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EL JOVEN Y LA
LIBERTAD
Objetivos
--Que los jóvenes analicen su vida para darse cuenta de las cosas que les esclavizan y no les dejan ser realmente libres.
--Que los jóvenes conozcan lo que es la verdadera libertad y se dispongan a cultivarla para ser realmente libres.
Miramos nuestra realidad
Continuamos con nuestros temas de formación humana. En el anterior hablamos de la personalidad, que es una de las tareas más importantes que todos tenemos en nuestro proceso de madurez humana si realmente queremos ser dueños de nosotros mismos y realizarnos como personas para alcanzar nuestra felicidad. Y en esa tarea de construir nuestra propia personalidad un aspecto fundamental es la libertad.
En este tema vamos a hablar de la libertad, como elemento fundamental de nuestra personalidad que nos hace dueños de nuestra vida, ser y actuar desde nosotros mismos. Antes de entrar en el tema vamos a mirar nuestra realidad para ver hasta qué punto los jóvenes somos libres de verdad o no. Leemos el siguiente hecho de vida y dialogamos sobre las preguntas que se plantean.
Hecho de vida
Mariano nunca se sentía bien, y no sabía por qué. En su casa siempre se peleaba con sus hermanos porque le molestaban, y sus papás siempre le mandaban a hacer tareas: hacer leña, trabajar en el campo. Sentía que no podía hace lo que quería.
Con sus amigos le pasaba algo parecido: no se atrevía a hacer nada ni a ir a ningún lugar si Miguel o Esteban no lo decían. No podía hacer nada por sí mismo sin ellos. Y cuando tenía que decidir algo importante siempre preguntaba a sus amigos y hacía lo que ellos le decían.
En el trabajo de tejedor tenía que cumplir con el horario y con las reglas que le ponía Don Felipe. Si no sacaba tres cortes a la semana no le pagaba cabal. Se sentía como esclavo del trabajo sin poder hacer lo que quería.
En la escuela nocturna también tenía que cumplir un horario, una disciplina y hacer puntualmente los deberes que le ponían, porque si no cumplía no aprobaba el curso.
Además, en su comunidad tenía que obedecer a los mayores; en el oratorio se hacía lo que los mayores decidían y ni él ni sus compañeros jóvenes podía protestar. A las muchachas sólo se les tomaba en cuenta para estar en la cocina preparando ventas.
Dialogamos sobre las siguientes preguntas:
1.¿Por qué Mariano no se sentía bien? ¿Qué le faltaba?
2.¿Podemos decir que Mariano era libre? ¿Por qué?
3.En nuestra familia, trabajo, escuela, con los amigos, en la comunidad,
¿nos pasa alguna vez como a Mariano?
4. ¿Podemos decir que nosotros somos libres? ¿Por qué?
5.¿Qué cosas nos impiden a nosotros ser verdaderamente libres?
Ponemos en común las respuestas.
Iluminamos nuestra realidad
Después de habernos acercado a nuestra realidad a partir del hecho de vida que hemos leído y reflexionado, nos hemos damos cuenta que muchos jóvenes no son verdaderamente libres, sino que hay una serie de situaciones que les impiden ser y actuar por sí mismos sin que nada ni nadie sea el que dirija sus vidas. Eso también nos pasa a nosotros. Muchas veces decimos no las cosas que pensamos o sentimos sino las cosas que creemos que los demás esperan oír, o no hacemos las cosas que realmente queremos hacer, sino las que los demás esperan que hagamos o las que las circunstancias nos permiten hacer. En esos casos no hablamos ni actuamos con libertad.
Situaciones que condicionan nuestra libertad
Tenemos que tener bien claro que en nuestra vida hay muchas situaciones que nos condicionan e impiden que hagamos lo que nos da la gana en cada momento. Por ejemplo, nuestra familia. Tenemos unos papás que nos mandan, que nos ponen unas reglas que tenemos que obedecer. Tenemos hermanos que muchas veces nos molestan o a los que tenemos que cuidar porque son más pequeñitos que nosotros. A esto tenemos que añadir que muchas veces en nuestra familia nos falta lo necesario, falta el alimento, el dinero para comprar lo que necesitamos, etc. Es decir, que no podemos hacer todo lo que queremos, porque nuestra familia nos condiciona, dependemos de ella.
También están los amigos. Nos gusta tener amigos y amigas con quienes compartir, jugar, platicar, divertirnos. Pero muchas veces si no estamos con los amigos o amigas nos sentimos tímidos, incapaces de hablar o relacionarnos con libertad. En muchas ocasiones tenemos algún amigo que es como el líder, el que siempre toma las decisiones de lo que tenemos que hacer o a dónde vamos a ir, y nosotros nos sentimos incapaces de hacer o decidir algo sin contar con él. Cuando nos pasan esas cosas no somos realmente libres, porque dependemos de los amigos.
Pensemos también en lo que pasa con el trabajo. Si tenemos nuestro trabajo, aunque no nos guste tenemos que cumplir lo que nos manda el patrón para poder ganarnos con qué vivir. Muchas veces quisiéramos hacer otras cosas en vez de estar calzando la milpa o quitando el zacate o tapiscando o haciendo leña o estar vendiendo en el mercado o tejiendo en el telar o poniendo blocks, pero si no hacemos estas cosas no nos ganamos para nuestro sustento. Y no digamos cuando queremos trabajar porque lo necesitamos para nuestros gastos, pero no encontramos trabajo. Es decir, que también el trabajo nos condiciona y nos hace depender de él.
Parecido a lo anterior pasa con los estudios. En la escuela tenemos que cumplir con normas: no podemos ir con la ropa que queremos sino con un uniforme, hacer los deberes que nos dejan, hacer exámenes. Y en muchas escuelas ni siquiera podemos hablar en nuestra propia lengua k’iche’. Otras veces uno quisiera estudiar pero no hay dinero. O quisiéramos estudiar enfermería, pero sólo podemos estudiar magisterio porque en el instituto del pueblo sólo tenemos esa carrera. También los estudios condicionan nuestra libertad.
Finalmente, pensemos en nuestra vida en la comunidad. Quisiéramos participar en las decisiones que afectan a la comunidad y hacer cosas, pero solamente los mayores se toman en cuenta para tomar decisiones y hacerse responsables en trabajos importantes de la comunidad, y los jóvenes parece como que no tuvieran nada que decir o aportar y sólo tienen que obedecer lo que deciden los mayores. También en nuestra relación con las demás personas de la comunidad no somos nosotros mismos, porque tal vez somos tímidos y no hacemos o decimos lo que realmente quisiéramos. Nos damos cuenta, pues, que nuestra vida en la comunidad condiciona nuestra libertad.
¿Qué es la libertad?
Para muchas personas, y tal vez también para nosotros, ser libre significa hacer lo que uno quiere, lo que a uno le da la gana y cuando le da la gana. Sin embargo, si así fuera, entonces tendríamos que reconocer que ser libre sería prácticamente imposible, porque como hemos visto, en nuestra vida contamos con una serie de situaciones que nos condicionan y nos impiden hacer lo que nos da la gana. Por el contrario, la verdadera libertad significa hacer lo que debemos hacer, lo correcto, lo que nos hace mejores personas, y hacerlo porque así lo queremos y no porque otros nos lo han impuesto.
Ser libre implica actuar de acuerdo a unos valores como el bien, la verdad, el respeto, la justicia, la amistad, el bien común, etc. Pero la libertad no se consigue de un día para otro, sino que es una tarea permanente, tenemos que conquistarla, luchando contra las ataduras que nos esclavizan y que pretenden dominar nuestra vida: la televisión, la radio, los amigos, etc. Además de esas ataduras externas, también tenemos que liberarnos de nosotros mismos, de nuestro pecado, nuestro egoísmo, nuestro orgullo.
Para poner en práctica
Hacemos una lista de las cosas que nos impiden actuar
con libertad. Elegimos las que más nos afectan y nos proponemos liberarnos.