Capitulo 2

 

Él caminó rumbo a su habitación, le dolía todo el cuerpo y un baño caliente le haría bien, cuando pasó enfrente de la puerta de Bulma pudo escuchar claramente sus sollozos, por alguna razón se detuvo frente a la puerta “¿Bulma-san,?” preguntó con su habitual tono de voz, ella no respondió de inmediato “¿Qué quieres?” “¿Ocurre algo malo?” preguntó “Hey un momento!... ¿Por qué rayos habría de interesarme por lo que le pase?... bueno ella vendó mi herida anoche... supongo que se lo debo” pensó para sí, “No es un asunto de tu incumbencia, Vete!” le respondió aún entre sollozos, “Bueno ya esta! Me he hartado, no tengo por que soportar esto, que haga lo que quiera!!” pensó y se dispuso a marcharse pero una voz lo detuvo “V-Vejita yo... lo siento... no quise hablarte así, discúlpame” Bulma estaba cabizbaja y sus ojos estaban enrojecidos aún inundados por las lágrimas.

“¿Qué ocurre, por qué estás así?” preguntó nuevamente, ella evadió la pregunta con otra “¿Quieres pasar?” él aceptó, su curiosidad ya era demasiado fuerte y no pudo rechazar el ofrecimiento y entró, ella se sentó en el borde de la cama y él se recargó contra la puerta ahora cerrada “¿Vas a decirme qué rayos te ocurre?” le volvió a preguntar ahora un poco exasperado, ella no dijo nada por un rato y después solo susurró “Yamcha” “¿Qué pasa con él?” le pregunto fingiendo interés, “Él me dejó plantada y se fue con otra mujer... de nuevo” Bulma empezó a llorar en silencio “Hummp! No sé por qué te preocupas, siempre hace lo mismo” le dijo deseando terminar la platica, era obvio que su curiosidad se había esfumado, “P-pero es que hoy... hoy era nuestro aniversario como novios y él... se fue con...” Bulma ya no pudo terminar la frase, se dejó caer en el suelo sollozando.

Vejita estaba confundido, no sabía qué hacer pero para su sorpresa sentía el fuerte deseo de ayudarla, de consolarla, de aliviar su dolor... pero ¿por qué?, eso no lo sabía, la vio llorar unos minutos antes de arrodillarse a su lado y poner su mano en su espalda “No vale la pena que llores por ese imbécil” su voz era muy suave lo cual la desconcertó “Pero...” “Sí tanto te hiere, déjalo” Bulma no había contemplado esa perspectiva ¿dejar a Yamcha? Y ¿luego qué? Ella no quería estar sola pero siempre había sido lo mismo, ella siempre lo perdonaba y volvía con él.

Tuvo que admitirlo, amaba a Yamcha pero él no era lo mejor para ella, pero también pensó que en cuanto empezara a sentirse sola otra vez volvería con él, “N-no creo poder hacer eso, Yamcha y yo...” “Ha! ¿Puedes pasártela gritándome noche y día sin ningún problema y no puedes decirle que terminas con él? Vaya pues entonces eres mucho más patética de lo que yo pensaba” Con eso él esperaba regresarla a su orgullo y lo consiguió “¿Cómo que patética?!!” “Estas adherida a ese pobre diablo, él es patético pero estar con él sin poder ser firme en el momento más importante te hace a ti aún peor” le dijo esbozando su cruel sonrisa, eso la golpeo como un mazo, por mucho que le doliera admitirlo él tenía razón, tenía que ser firme, ya estaba decidido, no volvería con Yamcha jamás.

“Sí supongo que tienes razón.... gracias Vejita” le dijo levantándose del suelo y limpiando sus lagrimas, “Bueno yo ya me voy tengo mejores cosas que hacer” “Vejita” “hummmp?” “¿Tienes... hambre”? ella le dedicó una sonrisa y el se la correspondió curveando ligeramente sus labios “Sí un poco, pero la verdad es que prefiero darme un baño en este momento” hasta ese momento Bulma se percató de algunos rasguños en el cuerpo de Vejita, “Con ese entrenamiento tan salvaje uno de estos días vas a acabar matándote” le dijo evidentemente más recuperada, le sorprendía la manera en que su presencia, en cierto modo la relajaba o tranquilizaba, “Eso te haría feliz ¿no?” le dijo sonriendo, pero a ella no le hizo gracia el comentario, ¿en serio la haría feliz que estuviera muerto?, tal vez sí hace un año pero ahora.... ¿qué habría pasado si él no hubiera estado ese día en que sus palabras le fueron tan útiles y su presencia tan consoladora?... Bulma se acercó a él “No” le dijo suavemente “Eso no me haría feliz en absoluto, así es que mejor cuídate... por favor” ella se dio la vuelta y le volvió a sonreír “No hará falta que bajes a cenar, yo te subiré la comida, debes estar cansado” Bulma bajó rumbo a la cocina y Vejita se dirigió a su habitación.

Vejita salió del baño y se sentó en el borde de la cama, mientras secaba su cabello, oyó que llamaban a la puerta y se paró a abrirla “Hola! Te traje algunos emparedados” Bulma se veía muy distinta de cómo estaba en la tarde, sonreía ampliamente; Vejita tomó el plato y lo colocó en la cómoda junto a la cama mientras recogía la toalla y la llevaba al baño, Bulma lo observó desde la puerta, él llevaba un pants gris y una playera sin mangas color azul, Bulma recordó que Yamcha detestaba esas playeras, en tanto que a Vejita parecían gustarle “¿Qué tanto me estas viendo?” “Tu playera” le respondió “¿Huh?, ¿Qué tiene?” le dijo confundido haciendo un gesto muy similar al que Gokuu hacía cuando no entendía algo, eso la divirtió, “Nada, es sólo que recordé que a Yamcha no le gustan” “Pues yo no soy Yamcha!! Así que no me compares con ese imbécil!!” le dijo molesto por el comentario, se dio la vuelta y cruzó sus brazos sobre su pecho “Ya puedes irte, no es necesario que te quedes aquí todo el tiempo” Bulma se dio la vuelta y jaló la puerta para cerrarla pero se detuvo solo un momento para decirle “Pero pienso que a ti se te ven muy bien” tras esto cerró la puerta y se marchó.

Vejita se sentó en el borde de la cama y comenzó a comer, esa mujer le había estado teniendo muchas consideraciones, y ahora él se preocupó por sus problemas, “Que tontería” pensó para sí tratando de no pensar en eso. Bulma por el otro lado se preparaba para ir a la cama y estaba preocupada, seguramente Yamcha iría al día siguiente ¿qué haría cuando lo tuviera enfrente?, ¿Enojarse y gritarle y decirle que terminaron y después correr a sus brazos cuando él le pidiera perdón, como en todas las ocasiones?, por una parte eso era precisamente lo que deseaba hacer pero por otra las palabras de Vejita aún hacían eco en su cabeza. “¿Qué voy a hacer cuando lo vea?” pensó preocupada, no supo qué responderse, pero ya había tenido suficientes emociones ese día y lo que quería en ese momento era descansar.

 

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