25
EL JOVEN Y LA
FAMILIA
Objetivos
--Que los jóvenes sean conscientes de los problemas que afectan a las familias hoy, y colaboren con responsabilidad para mejorar sus familias.
--Que los jóvenes reconozcan y vivan los valores de la familia como un espacio de crecimiento y desarrollo de la persona.
Miramos nuestra realidad
En el tema de hoy vamos a hablar del joven en cuanto miembro de una familia. Hablaremos de la familia, de su realidad, de sus principales problemas, de los valores que ha de vivir una familia. Pretendemos que los jóvenes sean responsables de la buena marcha de su familia para superar los problemas y vivir la armonía y la felicidad.
Para entrar de lleno en este tema vamos primero a mirar cuál es la realidad de nuestras familias, cuáles son sus principales problemas, las dificultades que tienen para vivir la unidad, el bienestar y la paz, y cómo enfrentan los miembros de las familias su realidad familiar para superar sus dificultades y contribuir a su bienestar y felicidad. Para mirar la realidad de nuestras familias leemos el siguiente texto y dialogamos sobre las preguntas que se plantean.
Texto
Realidad de las familias
Si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que no todas las familias tienen las mismas costumbres ni se han formado de la misma manera. Algunas veces el hogar se forma de manera forzada, porque el muchacho se roba a la muchacha, o ella queda embarazada y no hay para donde. No se forma por un proceso de madurez y una libre y consciente decisión de la pareja. Muchas veces un mismo hombre tiene aquí y allá varios hogares o tiene varios hijos de los cuales después no se hace responsable. Con ello se originan familias incompletas, donde la madre soltera tiene que salir adelante con su niño. Hay familias que están formadas por los papás y los hijos, y hay otras en las que además viven otros familiares como los abuelos, tíos, primos, etc. Hay unas familias que nunca se preocupan por el progreso y la educación de sus hijos, sobre todo de las muchachas. Unas familias dan tanta importancia a las tradiciones de sus antepasados que no están dispuestos a cambiar para aceptar nuevas cosas, lo que muchas veces choca con la mentalidad moderna de los hijos. Hay muchas familias en las que se exagera tanto la autoridad del papá, que se mira más como un amo o un jefe al que se le tiene miedo, que como un papa, amigo y compañero. Como consecuencia de eso, en el hogar la mujer no tiene ninguna autoridad, y luego en la sociedad es considerada inferior al hombre, se le discrimina y pone en un segundo lugar. Hay familias que tienen todas las comodidades y tienen bienes materiales de sobre, mientras otras tienen tantas necesidades económicas que casi no pueden vivir. En unas trabaja el papá y la mamá, y en otras por necesidad también los hijos menores tienen que trabajar. Unas viven pobremente pero con dignidad y esperanza, mientras otras viven en abundancia pero en discordia, desorden y descuido. En unas familias se pierde la armonía y la paz porque el papá se emborracha, maltrata a la esposa y a los hijos, y hace escándalo. También hay muchas familias rotas por la infidelidad y adulterio.
Dialogamos sobre las siguientes preguntas:
1.¿Cuáles de las cosas que dice el texto pasan en nuestras familias?
2.¿Cuáles son los principales problemas que se viven en nuestras familias?
3.¿En qué colaboran los jóvenes para mejorar la vida de la familia?
4.¿Cuáles son los principales valores que encontramos en nuestras familias?
Ponemos en común las respuestas.
Iluminamos nuestra realidad
Si miramos la realidad de nuestras familias nos damos cuenta de que las familias hoy viven una serie de problemas y situaciones que les hacen perder la armonía y felicidad. Los hogares formados de manera forzada y sin madurez, la falta de comprensión, la violencia familiar, la irresponsabilidad de los papás, el adulterio, los vicios, las necesidades económicas, etc.
A lo anterior hay que añadir que los hijos van perdiendo el respeto y obediencia a sus papás y mayores, no aprenden las buenas enseñanzas de sus papás sino lo que les enseñan los Medios de Comunicación Social o lo que aprenden en la calle con los cuates. Lastimosamente las familias hoy están perdiendo su identidad y sus valores, y se está rompiendo su unidad. Esa es la realidad. Pero, ¿tendía que ser?
La familia es comunidad de amor y crecimiento personal
La verdadera familia nace del amor: el amor entre un hombre y una mujer que deciden compartir sus vidas para siempre, para amarse, respetarse y entregarse el uno al otra para vivir la verdadera felicidad. Como fruto de esta unión de amor nacen los hijos, que se reciben con amor y agradecimiento como un regalo de Dios. Por eso a los hijos se les ama, se les alimenta, se les cuida y se les educa.
La familia es, pues, la primera comunidad en la que nacemos como hijos, y en la que empezamos a crecer como personas, a conocernos, a relacionarnos y a descubrir nuestras cualidades personales. La familia es la primera comunidad que responde a una necesidad natural de toda persona humana: la necesidad de vivir en relación con otras personas. En ella los hijos encuentran la satisfacción de sus necesidades básicas como es la alimentación, la casa, la ropa, la salud, la educación y, sobre todo, el amor.
La familia es escuela de valores
La familia es la primera escuela en la que los hijos aprenden los valores fundamentales que los formarán como personas de bien. En ella aprendemos el valor de la vida, que tenemos que respetar y defender. Recibimos amor y aprendemos a amar de verdad a los demás. En la familia aprendemos a vivir el perdón: pedir perdón cuando hemos ofendido, y perdonar de corazón al que nos ha hecho daño para así poder vivir la reconciliación y la unidad fraterna. Aprendemos el valor de la solidaridad, para sentirnos responsables del bien de los demás y ayudarles en sus necesidades.
En la familia aprendemos las costumbres y tradiciones de nuestro pueblo, para vivir nuestra propia identidad cultural (Uj Mayib’). En la familia también se va educando nuestra personalidad, se van formando nuestros sentimientos, nuestra manera de pensar, nuestra manera de comportarnos. Aprendemos el valor del trabajo honrado para ganarnos dignamente la vida. Aprendemos a ser responsables en nuestros compromisos.
La familia es semilla de la sociedad
Hemos dicho que en la familia responde a una necesidad natural de la persona: el vivir en relación con otras personas. En uno de temas de contenido social hablamos de que todos somos sociales, Dios nos ha creado para vivir relacionados unos con otros, en comunidad, en sociedad. Pues bien, la vida social de las personas empieza en la familia. En la familia aprendemos a vivir en relación con otros, aprendemos a vivir en sociedad. La familia es como la primera célula de la sociedad.
Por eso decimos que la familia es como la “semilla de la sociedad”, en ella se van cultivando personas capaces de formar una verdadera sociedad. En este tiempo en que en nuestra sociedad se vive el individualismo, la violencia, la injusticia, la corrupción y la falta de respeto a la dignidad de las personas, es la familia en donde se debe formar a personas que cambien el modo de vida de nuestra sociedad; personas solidarias, que trabajen por la justicia, el respeto a la dignidad, el bien común y la verdadera paz.
La familia es comunidad de fe
Sobre todo, la familia es algo sagrado, que ha sido establecida por Dios desde el comienzo de la humanidad para el bien y realización de las personas; fue bendecida y llamada a colaborar con el creador en la transmisión de la vida y el cuidado y desarrollo de la creación. Por eso el matrimonio tiene una gran importancia, porque con él se inicia una nueva familia, en la que la ley fundamental es el amor entre sus miembros.
Una de las verdades fundamentales de nuestra fe cristiana es que nuestro Dios es una familia. Es la familia fundada por la comunión de vida y amor del Padre, del Hijo y el Espíritu. Pero no es una familia cerrada en sí misma, sino abierta a la relación de amor con las personas humanas. Por eso la comprensión, el respeto, la fidelidad, la entrega, la unidad y el amor en la familia tienen que ser un testimonio para el mundo de la misma vida de Dios que es una comunión de amor.
Además, la familia tiene que ser un espacio en el que se enseñe comunique y se viva el Evangelio. Con razón a la familia se le llama Iglesia Doméstica. En ella se crece en la fe, se aprenden los valores cristianos, se ora y se compromete con la misión de Jesús que se realiza en la Iglesia. Pero con todo, la familia, como realidad humana, tiene sus fallos y problemas. Al mirar nuestra realidad nos dimos cuenta de las dificultades y problemas que viven nuestras familias. Ante esa realidad no nos podemos desanimar, sino comprometernos para ayudar a mejorar la vida de nuestras familias.
Para poner en práctica
Analizar nuestra familia para ver cuáles son los problemas y dificultades que tenemos solucionar. Hacer el esfuerzo por vivir los valores de la familia. Como ayuda para nuestra reflexión leemos los valores que nos propone el Evangelio: Mt 20,20-29; Jn 15,12-15; Lc 17,3-5;15,11-31