Orígenes. La historia de los Agustinos
recoletos en Panamá se remonta a los primeros tiempos de la Colonia. Los
Recoletos se establecieron en Panamá en 1610 y fundaron la Iglesia y convento
de San José en lo que es hoy las ruinas de Panamá La Vieja, donde estaba
ubicada entonces la ciudad hasta la destrucción del pirata Morgan en 1671.
La recolección panameña se entronca
con la colombiana ya que los fundadores de la Iglesia y Convento de San José
vinieron del convento de La Popa en
Cartagena de Indias.
La fundación de Panamá fue de una
manera un tanto providencial. Los frailes de la Popa querían ordenar a dos
religiosos: Fray Juan de San Agustín y Fray Juan de la Concepción. Al no
encontrar obispo ordenante ni en Bogotá ni en Cartagena, vinieron a Panamá donde era Obispo el Agustino Fray. Agustín
de Carvajal, que luego fue trasladado a Lima.
El Obispo
Agustino se brindó con mucho gusto a ordenarlos de sacerdotes pero con la
condición de que se quedaran al servicio de la diócesis de Panamá, tan
necesitada de clero.
Informado el Padre provincial de esa
situación envió el P. Vicente Mallol, religioso español, que residía en el
convento de la Popa, de grandes virtudes y cualidades morales e intelectuales,
que Felipe III lo propuso para obispo, a lo que él se resistió de tal manera
que no tuvieron mas remedio que desistir de tales planes. El P. Mallol se
convirtió desde el principio en el alma y promotor de la fundación de la
Iglesia y Convento de San José. Era solicitado de muy lejos, dice un
historiador, para oír sus sermones
llenos de evangélica doctrina. Entregóse en Panamá a la predicación apostólica
con más fervor que nunca. Fue muy asiduo en el confesonario, incansable en la
cabecera de los enfermos y amparo en todas las dificultades. Acabó sus días en
paz, dice un autor, viviendo en gran
opinión de santidad en dicho convento de Panamá hasta su muerte en 1640
El historiador Ernesto J.
Castillero, escribiendo sobre el obispo agustino Fray Agustín de Carvajal resalta:
“Disfrutó mucho el Obispo de consagrar como sacerdotes a los dos religiosos
recoletos, los primeros ordenados en Panamá. La compañía de tales hermanos hizo
concebir al Obispo la idea de fundar en Panamá un Convento de Agustinos Recoletos, iniciativa que tomó cuerpo en
1610 y se vio coronada con el éxito dos años más tarde al quedar fundado el 15
de abril de 1612 el Convento de San José. Abrió igualmente ese mismo año el
Seminario de San Agustín, el primer seminario de Panamá, para la preparación de
sacerdotes, que puso bajo la dirección de los mismos Padres Agustinos Recoletos, donde se enseñaba desde las
primeras letras hasta la teología”.
Misión
de Urabá y el Darién. Desde 1616 la provincia de la Candelaria tuvo algunos
religiosos dedicados al ministerio estrictamente misional. El más famoso de
todos fue el padre Alonso de la Cruz (1567-1633). Uno de los fundadores del
convento de la Popa.
Después de varios intentos frustrados en 1616 y en
1618, por fin en 1628 pudo ser acompañado de un indígena, que le sirvió de
ayudante y de intérprete, y pudo adentrarse por la región de Urabá,
estableciéndose en las cercanías del río Damaquiel, posiblemente el actual
Atrato. No lejos de la desembocadura
fundó el poblado de Santa Ana, como
centro de operaciones. “Los indios me recibieron bien, dice el Padre Alonso y
me dieron casa e iglesia Pero los
indios estaban recelosos de ser conquistados”.
El P. Alonso supo granjeare el apoyo del cacique Cartaya, en
agradecimiento a su curación de una grave
dolencia, evitando ser expulsado del territorio, como ya lo habían
tratado otros caciques.
Los indios estaban muy recelosos de los comerciantes que acostumbraban
visitarlos.
Tras cuatro meses de continuas
fatigas regresó a Cartagena, llevando consigo a siete caciques, dispuestos a
reconocerse vasallos del Rey de España y deseosos de recibir sacerdotes que les
enseñaran la ley de Dios a ellos y a sus hijos.
El gobernador Diego de Escobar, los
obsequió con generosidad, invitándolos incluso a su casa. Todo presagiaba que
la misión sería un éxito. Con la colaboración de un donado y un soldado que
conocía la lengua del lugar, en ocho meses de trabajo administraron el bautismo
a 8.000 indígenas. En 1632 la misión ofrecía un espectáculo esperanzador.
Contaba con 16 pueblos en que vivían varios miles de indios, provistos de
catequistas, autoridades locales, y
hasta de una estructura comercial. Casi todos ellos ya habían recibido
el bautismo. Diez de esos pueblos
poseían capilla. Nueve estaban emplazados en las márgenes del río Damaquiel, y
los seis restantes en las costas del golfo de Urabá.
Todo parecía presagiar un futuro
brillante. Pero las bases de la misión no debían ser muy sólidas, cuando bastó
la pasión de un cacique para arrasarla por completo.
La chispa saltó del choque de la
moral matrimonial de los indígenas, que admitía la poligamia para los
caciques, en contraposición con la
estricta monogamia cristiana.
El
cacique Morrongo, cristiano y casado por la iglesia, se enamoró de otra mujer y aprovechó la ausencia del padre
Alonso para unirse a ella según los ritos tradicionales entre ellos. Durante
algún tiempo el Padre Alonso trató de reducirlo al buen camino con consejos y
exhortaciones. Pero al no surtir efecto esto, el padre le hizo una reprensión
en público en la predicación del miércoles de ceniza. Esa reprensión fue para
el cacique Morrongo una afrenta y
decidió vengarse del Padre. Esa misma noche se presentó en casa acompañado de
otros amigos y le clavó una lanza al padre Alonso, causándole la muerte. El Padre
Bartolomé que estaba con él intentó huir, pero fue herido de muerte con flechas
envenenadas. Mataron también a todos los españoles e incendiaron también las casas. Esa misma noche mataron también
en Damaquiel al Padre Miguel de la Magdalena y lo arrojaron por un precipicio
sin posibilidad de recuperar su cadáver.
Dos días después vinieron de Cartagena y pudieron
llevarse los cadáveres del P Alonso y del padre Bartolomé para darles cristiana
sepultura en el convento de la Popa. Estos religiosos son los que se conocen
con el nombre de los Mártires de Urabá.
A principios de 1635 los frailes de
la Popa, movidos por las súplicas de los indios, intentaron restaurar la misión
y enviaron a dos religiosos. Pero tras un año de intenso trabajo, que prometía
grandes éxitos, lograron restablecer los 15 poblados anteriores reuniendo en
ellos a más de 5.000 cristianos. Pero una nueva insurrección, causada por la
codicia de algunos mercaderes, les obligó a retornar a su convento.
Aún se hizo otro intento en
1636-1638. Misioneros recoletos evangelizaron las regiones de Darién y el
Chocó. Ambas colindaban con Urabá. Pero sus habitantes hablaban lengua distinta y no habían sido totalmente
sometidos al dominio español. Destacó en estas misiones el Hno. Andrés Miranda,
autor de un catecismo en lengua indígena. Anteriormente había sido soldado de
los tercios.
Otros misioneros fueron los Padres Juan de Sahagún,
Salvador de San Nicolás, Lucas de la Candelaria, Nicolás de San Juan Bautista y
un Padre Ignacio del Convento de Panamá. La precariedad jurídica de la
comunidad, la belicosidad de los indios caribes y cierta inscontancia de las autoridades de Cartagena impidieron
se consolidara la misión. Tampoco las gestiones realizadas en Roma por el Padre
Francisco de la Resurrección tuvieron éxito. De esa manera se cerró ese capítulo misionero de Urabá, Darién y
Chocó.
Destrucción
de la ciudad de Panamá. Todo iba viento en popa en la ciudad de Panamá
cuando llegó la expedición del pirata Morgan que saqueó e incendió la ciudad de
Panamá en 1671.
Nuestra iglesia y convento no fueron
pasto de las llamas porque estaban construidos en extramuros. En esos momentos
ya se estaba instalando en la iglesia el famoso altar de oro, de estilo
churrigueresco, construido por artistas
criollos interioranos.
Hay una anécdota curiosa, que la
cuenta el P. Fabo, sobre el Hno. Juan que custodiaba la iglesia. Cuando se
enteró que llegaba el pirata Morgan pintó de cal todo el altar y la iglesia
para demostrar que estaba en construcción y que de allí poco se podía sacar.
Pintó de blanco toda la estructura del altar y le pidió al pirata una limosna
para la terminación de la Iglesia. El pirata le dio Mil ducados y dijo: “Este
hermano es más pirata que yo”. De esta manera, casi milagrosa se salvó el altar
del saqueo y de la destrucción.
Cambio
de ubicación de la ciudad. Después de la destrucción de la ciudad, las
autoridades decidieron trasladarla a un lugar más seguro y de más fácil
protección, en las inmediaciones del cerro Ancón, desde donde se podía ejercer
una mejor vigilancia.
Ya en 1673 comenzaron los planes de
la fundación de la nueva ciudad en el lugar que ocupa actualmente.
También nuestros frailes tuvieron
que pensar en mudarse a la nueva ubicación de la ciudad, aunque nuestra Iglesia
y Convento no habían sido pasto de las llamas por estar en un lugar extramuros.
La iglesia y convento se edificaron
en el lugar que ocupan actualmente, a pocas cuadras de la Catedral y de la
Iglesia de la Merced, del convento de los Dominicos y de la Iglesia de los
Jesuitas, que luego sería la primera universidad de Panamá, hasta su expulsíón
de Panamá por Carlos III. La nueva Iglesia y Convento de San José fueron
inaugurados en 1675.
El convento y la iglesia ocupaban
una cuadra entera a la orilla del mar pacífico. Un rincón acogedor y que tuvo
mucha atracción.
Se supone que la nueva iglesia tenía
las mismas o muy parecidas dimensiones de la primera edificada en Panamá la
Vieja, porque allí se pudo colocar el famoso “altar de oro” que se estaba
instalando en la primera iglesia. El famoso altar de oro es una de las joyas
coloniales más importantes de Panamá, y la iglesia de San José es monumento
nacional y lugar visitado por todos los turistas que llegan a Panamá. Se ha
conservado gracias a las diversas restauraciones que le han hecho los frailes
recoletos en diferentes momentos.
Nuestra iglesia siempre ha sido una
iglesia de mucho culto y que ha contado con el aprecio de los panameños
residentes en aquella parte de la ciudad. Allí se instalaron desde el principio
varias congregaciones, una de las más importantes la de Jesús Nazareno a la que
la gente tenía mucha devoción. Por la iglesia pasaba lo más granado de la
ciudad porque había buena atención al confesonario y en general los cultos eran
muy variados y los predicadores cuidaban la preparacion de sus sermones.
Ministerios de
los religiosos.
No son muchos los datos de que se pueden disponer para documentar este
capítulo, pero no cabe duda de que nuestros frailes misionaron en todo el
territorio panameño. Panamá era una sola diócesis y contaba con pocos
sacerdotes que tenían que atender todo el territorio nacional. Hay constancia
de partidas de bautismo firmadas por nuestros religiosos en pueblos de Chiriquí
y otras provincias del interior. Como siempre había buenos predicadores, eran
llamados a dar misiones y predicar en fiestas patronales.
Expulsión
de los recoletos en 1833. La independencia de Panamá de España ocurrió en
1821, En 1828 Panamá se unió a Colombia para formar la gran nación bolivariana,
como era el sueño de Simón Bolívar. En ese tiempo predominaban las leyes
liberales y anticlericales de la revolución francesa que fueron importadas al
nuevo continente por los jefes independentistas.
Una de las leyes colombianas del
Congreso de Cúcuta había determinado en 1823 que, los conventos donde no
hubiera ocho religiosos residentes de una manera permanente en el momento de
promulgarse la ley del 6 de agosto, debían ser suprimidos. Tal ocurrió con el
Convento de San José de los Agustinos Recoletos. En 1823 no había precisamente
ese número de ocho religiosos. Y aunque los superiores de Colombia procuraron
enviar prontamente los religiosos necesarios para completar el número de ocho
no les liberó de tener que abandonar el convento y la Iglesia de San José en 1833.
El convento de San José podría haber
sido destinado a una escuela, pero probablemente debido a la existencia de
otros locales más adecuados para esos fines, fue rematado en una subasta
pública y no se ha podido recuperar.
La Iglesia siguió atendida por el Padre Fray Marcos
que cuidó de ella hasta su fallecimiento el 4 de enero de 1844 El Padre Fray
Marcos sobrevivió cobijado en una parte de la iglesia socorrido por las
limosnas de los vecinos que lo conocían. A partir de ese momento la iglesia
quedó prácticamente abandonada.
Regreso a
Panamá en 1898.
En ese año sucedió otro acontecimiento histórico en un lugar bien distante de
Panamá: las Islas Filipinas. Allí estalló la famosa Revolución que culminó con
la Independencia de aquel país de España pasando a manos de los EE.UU.
En esa revolución los Agustinos Recoletos, una de
las cinco Ordenes Religiosas que habían tenido la misión de evangelizar aquella
parte del Continente Asiático, murieron más de 30 religiosos y varios cientos
quedaron reducidos al convento de San Sebastián de Manila.
Al tener que abandonar Filipinas, ante aquella
situación de inestabilidad, providencialmente, a petición de la Santa Sede y de
algunos Obispos de América, se organizó una misión compuesta de 7 religiosos,
presidida por el P. Patricio Adell de San Macario, que decidieron aceptar la
invitación de venir a este Continente
Americano dispuestos a continuar su obra misionera en los países donde fueran
requeridos.
El primer lugar que pisaron fue precisamente la
ciudad de Panamá donde fueron bien acogidos por el entonces obispo Mons.
Alejandro Peralta, que les dio hospitalidad y les ofreció una iglesia, medio en
ruinas, y la posibilidad de misionar en Chepo y parte del Darién.
Los religiosos aceptaron el ofrecimiento del Señor
obispo y cuál no sería su sorpresa cuando vieron que aquella iglesia que se les
ofrecía era nada menos que una iglesia erigida por sus mismos hermanos
Agustinos Recoletos dos siglos y medio antes. La famosa Iglesia de San José.
Ocurría eso el 11 de noviembre de 1898.
Los religiosos que desembarcaron en Panamá fueron
los padres Indalecio de San José, Gerardo Larrondo de San José y Modesto
Moleres del Corazón de Jesús y el Hno. Angel Cemboráin de San Sebastián.
El P. Indalecio quedó al frente de la
iglesia de San José y los otros tres fueron a encargarse de la parroquia de
Chepo, atediendo las indicaciones del prelado.
El P.
Patricio Adell siguió rumbo a Venezuela, su destino definitivo, para iniciar allí otros ministerios para los
religiosos que vinieran de Filipinas. Posteriormente llegarían también al
Brasil para establecerse allí. Comenzando de esa manera nuestra expansión en el
Continente Americano, que tan beneficiosa ha sido para nuestra Recolección, ya
que es el Continente donde más ministerios tiene la Orden. Se acaba de cumplir
un siglo de esas fundaciones.
Así se reanudaba providencialmente la presencia de
los Agustinos Recoletos en Panamá, en la misma iglesia que ellos habían fundado
y construido siglos atrás.
Intento de
restaurar la Misión de Darién desde Chepo El deseo del Obispo Peralta era dar vida a
la Misión de Darién, un territorio totalmente abandonado de toda asistencia
religiosa. Nuestros religiosos lo intentaron en varios momentos. Para ellos era
familiar el nombre de Darién por los primeros misioneros que habían
evangelizado Urabá y Darién, como ya hemos indicado antes. Pero las distancias,
la escasez de personal y las condiciones insalubres de aquel territorio, en el
que murieron varios religiosos de fiebre amarilla, hizo desistir de ese deseo
del Obispo y hubo que abandonar un proyecto tan querido para nuestros frailes.
Allí murieron los Padres Benito Ojeda, el P. Guillén, Benito Mallagaray, todos
ellos de fiebre amarilla. El P. Celestino Falces y el Hno. Angel Cemboráin,
milagrosamente se salvaron, gracias a que se descubrió a tiempo el contagio y
los médicos pudieron salvarles la vida. Todo eso hizo desistir de seguir con la
Misión del Darién, lo que supuso que el Obispo se molestara seriamente con los
religiosos.
Meses después, en abril de 1899, llegaría a Panamá
otra misión compuesta de 13 religiosos. Pero no todos se quedaron en Panamá.
Dos de ellos fueron llamados por el P. Adell a Venezuela y otros tres se fueron
con Mons. Ezequiel para Pasto. El refuerzo era importante. Sirvió para ampliar
el ministerio de Chepo y las actividades de la Iglesia de San José.
Entre ese grupo llegó el P. Bernardino García, que
sería durante los diez años siguientes el alma de San José y uno de los
eclesiásticos más conocidos en Panamá.
También llegó en esos días Mons Ezequiel Moreno, de
paso para Pasto, tuvo la oportunidad de convivir con el Obispo Peralta y sirvió para mejorar las relaciones de la
comunidad con el Obispo.
Intenso
apostolado desde la Iglesia de San José. Otro panorama ofrecía la Iglesia de San José, que
aunque estaba medio en ruinas, no hubo mayores dificultades para conseguir
ayuda para su restauración y acondicionamiento. Pronto la Iglesia de San José
se convirtió en un templo muy concurrido de los vecinos de aquella parte de la
ciudad. El P. Bernardino García fue un auténtico apóstol en la iglesia de San
José desde donde irradiaba su
influencia como profesor de colegios, desde el púlpito, las cofradías que
fundaron allí y otros ministerios.
Al P. Bernardino le correspondió el honor de
bendecir la primera bandera panameña el 20 de diciembre de 1903. También tuvo, como capellán del batallón Colombia,
la misión de atender en los últimos momentos de su vida al caudillo panameño
rebelde Victoriano Lorenzo.
Tras el abandono de Chepo y el intento de restaurar
la Misión del Darién, nuestra presencia en Panamá quedó reducida a la Iglesia
de San José Hubo momentos de gran crisis de personal, pero el culto de la
iglesia se mantuvo con el debido esplendor.
Después de muchos años de un culto esplendoroso en
nuestra iglesia de San José, en la actualidad ha ido decayendo porque mucha
gente se está mudando de esa zona de la ciudad, que ha sido declarada
Patrimonio de la Humanidad, y el mismo Gobierno está trasladando a la gente.
Esa circunstancia y la abundancia de iglesias en esa zona de la ciudad ha hecho
que nuestra iglesia, a pesar de ser una iglesia colonial muy bonita, ha tenido
un descenso considerable en el culto, por más que los Padres que trabajan en
ella se esmeran por atender debidamente a la gente, la cosa parece
irreversible.
Sí se mantiene el turismo que va a visitar la
iglesia y sobre todo el famoso “Altar de Oro”. Además esa zona no tiene
facilidad de estacionamientos y es poco segura, sobre todo por la noche.
Nuestra
expansión a Chiriquí. Pese a la escasez de personal, ante la insistencia del Obispo Mons.
Guillemo Rojas y Arrieta, la comunidad se decidió a aceptar nuevos ministerios
en la provincia de Chiriquí.en 1921. Estamos ya para cumplir los 80 años de
nuestra presencia en David. Era como ir a un mundo desconocido y difícil por el
abandono espiritual en que había vivido aquella región del país, tan distante
de la capital, aunque fuera parte de la misma Diócesis.
Dos religiosos fueron a iniciar aquel apostolado
estableciéndose en las dos parroquias que había en la ciudad de David: La Sda.
Familia y la Iglesia de San José, que luego sería la catedral, cuando se
erigiera la Dióceis en 1955. Fueron los Padres Pedro Cuartero del Pilar y
Pascual Zabalza del Sado. Corazón.
Esos dos religiosos con los cuatro que llegaron en
1928, los Padres Valeriano Tanco, Luis Buldain , Félix Pérez y Matías Ruiz,
misionaron los distritos de Gualaca,
San Lorenzo, de San Félix, Remedios y de Tolé, en el oriente de David. En el
occidente de David,: Concepción, Las Lajas, Las Lomas, El Tejar, Horconcitos,
San Pablo, Dolega y Boquete: casi toda la provincia de Chiriquí. Es difícil
resaltar la heroica labor que ellos llevaron a cabo en esa provincia durante un
par de décadas. Acostumbrados a la dureza del apostolado en las misiones de
Colombia, el apostolado en David les parecía mucho más difícil y penoso.
Menos mal que en 1948 llegaron algunos sacerdotes
miembros del Instituto Español de Misiones Extranjeras de Burgos. De esa manera ellos se vieron liberados de
la atención de tantos pueblos.
Actualmente nuestra presencia en Chiriquí se
centra en la persona de Mons. José Luis
Lacunza, obispo de la Diócesis desde el 28 de agosto de 1999, fecha en que tomó posesión. Había sido Administrador
Apostólico desde el 13 de enero del mismo año.
Por su parte la comunidad administra la parroquia de
la Sda. Familia, uno de los primeros ministerios que han sido atendidos desde
1921 y la iglesia que más culto tiene
en David, y catorce comunidades rurales, que no pertenecen a la parroquia, pero
que les fueron encomendadas en
diferentes momentos por Mons.Tomás A. Clavel (q.e.p.d.) y Mons. Núñez,
(q.e.p.d.). También llevan la capilla y
el Comedor Santa Rita de Casia, donde diariamente dan comida a unos
doscientos niños y celebran misa todos los domingos. Una obra social importante
de la comunidad, iniciada por el P. Epifanio Baztán, uno de los religiosos que
más ha trabajado en David.
Misión y
peregrinación con la Virgen de Fátima por toda la República de Panamá. Los Padres Sebastián López de Murga y Agustín López, aceptando la invitación del Arzobispo Beckman, se
comprometieron a peregrinar con la imagen de la Virgen de Fátima por la mayor
parte de las las parroquias de la República. Todavía no existía más que la
Arquidiócesis de Panamá y el Vicariato del Darién. Durante cinco meses
visitaron más de 80 pueblos. Fue una auténtica labor misionera y apostólica el
peregrinaje mariano por las diferentes parroquias de la República. La visita de
la Virgen a las parroquias iba acompañada de una misión preparatoria. Duraba
varios días y eran muchas las personas
que recibían los sacramentos del bautismo, confesión y comunión y muchos
matrimonios. Esta peregrinación tuvo lugar en 1950.
Fundación de
la Academia Panameña de la Lengua 1926. El
P. Pedro Fabo había venido a Panamá para restablecerse de su quebrantada salud.
Pero dada su valía y prestigio pronto se dio a conocer en los medios
intelectuales. Además de varias conferencias que dio a los intelectuales de
Panamá, fue el principal impulsor de la fundación de la Academia Panameña de la
lengua con la colaboración de varios literatos y actuó de presidente por algún
tiempo. También dictó una conferencia en el Instituto Nacional sobre
“Hispanismo y Latinoamericanismo”, que tuvo mucha resonancia ante la opinión
pública. Fue el orador de fondo en la erección de la Diócesis de Panamá como
Arquidiócesis, invitado por el nuevo Arzobispo Guillermo Rojas y Arrieta, quien
también le encomendó dar tandas de retiros a los sacerdotes.
Nuevas
perspectivas en Panamá. La llegada del P. Rogelio Barásoain en 1937 abrió
nuevos campos de apostolado en la Iglesia de San José, que era el único
ministerio que la orden tenía en Panamá. El P. Rogelio además de las clases de
religión que dictaba en el Colegio de las Madres Franciscanas, inició la
fundación del Movimieno de Jovenes Católicos, que luego culmiraría en la Acción
Católica de Panamá, actividad que dio
un gran impulso al movimiento juvenil cristiano en Panamá. Le correspondió
también elaborar los planes de la enseñanza de la religión en las escuelas
oficiales del país. También fundó varios periódicos por varios años para
divulgar el pensamiento cristiano entre la juventud y los adultos. Fue asimismo
el fundador del Instituto Panameño de Cultura Hispánica, que sirvió de
intermediario para el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Panamá
y España.
Fundación
de la Escuela Superior de Catequistas. También el P. Alfonso Oficialdegui,
uno de los religiosos que más ha trabajado en la Iglesia de San José, tiene
mucho que ver con la cultura panameña como fundador de la Escuela Superior de
Catequistas, la responsable de preparar a los profesores de religión para todas
las escuelas oficiales de la República. En Panamá sigue siendo obligatoria la
enseñanza de la religión en las escuelas oficiales. Quizá sea de los pocos
países donde dure esa práctica. Esa escuela existió hasta la fundación de la
Universidad Santa María La Antigua en 1965. Fueron muchos los profesores que
recibieron el diploma de aptitud para la enseñanza de la religión de la escuela
fundada por el P. Alfonso y dirigida por él mismo.
Fundación
del Colegio San Agustín. La fundación del Colegio San Agustín en mayo de 1954 fue un verdadero hito en la
proyección cultural y social de la comunidad recoleta en Panamá. Un auténtico
reto para la Orden en un momento clave de nuestra historia en Panamá. No
podemos extendernos en detalles porque todos conocen la trayectoria del Colegio
a lo largo de estos 46 años de su fundación. El colegio comenzó en un edificio
comprado a los Hermanos de la Salle heredando los alumnos que tenía. Pero la comunidad recoleta venia con ideas
nuevas y un espíritu renovador en los métodos pedagógicos y en la proyección apostólica.
Esto motivó el dar un paso de gigantes al cambiar el colegio de la
parte vieja de Panamá a Punta Paitilla que entonces comenzaba a desarrollarse.
El nuevo edificio dio vida y esplendor a la institución y poco a poco se fue
convirtiendo en uno de los colegios de más prestigio en Panamá, prestigio que
lo sigue manteniendo.
Asociación
de Padres de Familia del Colegio San Agustín Al hablar de la familia
agustiniana y del Colegio San Agustín no podemos menos de resaltar la
importante labor que la Asociación de Padres de Familia del Colegio ha llevado
a cabo a favor del Colegio contribuyendo de una manera generosa y
desinteresada, años tras año, al mejoramiento de la educación y de los métodos
de enseñanza en el Colegio. Podríamos
citar, a modo de ejemplo, las importantes rifas para la construcción del
gimnasio, las famosas y populares Ferias Familiares, que eran un foco de
atracción para todo Panamá, otras muchas actividades y últimamente la
importante rifa para la instalación de los laboratorios de idiomas. El espacio
de que disponemos no nos permite extendernos en este capítulo, pero ya habrá
otra oportunidad par resaltar exhaustivamente toda su contribución a las mejoras de su muy querido Colegio San
Agustín.
Erección
de la Parroquia San Juan Bautista de La Salle y Santa Mónica. El mismo año
de la fundación del Colegio, la comunidad se hizo cargo de una nueva parroquia
en un barrio de la ciudad, Río Abajo y Parque Lefevre Era una pequeña capilla atendida por los Padres Vicentinos
americanos desde la Zona del Canal, porque allí vivían muchos que habían
trabajado en la construcción del Canal. Los cultos eran en inglés. Cuando la
comunidad se hizo cargo en noviembre de 1954 comenzaron a vivir allí y eso fue
contribuyendo a que la asistencia de fieles fuera aumentando considerablemente,
de año en año. Los Padres establecieron diferentes movimientos apostólicos,
como la Legión de María, el Grupo Juvenil Cristiano y más adelante el
neocatecumenado, que dieron mucha vida a la parroquia. Hoy día totalmente reconstruida en
1995-1996, es una de las parroquias más dinámicas de la ciudad.
Universidad
Santa María La Antigua. Otras instituciones que se deben a la proyección
del Colegio San Agustín es la Universidad Santa María La Antigua, fundada gracias a los desvelos y tenacidad
del P. Benjamín Ayechu. Fue la primera Universidad privada de Panamá. En la
actualidad ya se han creado varias. Hoy la Universidad Católica cuenta con más
de 6000 alumnos y con tres extensiones: David, Colón y los Santos. Tiene un
prestigio bien reconocido en Panamá y en el exterior. El P. Ayechu fue el
fundador y primer Rector. De 1985 a 1990 fue también Rector Mons. José Luis
Lacunza, o.a.r., que supo darle a la Universidad en ese momento un impulso
especial.
Diferentes
movimientos liderados por nuestros religiosos a raíz de la fundación del
Colegio. Por falta de espacio simplemente los vamos a mencionar para que
los lectores tengan idea de la vitalidad de la comunidad en esos años claves de
nuestra historia. En primer lugar, la Creación de la Federación de Padres de Familia
de los Colegios Católicos que colaboraron en el proyecto de fundación de la
Universidad Santa María bajo la dirección del P. Benjamín Ayechu.
La fundación de la Federación de
Colegios Privados de Panamá, que durante muchos años tuvo bastante vigencia.
Hoy día las cosas van por otro camino.
La federación Nacional de Mujeres
Católicas de la que fue Asesor por muchos años el P. Eduardo Razquin y que ha
venido desempeñando un papel importante en la vida de la Iglesia.
El Movimiento Familiar Cristiano,
promovido por el P. Plácido Erdozáin, que sigue teniendo mucha vigencia en la
actualidad.
El Movimiento de Cursillos de
Cristiandad del que fueron fuertes promotores, aunque no fundadores, varios de
nuestros religiosos, entre otros el P Manuel Bueno y el P. Plácido.
Ejercitaciones para un Mundo Mejor,
un movimiento que estuvo vigente antes del Concilio Vaticano II La Dirección de
las Obras Misionales Pontificias, por el P. Ramón Vadillo. La Legión de María
en Río Abajo, por el P. Salvador Macaya. Misiones en varios lugares del
Interior. Cursillos prematrimoniales. Tres seminarios de Religión para los
profesores de escuelas oficiales.
Atención a la cuasiparroquia de Veracruz, durante más de treinta años,
donde se construyó una iglesia y casa cural.
Atención asimismo a la
cuasiparroquia de San Sebastián desde su fundación hasta el presente.
Capellanías de la Catedral, La
Merced, Santa Familia, Siervas de María, Hermanas del Buen Pastor, entre otras
actividades.
También el Colegio San Agustín fue
el iniciador de la campaña de alfabetización con la primera escuela creada en
1959 dentro del Colegio: La Escuela “P. Bernardino García,” Nos adelantamos en
un año a las iniciativas del Ministerio de Educación.
En estos últimos años, el Colegio
también ha promovido iniciativas interesantes, como el teatro juvenil
agustiniano, que representa todos los años dos obras que tienen mucha
aceptación.
Se han hecho muchas mejoras
pedagógicas en el Colegio, como los salones de cómputo, laboratorio de idiomas
y sobre todo el hermoso teatro, que tanto prestigio le da al colegio.
Misión
de Bocas del Toro. Un capítulo especial merece la Misión de Bocas del Toro
entregada a la Comunidad en 1964 y de la que fue el primer Obispo-Prelado Mons.
Martín Legarra, hasta que en 1969 fue promovido a la Diócesis de Santiago de
Veraguas. Nuestra orden que siempre se ha considerado misionera desde sus
orígenes sigue con valentía y decisión
su espíritu misionero. Ya que no fue posible sostener la Misión de Urabá y el
Darién, nuestra presencia misionera se ha perpetuado en Bocas del Toro. Desde
1970 fue designado Prelado Mons. José Agustín Ganuza y dos años más tarde fue
ordenado Obispo
La Misión de Bocas tiene una
extensión de unos 8.745 kms2 y unos 100.000 habitantes, la mitad de los cuales
son indígenas de diferentes etnias principalmente, ngöbes. Cuenta con cuatro
parroquias: Bocas, capital, Changuinola,
Almirante y Kankintú. Ha sido pionera en una tarea de inculturación del
Evangelio, anticipándose en bastantes años a los Documentos de Santo Domingo.
En la actualidad trabajan allí 12 religiosos recoletos y el Obispo. Ya se ha
ordenado el primer sacerdote nativo de Changuinola. En la actualidad hay en
Torrente dos estudiantes más y en el noviciado de Monteagudo uno. Asimismo en
el Seminario de Guatemala se encuentran tres estudiantes procedentes de Bocas.
En la misión no sólo se han
realizado obras apostólicas y capillas en todas las parroquias.. Los misioneros
también se han preocupado de la promoción humana y social. En Kankintú con el
Centro Vocacional San Agustín, la pista
desde Kankintú a Bisira y el puente sobre el temible río Cricamola. En
almirante con la construcción de caminos,
proyecto de acueductos, puentes, por mencionar algunas de ellas. Todo
eso bajo la dirección del P Corpus López. En Changuinola, la escuela taller de
ebanistería, dirigida por el P. José Ruiz.
En Bocas el Centro Comunitario de
Convivencias.
El Señor Obispo está terminando la
construcción de su nueva residencia.
Consideración especial merece la
publicación del libro “Historias del Pueblo Ngöbe”, un libro que recoge las
leyendas y mitos Ngöbes de los indígenas de Kankintú principalmeente. El libro
ha sido preparado por el equipo misionero y catequistas de Kankintú. Ha tenido
mucha aceptación y servirá para recuperar la memoria histórica de esos pueblos.
Promoción
vocacional. Desde hace algunos años, especialmente con el equipo de
promotores formado por el P. Lorenzo Pérez, Max Vidal, José Tomás González y
Rafael Olmos, se viene realizando una intensa campaña de promocón vocacional,
que está dando sus frutos.
En la actualidad la Provincia de la
Consolación tiene los siguientes religiosos panameños: P. Mario Molina
Secretario asistente de la Conferencia episcopal de Guatemala, P. Aníbal
Saldaña, Delegado de la Vicaría en Guatemala, P. José Tomás González
Misionero en Kankintú, P. Gabriel Robles, Consejero General de la Orden en
Roma, P. Rafael Olmos, Coadjutor en Río Abajo y estudiante de la USMA, P. Jesse
Chávez, Coadjutor en Totonicapán, Fr.
Orneles Smith, estudiante de teología en Torrente, Fr.Julio César Gordón,
estudiante de teología en Torrente, Fr. Filiberto Pittí, novicio en
Monteagudo, Fr. Evaristo Esturaín, novicio en Monteagudo, Fr. Joaquín
Hernández, novicio en Monteagudo. Además en este momento hay dos estudiantes en
el seminario San Agustín de Guatemala y uno, que esperamos vaya en los próximos
mes.
Celebración
del Primer Centenario de nuestro regreso a Panamá en 1898. Durante todo el
año 1998 se fueron organizando diferentes actividades para conmemorar el primer
Centenario del regreso de los religiosos a Panamá, después de un exilio forzoso
de 65 años. El Centenario se abrió en la iglesia de San José con una solemne
eucaristía concelebrada por varios obispos, con la asistencia del Nuncio
Apostólico, muchos sacerdotes de diferentes comunidades religiosas y numeroso
público y amigos de la comunidad en Panamá.
A lo largo del año se
programaron distintas celebraciones en
David el 17 de mayo; en Bocas del Toro el 18 de junio, que coincidía con la
fiesta del Corpus; en el colegio San Aguistín, en las fiestas patronales del
colegio. La clausura del Centenario se
tuvo en la Parroquia San Juan Bautista y Santa Mónica en Río Abajo el 15 de
noviembre, días después en que se cumplía el año Centenario del regreso a
Panamá. La Eucaristía fue presidida por Mons. José Dimas Cedeño, Arzobispo
Metropolitano. Todas las celebraciones tuvieron mucho eco y la prensa dio
cuenta de las mismas.
Fruto
concreto de la celebración del Centenario. La comunidad creyó necesario
dejar una constancia fehaciente de la celebración de esos Cien años. Para eso
se compró un terreno en Costa del Este, una urbanización nueva, que ha surgido
con mucho empuje, para edificar allí el nuevo colegio San Agustín y una iglesia
que será la Parroquia de aquella Zona. De esa manera el colegio surge ya con un
ministerio pastoral anexo a la misma.
La Parroquia ya ha sido erigida con
el nombre de San Lucas, por deseo del señor Arzobispo. Fue inaugurada el 18 de
octubre, fiesta del santo Evangelista y desde ese momento se viene celebrando
misa todos los domingos. Ya se tuvieron las Posadas en Navidad y ahora en
cuaresma se reza el viacrucis y se programarán otros actos propios de la
cuaresma, como charlas y las celebraciones propias de la Semana Santa.
La Urbanización se está poblando
rápidamente y está prevista para unas 50 mil personas, que podrán ser
feligreses de la parroquia.
Ya se ha comenzado la construcción
del colegio y pronto se comenzará la iglesia, de tal manera que para el 2001 la
comunidad se pueda trasladar allí. Al lado de la urbanización pasa el Corredor
Sur, una autopista que comunica Panamá con el Aeropuerto de Tocumen.
Otra
contribución importante de la Orden a la Iglesia panameña Merece resaltar
la labor realizada por los Monseñores Martín Legarra, primero como
Obispo-Prelado de la recién creada Prelatura de Bocas del Toro, después como
obispo de Santiago de Veraguas, donde tuvo que hacer frente a la tremenda
crisis de la desapación del sacerdote Héctor Gallego y en sus últimos años como
párroco de San Francisco de la Caleta. También
Mons. José Agustín Ganuza, como Obispo-Prelado de Bocas del Toro desde
1970, donde viene realizando una metódica y constante labor pastoral. Asimismo
tenemos que destacar a Mons. José Luis Lacunza, primero, obispo auxiliar de
Panamá, Rector Magnífico de la Universidad Santa María La Antigua de 1985-1990,
Secretario de la Conferencia Episcopal de Panamá, Obispo de Chitré del 94 al 99
y últimamente Obispo de David. Mons. Lacunza ha pertenecido también a diferentes comisiones en el CELAM.
He aquí una breve proyección de la
vida recoleta en la República de Panamá.
Panamá,
marzo de 2000
P.
Benjamín Ayechu, O.A.R.