America Latina y el cinismo del BID
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) una
entidad supraestatal al servicio de las transnacionales
y del gran capital internacional. Aumenta la pobreza
y la miseria a costa del saqueo de los países
en vías de desarrollo
*Nelson Fajardo
En medio de las grandes expectativas, acaba de reunirse
la Asamblea Anual del Banco Interamericano de Desarrollo
(BID), con la presencia de un número muy importante
de personas en representación de 44 países
miembros y 21 países no miembros. El asamblea
fue en Santiago de Chile
Lo más interesante de los balances del tipo
de entidades supraestatales, como el BID, es el histórico
cinismo que los caracteriza. Parece ser que ellas tienen
una enorme capacidad para borrar la historia y declararse
asombradas por lo que ha pasado en la economía,
principalmente de aquellos países menos desarrollados.
Así, el BID está supremamente "consternado"
por el aumento de la pobreza y las desigualdades en
América Latina. Según algunos datos estudiados
durante la Asamblea, el 70 por ciento de las exportaciones
del continente siguen siendo materias primas con un
bajo contenido en valor agregado, el número de
pobres aumentó en más del 20 por ciento,
la tasa de desempleo oscila entre el 8 por ciento y
el 22 por ciento, tasa que afecta indiscriminadamente
tanto a la población con bajos niveles de educación,
como aquella que posee formación calificada.
En su preocupación e "inocencia" por lo que está
sucediendo, nos informa el BID que en los últimos
veinte años se registraron más de cuarenta
episodios en que el ingreso per cápita cayó
más del 4 por ciento anual.
Según los datos que rodearon la Asamblea, el
crecimiento de la economía de América
Latina en los últimos años está
ubicado, escasamente, por encima del 3 por ciento y
la perspectiva es que en el año en curso está
por debajo del mencionado dígito. Desde luego
que el crecimiento alrededor del 3 por ciento no es
lo suficiente para que las economías se dinamicen
y se logre el efecto multiplicador de reducción
del desempleo y la pobreza.
A pesar de lo lúgubre de la situación,
los señores del BID consideran que la inflación
al 5.2 por ciento durante el 2000 constituye un elemento
positivo en la aplicación de los permanentes
programas de ajuste, fundamentalmente fiscales, a que
nos tienen sometidos hace 17 años este tipo de
instituciones supraestatales. Sin embargo, reconocen
algo que siempre hemos planteado en estos espacios,
que dicha reducción tiene un alto soporte en
el ataque a la capacidad de compra de las grandes mayorías
en América Latina.
Los discípulos de Fukuyama
Llama la atención, entonces, confirmar la existencia
de verdaderos discípulos de Fukuyama, dedicados
a borrar no solo las realidades históricas, sino
su propia historia, cuando al concluir la década
del ochenta declararon que esa había sido una
década perdida para el continente, cuestión
que se les olvidó, para declarar ahora que la
década de los noventa se define como la década
de la pobreza y el desempleo.
En un acto de lamento, el presidente de esa institución,
Enrique Iglesias, asegura que el crecimiento de América
Latina podría ser inferior al 1 por ciento en
los próximos años por los costos del ajuste,
pero de no haber sido por las reformas, la situación
podría ser peor. Esta es una manifestación
patética del cinismo, igual o peor a la de César
Gaviria cuando expresa su asombro por lo que está
ocurriendo con la economía colombiana, cuando
él es uno de los máximos responsables
de la actual situación.
Frente al fenómeno mencionado, la propuesta
del BID para los próximos años consiste
en una supuesta globalización con respuesta social,
similar a la conocida por los colombianos con el nombre
de apertura democrática con corazoncito que vendió
el expresidente de la república, Ernesto Samper
Pizano en su época.
Tanto cinismo, tanta falacia y tanta hipocresía
de ese tipo de organismos internacionales al servicio
de los intereses de acumulación del gran capital
transnacional, requiere elevar la integración
latinoamericana a nuevas dimensiones que permitan confrontar
el manejo oligárquico y depredador de los Estados
del continente y genere el suficiente potencial de fuerza
para enfrentar las instituciones supraestatales al servicio
del gran capital transnacional.
* Nelson Fajardo . Economista colombiano y Dirgente
de izquierda
Empleo y salarios
*Alvaro Vásquez
El viernes pasado se realizó
un foro convocado por el Banco de la República.
Hablaron los representantes del pensamiento capitalista
y del Gobierno. No hubo una sola voz disonante en este
coro de los servidores de los grandes monopolios. Se
trataba de examinar las causas y los remedios para disminuir
el desempleo. Los datos son bien trajinados: uno de
cada cinco trabajadores está sin empleo. Y entre
los jóvenes de 18 a 21 años, un tercio
deambula sin trabajo. El total nacional llega a más
de los tres millones. Y el subempleo toca a cerca de
seis millones de personas.
Estas reuniones se suceden periódicamente
para dar la sensación de que hay quienes sí
se preocupan por este flagelo social que azota a la
clase trabajadora. Pero, la realidad es que los voceros
oficiales y del capital no sólo no tienen ningún
interés en que se atenúe la desocupación.
Al contrario, son los centros generadores del desempleo.
Les conviene echar gente a la calle porque esto envilece
los salarios, aumenta la competencia al interior de
la clase obrera y desmoraliza al movimiento organizado
de los trabajadores. Aún más. Está
en ejecución un plan de despidos en masa del
gobierno nacional, los departamentos y los municipios,
que dejará sin "camello" a más de 50.000
asalariados. Para no hablar de las fusiones y absorciones
de empresas, cuyos planes se basan en tener menos trabajadores
y producir más. La producción de la industria
el año pasado aumentó, según cifras
del Dane, en un nueve por ciento y al mismo tiempo el
número de obreros bajó en cerca del tres
por ciento con un alza de la ganancia de cerca del 12%
a costa de la mayor productividad del trabajo.
Por eso, no es de extrañar que
en el seminario que comentamos, al cual asistió
el Nóbel de economía del año pasado,
todas las propuestas dizque para atemperar la desocupación
se dirigen a bajar los salarios o disminuir las nóminas.
Este tipo de propuestas han sido constantes en los últimos
años. El señor Cárdenas, por ejemplo,
recitó la lección conocida del gran capital:
reducir los costos laborales en un 10%, pagar salarios
inferiores al mínimo (ahora está cerca
de 125 dólares por mes), ampliar la jornada diurna,
haciendo que la noche se convierta en día para
no cubrir el trabajo nocturno, remplazar los dominicales,
no pagar indemnización por los despidos. Otros,
como el señor Lora insistieron en acabar con
los recargos para el Sena, el bienestar familiar y las
cajas de compensación.
A Hugo López, experto en el
empleo, se le ocurrió repetir el cuento pastranista
de "escolarizar" a más de 600.000 jóvenes
para conseguir otros tantos empleos.
Se trata, como es obvio, de hacer pagar
a los mismos trabajadores el costo del desempleo, bajando
los salarios reales, aumentando la cuota de ganancia
y acumulando capital a costas de la mayor explotación
de los obreros.
Sobra decir que con estos foros se
está preparando el terreno para justificar el
conjunto de medidas que el gobierno prepara, de acuerdo
con el FMI, para descargar sobre los trabajadores el
peso de la crisis económica. En respuesta a lo
cual el movimiento obrero tiene que llevar adelante
un plan de acción de masas, en alianza con todos
los sectores populares, para defender el salario y la
ocupación, amenazados por la voracidad patronal.
MIRADOR
Expogestión
No hay respuestas claras del
Gobierno Central a la solicitud de ayuda de las regiones,
cada vez más agobiadas por el centralismo, la
discriminación y el vacío social
*Carlos A. Lozano Guillén
Se realizó la semana pasada
en la Feria de Exposición de Bogotá la
llamada Expogestión, que según dijeron
los voceros gubernamentales tuvo la finalidad de explicarle
a gobernadores y alcaldes del país (presentes
casi el 80 por ciento de ellos) las bondades de la "Empresa
Colombia" y darles a conocer las herramientas que el
Gobierno Central tiene a su disposición para
el progreso social de las regiones.
El Tiempo del domingo último,
quizás con demasiado optimismo, asegura que "gracias
a la metodología interactiva establecida en Expogestión,
en adelante se hará más fluida la comunicación
de los alcaldes y gobernadores con los altos funcionarios
del Gobierno Central, en el propósito de darle
un alcance óptimo a la gestión administrativa".ĦOjalá
fuera verdad tanta belleza!
Sinembargo, en Expogestión no
hubo respuestas concretas del Gobierno Central a la
solicitud de ayuda de las regiones, cada vez más
agobiadas por el centralismo, la discriminación
y el vacío social. Muchos departamentos y municipios
están técnicamente quebrados, intervenidos
por el Gobierno Nacional, no para ayudarles sino para
imponerles sus políticas neoliberales y de distanciamiento
de la atención social. Está en proceso,
por ejemplo, el Acto Legislativo 012 que le expidirá
certificado de defunción a la salud y educación
públicas, sobre todo en los entes territoriales.
Los mandatarios se quejaron de que
no hubo respuestas a su clamor de obtener herramientas
reales para el progreso y eso se hace con presupuesto
y recursos económicos; mas no con discursos demagógicos.
Lo que está claro es que el Gobierno Nacional
es centralista o descentralista según le convenga.
Es lo primero para manejar los recursos del Estado a
su antojo e imponer la política nacional y regional
en materia de reformas substanciales y de orden público;
y es descentralista para sacarle el bulto a las obligaciones
con las regiones.
Y en contravía de tanta parafernalia demagógica
en Expogestión, el plato fuerte fue la intervención
del general Fernando Tapias, instando al apoyo de las
regiones a la guerra y para la victoria militar de las
fuerzas del Estado. Amanecerá yveremos.
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