Capítulo 6

 

Unos segundos después escuchó, el sonido del seguro de la puerta cerrándose, ella levantó la cabeza y vio a Vejita caminar hacia ella, por alguna razón, ella retrocedió unos pasos, cuando él se detuvo estaba a unos centímetros de ella, en su rostro, parcialmente cubierto por las sombras, había una expresión atemorizante, sus ojos negros y profundos la miraban con frialdad, ese hombre increíblemente tierno de hacía unos minutos había sido reemplazado por ese hombre imponente.

Ella lo miró a los ojos, “¿Qué... pasa?” le preguntó en un susurro, él no respondió de inmediato “¿Qué es lo que quieres de mi?” sus ojos la veían con dureza, “Tú lo sabes” le respondió sorprendida de sus palabras... “No, no lo sé... deja de jugar conmigo, ¿Qué es lo que tú quieres de mi mujer? ¿Qué quieres?” le respondió enfadado, Bulma lo miró fijamente... ¿no sabía lo que ella quería?, ella no sabía qué decir, sabía perfectamente qué es lo que quería, pero ¿cómo decírselo? y ¿si él se negaba?, entonces el mundo se caería a pedazos bajo sus pies, ella no pudo reprimir las lágrimas que brotaron de sus ojos mientras lo miraba fijamente.

“¿Qué es lo que quieres?” volvió a preguntarle, su voz profunda y arrogante, la hacía temblar, ella abrió la boca para decir algo pero le costaba mucho trabajo articular las palabras, finalmente, casi muda, lo dijo “A... a ti... te quiero a ti...”

El no cambió su expresión sólo la miraba fijamente y finalmente tras un largo silencio “Estas muy equivocada si esperas que yo sea el substituto de Yamcha” le dijo con frialdad, ella no podía escuchar más, sus piernas temblaban y se dejó caer al suelo... él no lo entendía... no era eso lo que ella deseaba... pero él.... no, nunca lo entendería “Vete... por favor” le susurró, pero él no se movió, se acercó un poco más a ella y la hizo ponerse de pie, “¿Qué es lo que realmente quieres de mi?”, sus manos la sujetaban por los hombros, ella no dijo nada solo mirándolo.

Él la miraba también, vio en lo profundo de sus ojos azules la respuesta a su pregunta, mezclada con temor, dolor y desilusión “¿Sabes lo que me estas pidiendo?” le susurró a unos centímetros de su rostro, ella no dijo nada y cerró sus ojos, él inclinó su cabeza sobre la de ella rozando la piel de su rostro con sus labios y bebió sus lágrimas.

Bulma se sorprendió con esa acción, abrió los ojos y se encontró con los de él, su mirada antes fría y estremecedora, era ahora intensa y cálida, “V-Vejita...” Musitó suavemente, él la seguía sosteniendo por los hombros con fuerza pero sin lastimarla “¿Sabes lo que me estas pidiendo mujer?” le repitió con voz profunda “Yo... n-no yo no... ” ella no sabía qué decir y una vez más comenzó a llorar deseando morir en ese momento.

Bulma sintió repentinamente los labios de Vejita sobre uno de sus párpados, sintió como descendían a su mejilla y nuevamente bebía sus lágrimas, “Vejita” susurró una vez más “Te dije que no me gustas cuando lloras” musitó contra su piel, Bulma se estremeció ante esa sensación ¿por qué Yamcha nunca la hacía sentir así?; Vejita deslizó sus manos sobre los hombros de Bulma, bajando una de ellas hasta su cintura y colocó la otra en su espalda, levantando su cabeza para mirarla.

“Kuso!” Vejita la miraba fijamente “Te odio por hacerme esto” le dijo con un esbozo de sonrisa en los labios “Así que me quieres a mi ¿no? Pues entonces Bulma-san dame una buena razón por la que debiera darte lo que quieres” “La única razón de la que estoy consiente es que te amo maldito bastardo, óyelo bien... TE- A-MO Vejita Oujii ” le dijo casi riendo, aún no podía creer que este hombre le hiciera cambiar de estado de animo tan fácilmente “Aaaah, así que esa es tu razón. Pues lo lamento pero no me convence” le dijo ahora sonriendo cruelmente.

Bulma sintió el enojo creciendo en ella, y se soltó de su abrazo empujándolo y caminando rumbo a su puerta “Pues entonces VETE AL DIABLO!!” le gritó evidentemente molesta y salió de su habitación hacia el jardín, necesitaba aire puro. “Maldito Vejita!!” pensó, ella le había abierto su corazón, había reconocido que lo amaba y él... el muy bastardo la rechazaba, “me lo merezco por creer que ese Saiyajin podría llegar a quererme, que estúpida fui”.

 

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