunca antes acariciar aquel caprichoso cabello ondulado. Poder desear y cumplir ese deseo al mismo tiempo era algo nuevo para mi, así que me embebí en aquel brillante laberinto dorado tan asombrado como la niñita sobre el puente ante la maravillosa melena de Candy.
 

Te digo un secreto – le murmuré al oído mientras acariciaba sus largos bucles – cuando era un adolescente, a veces pensaba que tú no eras real.

¿Qué era yo entonces? ¿Un duende? – se rió ella en mi pecho.

No . . . un hada con cabellera rubia increíblemente rizada – expliqué y mis palabras la hicieron alzar la cabeza y mirarme directamente a los ojos. No dijo nada pero supe que sus ojos sonreían.

Pero después – continué – comprendí que estaba equivocado.

Y te diste cuenta de que yo era sólo una chica -  concluyó ella.

Te equivocas – repliqué posando mi dedo índice sobre su naricita – me di cuenta de que eras un ángel . .  mi ángel  - dije ahogando mis últimas palabras en sus labios y pude notar que ella se estaba acostumbrando a mis besos porque respondió casi inmediatamente.


…………………

Y una vez más me volvió a besar . . . ¿Qué número de beso era aquél? No  podía ya saberlo. Desde nuestro segundo beso sobre el puente él había buscado mis labios tantas veces que era imposible llevar la cuenta.  . .Sin embargo, entendí que con cada nuevo encuentro con su inquietante boca mi cuerpo aprendía más y más de aquel hombre quien inesperadamente yo había tomado como esposo . . Pronto, sus caricias se volvieron más ardientes y pude sentir cómo mi cuerpo reaccionaba naturalmente a sus exigencias. Estaba tan perdida en sus besos en mi cuello que ni siquiera me percaté del momento en que él empezó a desabotonar mi vestido.


…………………

Desde nuestro abrazo sobre el puente Saint Michelle, yo no había tocado su cuello de nuevo, consciente del encantamiento abrumador de aquella caricia y siempre temeroso de perder el control sobre mis impulsos. Pero ahí, en medio de la penumbra de la habitación, estábamos saboreando por primera vez los placeres de la intimidad total ¿Qué podía impedirme compartir con mi esposa toda la pasión que había guardado sólo para ella?

Entonces mis manos alcanzaron los botones en su espalda y finalmente concluí que la profesión de costurera era ciertamente la más infame de todas ¿Cómo puede alguien urdir la idea de diseñar un vestido con más de veinte pequeños botoncitos? A pesar de mi fastidio, debo admitir que disfruté profundamente sabiendo que estaba a punto de develar una belleza con la cual yo siempre había soñado.

Una vez que hube terminado con el último de aquellos aborrecibles botones mis manos corrieron sobre su espalda sintiendo el delicado material de su corpiño y la suave piel que estaba expuesta hasta que alcancé su cuello el cual aún mis labios se encontraban disfrutando. Pude sentir el temblor de su cuerpo cuando mis manos retiraron suavemente los hombros del vestido y ella al fin se dio cuenta de que estaba a punto de quitarle la ropa.

…………………


Sentí cómo sus labios dejaron mi garganta y sus ojos se levantaban para mirar en los mío. Me creí hipnotizada por sus profundidades azul-verdoso a un  punto en que mis defensas regulares se hallaban a su nivel más bajo. Estaba consciente de que él siempre había tenido ese poder sobre mi, pero esa noche él estaba usando sus armas de seducción con todas sus fuerzas.  Pasó sus manos por mis hombros y noté que estaba ya desvistiéndome. Era como si estuviera acariciándome al mismo tiempo que hacía que el vestido cayera a mis pies.

Aunque no estaba realmente desnuda frente a él, me sentí tan preocupada por mi apariencia en ese instante que cada parte de mi cuerpo me pareció incómodamente imperfecta a mis ojos. No obstante, las primeras sensaciones de bochorno desparecieron tan pronto como él dulcemente me forzó a mirarlo directamente. Fue entonces cuando pude leer en sus ojos que él no estaba decepcionado. Pero el largo viaje más allá de los límites del pudor apenas comenzaba. Él me guiaba y yo supe que lo seguiría a dondequiera que él me llevase.

Con gran incredulidad vi como él tomaba mis manos y se las llevaba hacia su pecho.
 

Por favor, hazlo por mí – Me suplicó. Supe entonces que él quería que yo desabrochara su camisa y cuando vio mi expresión de perplejidad me animó con una de sus sonrisas traviesas que suelen volverme loca – No será la primera vez que lo hagas, mi dulce enfermera.- bromeó

Pero esta vez es diferente – argumenté débilmente

Ciertamente . . . pero imagínate que no es así.


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La observé mientras ella desabotonaba seriamente mi camisa, disfrutando con todas mis fuerzas una de las experiencias más eróticas que he tenido. Pronto me encontraba desnudo de la cintura para arriba guiando sus manos para que acariciara mi cuerpo. Percibiendo sus tímidos avances sobre mi pecho pude comprender cuán profesional ella había sido durante el tiempo que había cuidado de mi en el hospital. Sentí que ella también me deseaba, pero era tan deliciosamente tímida que no podía evitar su siempre presente rubor. Curiosamente, su timidez solamente contribuía a seducirme más.

 

 

No te imaginas lo que  provocas en mí, Candy – gemí roncamente – me has embrujado, mujer ¿Qué clase de encantamiento me has lanzado?

Solamente te he amado, Terri – respondió ella dulcemente, mientras sus dedos se movían a lo largo de mi torso y hombros haciéndome estremecer bajo su toque. – con todo mi corazón. Cada día de todos estos años nunca he dejado de pensar en ti . . .soñar contigo.
 

A este punto no pude ya contenerme más y la tomé en mis brazos estrujando cada una de sus tentadoras curvas contra mi cuerpo y clamando la humedad de su boca con mis recién ganados derechos de esposo.

Caímos al lecho y rodamos libremente hasta que yo me encontraba sobre ella, mi peso oprimiendo su cuerpo. Mis manos se sintieron libres de las ataduras que las habían mantenido quietas antes, empezando a explorar las finas líneas de su hermosa geografía, memorizando y registrando en mis sentidos lo que mis ojos ya habían aprendido de memoria desde la primera vez que se habían posado en ella. Yo había deseado a Candy desde la primera noche en la que la vi en la niebla. Aquella primera noche después de nuestro breve encuentro me fui a la cama pensando en aquella delicada flor silvestre con quien me había tropezado. Nunca antes una chica me había parecido tan segura y osada como aquella pequeña rubia con ojos que mataban con sus destellos verdes. Recordé cómo el suave material de su vestido flotaba sobre las delicadas curvas de su cuerpo adolescente. Mi mente atrevida no pudo evitar pensar intensamente en las delicias que el vestido cubría. Aquella noche me quedé dormido imaginando que develaba la gloria de su desnudez, reclamando para mi el derecho de poseer sus favores.

Pero ahora, la misma belleza, con un cuerpo más maduro y glorificado como correspondía a una mujer adulta, estaba atrapada en mis brazos, su respiración se hacían cada vez más agitada, sus brazos acariciaban apasionadamente mis flancos y espalda mientras que su boca se abría y se entregaba a mi exploración más audaz. Giré con ella suavemente para poder descansar sobre mi flanco izquierdo. Mis labios dejaron los de ella con cierta reticencia, sólo para asaltar con igual pasión su quijada y garganta. Quería devorara aquel cremoso y largo cuello.


…………………

¿Qué pasa cuando Terri me tiene en sus brazos? Todavía no lo sé, a pesar de los años . . .  Solamente atino a saber que él se convierte en el amo del juego sensual con su toque seductor e inconscientemente yo le sigo de buen grado.

Cuando llegamos a la cama sentí que nos movíamos hacia un mundo que yo nunca había imaginado. Desde ese momento todo fue descubrimiento. Nada que yo hubiese leído o visto pudo haber preparado mi mente para ese encuentro de piel y almas. Él navegó sobre mi cuello y garganta hasta que alcanzó mis hombros y sentí como deslizaba los tirantes de encaje de mi corpiño. No pasó mucho tiempo antes de que él estuviera dejando un rastro húmedo sobre mis hombros y brazos desnudos haciendo temblar todo mi cuerpo. Al mismo tiempo, pude sentir cómo sus manos recorrían mi cuerpo tocando con ávidos dedos y palmas,  lugares que yo había creído intocables, moldeando bajo la crinolina mis piernas y muslos como el alfarero moldea el barro.

Repentinamente él detuvo su abrazo apasionado al tiempo que sus manos subían. Levantó su torso y otra vez sus espadas azules penetraron mi espíritu con su mirada intensa. Lentamente, desató los listones que sostenían el corpiño y entonces recordé que aquella era la última pieza de ropa que yo tenía para cubrir la desnudez de mi pecho.

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Entonces mi boca llegó a la frontera de aquellas colinas blancas que el escote de su corpiño dejaba parcialmente al descubierto. En ese momento me di cuenta de que ella no estaba usando un corsé como la mayoría de las mujeres en ese tiempo. Sonreí interiormente ante este descubrimiento. Mi niña pecosa era una amotinadora aún en esos pequeños detalles, siempre yendo en contra de los códigos sociales con audacia temeraria. Y para mí, ese pequeño despliegue de insurrección femenina significaba que la belleza de sus turgentes senos que yo había admirado en secreto durante los meses en el hospital, siempre velada por su uniforme de enfermera, no era el resultado de un corsé ajustado sino su atributo natural.

Mi mano no pudo resistirse a satisfacer el febril deseo guardado por mucho tiempo, de tomar el tentador pecho de la mujer que amaba. El momento en que lo hice fue como si la gloria hubiese abierto sus puertas y me dejara ver los rayos dorados de la tierra celestial. Sus senos eran suaves y firmes a la vez; se ajustaban a mis manos perfectamente como si hubiesen sido hechos el uno para el otro.

No tomó mucho tiempo para que mis manos deshicieran los lazos de su corpiño. Por un momento detuve mi asalto sobre su cuerpo para contemplar solemnemente la gloriosa vista de mis manos desvistiéndola, mientras la excepcional vista de su torso desnudo se revelaba ante mi por la vez primera. Pude notar un ligero rasgo de nerviosismo en su rostro y una vez más me sentí temeroso frente a esa virgen que me había sido otorgada sin merecerla. La miré a los ojos y sostuve su delicado rostro en mis manos.
 

Eres la más hermosa criatura que jamás he visto, amor – le dijo con voz temblorosa – no te avergüences de tu belleza. Por favor, déjame compartir contigo los ocultos encantos del amor físico. Prometo que será placentero para ambos.


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Algunas personas dicen que soy bonita, pero yo siempre he dudado de su juicio. No obstante, en aquel momento Terri me hizo sentir tan hermosa y deseada como una Diosa Griega y repentinamente ya no me sentí apenada. Ni siquiera cuando empezó a cubrir mis rincones más sensitivos con sus besos, bebiendo mi alma desde mi pecho, o cuando sus manos terminaron el ritual liberándonos a los dos del resto de nuestras ropas.

No era la primera vez que yo lo veía desnudo, pero las circunstancias habían sido muy diferentes antes. Aquella ocasión en el quirófano yo solamente podía pensar en salvar su vida, pero en el cuarto de hotel, en medio de la penumbra, a penas iluminado por la luz de la vela, él era una visión para dejar sin aliento. Y yo estaba ahí, contemplando su masculina belleza, admirando por primera vez la gloriosa vista de nuestras diferencias, mientras él me miraba como si yo fuese la última mujer sobre la tierra.

Alcancé su rostro con mis manos y despejé su querida frente de un mechón rebelde de cabellos castaños. No sé lo que hice en ese momento, pero debí haber transmitido mis pensamientos a su corazón en un suspiro porque él me sonrió y su cara se iluminó con una llamarada que nunca había visto en él. Lancé mis brazos alrededor de su cuello y formalmente comenzamos nuestra mutua exploración el uno en el cuerpo del otro, en una aventura común que nunca nos habíamos atrevido a imaginar en toda su extensión.

Nos confesamos una y otra vez nuestro amor mutuo, a través de nuestras más conmovidas palabras, con nuestros labios, con cada nueva caricia que aprendíamos, en cada  latido que violentamente se aceleraba, con nuestros incomprensibles murmullos, a través de nuestras miradas y en cada pensamiento que adivinábamos en el otro. Era una especie de embeleso mágico, donde no había fronteras entre su cuerpo y mi cuerpo. El modo en que sus manos moldeaban mis curvas, y las mías sus músculos era solamente la lógica consecuencia de nuestra unión espiritual previa.


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Miré a mi esposa con deleite y me pregunté en qué momento mi ángel se había convertido en la seductora Afrodita que estaba entonces compartiendo mi lecho por primera vez. Era más hermosa que en mis sueños más ambiciosos y yo me sentía al mismo tiempo furiosamente atraído hacia ella y atemorizado ante su imposible belleza ¿Desaparecería si la tocaba de nuevo? Dudé, pero su dulce caricia en mi frente me dijo que, sin importar lo increíble de mi suerte, yo estaba ciertamente viviendo algo real. Mi corazón explotaba de gozo, así que no tuve otra alternativa que liberar el fuego que se incrementaba en mi a través de las caricias,  las cuales son el único medio que Dios ha creado para expresar aquellas cosas que van más allá de las palabras humanas.

Recorrí cada accidente de su bella geografía que se me ofrecía como un regalo generoso. Mis manos y labios midieron y probaron cada fragmento de aquel universo lácteo mientras mi pulso alcanzaba un ritmo que nunca pensé que podría sufrir y sobrevivir para contarlo. Lo que sea que yo había conocido como placer antes de esa noche se había vuelto pobre y ridículo en frente de aquella bendición hecha de deliciosas curvas y pulsantes valles. No pasó mucho tiempo antes de que todo alrededor mío se volviese dulces gemidos femeninos en mi oído, pétalos de rosa bajo las yemas de mis dedos, vasto horizonte de piel sedosa, una fuente de aromas perfumados que despertaban mis urgencias más íntimas mientras mis manos acariciaban la joya entre sus piernas.


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Lo que yo había deseado de su cuerpo no era nada comparado con lo que se me regalaba aquella primera noche. Aun cuando yo había pensado que me derretiría en su abrazo, terminé por darme cuenta de que estaba sobreponiéndome al primer choque y mi corazón comenzaba a pedirme acariciarlo más y más atrevidamente cada vez.  Con dedos temblorosos, muy novatos todavía pero llenos de amor, hice honor a cada parcela de su cuerpo firme mientras me maravillaba ante el suave contacto de su piel.

Nadie jamás me había dicho cómo una esposa debía complacer a su marido y, por otro lado, yo ignoraba la larga lista de prohibiciones que nuestra sociedad había creado para limitar la experiencia sensual en la mujer. Entonces, simplemente obedecí al único consejo sensato que una amiga me había dado: seguir mi corazón. Y de ese modo hice indiscriminadamente lo que el corazón me dictaba, descubriendo en cada nueva caricia aquellos rincones que encendía el fuego dentro de él.

Y sus avances, por su parte, más audaces a cada segundo, me estaban conduciendo a un precipicio de placer y pude sentir como un calor desconocido subía por el interior de mi vientre invadiendo todo mi cuerpo y haciéndome rebosar con la urgente necesidad de tenerlo aún más cerca. Más allá de un abrazo, lo más cerca que un hombre puede estar de una mujer.

No tuve que decirle lo que quería. Una vez más él leyó mi mente.


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Esta mujer que yo había conocido cuando éramos aún adolescentes. Esta mujer que yo había amado locamente desde siempre. Esta mujer que yo había perdido por mi estupidez en el pasado y que acababa de recobrar por gracia divina, la cual yo estaba seguro no merecer, estaba a punto de ser mía y sólo mía, porque yo estaba determinado no solamente a ser su primer amante, sino el único.

Miré con tierno fuego a sus ojos esmeralda y ella retornó la mirada con igual amor. Sabía bien que yo estaba a punto de tomarla y en medio de la pasión que su hermoso rostro revelaba había una extraña mezcla de solemnidad y gozo.
 

Sé mía – le susurré al oído bebiendo otra vez del embriagante perfume de sus cabellos – sé mi mujer, mi esposa. Sé uno conmigo.

No temas, tómame ahora – replicó ella y suavemente me introduje en ella descubriendo gozosamente que su cuerpo no luchaba demasiado para recibirme
 

Ella jadeó al primer toque, creo que fue por el dolor de su primera vez, lo cual me asustó de muerte. Nunca había estado con una virgen y me sentí horriblemente culpable por haber lastimado a mi Candy, quien era mi afecto más preciado.
 
Perdóname, amor – le supliqué abrazándola tiernamente mientras besaba sus labios una vez más.

No lo sientas. Solamente ámame, Terri – balbuceó ella entre mis besos.
 

Me quedé inmóvil por un momento eterno, dejándola acostumbrarse al supremo contacto de nuestros cuerpos, pero más tarde sentí que su tensión había desaparecido dejando espacio a una nueva necesidad de mi cuerpo dentro de ella. Sus caderas que se movían suavemente contra mí, me hicieron entender que el primer dolor había sido insignificante para ella y que estaba ansiosa de avanzar en nuestro abrazo íntimo.


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Algo que había faltado por una eternidad simplemente encontró su lugar cuando él me tomó en su entrañable abrazo. Entonces pude entender el significado de ser mujer, la razón última del amor que había sentido por él por tanto tiempo. Lo que había sido un misterio durante mi adolescencia, todos esos miedos y dudas e inseguridades, lo que había sido solamente añoranzas  por los años que siguieron a la separación, todo el dolor y el sufrimiento, todo se había desvanecido en un suspiro y yo estaba completa. Él era mío, estaba conmigo, en mi y un torrente de placeres exultantes comenzaban a alcanzar su clímax.
…………………
 
Entonces fue como si una luz cegadora cubriera mis ojos. Los siguientes momentos fueron cautivadores. Nunca antes había sentido un gozo y una angustia tan intensos al mismo tiempo, como si mi alma estuviera muriendo y volviendo a nacer con cada movimiento de mi cuerpo en ella. Olas de deleite abrumador cubrieron nuestros cuerpos con fuerza creciente mientras un fuego abrasador alcanzaba su calor más álgido en nosotros.

Así que esto era lo que hacer el amor significaba. Era algo más que sexo y yo nunca había experimentado un milagro como ese. Ella estaba ahí entregada a mis íntimas caricias sobre ella, alrededor de ella, dentro de ella. Su rostro transfigurado de pasión llamaba mi nombre en gritos profundos mientras sus brazos y piernas me abrazaban. Sorprendentemente, el hecho de saber que ella estaba disfrutando de nuestro intercambio amoroso era más placentero que mi propio placer.

Ella tensó su cuerpo y en un extraordinario despliegue de energía eléctrica llamó mi nombre y yo sentí que una desconocida corriente corría por mi espina dorsal al mismo tiempo. Era como si en un instante mágico nuestros cuerpos hubiesen sido llevados por el torrente de un sueño líquido arrastrándonos hasta que alcanzamos los placenteros prados de una tierra lejana, atrapados en una burbuja de apacible cansancio.

Me derrumbé sobre ella gimiendo roncamente y enterrando mi rostro en el hueco de su cuello. Ella liberó mi cuerpo del firme abrazo de sus piernas y ambos languidecimos aún unidos. Fue entonces cuando sentí una angustia inexplicable que corría por mi pecho, como un nudo dentro de mi corazón que se movía hacia mi garganta buscando una salida. El nudo alcanzó mis pulmones y cuerdas vocales con una fuerza propulsora y no se liberó hasta que rompí en llanto con sonoros sollozos.

Abracé a mi pequeño tesoro con renovadas fuerzas, temeroso de que ella se desvaneciese como un sueño. Me recuerdo a mi mismo llorando fuertemente y sin pena.
 

¡Candy, Candy, Candy!- repetí una y otra vez entre el llanto, sintiendo que mis sollozos no tendrían fin y apretando su cuerpo, al tiempo que ella respondía a mi explosión con una voz tranquilizadora y caricias tiernas.- Pensé que te había perdido para siempre – le confesé entre lágrimas – Vagué por la vida tan solitario y perturbado sin ti . . . Todo está tan oscuro sin ti.


Ella sonrió dulcemente como ella nada más sabe hacerlo, con esa sonrisa especial que sólo usa conmigo y con nadie más en la Tierra.
 

Yo también he estado muy sola sin ti, Terri. Está todo tan frío sin ti – murmuró ella – pero ahora nada nos separará otra vez. Soy tu esposa.
Sus palabras y cuidados cariñosos calmaron mi súbita angustia y en su lugar  una dulce paz invadió mi corazón. Caí en el más profundo y callado de los sueños como yo jamás había disfrutado, un sentimiento de plenitud llenó mi corazón. Después de una eternidad de añoranza, mi alma había alcanzado su mitad perdida.


…………………


 
Un segundo después que él había alcanzado el cielo yo me le uní y después de eso todo fue una suave caída, como plumas flotando en el aire hasta posarse sobre las calladas aguas de una laguna cantarina. Él lloró en mis brazos y yo también lloré con él. Tantas veces me había dicho a mí misma que nuestro amor estaba muerto, que no había esperanzas de verlo otra vez a pesar de que ambos estábamos vivos . . . Y ahí nos encontrábamos, haciendo chocar nuestros dos universos en un sólo milagro. Después de eso, todo fue paz y realización.

Yo había abandonado la condición de doncella para alcanzar un estado superior. Era una mujer . . . su mujer.
 


El dulce sonido de una antigua melodía invadió los sueños de Candy. Ella reconoció las notas y su corazón se fue llenando de un delicioso jarabe. En el pasado el simple recuerdo de esa canción la hubiese hecho llorar, pero después de haber probado la más deliciosa ambrosía del amor los recuerdos tristes parecían haberse enterrado en una tumba lejana donde ya no podían lastimarla.

Abrió sus ojos de malaquita y pudo distinguir una silueta masculina sentada a su lado. Su alma saltó de gozo cuando ella finalmente percibió que él estaba tocando la vieja armónica que una vez ella le diera. La había guardado todo ese tiempo, con el mismo cuidado con el cual él había preservado su amor por ella.
 

Hola – dijo él en medio de la oscuridad cuando se dio cuenta de que ella se había despertado.

Hola – contestó ella con una sonrisa que no había usado nunca antes en toda su vida.

Es como si estuviésemos en una burbuja mágica y no hubiesen más preocupaciones más allá de este amor ¿No lo crees? – preguntó él jugando con uno de los rizos de ella, los cuales cubrían la almohada en seductor desorden.

¿Acaso he estado alguna vez en otro lugar que no sean tus brazos? No me acuerdo de ello – dijo ella ladeando el cuerpo y extendiendo los brazos para abrazarlo. Él recibió a su esposa rodeándola con sus caricias en su cabello caprichosamente rizado y sobre la piel desnuda de su espalda, caderas y muslos, mientras ella enterraba la cara en el pecho del joven.

Sin embargo, debemos siempre recordar que afuera de esta habitación, hay un mundo que parece estar en contra de nosotros – murmuró él al oído de la joven – Energías extrañas, más allá de cualquier voluntad humana que nos separaron una y otra vez. Pero también hubo fuerzas que nos arrastraron hasta acercarnos, el poder de este amor nuestro, que ha probado ser más fuerte que el tiempo y el destino.

El tipo de amor que dura para siempre, querido mío – dijo ella levantando el rostro al tiempo que sus labios buscaron de nuevo el camino hacia la boca del joven. Los labios de él alcanzaron los suyos a la mitad el camino  mientras el beso se hacía más profundo el silencio reinó en el cuarto a media luz.

Cuando te perdí – trató él de comenzar una explicación entre la lluvia de besos – yo...

¡Sshh! – dijo ella besándolo de nuevo – no hables de eso  . . .  no hay necesidad de ello – y ella silenció las palabras del joven con el voluptuoso encanto de sus caricias – Hazme el amor de nuevo – fue la última cosa que ella dijo en un tono que era una mezcla de ruego y mandato. Terri no necesitaba más instigación que esa.
 
 

 


En el filo del gozo                                                              

Tu sabor se anticipa entre las uvas
Que lentamente ceden a la lengua
Comunicando azúcares íntimos y selectos.

Tu presencia es el júbilo

Cuando partes, arrasas jardines y transformas
La feliz somnolencia de la tórtola
En una fiera expectación de galgos

Y, amor, cuando regresas
El ánimo turbado te presiente
Como los ciervos jóvenes la vecindad del agua

Rosario Castellanos

Ella se desplomó sobre él totalmente exhausta, descansando su cabeza dorada sobre el pecho del joven. Las mejillas de la muchacha disfrutaron el suave contacto con la piel de él sobre los bien definidos músculos de su pecho, mientras la mano derecha de la muchacha trazaba la línea de la cicatriz a lo largo de una de sus costillas, en su lado izquierdo. La respiración de él empezó a normalizarse poco a poco,  pero todavía estaba demasiado abrumado por el reciente éxtasis. El joven simplemente se quedó inmóvil disfrutando la sensación del peso de Candy sobre de él, la gloriosa presión del pecho de ella sobre su pecho, el largo de las piernas de ella enredadas con las suyas, sus manos haciendo maravillas sobre su torso y el íntimo contacto de sus cuerpos.
 

Antes de todo esto – dijo él finalmente con voz enronquecida – quería decirte algo, pero no me dejaste.

No hay una buena razón para hablar del pasado, amor – murmuró ella.

Yo creo que la hay – insistió él

No la veo – dijo ella con un suspiro, comenzando a sentirse adormilada.

Hay algunas cosas que me pasaron y que quiero compartir contigo ¿No estás interesada en saberlas? – preguntó él.

Estoy interesada en todo lo relacionado contigo, pero no si hablar de ello va a lastimarte – apuntó ella dulcemente.

Me sentiré mejor diciéndolo . . .además, no quiero que te enteres de esas cosas por chismes. Prefiero decírtelas yo. También hay cosas buenas en mi historia que me encantaría compartir contigo – añadió.

Siendo que es tan importante, adelante. Te escucho – dijo ella dándose por vencida mientras descansaba su cabeza sobre el pecho de él con un suspiro de resignación.


Él levantó sus brazos para abrazar el cuerpo de la joven bajo las sábanas y acariciando su espalda suavemente empezó su historia:
 

Candy, hay una parte de mi vida de la cual no me siento orgulloso. Cuando rompimos, primero pensé que yo podría superar la pérdida. Solamente me engañé,  pero pronto me di cuenta de que yo no era tan fuerte como creía. Cada vez que estaba con Susana, solamente podía pensar en ti y el recuerdo de nuestro amor eran tan torturante que empecé a beber mucho.

Antes de que me diera cuenta me había vuelto alcohólico y abandoné mi trabajo, dejando Nueva York y a Susana detrás de mi. Candy,  me dije entonces que la vida no valía la pena sin ti y en mi vergonzoso extravío traté de huir de mis problemas en lugar de enfrentarlos .Como había perdido mi trabajo, comencé a trabajar para un show ambulante de la peor clase. Te hubieses avergonzado de mi si me hubieras visto entonces . . .


Candy levantó la cabeza del pecho de su esposo donde descansaba para mirarlo directamente a los ojos. Se preguntó internamente si debía dejarlo continuar en su penosa confesión o revelarle que ya conocía la historia. . .   Pero ella misma se detuvo pensando que podría ser aún más difícil para él descubrir que ella lo había visto en esa triste época de su vida.

La joven le lanzó una mirada tan enternecedora que de algún modo él se sintió confortado y decidió continuar con su historia.
 

Un día ese grupo teatral viajó a Chicago, querida mía, y tal vez el hecho de que yo sabía que tú vivías ahí, junto con las toneladas de whisky que yo solía consumir en esos días, me hicieron tener una visión de ti cierta noche.

¿Qué? – preguntó Candy sin poder creer lo que acababa de escuchar.

Una noche durante mi presentación – explicó Terri mirando a los ojos confundidos de su esposa – vi tu rostro en medio del público. Era sólo mi imaginación pero . . .

¡Me viste! – exclamó ella pasmada mientras levantaba su torso usando los brazos para sostener su peso - ¡No puedo creer que realmente me viste, como dijo tu madre! – dijo la joven sin poder reprimir su asombro.


Entonces llegó el turno de Terri para sorprenderse. Las palabras de Candy le revelaban repentinamente la abrumadora verdad que él estaba renuente a creer.
 

¿Qué quieres decir con eso?¿Y qué tiene que ver mi madre en todo esto? – preguntó él sumamente confundido – No me vas a decir ahora que tú estabas realmente ahí . . .¿O si?

¡Ay, Terri, realmente me viste! – dijo ella conmovida, lanzando sus brazos alrededor del cuello del joven -¡Sí, Terri, yo estaba ahí, pero nunca pensé que me pudieras haber distinguido en la oscuridad del lugar, amado mío, y debes saber que nunca he estado avergonzada de ti. Ciertamente me sentí triste de verte en esas condiciones, y un poco enojada de que estuvieras desperdiciando tus preciosos talentos, pero muy dentro de mi yo supe que terminarías por conquistar tus demonios, como realmente lo hiciste.


Candy le contó a Terri su versión de la historia y también le explicó su encuentro con Eleanor Baker. Por su parte, el joven habló del efecto que la aparición de Candy había tenido en él y las decisiones que tomó después de aquel momento. La pareja apenas podía creer cómo las piezas del rompecabezas encajaban tan perfectamente formando todas juntas el conmovedor cuadro del poema de amor que ambos compartían.

Continuaron hablando acerca del incidente y pronto la conversación cubrió otros momentos en el pasado cuando habían estado tan cerca de un reencuentro y las cosas habían acabado por impedirles verse. Revisaron los eventos y los sentimientos que habían experimentado en esos momentos y por la vez primera comenzaron a comprender el misterio del lazo invisible que los unía.

Aquella ocasión cuando ella había corrido para verlo en Southampton, pero no había conseguido llegar antes de que el barco zarpase, mientras él había escuchado la voz de ella en la distancia, sin creer en el llamado de su corazón. El invierno siguiente cuando ella había llegado al la Colina de Pony sólo unos minutos después de que él había estado ahí. Los insistentes dolores en sus corazones desde que habían llegado a Francia, la creciente inquietud durante aquella noche nevada en la cual se habían reencontrado, y la angustia de Candy la noche que él había sido herido . . .todo comenzaba a cobrar sentido.
 

Siempre has estado aquí adentro – dijo ella apuntando a su corazón – puedo sentirte como siento mis propios latidos ¿Ves? Y ahora sé que aún cuando el destino te alejó de mi tantas veces, tu nunca te fuiste, en realidad .Ahora que estás aquí conmigo entiendo que este amor estaba destinado a sobrevivir.

¡Candy! – suspiró él acariciando la mejilla de la joven con el ligero toque de la yema de sus dedos – Este amor siempre ha estado destinado a sobrevivir. Siempre habías estado en mi, en mis sueños, tal vez hasta antes de conocerte y desde entonces siempre has sido tú – y luego él añadió sonriendo con gran alegría – La voz en el barco, la presencia en la Colina de Pony, el rostro en el teatro ambulante, el dolor en mi corazón . . . y ahora, la mujer en mis brazos.


El joven actor abrazó a su querida esposa fuertemente, besando ligeramente el lóbulo de su oreja y susurrándole repetidamente en el oído que ella era su ángel de la guarda. La joven respondió con un ronroneo apagado que encendió de nuevo el fuego dentro de él.
 

Candy, por favor – rogó él en un murmullo – dime de nuevo que me has amado a pesar del paso de los años y  que has soñado conmigo tanto como yo contigo . . . dime que estabas esperando este momento.


La joven respondió con un rastro de besos sobre el pecho y cuello de él, mientras avanzaba en su camino hasta los labios del joven.
 

He pensado en ti, soñado contigo, y solamente he sido tuya – dijo ella entre los besos – De hecho, debes saber algo – añadió alzando su bello rostro para mirarle a los ojos – Me enojé contigo aquella noche que había salido con Yves por una simple razón. Dijiste que querías borrar de mis labios cada beso francés que había recibido, y yo me sentí muy ofendida porque hasta entonces yo solamente había sido besada una vez . . . por ti – confesó ella – Terri, yo solamente conozco el sabor de tus besos – logró decir antes de que su esposo la condujera de nuevo hacia el inextinguible fuego de la pasión que compartían.
 
 


¿Ya quieres separarte de mí? Aun falta mucho para amanecer:
el canto que ha llegado a tus inquietos oídos es el del ruiseñor,
no el de la alondra; toda la noche está cantando en aquel granado.
Créeme, amor mío, era el ruiseñor.

Es la alondra, que anuncia la mañana, y no el ruiseñor.
Mira, amada mía, esos rayos de luz envidiosa
que atraviesan las nubes se han apagado; y en la cumbre de las montañas
cubiertas de brumas, se alza de puntillas la alegre mañana.
He de marcharme y vivir o quedarme y morir.

William Shakespeare

 

Ella abrió de nuevo sus ojos sintiendo cómo la tímida luz solar comenzaba a acariciar su rostro. La aurora estaba levantándose en el horizonte y Candy se despertó del sueño que había vivido en brazos de Terri. Lentamente se desenredó de su abrazo y sintiendo una furtiva ráfaga que presagiaba la llegada del otoño, se levantó para  cerrar la ventana. Calladamente se pudo la combinación y con los pies desnudos se acercó a la ventana. Afuera, una pequeña alondra estaba cantando en la cornisa.

Candy llenó sus sentidos de la fragancia de aquel nuevo día y claramente sintió la muda explosión en su corazón. Aquella mañana dichosa ella se había despertado siendo la Sra. de Terrence Grandchester y la absoluta verdad de la noche apasionada que habían pasado juntos iluminaba su alma desde el altar de su  nuevo cuerpo. Sin embargo, la canción matinal de la alondra era también señal de la separación que ella había temido por mucho tiempo, mismo evento dramático que estaba solamente a unas cuantas horas de hacerse realidad.
 

¡Candy! – la llamó una adormilada voz masculina desde el lecho y ella inmediatamente respondió al llamado de Terri.

Sigue durmiendo, aún no es hora – dijo aproximándose a la cama y tomando una vez más su lugar en los brazos de él.

¿Dirás que es el ruiseñor lo que estoy escuchando, mi dulce Julieta? – musitó él con una carcajada sofocada.

Ojalá pudiera decir eso – respondió ella comenzando a experimentar la terrible lucha entre su deseo de ser fuerte y su inminente tristeza.

Venga la Muerte y será bienvenida, pues así lo quiere Julieta . . .¿Qué dices mi alma? Hablemos que aún no es de día. – recitó él mientras retorcía en su dedo índice uno de los rizos dorados de la joven.

¡No digas esas cosas, Terri! – le regañó ella con una risita melancólica – Esta no es una obra de teatro.

Lo sé, porque nunca me he sentido tan feliz después de una de mis actuaciones. Este es un gozo de una naturaleza superior – explicó él.

Sé a lo que te refieres – asintió ella – pero  ahora trata de dormir por lo menos otra hora.

Tengo una idea mejor – replicó con una de sus miradas traviesas en sus ojos azules -¡Tomemos un baño juntos!

¿Qué?


El joven no contestó y sin mayor protocolo se puso de pie estirándose a todo su largo.
 

¡Terri! – gritó ella arrojándole una almohada mientras un furioso rubor le cubría las mejillas.


El joven  interceptó el proyectil y después de un segundo de deliberación interna para encontrar la razón de aquel ataque, comprendió que la joven se había escandalizado ante su propuesta tan liberal y ante la vista de su desnudez a la luz de la mañana. El encontró esa reacción sumamente graciosa y el lado de él que siempre estaba listo para gastar una buena broma se despertó de nuevo, poniéndolo de muy buen humor.
 

¿Por qué se sentiría intimidada mi esposa? – preguntó aproximándose a la cama con movimientos felinos. El joven tomó el rostro de Candy en sus manos, sonriendo maliciosamente – Dime, Candy ¿No fuiste tú la mujer con la cual compartí mis más íntimos secretos anoche? ¿Vas a ponerte tímida conmigo de nuevo?

¡No me estoy poniendo tímida! – replicó ella levantando su nariz orgullosamente.

Entonces toma un baño conmigo – la retó él – Demuéstrame que eres la misma chica atrevida que siempre he conocido.

Bueno . . . yo – dudó ella – no creo estar de humor para un baño ahora . . .

¡Excusas! – respondió él – pero no las aceptaré.


Y con esta última afirmación categórica el joven tomó a su esposa en los brazos  mientras ella gritaba pidiéndole que la bajara, pero como ella mezclaba sus exigencias con abiertas carcajadas el joven no puso mucha atención a las demandas de la muchacha.

Dentro del cuarto de baño Candy trató de resistir por un rato, pero él ganó fácilmente la contienda porque su oponente no quería realmente rechazar la invitación. Sólo le tomó unos cuantos cosquilleos y besos para hacerla recuperar la confianza y asumir que la desnudez no está solamente reservada para los juegos en el lecho. Pronto la combinación de seda estaba en el piso y ellos estaban en la bañera jugando y salpicándose como dos niños pequeños.
 

¿Eras siempre tan malcriada cuando la Señorita Pony te bañaba? – preguntó él riendo.

Haré como que no escuché eso – replicó ella haciendo un puchero.

Supongo que eras una de esas niñitas tercas que odian el agua y el jabón. Por eso es que tienes tantas pecas. Es un castigo por tu mala conducta.

¡Ahh! ¡Puedes ser verdaderamente insoportable cuando quieres! ¿Sabías eso? – dijo la rubia soplándole espuma a la cara.

¡Oye! ¡Eso fue muy grosero de tu parte! Creo que tendré que hacer lo que esas dos buenas mujeres que te educaron debieron haber hecho- dijo él fingiendo seriedad.

¿Qué?

Darte una buena tunda – dijo él y ella se retiró defensivamente, tratando de dejar la tina antes de que él pudiera hacer algún movimiento. No obstante, el joven se movió más rápidamente y la asió por el brazo, jalándola hasta que ella estaba de nuevo en sus brazos.

Comienza a contar mientras te golpeo – dijo él comenzando a besar los hombros y espalda de la joven, pero ella no pudo llevar la cuenta.
 
 

 

Continuaron jugando y acariciándose tanto como pudieron, pero como el tiempo no se detiene para nadie, sea hombre o mujer, y a pesar de su reticencia, la joven pareja finalmente dejó el baño. Usando el lenguaje silencioso que habían desarrollado, los dos se alistaron para dejar el hotel. Ella ofreció al joven su ayuda para cortarle el cabello usando una navaja que él tenía consigo, a fin de que volviera a lucir el corte militar cuando llegara a Verdun.

Él se sentó frente al espejo mientras ella realizaba la tarea con manos rápidas. Al tiempo que las sedosas hebras castañas caían al suelo, el joven no quitaba los ojos de las estrellas color esmeralda que se reflejaban en el espejo. Por la primera vez en la mañana él comenzó a pensar seriamente en la inminente separación, sintiéndose terriblemente frustrado por no poder disponer de más tiempo para compartir con la persona que amaba más. Aún así, se prometió a sí mismo ser fuerte de modo que las cosas fueran más fáciles para ella.

Después de que ella hubo terminado, Terri se miró con cierto fastidio y la muchacha se rió suavemente de la resistencia del joven a usar el cabello tan corto. Mentras él se afeitaba en el baño, ella recogió los cabellos castaños del piso y tomando un mechón lo ató con uno de los listones que retiró de su crinolina.

Candy suspiró profundamente, sintiéndose un poco extraña y excitada con la nueva sensación que le causaba jugar el papel de esposa que ella siempre había soñado, aunque fuese sólo por un breve instante. Luego se aproximó al escritorio y tomando una de las rosas rojas del florero de cristal, aspiró el perfume de la flor pensando en el futuro que le esperaba tan pronto como la guerra terminase y ella y su esposo pudieran regresar a casa.

Unos minutos después partieron hacia la estación del tren.
 
 


Terrence miró a su esposa, aún sin poder creer del todo lo que había vivido durante las horas precedentes. Siempre que su mente volvía a representar los hechos se sentía triunfante y completo. Tal como lo había decidido previamente, estaba haciendo su mejor esfuerzo para mantener una actitud optimista. Sin embargo, no pudo evitar la estocada en el pecho cuando escucharon al empleado de la estación llamar a los pasajeros que partían para Verdun en el tren de las nueve de la mañana.
 

Te escribiré todos los días, aún si las cartas no pueden ser enviadas con tanta frecuencia – murmuró él abrazándola  con fuerza – Prométeme que te vas a cuidar, ángel.

Lo haré . . . Tú por favor cuídate mejor esta vez – suplicó ella con el rostro escondido en el pecho de él.

No te preocupes, mi amor, estaré bien – replicó él y diciendo estas últimas palabras buscó los ojos de ella – Escucha Candy , y escúchame bien . . . Cuando la guerra termine habrá mucha confusión y desorden. No me esperes. Toma el primer barco hacia América con las demás personas de tu equipo médico y espérame en Nueva York. Tienes mi dirección y la de mi madre. Cuando yo llegue te buscaré y te prometo que pasaré el resto de mi vida haciéndote feliz.

Ya me estás haciendo feliz – corrigió ella.


El empleado de la estación volvió a urgir a los pasajeros a subir al tren.
 

Terri, - musitó Candy mientras se llevaba las manos al cuello – Conserva esto . . . – dijo ella poniendo al cuello del joven su crucifijo dorado – Esto ha estado conmigo desde que dejé el Hogar de Pony por primera vez cuando tenía 12 años. Te protegerá  y como siempre ha vuelto a mi . . . seguramente te traerá de vuelta a mis brazos muy pronto – murmuró con voz enronquecida, luchando desesperadamente por contener las lágrimas.

Entonces, por favor tú cuida esto por mi – dijo él dándole su anillo de esmeralda- esa noche amarga en Nueva York cuando te fuiste sin dejarme verte a los ojos una vez más, me sentí  tan perdido que por meses tuve pesadillas al respecto – explicó el hombre con una voz suave que conmovió a Candy hasta la médula.

Mi amor – susurró ella y lo hubiese abrazado más fuertemente si él no la hubiera forzado a continuar mirándolo mientras terminaba su explicación.

Después de aquella vez que me viste en el teatro ambulante, yo estaba ya de regreso en Nueva York, buscando un regalo para el cumpleaños de mi madre cuando vi este anillo – continuó él – Al momento en que lo descubrí me di cuenta de que tenía exactamente el mismo color de tus ojos. No dudé un instante e impulsivamente lo compré para tener un recuerdo de los ojos de la mujer que había sido mi luz . . . esos ojos que no pude ver por última vez. Pero ahora, después de las cosas que han pasado,  no creo necesitarlo más porque tengo la preciosa memoria de tus ojos confiándome tu amor por este hombre que aún no se siente merecedor de esta alegría. Quiero que conserves el anillo mientras yo estoy lejos y cuando nos veamos de nuevo, te regresaré tu crucifijo y tú me darás mi anillo . Además, puedo perderlo en el Frente uno de estos días. Estará más seguro en tus manos.


La joven tomó el anillo y lo guardó en su bolso junto con el mechón castaño. Un segundo después ella levantó sus ojos y lo contempló, aún profundamente conmovida por la historia que él le acababa de contar.
 

¡Te amo tanto que creo que voy a explotar – le dijo ella y después de eso ambos se besaban como si no lo hubieran hecho en siglos.

¡Terri! – exclamó ella abrazándolo tan apretadamente que él pensó que ya no podría volver a respirar. La joven rodeó el cuello de él con sus brazos y con los ojos cerrados elevó una oración secreta.
 

 

 

El tren empezó a moverse y el joven, apartándose del abrazo de la chica, saltó en él.
 

Recuerda – dijo él – Ahora somos uno. Soy tuyo  . . . tú eres mi esposa. Nunca lo olvides. Siempre seremos uno.


La joven agitó su mano asintiendo a cada una de las palabras del joven mientras el tren se alejaba acelerando más y más. En unos cuantos segundos, era sólo un punto en el horizonte y la muchacha sobre el andén finalmente lloró con sus sollozos más tristes.
 

Has sido muy valiente, ahora puedes llorar todo lo que necesites, hija mía – dijo una profunda voz al tiempo que una mano cálida reposaba sobre el hombre de Candy protectoramente.

¡Padre Graubner!-. exclamó la joven arrojándose en brazos del sacerdote - ¡Siento que el ejército me está desgarrando el alma! -  dijo ella entre sollozos.

Y ciertamente es así – contestó el hombre dando palmaditas en la espalda de la muchacha en un gesto reconfortante – Pero esta guerra va a terminar antes de lo que crees y él regresará a ti muy pronto . . . ya lo verás.


El cura y la joven permanecieron en el andén por un largo rato. Graubner había ido a la estación con la intención de despedirse de Terri, pero cuando había visto desde la distancia los tristes adioses de la pareja, pensó que sería una blasfemia interrumpir y había preferido esperar hasta que el joven hubiese partido para ofrecer el apoyo moral que la joven esposa necesitaría.
 

¡Duele tanto!- repuso ella tristemente.

Entonces, llora un poco más, hasta que te quedes sin lágrimas . . . Luego será tiempo de empezar a rezar. Entonces rezaré contigo – prometió él


Arriba, gruesas nubes cubrieron el firmamento y una ligera neblina empezó a caer sobre París.
 
 


Nuevo Milenio

El primer día
La mujer repitió en voz baja las palabras;
“Hágase la luz”
al abrir las persianas,
descolgó una botella de suero semivacía
la puso en el cesto con los algodones, gasas
y cinta adhesiva
y la luz se hizo en la recámara.
Encendió la radio, las notas de una
Flauta dulce
Nombraron al día por su nombre
Entonces ella se atrevió a nombrarlo también
Segura de que la noche había terminado

El segundo día
Recogió agua de lluvia y la calentó con sus
Manos
Hasta hacerla mansa como el cuerpo del
Hombre que yacía en la cama
Sus dedos lo humedecieron despacio
Después de secarlo
Lo envolvió en sábanas lavadas con manzanilla
Y luna.

El tercer día
Ungió sus yemas con sábila para alisar
El surco
Amasar con savia blanca la flacidez de brazos
Y piernas
Para dar fuerza a los músculos
En esa tierra aún fértil

El cuarto día
Mientras  pasaba el rastrillo por las
Barbas jabonosas
Le habló del sol y de las estaciones
Hasta que él retomó el tiempo que parecía
Haberse detenido

El quinto día
Cerró los periódicos con fotografías de
Guerras y temblores,
Al romper una receta que había quedado
Sobre el buró
Rogó que los años por venir se multiplicaran
Como las aves y los peces
Y poblaran la casa que había estado un tanto
Abandonada.

El sexto día
Pulió con paciencia de alfarero el torso
Varonil, el cuello, la cabeza
Repasó una y otra vez el bordo de la oreja
Presionó con firmeza las planta de los pies
Acercó su boca hasta infundirle su aliento
Ayudó a incorporarse a ese hombre
Cuya imagen no era semejante a ella
Y vio que lo hecho era bueno.

El séptimo día
El olor a café y pan recién horneado la fue
Trenzando a él
Se tendió a su lado
Antes de descansar decidió contar de nuevo
Los dedos uno a uno
Pasó su lengua entre ellos
Encontró gozo en moldear con sus manos un
Poco del barro que había quedando blando
Hasta darle forma
El séptimo día no hubo reposo

Teresa Riggen

 

Continuará...
 
 

 

Lo que acaban de leer es mi respetuoso tributo al amor de Candy y Terri y espero no haber ofendido a nadie. El mérito de estas líneas no es todo mío. Debo mucho a Nila Bourassa por ser mi inspiración en algunas partes de este capítulo y también a Michelle (Michie), quien es mi más severa y útil crítica. Muchas escenas fueron mejoradas gracias a sus invaluables sugerencias.

Ahora, estamos a sólo dos capítulos del final. Ha sido una larga jornada para todos nosotros, y especialmente para Candy y Terri. Oremos con nuestra heroína y nuestro querido sacerdote para que Dios proteja a Terrence mientras arriesga su vida en el Frente Occidental.

Gracias también a Elaine, Sophie y Misanagi por toda su ayuda y entusiasmo. Misa, tú eres mi termómetro emocional, muchas gracias.

ALYS AVALOS

 

NOTA CULTURAL:

Jacques Prévert era una persona real quien tenía 18 años y vivía en París cuando Candy y Terri contraen matrimonio en esta historia. Prévert se convertiría verdaderamente en un poeta famoso y uno de los guionistas de cine más connotados de Francia. Algunos de sus poemas fueron hechos canción. La canción que nuestro héroe traduce en este capítulo se llama “Les Feuilles Mortes” (Las hojas muertas) y se hizo famosa durante los años 50’s.

 

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