DJORDJEVIC HA DESAPARECIDO
Un día justo cuando acababa de llegar
el otoño y mientras disfrutaba con el ruido de las hojas caídas
debajo de mis pies, y observaba cómo iban madurando los madroños
amarillos, me ocurrió una cosa fea: mi gato Djordjevic desapareció.
A pesar de que supe que vino de la misma manera extraña, según
sus palabras, lamentaba su desaparición como si fuera un miembro
de la familia. Me consolaba de que tal vez se haya perdido. Le busqué
por todos los cuentos donde se mencionan animales, pero no hubo resultado.
Tuve "conversaciones constructivas" con los presidentes de muchos países,
con las personas destacadas de la vida pública, todo con la esperanza
que me podrían ayudar. Le buscaba día y noche. Trataba desesperadamente
de invocarle en mis poemas. No valió la pena. Dibujaba su figura
con la esperanza de que aparecerá por arte de alquimia en mi mesa,
o que Melquíades le trajera una mañana junto con la piedra
de la sabiduría. La cuadragésima y cuarta mañana le
encontré en un periódico con el título cambiado: "Petrovic
maúlla otra vez". Yacía en mi cuento con el título
cambiado, cuento firmado por algún listillo de la comisión
del concurso de relatos. Me contestaron que no hay manera de demostrar
que Djordjevic es mío.
©Vesna Floric