Capítulo 4
A
la mañana siguiente se levantó y preparó el desayuno, aunque todavía sentía
una gran incertidumbre sobre lo que haría cuando Yamcha apareciera frente a
ella, se sentía tranquila y un tanto relajada. Después del desayuno salió al
jardín a leer un libro cuando el objeto de su incertidumbre llegó volando,
Vejita, dentro de la cápsula, sintió su llegada y supo que Bulma tendría
problemas, pero trató de hacer a un lado tales pensamientos “Bah!, no tiene
por qué interesarme lo que le pase a esa mujer” se dijo, pero lo cierto es
que a cada segundo su preocupación crecía.
“Hola
Bulma” Yamcha le sonrió ocultando algo tras su espalda, Bulma apretó sus
manos en el libro por los nervios, no sabía qué decir, cómo empezar, sabía
que tenía que decírselo pero no sabía cómo, “Perdona que no viniera el
otro día pero es que estuve muy ocupado” le dijo tendiéndole un ramo de
flores, “eso es un truco muy sucio” pensó Bulma quien haciendo acopio de
todas sus fuerzas se volteó a verlo a la cara “Ya sé que estuviste muy
ocupado con una linda pelirroja Yamcha” le dijo finalmente “¿Eh?” Yamcha
trató de fingir demencia “E-eh
si bueno, yo... lo siento no volverá a ocurrir” dijo esperando seguro el perdón
de Bulma “¿Y la rubia de ayer?” le preguntó apenas respirando “Y-yo...
este...” no supo qué decir a eso “Bueno... Vamos ¿Bulma es que acaso te la
pasas vigilándome o qué diablos?” “Vaya ahora resulta que él es el
ofendido” pensó Bulma, eso le sirvió para reunir más fuerzas y seguir
adelante “Eso no importa, lo que importa es que ya no quiero verte Yamcha"
le dijo con algo de dificultad, pero Yamcha ni se inmutó, ya le había dicho lo
mismo varías veces y él estaba seguro de que el resultado sería el mismo.
Desde
su cápsula Vejita observaba la escena deseando poder hacer algo por Bulma pero
sabía que esto era algo que debía hacer sola. “Vamos Bulma, lo siento no
volverá a ocurrir” le dijo acercándose para abrazarla, ella evitó su abrazo
“Siempre dices lo mismo Yamcha” él se quedó mudo, no se esperaba esa
respuesta, “Ashhh!! Bulma, mira
si te vas a poner así mejor me voy, quédate sola si eso es lo que quieres”
con eso él esperaba que ella corriera a sus brazos pidiéndole que no la dejará
pero eso no sucedió “Esta vez es para siempre Yamcha” “Perfecto!! Quédate
sola a ver quién te soporta con tu mal carácter”
Bulma
empezó a sentir que su voluntad se desvanecía, estuvo a punto de correr a sus
brazos y pedirle que no la dejara pero en ese momento volteó a ver la cápsula
de gravedad y pudo ver a Vejita asomándose por la ventana “Estas
adherida a ese pobre diablo, él es patético pero estar con él sin poder ser
firme en el momento más importante te hace a ti aún peor” Las palabras
de Vejita volvieron a retumbar en su cabeza “Cuídate Yamcha” fue todo lo
que pudo decirle “Adiós Bulma!!” Yamcha salió volando seguro de que en
unos días todo volvería a ser como antes.
Bulma
miraba hacia el cielo en dirección a donde Yamcha se había ido “Yamcha”
susurró antes de empezar a llorar, había terminado con el único hombre al que
había amado, su único novio y ahora estaba sola completamente sola, siguió
llorando con fuerza de pie junto a la jardinera donde se había sentado a leer,
su pecho encerraba un terrible dolor y sentía como si su vida se acabara en ese
momento.
De
repente sintió una mano sobre su hombro, se volvió para encontrarse con el
rostro de Vejita ella lo miró y el la miraba a ella , en sus ojos generalmente
fríos e inexpresivos podía verse comprensión, ella solo susurró su nombre y
se abrazó a él llorando con más fuerza que antes, Vejita no sabía que hacer
pero actuando por inercia la abrazó dejando que llorara contra su pecho. Bulma
se sintió reconfortada entre sus brazos, como si dentro de su abrazo todo fuera
perfecto y que nada fuera de sus brazos podía dañarla, Vejita por su parte se
sentía extraño, pero, de alguna manera, le agradó sentirla junto a él.
Cuando
Bulma se hubo tranquilizado levantó el rostro hacia el de Vejita, y lo miró
profundamente, algunas lágrimas aún corrían por su rostro y Vejita
gentilmente las limpió con su mano “Gracias... muchas gracias Vejita” le
susurró, el la soltó y le correspondió con una débil sonrisa.
Bulma recogió su libro y se dispuso a entrar en la casa cuando se volvió para ver la cápsula donde Vejita nuevamente entrenaba, se sonrió y entró. En la noche Bulma se preparaba para dormir poniéndose ese camisón azul marino otra vez, cuando se sentó al espejo para cepillar su cabello, se tocó la mejilla donde Vejita había limpiado sus lágrimas y recordó la sensación de su mano sobre su rostro, y un leve rubor cubrió sus mejillas. Tras terminar de cepillar sus cabellos se fue a acostar recordando esa dulce sensación quedándose dormida rápidamente.