Indígenas
y Campesinos por la Reforma Agraria
! La Resistencia en época de Guerra !
La
Fundación Aurora Por la defensa y la prevención
de la violación de los derechos humanos,
es un programa de resistencia, frente a una guerra declarada
contra los indígenas y campesinos que conservan
la posesión de la tierra y que preservan los
conocimientos ancestrales de su autonomía alimentaria.
Las causas de esta guerra las encontramos
en los intereses económicos de las multinacionales
Estadounidenses, Japonesas y europeas, que se han visto
en la necesidad de explotar más territorios y
acelerar la producción para satisfacer el apetito
feroz e irracional de ganar más y más,
sin importar los crímenes, desplazamientos y
sufrimientos de cientos de miles de personas en la tierra.
Colombia tradicionalmente era un País
agrario. La población total de Colombia era mayoritariamente
rural. A razón de 70% de población rural
frente a un 30% de población urbana antes de
la década de los 80s. Hasta un tiempo determinado
la producción abastecía las necesidades
de la población. Esto ha sido significativo,
porque había una soberanía alimentaria
que se había desarrollado espontáneamente,
pero que era un obstáculo para el crecimiento
de las multinacionales del alimento.
En primer lugar la guerra contra la
población rural se manifestó en el abandono
por parte del Estado colombiano, los terratenientes
e industriales, conservaron esta postura de aislamiento,
mientras el desarrollo de las ciudades se aceleraba
constantemente. Era de vital importancia mantener aislado
el campo, como una gran reserva para explotarla posteriormente,
en tanto que la población campesina e indígena
se empobrecía cada día más.
Esto obligo a que en algunas regiones
se buscaran alternativas de subsistencia frente a esta
guerra, sobre todo se basó esta resistencia en
la creación de sistemas productivos diversificados,
para conquistar autonomía en la producción
de sus alimentos, sustentando una economía que
equilibrara la producción y el medio ambiente.
Con todo, los efectos de esta guerra
fueron desastrosos para la población campesina
e indígena; los índices de desnutrición
de la población indígena y campesina entre
1.978 y 1.988 a 90 %, mientras que la mortalidad infantil
es de 80 niños por cada mil, el 84% de la población
carecen de acueducto, mientras que las mujeres entre
los 15 y 49 años de edad no han asistido nunca
a la Escuela. (1) Datos tomados de la Ponencia "Reforma
agraria y perspectivas del campesinado. VIII Foro Nacional
del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos
Humanos" 1.996
La pobreza en el campo es del 64%,
en tanto que el 37% sobrevive en condiciones de miseria.
(Ibid).
El aislamiento al que estaba sometido
el campo sin embargo genera fuerzas de resistencia de
diversa índole, campesinos se organizan para
robar y asaltar, otros fortalecen las fuerzas guerrilleras,
los más débiles y vulnerables se desplazaron
a las ciudades y alimentaron los cordones de miseria,
mientras que otros se organizaron en juntas comunales
y buscaron alternativas políticas y productivas.
Luego sobrevino una segunda forma de
guerra en varias direcciones, que inicia con los prestamos
bancarios, mediante los cuales los campesinos perdían
la tierra por no tener como pagarlos, paralelamente
con esto el Estado diseña programas productivos
basados en la neo aparcería, sistemas de producción
por contrato que se convierte en otra forma de despojo
y expropiación de tierras, luego las fumigaciones
de cuyos efectos hablaremos mas adelante, y por último
la expropiación a sangre y fuego con el advenimiento
de las llamadas convivir o ejércitos paramilitares.
Consideramos que estas formas de la
guerra no son políticas aisladas, sino formas
de ejercer una y la misma política de industrialización
del campo que sobreviene necesariamente, como condición
del desarrollo del poder del capitalismo mundial, y
del interés por parte de las multinacionales
de apropiarse del territorio colombiano para la explotación
privada. Principalmente del capital Estadounidense.
Si la anterior política estatal
era dejar en el abandono al campo, generando condiciones
para reducir sus condiciones de vida, ahora el proceso
de desalojo del campo se acelera, con el fin de acrecentar
el monopolio sobre la tierra. En esto la participación
de los paramilitares es de vital importancia, de allí
que hoy existan en Colombia mas de dos millones de campesinos
desplazados. Las Convivir se activan con el gobierno
de Turbay Ayala la década de los 80s, y sus acciones
se recrudecen en el gobierno de Barco y Samper.
Los planes macro - económicos
incluyen canales fluviales, privatización de
los ríos, troncales para mejorar las vías
de comunicación con miras al transporte privado,
el plan pacífico que incluye la apertura del
canal fluvial que recorre los Departamentos de Valle,
Cauca, Chocó, Antioquía hasta la costa
atlántica, los planes de exploración y
explotación petrolera sin importar los daños
al ecosistema, la destrucción de comunidades
indígenas y campesinas, como es la amenaza de
extinción de los UWA, la creación de represas,
y la instauración de un sistema de producción
agrícola basado en el mono cultivo con fines
de exportación, son las causas reales que justifican
hacer la guerra a la población colombiana. No
cabe duda de que existe un vinculo indisoluble entre
la economía política y la violencia.
Las convivir posteriormente se convirtieron
en Autodefensas Unidas de Colombia, grupo paramilitar
financiado por los grandes propietarios de la tierra,
por el narcotráfico, y asesorado por las Brigadas
del Ejército nacional, que a su vez responde
a las imposiciones de los Estados Unidos.
Los jefes paramilitares e incluso el
Estado, repetidamente han manifestado que el paramilitarismo
es un ejercito que tiene como fin eliminar la base social
de la guerrilla, y combatir la insurgencia armada, pero
nosotros consideramos que esto no es totalmente cierto,
en realidad el paramilitarismo tiene dos funciones principales,
primeramente buscar mediante el crimen y el terror el
despojo de la tierra a los campesinos e indígenas,
en segundo lugar, asociar las organizaciones campesinas
y populares con la guerrilla colombiana para justificar
los mas horrendos crímenes.
La política paramilitar tiene
su sustento en las reformas agrarias que vive el pueblo
colombiano, las estadísticas sobre población
son claras y precisas para comprender la violencia y
la guerra. En la década de la aparición
de los paramilitares, el porcentaje de la población
cambió ostensiblemente. En los años setenta
la población vivía en áreas rurales
a razón del 70% de población rural, en
el año 2000 la población rural decreció
al 25%, mientras que la población urbana aumentó
al 75%. Esto indica el proceso de despojo del campesino,
paralelo a la concentración de la propiedad de
la tierra. Hoy mas de dos millones (2.000.000) de campesinos
han sido desplazados de sus tierras por los paramilitares,
ahora se arrinconan en tugurios en las periferias de
las ciudades.
La concentración de la tierra
aumentó en las últimas dos décadas.
En la época de la aparición de paramilitarismo
unido, en 1.984 de 0 a 100 hectáreas la población
equivalente al 39.96 %, en 1.997 disminuyó al
34.47%, de 100 a 500 hectáreas en 1.984 lo propietarios
equivalentes al 27.46%, en 1.997 disminuyó al
20,54% de los propietarios, esto significa que la población
campesina y los pequeños propietarios han disminuido
en relación con los grandes terratenientes, que
hoy los que poseen más de 500 hectáreas
en 1.984 eran del 32,59 %, en 1.997 llegan al 44.59
%.
Sumando los propietarios de más
de 100 hectáreas entre pequeños y grandes
propietarios, tenemos que es del 65,53% poseen la mayor
parte de la tierra, que equivale al 7 % de la población
total en el campo, mientras que el restante 93% de la
población campesina e indígena solo posee
el 34.07% de la tierra.
(Datos tomados de propuesta de los
campesinos del municipio de Argelia suroccidente del
Cauca, en la audiencia publica internacional sobre cultivos
ilícitos. Y los campesinos, Distribución
y Utilización de la Tierra en Colombia, Violencia
y Desplazamiento Forzado).
La coincidencia de este proceso de
monopolización sobre la tierra con el paramilitarismo
y los intereses económicos de las multinacionales,
nos hace pensar que la industrialización del
campo es una política de supresión de
la vida de los hombres en el campo.
Además de la estrategia paramilitar
de desplazamiento del campesinado, las fumigaciones
están cumpliendo un papel fundamental, en Colombia
se fumiga también la selva, a las personas, los
alimentos, con la disculpa de fumigar cultivos de coca
y amapola; los desplazamientos de campesinos se han
incrementado, porque además de fumigar pequeñas
parcelas de cultivos de coca para subsistencia, parcelas
que se encuentran rodeadas de cultivos de pan coger
(cultivos de alimentos), perjudican la autonomía
alimentaria del campesinado, y fumigan así mismo
a las familias que se encuentran viviendo en las zonas,
esto ha representado para las poblaciones enfermedades,
abortos, nacimiento de niños deformes (casos
que principalmente se han dado en el Cauca), contaminación
de las aguas, cambio en el clima. El Estado colombiano
ha fumigado zonas donde no existen cultivos, además
de sectores que son selváticos.
Quien considere que las fumigaciones
son una política contra el narcotráfico
se equivoca, las fumigaciones son una nueva forma en
la que en Colombia se ejerce la guerra contra la población,
en realidad los cultivos de coca y amapola se trasladan
a zonas diferentes controladas por los grupos paramilitares,
quienes encuentran financiación directa por parte
de narcotraficantes.
Con todo esto el problema del narcotráfico,
que se usa para justificar todas las acciones de guerra
en Colombia, es en realidad una desviación del
real problema que causa la violencia, pero por la imposición
de la política militar Estado Unidense, el real
sentido de la guerra. El Plan Colombia responde a los
intereses mencionados, a la necesidad de apropiarse
del territorio rural de gran riqueza natural.
En esto no debemos equivocarnos, no
un problema agudo de narcotráfico que sea representativo
en contra de Estados Unidos, por que más del
90% de las riquezas que se producen por narcotráfico
se quedan en los bancos Estado Unidenses, en Colombia
solo se queda un 6% de las riquezas que produce, el
País que tiene menos interés en acabar
con los la coca y la amapola es Estados Unidos, sin
embargo, les interesa apropiarse de la explotación
extensiva del campo, incrementar más su poder
sobre las naciones e imponer su ideología mercantilista.
Los prestamos bancarios a campesinos
ha sido otro factor de desplazamiento. Por falta de
vías de comunicación, de comercialización,
los productos de los campesinos no tienen salida en
el mercado nacional y menos en el mercado mundial. La
política del Estado en relación con el
café, uno de los principales productos de exportación
es significativa a la hora de comprender la forma como
los campesinos sufren la política agraria del
Estado.
Para mantener el precio externo del
café, el gobierno colombiano inició una
campaña para destruir los pequeños cultivos
de los campesinos pobres, manteniendo los cultivos en
las grandes haciendas cafeteras. Sin alternativas los
campesinos se ven abocados a prestamos a medianos intereses,
pero como los productos no tienen posibilidad de mercado,
pronto tienen que entregar sus tierras por no pagar
el préstamo.
Frente a todas estas políticas
violentas contra los campesinos, como actos ruines en
contra de la humanidad, como violación de los
más elementales derechos humanos, nace el programa
AURORA.
Nuestra lucha parte del reconocimiento
de que Colombia está en guerra, y frente a ella
hay diversas posiciones, desde los que luchan con las
armas, como los que trafican con ellas, desde los medios
de comunicaciones que han encontrado una fuente interminable
de noticias, hasta el Estado que se justifica en la
guerra para ocultar la corrupción que campea
en su seno, para justificar que en Colombia el 80% de
la población de un total de 40 millones de habitantes
vive en la miseria, para justificar las medidas de disminución
de los recursos para Salud, Educación, etc.
Pero nuestro camino está guiado
por un horizonte distinto, es una resistencia pacífica
que enfrenta desde su pequeñez los factores más
corruptivos de nuestra sociedad. Partimos de la recuperación
de los conocimientos sobre el vinculo necesario existente
entre producción y medio ambiente, conocimiento
que se recupera en la tradición oral, valiéndonos
de los conocimientos de los sabios ancianos.
El primer aspecto contra el que
la producción campesina lucha es la tergiversación
del orden natural, porque ésta siempre ha seguido
cánones que han nacido a partir de las leyes
de conservación del medio ambiente, al mismo
tiempo que es un rechazo a la manipulación genética,
es un rechazo a la producción salvaje del neoliberalismo.
Con la producción campesina buscamos que se mantenga
la diversidad productiva, para que la diversidad cultural
se conserve y progrese efectivamente, contrario a la
producción extensiva que elimina la diversidad
y condiciona a la expropiación de su tierra a
los campesinos.
Consideramos que el monocultivo requiere
grandes zonas del País y del planeta deshabitados,
para someter a la tierra a una radical forma de producir,
no sostenible, por el contrario que acelera la esterilización
de la tierra, condiciona el planeta a un radical cambio
en su atmósfera, y la eliminación de las
condiciones naturales en las que el hombre pueda en
un futuro cercano vivir.
El programa Aurora, no es simplemente
la pequeñez de las comunidades que están
trabajando en él, fundamentalmente es una pregunta,
es una interrogación por la vida del planeta
y la vida de la humanidad.
La reforma agraria que se impone a
toda costa en nuestro País, requiere grandes
extensiones de tierra deshabitada, porque es una necesidad
para la explotación de las multinacionales que
en el campo la población se reduzca al mínimo,
al mismo tiempo esta reforma agraria condiciona la expropiación
y separación del campesino de su medio de producción
y de los escasos instrumentos que le pertenecen y con
los cuales trabaja. El proceso que separa al campesino
de la tierra se ha acelerado desde 1.980, lo que ha
significado en dos décadas una transformación
de la población rural en urbana y un incremento
del monopolio de la tierra.
Sin embargo, esto no es lo único
preocupante, porque el dominio extensivo de la tierra
es una sola condición, también las multinacionales
de la ecología, del papel, de los alimentos,
requieren una explotación intensiva de la naturaleza,
esto quiere decir que la expropiación de la tierra
a los campesinos es solo una faceta, la necesidad lleva
a expropiar sus conocimientos sobre plantas y semillas
nativas, en definitiva hablamos del control sobre la
biodiversidad. Mediante las fumigaciones a las huertas
de pan coger, el Estado asegura que los campesinos pierdan
el control que tienen sobre las semillas nativas de
sus alimentos, de las plantas medicinales, y crea condiciones
para que las multinacionales controlen el mercado de
semillas.
Es esta una guerra contra la soberanía
alimentaria. Para poder hacer más dependiente
a un pueblo no basta con la propiedad sobre la tierra,
también es necesario eliminar todo vinculo espiritual
de conocimiento de los campesinos e indígenas
con la tierra, para ello, el Estado desarrolla la campaña
de destrucción de aquello que mantiene viva la
existencia de las comunidades rurales, las huertas tradicionales
de pan coger, el cuidado del medio ambiente, la protección
de los nacimientos de agua, el equilibrio entre producción
y medio ambiente, el vinculo entre las cosechas y el
cosmos, el control de plagas con fumigantes naturales,
etc.
Alimentos como el frijol y sus diferentes
variedades, el maíz y sus variedades, el trigo,
la arracacha y sus variedades, la patata, la papa, la
yuca, el ñame, las legumbres, arvejas, y toda
clase de plantas medicinales y otros frutales de diversa
naturaleza son hoy los peores enemigos de las multinacionales
de la biotecnología, si los campesinos continúan
resistiendo es porque poco a poco han comprendido que
cuidar su tierra y además conservar sus semillas.
Si existen organizaciones políticas
como las asociaciones de Juntas comunales, para resistir
en esta guerra de expropiación es insuficiente
pensar en incrementar el número de los miembros
de las organizaciones, se hace necesario que los campesinos
reflexionen sobre su labor de tantos años, que
han realizado espontáneamente, pero que ha sido
la condición esencial de hoy permanezcan con
vida, vinculados a la tierra, aunque comprendemos que
la tendencia general de la sociedad capitalista en el
mundo es convertir todo lo que camine, corra o vuele
en medio para la ganancia particular, y que el desenfreno
de una producción con miras a la ganancia nos
esté llevando a aniquilar el planeta, el camino
abierto por una producción campesina que respeta
la biodiversidad, y que presenta un hondo compromiso
para resistir en medio de este sistema de muerte.
El programa Aurora, ha rechazado los
planes productivos del gobierno que consisten en imponer
proyectos con semillas mejoradas, destruyendo las semillas
nativas a tal punto que 100 especies de semillas se
destruyen diariamente en el mundo, con el fin de imponer
las semillas manipuladas genéticamente, que traen
consigo formas de inusitadas de esclavitud para los
campesinos, tanto de plantas como de animales, por ejemplo,
promueve la creación de galpones para gallinas
ponedoras, que producen huevos híbridos, que
no se reproducen, estas gallinas suplantan las que tienen
en sus huertas los campesinos, las desplazan y la multinacional
que las produce inicia el control sobre el alimento,
sobre lo que come y la manera cómo se alimenta,
con la producción de estas gallinas viene la
compra del concentrado especial, los medicamentos para
combatir el Sinnúmero de pestes que les da a
estas gallinas, y el campesino que esclavo de estos
animales porque no conoce nada de su crianza.
Lo mismo ocurrió con la imposición
del cultivo de café variedad Colombia, este es
una semilla mejorada que trae consigo la enfermedad
y por tanto el remedio que es vendido por las multinacionales
de químicos, plantas que deben ser soqueadas
regularmente, mientras que el café nativo se
conserva y produce en plantas que tienen más
de 80 años y no les da ninguna de las enfermedades
modernas.
Podríamos enumerar otros productos,
pero lo que interesa es comprender que es el mismo mecanismo
de control del mercado, del usufructo de la tierra tanto
extensiva como intensivamente, la búsqueda del
mercado que hace de la producción de alimentos
la producción de venenos, por ejemplo el llamado
efecto decorativo de los productos para hacerlos más
atractivos.
En el afán de producir más
y más, nos estamos olvidando de la vida, la producción
orgánica y la resistencia en medio de la guerra,
nos obliga a defender nuestra soberanía alimentaria,
sosteniéndonos en la recuperación de nuestros
conocimientos, la preservación de las semillas
para las comunidades campesinas, tanto de animales como
de plantas, la protección real y efectiva de
la naturaleza buscando armonizar la producción
y el medio ambiente, recuperando la salud de la población
rural con base en la alimentación y en la combinación
de los alimentos, desterrando la droga química
por innecesaria en un ámbito en el que la planta
medicinal es de uso común, y desarrollando los
planes educativos que nos enseñen que se puede
vivir en libertad y con el respeto que todo ser sobre
la tierra se merece.
Esto es una realidad que estamos forjando juntos, camino
desbrozado por los mismos campesinos y que hoy ha vinculado
pueblos tan lejanos como la Comunidad de Tenquendama
en el Cauca y Spilimbergo, comunidad que ayuda a estrechar
los brazos de solidaridad y hermandad entre los pueblos
que entre sí eran desconocidos. Programa Aurora
/ Visur http://pagina.de/visur
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