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STEREOLAB Boston Guardo
mi boleto del concierto de Stereolab. Me costó $16.25, baratísimo, teniendo en
cuenta que Boston es la segunda o tercera ciudad más cara de los Estados Unidos
y también -ahora- la del aeropuerto más custodiado. Aquí cuando bajas del avión,
después de septiembre 11, te reciben unos gigantes armados hasta los huesos
para que no se te vaya a ocurrir la peregrina idea de estrellar otro avión de
American Airlines. Paradojas de la vida, porque antes de la desaparición de las
Twin Towers era el aeropuerto más relajado de USA, y ¿por qué?, bueno porque
casi toda la población de Boston está compuesta por estudiantes. Sin
embargo, cuando compré emocionada mi entrada para el pub Avalon, pensé, estará
repleto de gente, tengo que ir temprano y hasta compré mi entrada por internet
para evitar cualquier problema. Pero a pesar de tener aquí mismo a la escuela
de música de Berklee, una de las más famosas, y una cantidad fabulosa de
universidades y colleges “in”, pues creo que el concierto en Lima hubiese
tenido la misma cantidad de gente, lo que demuestra que Boston sigue siendo una
ciudad tradicional, la mayoría de la intelectualidad joven de aquí no parece
estar a la vanguardia, son, como llamaríamos nosotros, monses, pues, a excepción
de unos cuantos loquitos underground que pululan por Harvard Square y
alrededores. Después
del apoteósico concierto que hacía 15 días había dado Bjork, pues éste
siguió demostrando que lo realmente bueno siempre es caleta aunque lo
encuentres en la letra S de algunas
tiendas de discos. Sin embargo, creo que fue un concierto fallido. Sólo media
hora o un poco más de ruido, claro, muy bien tocado por Tim Gane y Laetitia
Sadier, que demostraron ser unos expertos en regodearse con el sonido sucio, con
un buen registro vocal, para sacarse el sombrero. Pudimos escuchar “John Cage
Bubblegum”, “Miss Modular” y “Laissez Faire”, entre otras. Sin
embargo, al salir, una Regresé
a mi casa más rápido de lo que esperaba como si hubiese salido a una matinée
cuando era niña y mis padres me El
concierto había terminado tan abruptamente que la gente no sabía si permanecer
o irse. Yo estaba igual cuando salí de Publicado en la revista Caleta
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