Capítulo 8
“¿Está
seguro... doctor?” “Sí, definitivamente señorita Bulma” “Gracias”,
Bulma salió del despacho de su Médico, ya habían pasado cuatro meses desde
que ella y Vejita empezaron su “relación”, él no era muy emotivo, tal vez
no había oportunidad para serlo, pasaba casi todo el día en su cápsula
entrenando, de hecho, Bulma ya había aceptado que lo que tenía con Vejita era
sólo una relación física, no había amor al menos de parte de él, pero al
menos, él la consideraba como la única, una vez cuando ella le demandó que
pasara un poco más de tiempo con ella, él se lo hizo saber... “Sólo te pido
que pases un poco de tiempo conmigo” “Ya te dije que no tengo tiempo para
esas estupideces” “Oh! ¿Entonces lo que haces conmigo casi todas las noches,
también es una estupidez?” “Lo que hago contigo casi todas la noches mujer,
es parte de la naturaleza de nuestras razas, tanto tuya como mía” “Sí, ya
veo... entonces me imagino que cuando no estás aquí
estás cumpliendo con esa parte de tu naturaleza ¿o acaso me equivoco?”
“Eres la única” “si como no, te recuerdo que Yamcha decía lo mismo”
“Y yo te recuerdo a ti que yo no soy Yamcha. No necesito de nadie más para
procurar mi satisfacción” “Aún
así no te creo” “No me interesa lo que creas, para mí solo estás tu”....
Eso la convenció de que él nunca le haría lo mismo que Yamcha.
Pero
ahora las cosas eran diferentes... hacía dos semanas había empezado a sentir
ciertos malestares, decidió visitar a su médico para aliviar sus malestares,
pero este “malestar” no cedería hasta dentro de unos meses más... estaba
embarazada y evidentemente el padre era Vejita. Bulma se acercaba más y más a
Capsule Corp. y su nerviosismo y su
preocupación iban en aumento ¿qué iba a decirle a Vejita? ¿qué diría él?
Y lo más importante, ¿qué haría ella?.
Cuando
llegó a su casa subió a su habitación y se acostó en su cama, un nudo en la
boca del estómago le produjo un malestar todavía peor, cuando escuchó los
pasos de Vejita en el corredor su corazón se aceleró y repentinamente un
terrible mareo acompañado de unas nauseas espantosas se apoderaron de ella,
apenas tuvo el tiempo justo para correr hacía el baño, cuando después de unos
instantes, que a ella le parecieron una eternidad, su estómago finalmente dejó
de convulsionarse. Cuando salió del baño Vejita estaba de pié frente a la
cama mirándola fijamente “Estás embarazada ¿verdad?”.
Bulma
sintió que el piso se desvanecía bajo sus pies estando apunto de caer al suelo,
detenida por los fuertes brazos de Vejita, quien la levantó sin ningún
esfuerzo y la llevó a la cama, se dio la vuelta para salir de la habitación.
“Vejita” lo llamó “¿Qué quieres?”, “¿Qué vamos a hacer?” le
preguntó, “¿Sobre qué?” respondió sin voltear a verla “Sobre esto,
sobre nuestro hijo” “Eso no es asunto mío. Haz lo que te plazca” tras
decirlo salió de la habitación dejando a Bulma, consternada.
Vejita
salió a caminar por el jardín, necesitaba pensar con claridad y la brisa
fresca de la noche silenciosa, le ayudaría a relajarse y poder pensar, ¿qué
iba a hacer ahora? Ser padre no estaba dentro de sus planes inmediatos, de hecho
ni siquiera aparecía en sus planes a largo plazo, “no es mi problema” pensó,
pero aunque tratara de convencerse de que ellos no le importaban lo cierto es
que su preocupación era grande, se quedó sentado en una de las jardineras
viendo el amanecer y sumido es sus pensamientos.
Pasaron
tres meses más y Yamcha, quien aburrido de las fiestas y las chicas fáciles
decidió que ya era hora de regresar con Bulma; voló hasta la Capsule Corp. y
encontró a Bulma, estaba sentada sobre el pasto leyendo un libro, caminó hacía
ella y la saludó “Hola Bulma” ella se volteó para verlo, y respondió a su
saludo, era bastante evidente que su amor por Yamcha se había esfumado.
Yamcha
notó algo extraño en ella además de que no hubiera saltado a sus brazos al
verlo, se percató de la vestimenta que llevaba y repentinamente fijó su atención
en su vientre, que comenzaba a abultarse un poco la sorpresa lo paralizó
“Bulma! Estás embarazada” le dijo apuntando hacia su vientre “así es
Yamcha” le contestó sin ninguna emoción presente, todavía no se reponía de
lo sucedido con Vejita y su aparente rechazo al bebé que albergaba en su
vientre, y para colmo, justo al día siguiente de que se lo dijera, el maldito
bastardo desapareció sin decir nada.
“Bulma ¿Cómo pudiste?” preguntó Yamcha evidentemente dolido “¿Como pude qué, Yamcha?” “¿Como pudiste embarazarte de otro hombre?” Yamcha actuaba como si ella hubiera cometido el peor de los crímenes, “Bueno tú ya sabes como se hacen los niños Yamcha” le respondió empezando a sentirse mal, “grandioso” pensó, “Ese no es el caso Bulma, ¿por qué lo hiciste? ¿fue acaso por nuestra pelea?” “Mira Yamcha no me siento bien por favor vete y déjame en paz” Bulma se puso de pié para entrar a la casa pero Yamcha la detuvo por un brazo “No Bulma, quiero una respuesta, ¿Quién es el padre de ese engendro?!!” “No tengo porque decírtelo, y no te atrevas a insultar a mi bebé” le dijo empezando a sentirse aún peor, “Suéltame Yamcha” le pidió “No lo haré hasta que me contestes” no podía soportar la idea de que el hijo que Bulma llevaba dentro no fuera suyo.