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UNA CARTA
Querido
esposo, antes de que vinieras he visto surgir pequeños animales entre los
arbustos. No has visto con qué amor los he alimentado esperando tu llegada.
Por las tardes he tomado el tren para llegar al lago más cercano. Todos los
niños pisoteaban las hojas secas del bosque al salir de la escuela. Hay caravanas de niños que esperan hundir sus botas bajo la nieve del invierno. Yo he viajado todas las tardes sólo para oír el crujido de las hojas bajo sus botines polvorientos. Luego te he visto caminando allá lejos, por las calles donde una ola espumosa atraviesa los sueños. Toda la noche he sentido tu asfixia y la tensión de tu cuerpo cabalgando sobre las olas. Pronto tu imagen aparecía como desaparecía. Las aguas arrojaron sal y arena sobre tu orina hirviente. Yo no sabía cómo asirte. Entonces hice muchas fotos tuyas y mías para que al abrirte la puerta pudiese reconocerte. Pero olvidé que la imagen es efímera y tiré una piedra al lago y me volví loca al ver mis otros rostros. Había pasado demasiadas tardes allí. Así que sólo pude reconocerte por la ansiosa asfixia que traes del otro lado.
De
El Mar, Ese Oscuro Porvenir
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