Colombia, con la peor tasa de desempleo de A.L.
Colombia no solo presenta la tasa de
desempleo más alta de América Latina sino
una de las peores del mundo, dijo el Secretario Ejecutivo
de la Comisión Económica para América
Latina (Cepal), José Antonio Ocampo, al presentar
el balance económico y social de los últimos
10 años en la región.*
"Ningún otro país en el hemisferio alcanza
las tasas de desocupación que se presentan en
Colombia", sostuvo Ocampo. De acuerdo con las cifras
que publica el Departamente Administrativo Nacional
de Estadística (Dane), la tasa de desocupación
en el país llegó en diciembre pasado a
19,7 por ciento. EL número de desempleados en
las siete principales ciudades asciende a 1.461.000.
Si bien es conocido que el desempleo del país
es uno de los más altos a nivel mundial, uno
de los aspectos que más preocupa a la Cepal es
la desprotección en materia de seguridad social
de miles de trabajadores colombianos.
El 32 por ciento de los asalariados laboran sin contrato,
es decir, no tienen derecho a algún tipo de prestaciones,
sistema de seguridad social o estabilidad laboral y
aproximadamente 3,5 millones de colombianos trabajan
informalmente, mientras que un 48% del total de los
empleados viven del llamado 'rebusque', frente a un
46% en promedio en la región. Ante esta situación
Ocampo dice que para ampliar la cobertura en seguridad
social y disminuir el hueco fiscal en algún momento
se deberá abordar el tema del aumento en las
cotizaciones porque subir la edad no resuelve por sí
solo el problema.
Crece la pobreza
Al presentar el libro "Una Década de luces y
Sombras" que hace un balance sobre los resultados económicos
en América Latina y el Caribe , la Cepal señaló
que uno de los mayores retrocesos se presenta en la
reducción de la pobreza. Por el Contrario el
número de pobres aumentó en 20 millones
en la década de los noventa y hoy llegan a 224
millones. Para reducir a la mitad los actuales niveles
de pobreza en la región se necesitarían
más de 25 años, si las economías
siguen creciendo al ritmo actual.
El documento de la Cepal
El libro Una década de luces y sombras: América
Latina y el Caribe en los años noventa, presentado
por Ocampo, dice que el avance de la globalización
fue el elemento distintivo del contexto mundial en los
últimos años y que los cambios registrados
en la región durante el decenio se entienden
mejor desde una perspectiva internacional.
De esta forma, las características más
destacadas de América Latina y el Caribe en este
período son, en materia política, la difusión
de los regímenes democráticos; y en materia
económica, las reformas centradas en una mayor
apertura comercial, liberalización de los mercados
financieros y de los flujos de capitales con el exterior
y el protagonismo de la iniciativa privada en la producción
y provisión de bienes y servicios.
Al hacer una evaluación sobre la economía
mundial en la década de los noventa, el libro
señala que en este período la globalización
evolucionó desde una suma de economías
nacionales vinculadas por flujos de comercio, inversión
y financiamiento, hacia la constitución progresiva
de una red única de mercados y producción.
Como consecuencia, la actividad económica de
diversos estados nacionales experimentó grandes
variaciones que dieron, alternativamente, impulso y
freno a los países en desarrollo.
En tanto, la economía mundial alcanzó
durante los noventa una tasa media de crecimiento anual
de sólo 2,4%, el nivel más bajo desde
la posguerra. Los países desarrollados tuvieron
un magro desempeño (2,2%), con la excepción
de Estados Unidos en la segunda mitad del decenio (4%).
Europa oriental cayó (-3,6%), Africa creció
escasamente (2,2%), en cambio Asia se expandió
a tasas elevadas (6,5%) y mejoraron los ritmos de crecimiento
de América Latina (3,2%) y Medio Oriente (3,3%).
La publicación destaca también que América
Latina y el Caribe tuvo durante los años noventa
una de las tasas más altas de crecimiento del
comercio de mercancías, tanto en volumen como
en valor. Además, el proceso de integración
subregional encontró una nueva y dinámica
dirección , floreciendo tanto el comercio como
las inversiones intrarregionales. Múltiples acuerdos
de libre comercio fueron suscritos con otros países
y regiones. Otros logros importantes de estos años
fueron la corrección de los desequilibrios fiscales
y el abatimiento de la inflación, males endémicos
de la región en el pasado. Las economías
se reactivaron y el manejo de los episodios de crisis
demostró una nueva capacidad institucional para
evitar graves descontroles macroeconómicos.
Por su parte, la situación social en los noventa
se caracterizó por la consolidación de
la transición demográfica y el progresivo
envejecimiento de la población, el insuficiente
dinamismo en la generación de empleo, la reducción
moderada de la pobreza y el aumento de la desigualdad
en varios países. Hubo avances en materia de
equidad de género, lográndose una mayor
participación de la mujer en el mercado del trabajo,
además de una recuperación de la inversión
social y la realización de importantes reformas
en las políticas y sectores sociales.
Sin embargo, en general el ritmo de progreso ha sido
frustrante. Las tasas de crecimiento son insuficientes,
la dependencia externa se profundizó y la productividad
permaneció baja. La recuperación también
ha sido inestable. En el libro, la CEPAL sostiene que
esto es consecuencia de los estilos de manejo macroeconómico
adoptados en un contexto de alta volatilidad de los
mercados financieros.
En su análisis de la década, algunas
de las tendencias identificadas por los expertos de
la CEPAL en la región latinoamericana son las
siguientes:
· Progresos en las finanzas públicas, especialmente
en la primera mitad del decenio.
· Baja inflación, pero altas tasas de interés.
· Un rezago cambiario, que agudizó la dependencia
de los capitales externos y acentuó la inestabilidad
de las economías latinoamericanas.
· Un crecimiento inestable, con un promedio anual de
3,2% en la década, muy por debajo de la tasa
anotada entre 1950-1980 (más de 5,5% anual).
· Una recuperación parcial de la inversión,
pero sin que esto se tradujera en un aumento de la productividad
laboral.
· La existencia de dificultades financieras y crisis
bancarias en cerca de la mitad de los países.
· Una débil generación de nuevos puestos
de trabajo, los que presentaron un creciente grado de
informalidad, especialmente en el ámbito urbano.
· Persistencia de la pobreza y desigualdad. A pesar
de la reducción gradual de los hogares pobres,
se estima que 20 millones de personas cayeron en la
pobreza en el período.
Así mismo, el libro indica que el progreso ha
sido frustrante. Las tasas de crecimiento son insuficientes,
la dependencia externa se profundizó y la productividad
permaneció baja.
La recuperación también ha sido inestable.
La CEPAL sostiene que esto es consecuencia de los estilos
de manejo macroeconómico adoptados en un contexto
de alta volatilidad de los mercados financieros.
Progreso en las finanzas públicas
En la primera mitad del decenio, los ingresos públicos
se recuperaron por el aumento de la presión tributaria
y la mayor actividad económica. Las reformas
tributarias simplificaron la administración y
redujeron la evasión en varios países.
Además, las privatizaciones aportaron ingresos
extraordinarios.
Pero desde 1997, estos ingresos comenzaron a mermar.
La situación se agravó al año siguiente
por la crisis financiera internacional y, en 1999, el
déficit fiscal alcanzó su nivel máximo
(3.2% del PIB). En el futuro inmediato, la región
deberá enfrentar una serie de desafíos
fiscales.
Dada la aguda vulnerabilidad cíclica de las
economías, la CEPAL postula que la política
fiscal debe ampliar los márgenes de maniobra
de las políticas macroeconómicas. Con
este fin, varios países crearon fondos de estabilización
sectorial (cobre y petróleo en Chile; café
y petróleo en Colombia; y petróleo en
Venezuela) para reducir la volatilidad de precios. Recientemente
surgió una nueva generación de fondos
de estabilización macroeconómica en Colombia
(1996), Argentina (1999), Perú (1999) y Brasil
(2000).
Baja inflación y altas tasas de interés
Las políticas monetarias fueron consistentes
con las metas de control de la inflación. La
tasa media de inflación regional declinó
desde más de 1.000% en 1990 a cifras de un dígito
en los últimos años. El control de la
inflación indujo una importante remonetización
de las economías y una expansión del crédito
al sector privado, que concentró el 85% de los
saldos crediticios desde 1995.
No obstante, las tasas de interés internas continuaron
muy altas. La mediana de la tasa activa se ubicó
por encima del 15% real anual. Además, se verificó
una marcada segmentación de mercados. Las pequeñas
y medianas empresas enfrentaron restricciones de acceso
y considerables sobretasas. Las grandes empresa recurrieron
al endeudamiento en el exterior, aumentando su exposición
al riesgo cambiario y su resistencia al ajuste del tipo
de cambio.
Rezago cambiario
Durante gran parte del decenio, el tipo de cambio nominal
fue un componente significativo del control de la inflación
y de la recuperación de la confianza. La tendencia
a la apreciación real de las monedas nacionales
se prolongó hasta 1998. Esta revaluación
se tradujo en un alza de las importaciones y en elevados
déficit de la cuenta corriente. Pese a los pronósticos
optimistas, la sobrevaluación se convirtió
en el talón de Aquiles de las estrategias de
estabilización cuando los flujos de capital externo
disminuyeron.
El rezago cambiario agudizó esa dependencia
y acentuó la inestabilidad de las economías
latinoamericanas. La tasa de crecimiento del producto
pasó a depender de la disponibilidad de capitales
externos para financiar el déficit corriente.
Las políticas cambiarias se fueron polarizando
y hacia fines del decenio, la mayoría de los
países adoptó esquemas de flotación
libre. Otro grupo, más reducido, se inclinó
por sistemas de cambio fijo o dolarizado.
Crecimiento inestable
A un ritmo anual de 3.2% se expandió el producto
regional en los años noventa, poco más
de 2% por encima del promedio del decenio precedente,
marcado por la crisis de la deuda. Este resultado es
inferior al registrado en el extenso período
1950-1980 (más de 5.5% anual). El producto regional
en 1999 fue apenas 54% del que hubiese resultado de
mantenerse las tendencias de crecimiento previas a la
crisis de la deuda.
El desempeño de los países fue heterogéneo.
Sólo tres (Chile, Guyana y República Domicana)
lograron tasas promedio superiores a 5%; quince registraron
incrementos de 3% a 5%; trece se expandieron por debajo
de 3% y dos mostraron resultados negativos (Cuba y Haití).
Estas tasas fueron inestables en muchos casos. El abundante
retorno de los capitales externos, tras la escasez de
los años ochenta, permitió la reactivación
al fortalecer la demanda interna hasta 1994 y, después,
en el bienio 1996-1997. Las situaciones de crisis, de
1994-1995 y de 1998-1999, provocaron substanciales caídas
en el consumo y la inversión y agravaron los
desequilibrios de las cuentas externas y fiscales, generando
cuadros recesivos en varios países.
La inversión se recupera, pero se amplía
la brecha de productividad
A una tasa anual de 4.9% creció la inversión
fija. Como proporción del producto, aumentó
de un 18.5% en 1990 a poco más del 22% en 1999.
Sin embargo, la recuperación de la inversión
no se concretó en un aumento de la productividad
laboral, con las excepciones de Argentina y Chile. Por
ende, no mejoró la productividad global de los
factores, pese al leve crecimiento de la productividad
del capital.
La mayor inversión se apoyó en el ahorro
externo, que aumentó de 0.1% del PIB en 1990
a un máximo de 5% en 1998, cuando financió
casi el 20% de la inversión. El ahorro interno
aumentó sólo 1% en el decenio. Este mediocre
desempeño se debió, sobre todo, a la canalización
del crédito hacia el consumo y a la sustitución
del ahorro interno por el externo.
A diferencia de los años setenta, el financiamiento
externo de la inversión no desembocó todavía
en situaciones inmanejables. La deuda externa pasó
de 435 000 a 756 000 millones de dólares, pero
en la mayoría de los países mejoraron
los indicadores de su carga gracias al buen desempeño
del sector exportador.
Dificultades y crisis bancarias
Los sistemas financieros de los países de la
región tuvieron numerosos problemas. Algunas
de estas situaciones demandaron ingentes recursos fiscales.
Hubo crisis bancarias en Venezuela en 1994; Argentina,
México y Paraguay en 1995, y Ecuador en 1999.
En Ecuador, México, Paraguay y Venezuela las
dificultades bancarias se han arrastrado durante varios
años y sus secuelas siguen manifestándose.
Brasil y Colombia enfrentan serias dificultades desde
1994 y 1998, respectivamente. En varios países
de menor tamaño relativo (entre otros, Bolivia,
Costa Rica, Guyana, Haití, Jamaica y República
Dominicana), también hubo problemas en este ámbito.
El libro indica que el crecimiento de los países
de América Latina y el Caribe en el decenio pasó
a depender más estrechamente de la intensidad
y calidad de su inserción en la economía
internacional. El comercio regional mostró una
preocupante vulnerabilidad frente a las crisis financieras
internacionales. La diversificación de sus exportaciones
todavía es insuficiente y subsisten múltiples
barreras al libre comercio en los países desarrollados.
Los déficit comerciales se acumulan. Una tarea
pendiente de los países de la región es
aunar criterios para mejorar la capacidad de negociación
regional.
Regionalismo abierto
La estrategia de regionalismo abierto adoptada combina
la dinámica de los movimientos subregionales
con la apertura unilateral y el movimiento hacia la
integración hemisférica. En 1991, se creó
el Mercosur y poco antes se había reactivado
la actual Comunidad Andina, el Mercado Común
Centroamericano y la Comunidad del Caribe. Estos esquemas
permitieron liberalizar su comercio y adoptar aranceles
externos comunes. Simultáneamente, proliferaron
los acuerdos de corte bilateral, llamados de nueva generación.
Entre 1990 y 1999, las exportaciones crecieron 8.5%
en volumen y 7.9% en valor. Sin embargo, las importaciones
aumentaron a tasas más elevadas, de 11.1% en
volumen y 12.1% en valor. El dinamismo de unas y otras
superó por un margen considerable el crecimiento
del producto (3.2%).
Esta brecha provocó la acumulación de
crecientes déficit comerciales que contribuyeron
al deterioro de la cuenta corriente de la balanza de
pagos. El déficit aumentó de 0.2% del
PIB en 1990 a 3.2% en 1994, año de la crisis
financiera mexicana, para disminuir en el bienio siguiente,
e incrementarse nuevamente en 1997-1998, cuando alcanzó
4.3%, y finalmente bajar a 2.8% en 1999.
La base exportadora
El extraordinario dinamismo del comercio exterior encubre
una situación de creciente heterogeneidad, ya
que las exportaciones de México crecieron a una
tasa promedio de 13.8% entre 1990 y 1997, mientras que
las del resto de la región tuvieron un aumento
de sólo 7%.
En consecuencia, se modificó el peso relativo
de los dos mayores exportadores: en 1999, México
aportó cerca del 48% del total exportado por
la región, mientras que en 1988 no alcanzaba
al 28%. La participación de Brasil se redujo
del 31% al 17%. Por otro lado, entre 1988 y 1998, los
bienes industrializados elevaron su ponderación
de 63.9% a 76.2%, y los bienes primarios redujeron la
suya de 35.5% a 22.9%.
México eligió el acercamiento con Estados
Unidos, por medio del Tratado de Libre Comercio (TLC),
para garantizar inversiones y, por esa vía, un
acceso más estable al mercado estadounidense.
Brasil acentuó su ya muy diversificada base exportadora,
pero el ritmo de expansión de sus exportaciones
revela una tasa media anual de sólo 3.2% en el
decenio. El resto de los países de Sudamérica
exhibe también cambios menores: los bienes industrializados
de uso intensivo de recursos naturales mantienen su
relevancia, así como los bienes primarios, en
particular los agrícolas.
El comercio intrarregional se recuperó del agudo
retroceso sufrido en los años ochenta y en 1997
representó más de una quinta parte de
las exportaciones totales de la región. Sin embargo,
a partir de 1998 se produjo una fuerte disminución
de los flujos comerciales dentro de los dos bloques
sudamericanos.
Aportes de la inversión extranjera directa
En el decenio hubo una recuperación apreciable
en las entradas de capitales a la región. Su
promedio anual en 1991-1999 fue equivalente a 3% del
PIB, contrastando con la salida, del orden del 2% del
PIB, en 1983-1990. Dos crisis financieras remecieron
la región y la volatilidad fue una característica
de los flujos de capital. Los más volátiles
han sido la inversión de cartera, las emisiones
de bonos y los créditos netos de los bancos comerciales.
En contraposición, la IED y los fondos oficiales
lo fueron mucho menos.
La IED fue el componente más cuantioso de la
entrada de capitales. Los ingresos netos por este concepto
pasaron de 9 000 a 86 000 millones de dólares,
entre 1990 y 1999. Una parte importante se orientó
a la compra de activos existentes de empresas públicas
y privadas, pero, hacia el final del decenio, alrededor
del 60% de la IED se destinó a la creación
de activos nuevos.
Los principales destinatarios fueron Argentina, Brasil,
Chile, Colombia y México y, en los últimos
años, la IED llegó también a Bolivia,
Costa Rica, Ecuador, Perú, República Dominicana
y Venezuela. Según su origen, los ingresos de
IED se dividen aproximadamente por mitades entre Estados
Unidos y Europa. En 1998, la participación de
Europa sobrepasó por primera vez a la de Estados
Unidos, a raíz de las grandes inversiones de
empresas españolas.
A partir de 1989 los países de la región
lograron un amplio acceso a los mercados institucionales
de bonos, que mantuvieron una trayectoria de expansión.
Los créditos de la banca comercial se recuperaron
y, en 1997, alcanzaron un máximo de 30 000 millones
de dólares, pero el monto se tornó negativo
a partir de 1998. El capital accionario se dirigió
principalmente hacia Argentina, Brasil, Chile y México.
La inversión intrarregional se incrementó
en la pasada década. No obstante su modesta incidencia
(entre 3% y 5% de la inversión extranjera total),
esta inversión tiene atributos que le otorgan
particular importancia para la efectiva integración
regional de los aparatos productivos y comerciales.
Originalmente fue impulsada por las privatizaciones,
pero luego se orientó a buscar presencia en los
mercados subregionales.
Situación social
La situación social en los años noventa
se caracterizó por la consolidación de
la transición demográfica y el progresivo
envejecimiento de la población, además
de una insuficiente generación de empleo, una
moderada reducción de la pobreza y el aumento
de la desigualdad en varios países. Asimismo,
se logró una mayor participación de la
mujer en el mercado del trabajo, así como la
recuperación en niveles de la inversión
social y la realización de importantes reformas
en las políticas y sectores sociales.
Desaprovechamiento del bono demográfico
En este período en todos los países siguió
consolidándose el proceso de transición
demográfica, es decir, el "tránsito" de
la población desde altos a bajos niveles de fecundidad
y mortalidad. Asimismo, se detectó que el llamado
"bono demográfico" -producto del crecimiento
de la población en edad de trabajar y la económicamente
activa a mayores tasas que la población total-
no ha sido aprovechado en la región, fundamentalmente
por la escasa generación de empleo, sobre todo
de aquel con altos niveles de productividad.
En el conjunto de la región, el número
medio de hijos por mujer ha disminuido de 3.4 a 2.7,
la esperanza de vida al nacer aumentó de 66 a
69 años, la tasa de mortalidad infantil descendió
de 48 a 36 por mil y la tasa de crecimiento demográfico
total de 2% a 1.6%. Si se cumplen los supuestos actuales
sobre el futuro de la fecundidad en América Latina
y el Caribe, es previsible que en la mayoría
de los países ésta alcance el nivel de
reemplazo, o se aproxime a él, en el quinquenio
2020-2025.
Escaso crecimiento del empleo
Durante los años noventa, la generación
de nuevos puestos de trabajo fue débil y concentrada
en el sector informal. Los salarios reales, aunque subieron
ligeramente, sólo lograron recuperarse de las
pérdidas previas en forma parcial y con lentitud.
En este periodo se repitió un ascenso de la tasa
de participación, cuya principal causa fue la
creciente incorporación de las mujeres al mercado
del trabajo: entre 1991 y 1998 la tasa de participación
de las mujeres subió cuatro puntos porcentuales
y superó el 41%.
En tanto, entre 1990 y 1998 el promedio simple de la
tasa de ocupación de 12 países de la región
creció casi 0.2 puntos porcentuales por año.
Esto determinó que el número de ocupados
aumentara ligeramente por encima del 2% anual en promedio
y, por lo tanto, menos que la Población Económicamente
Activa (PEA), lo que se tradujo en un aumento del desempleo
a nivel regional, sobre todo a partir de mediados de
la década de 1990.
Persiste la pobreza y la desigualdad
Entre 1990 y 1997, el numero absoluto de hogares pobres
frenó la tendencia ascendente que tenía
en los años ochenta, pasando la proporción
de hogares en esta condición de un 41% a un 36%
en este período, nivel que es todavía
mayor al existente en 1980. A raíz de las crisis
vividas en los últimos años de los años
noventa, se estima que 20 millones de personas cayeron
en la pobreza en América Latina y el Caribe.
Así, al ritmo que ha evolucionado el producto
por habitante en la región durante el decenio,
se tardaría más de un cuarto de siglo
en reducir a la mitad los actuales niveles de pobreza.
La evolución de la pobreza y la indigencia ha
sido heterogénea entre los países de la
región. En este punto, el crecimiento económico
cumplió un papel muy importante, ya que existe
una clara relación entre su trayectoria y la
del ingreso por habitante durante el decenio.
Por otra parte, en América Latina y el Caribe
se observa un creciente grado de informalidad laboral
y una tendencia ascendente del desempleo, que repercuten
negativamente en la pobreza y generan desaliento entre
los adultos quienes, queriendo ocuparse, no pueden hacerlo
por falta de oportunidades. Así, para reducir
la pobreza, no sólo es fundamental generar empleo
para los trabajadores de hogares pobres, sino que además
es indispensable establecer programas de protección
social y de transferencias monetarias del sector público
hacia esos hogares, sostiene la CEPAL.
Respecto de la distribución del ingreso, no
ha habido avances importantes en la región durante
el decenio. La recuperación del dinamismo económico,
la reducción de la inflación y el aumento
del gasto público social no han sido suficientes
para mejorar este indicador de manera significativa.
Equidad de género
Lo ocurrido con las mujeres de América Latina
y el Caribe en la década de 1990 arroja un balance
con avances, contradicciones y ambigüedades. Mientras
que en la mayoría de los países los cambios
estructurales que acompañaron los procesos de
modernización posibilitaron el ingreso de las
mujeres al mercado laboral y a distintos niveles de
educación, salud y planificación familiar,
por otra parte hubo una serie de factores que condicionaron
estos cambios.
Los avances en cuanto al acceso de las mujeres a los
distintos ámbitos de la vida social han hecho
más visibles las brechas entre su situación
y la de los varones. Asimismo, la rígida división
sexual del trabajo y la consiguiente asignación
del trabajo doméstico en forma casi exclusiva
a las mujeres, siguen figurando entre los mayores obstáculos
para que las mujeres ejerzan su ciudadanía en
forma amplia y equitativa.
Aumenta el gasto público social
Durante el decenio, el gasto público social
tuvo una dinámica muy favorable, que se concretó
en un aumento de 2.3 puntos porcentuales del PIB, de
10.1% a 12.4%, superando en muchos casos los niveles
de principios de los años ochenta. Con diferencias
entre países, ese aumento fue inducido tanto
por la recuperación de los ingresos públicos
a raíz del mayor crecimiento, como por la prioridad
otorgada al gasto social en el presupuesto público.
Resultó notable el ascenso del gasto social en
educación y salud, actividades fundamentales
para el desarrollo del capital humano.
Por otra parte, la protección de la población
en épocas de crisis ha exigido que los países
cuenten con mecanismos, planes y recursos que puedan
operar oportunamente ante situaciones imprevistas. Según
la CEPAL, aquí se requiere desarrollar instrumentos
de previsión, acción y ahorro que refuercen
la capacidad de respuesta ante esas coyunturas. En general,
las reformas han dejado en claro la necesidad de profundizar
en la formulación y gestión de la regulación
y la supervisión, en especial en lo que respecta
a prácticas de competencia y acceso, niveles
y grados de protección, aseguramiento de la calidad,
información pública y resolución
de conflictos .
* Documento
de la Cepal
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