La Versión petrolera del Plan Colombia.*
En plena discusión en el Senado
de los Estados Unidos de América (USA)
sobre la aprobación de los recursos económicos
para el Plan Colombia, que contó por una parte
con el apoyo de empresas petroleras y armamentistas
y, por otro, con el rechazo de importantes organismos
no gubernamentales de derechos humanos, el gobierno
de los Estados Unidos con el respaldo del gobierno del
Reino Unido (UK) lanza una iniciativa para "promover"
el respeto de los derechos humanos, por parte de la
industria petrolera en países donde llevan a
cabo sus operaciones.
En el documento de discusión
sobre las posibilidades y los limites de la propuesta,
que llamaremos "Iniciativa USA-UK", presentado
en la primera reunión celebrada en Washington
el 17 de marzo del 2.000, el gobierno de los Estados
Unidos define de manera velada sus prioridades al considerar
"un tema de la política exterior de los
Estados Unidos que afecta sus intereses, el entorno
operativo de empresas estadounidenses en el sector extractivo".
Pareciera estar inmerso aquí el espíritu
del "Interés Nacional" que el gobierno de Estados
Unidos invocó para evadir reconocidas voces en
materia de defensa de los derechos humanos que se opusieron
al Plan, por su elevado componente militar y por el
temor a que la ayuda al ejército colombiano se
desvíe hacia violaciones a los derechos humanos,
dado los comprobados vínculos de las fuerzas
militares con los grupos paramilitares y por el alto
grado de impunidad que se agencia desde la presidencia
de la república y los mandos militares.
La Iniciativa USA-UK se propone alcanzar
un "Acuerdo Voluntario" sobre temas que
consideran "políticamente sensibles y de gran
impacto en el entorno operativo del sector extractivo",
tales como: "DESARROLLO, GOBERNABILIDAD, SEGURIDAD
Y DERECHOS HUMANOS". Temas que hacen parte del
Plan Colombia al que el presidente de Colombia, Andrés
Pastrana, define como una estrategia integral de paz,
de prosperidad y fortalecimiento de la democracia. Pero
tanto la Iniciativa como el Plan Colombia socavan la
gobernabilidad, desconocen las raíces del conflicto
interno colombiano e ignoran la grave crisis de derechos
humanos que vive el país y piden aumentar la
capacidad de unas fuerzas militares ampliamente conocidas
por las gravisimas violaciones a los derechos humanos.
Igualmente la Iniciativa USA-UK y Plan Colombia comparten
el ser promovidos por los Estados Unidos para proteger
sus intereses.
La Iniciativa USA-UK se propone "potenciar
la actuación de los Estados Unidos en tres países
claves: Nigeria, Indonesia y Colombia". Países
de gran inestabilidad política en los que las
empresas petroleras vienen apostándole a la guerra
a nombre de proteger sus inversiones. Empresas que el
periodista Roland-Pierre Paringaux, en Le Monde Diplomatique
califica como "el mejor sostén de regímenes
tiránicos" y donde registra el papel de la
BP-AMOCO en Colombia, SHELL en Nigeria y MOVIL OIL en
Indonesia. Petroleras que enfrentan violentamente los
reclamos de la población y trabajadores mediante
fuerzas de seguridad pública y privada, de reconocida
reputación en materia de violación a los
derechos humanos, mientras presionan y logran más
beneficios para sus inversiones.
Asimismo, la Iniciativa USA-UK es considerada
como "una dimensión importante de la estrategia
de los Estados Unidos para trabajar con los gobiernos
del país receptor, las empresas y las ongs, sobre
los retos claves de gobernabilidad y desarrollo regionales"
en zonas como las del Delta del Niger, Aceh e Irian
Jaya (Indonesia) y el sur de Colombia. Este asunto es
de gran importancia en el Plan Colombia, tanto por su
proyección en la región andina y el continente,
con su efecto de desestabilización de la región,
como por las perspectivas de entrada en vigor en el
2005 del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas
-ALCA-. El Acuerdo de Libre Comercio, liderado también
por los Estados Unidos, exige en primera instancia la
liberación de mercados de capitales, comunicación,
transporte y energéticos. Estas medidas, aunadas
a las de los organismos multilaterales como el FMI y
el BID, pauperizarán aún más las
condiciones de vida de la población. La ya existente
precariedad de las condiciones de vida en la región,
ilustrada por los altísimos porcentajes en los
niveles de pobreza absoluta, es fuente de conflictos
sociales a los cuales no se les da una respuesta adecuada
en términos de mejoría de la calidad de
vida, empleo, educación y derechos sociales.
Así, lo evidencian, los acontecimientos del año
2000 en Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Costa
Rica, que no cesan.
En la Iniciativa, los gobiernos de
USA y UK consideran que "las empresas podrán
hablar con una sola voz" a los gobiernos locales
respecto de "temas políticamente sensibles
(derechos humanos, arreglos de seguridad, transparencia,
distribución de los ingresos petroleros, desarrollo
regional y el costo para las empresas por la sustitución
del gobierno local)". Es de destacar que las 10
primeras empresas petroleras mundiales están
presentes en Colombia. Asimismo, es notorio que los
gobiernos de los países en donde estas empresas
petroleras tienen sus casas matrices, priorizan la actividad
comercial inmutables ante el involucramiento de éstas
en graves violaciones a los derechos humanos. En el
pasado reciente, algunas de éstas empresas han
estado involucradas en graves violaciones a los derechos
humanos y en actividades paramilitares, a través
de servicios de seguridad privados, sin que los gobiernos
de los países de sus casas matrices hayan tomado
medidas. Es el caso de la BP inglesa que se fusionó
con la AMOCO estadounidense para dar paso a la tercera
empresa petrolera en el mundo, que cuenta con el respaldo
de los gobiernos de USA-UK. Empresa que en el principal
yacimiento petrolero colombiano, junto a sus socias,
la TOTAL francesa y la TRITON estadounidense, están
involucradas en las violaciones de los derechos humanos.
Igualmente, las empresas estadounidenses OXY y TEXAS
han resultado seriamente comprometidas en las violaciones
de los derechos humanos en el departamento de Arauca
sobre la comunidad indígena U'WA y la región
del Magdalenamedio, respectivamente.
No se puede olvidar que estas empresas
cuentan con capitales que superan en creces los Productos
Internos Brutos de varios países: así
por ejemplo en 1.997 la Exxon/Mobil, la Royal Dutch/Shell
y BP/Amoco registraban una cifra de venta de 414 billones
de dólares americanos, cifra muy superior al
Producto Interno Bruto anual de los 950 millones de
personas que viven en la India. En ese contexto, ciertamente
la capacidad de interlocución y negociación
de las autoridades nacionales y, sobre todo, locales,
es débil y escasa, quedando estas supeditadas
al supragobierno de las gigantescas del petróleo
y de la banca mundial.
En la Iniciativa USA-UK se demanda
la participación de las ONGs, ya que allí,
podrán "amplificar" su voz, y, de esa
manera "hacer progresar el objetivo más
amplio de los Estados Unidos de apoyar a la sociedad
civil en aquellas transiciones democráticas…"
En Colombia, el gobierno de los Estados Unidos no está
apoyando ninguna transición democrática,
lo que está haciendo es internacionalizar el
conflicto con su fracasada política antinarcóticos
que penaliza con bombardeos y destierro el eslabón
más débil de la cadena, los pequeños
cultivadores de hoja de coca, mientras deja intacta
la estructura mundial del negocio. La estrategia militar
inherente al Plan Colombia no va a solucionar el problema
del narcotráfico: el negocio se desplazará
hacia otros países y regiones y, con ello el
conflicto y la desestabilización de la región.
Producto de la discusión del
documento de presentación de la Iniciativa USA-UK,
realizada el 17 de marzo del 2.000, se elaboró
un acta que sirvió de base en las discusiones
del 8 del mayo del 2.000. Allí se fija como
objetivo "elaborar un conjunto de principios voluntarios
que pueden guiar a las empresas mientras buscan prevenir
las violaciones a los derechos humanos, que vienen de
NECESIDADES LEGITIMAS DE SEGURIDAD EMPRESARIAL".
Carentes de fuerza jurídica vinculante y de mecanismos
coercitivos de sanción, tales normas voluntarias
de conducta parecen estar más destinadas a una
operación de imagen pública que a establecer
verdaderos diques que permitan eficazmente impedir que
las empresas estén implicadas en violaciones
a los derechos humanos y actividades paramilitares.
En la iniciativa USA-UK se plantea
que "en los países en desarrollo donde los
RECURSOS DEL ESTADO SON MUCHO MÁS LIMITADOS
(que en los países desarrollados), el
Estado puede solicitar que los actores privados aumenten
o reembolsen los costes de la seguridad o puede solicitar
que guardias privados de seguridad estén armados
y asuman la primera responsabilidad en cuanto a seguridad".
El Estado colombiano, no es, un estado limitado en cuanto
a "recursos de seguridad". Todo lo contrario, las excesivas
fuerzas de seguridad y sus atribuciones que le garantizan
un manto de impunidad son el sostén donde descansa
la espiral de violaciones a los derechos humanos. Es
en las zonas petroleras y de megaproyectos de cualquier
índole donde los paramilitares desplegan con
mayor intensidad su ola criminal en medio de alta presencia
de fuerzas militares estatales, que regularmente tienen
nexos con los paramilitares, como lo develan las investigaciones
judiciales al respecto. Carlos Castaño el principal
jefe paramilitar en Colombia ha manifestado públicamente
que algunas transnacionales lo financian.
La Iniciativa USA-UK desconoce la esencia
de los conflictos internos que sacuden estos países,
resolviendo de manera pragmática la "legitima
necesidad de seguridad a sus inversiones", mediante
el aumento de fuerzas militares públicas o privadas,
que están seriamente comprometidas en violación
de derechos humanos: "En países que sufren
una guerra civil u otras formas de conflicto, las medidas
de seguridad pueden ser más globales, implicando
a las fuerzas armadas, la policía y acuerdos
más extensos entre las empresas y el gobierno".
Es esto lo que vienen haciendo en Colombia. Comprometiéndose
cada vez mas en el conflicto interno, la industria petrolera
ha pasado de aportar un dólar por barril a hacer
acuerdos secretos entre varias empresas y el gobierno
por un periodo de tres años, como el de BP-TOTAL-TRITON
en el Piedemonte llanero, en él que a una fuerza
privada de seguridad cuestionable en materia de derechos
humanos, se sumaba una fuerza pública, igualmente
cuestionable, financiada por la BP.
En Colombia, según la iniciativa
USA-UK, "algunas empresas tienen arreglos relativos
a la seguridad directos, formales, con las fuerzas militares
colombianas o bien han logrado unos acuerdos con la
empresa petrolera estatal". La Empresa petrolera
estatal (ECOPETROL), coordina desde 1.986 fuerzas públicas
y privadas para cuidar la infraestructura petrolera
a nivel nacional. Fuerza de seguridad que en una década
llegó a tener 10.000 efectivos militares a sur
servicio. La creación de esta fuerza de seguridad
corresponde con la década de mayor agresión
al sindicato y con la violencia inusitada contra la
población en las regiones petroleras como Catatumbo,
Magdalenamedio y el Putumayo, que desde que se anunciara
el Plan Colombia se ha agravado de manera alarmante.
Solo en Barrancabermeja, donde está la principal
refinería del país y sede del sindicato
de la industria petrolera -Unión Sindical Obrera
USO- reportó 45 asesinatos selectivos en Enero
de este año, cuando allí se define el
actual pliego de peticiones de la USO, cuyo principal
punto es la política petrolera. Resulta por lo
menos inquietante que en las zonas petroleras convivan
fuerzas públicas y privadas de seguridad con
paramilitares y narcotráfico.
En el acta del 17 de marzo, sobre la
Iniciativa USA-UK, se propone "incluir también
mecanismos de vigilancia y auditoría por terceras
partes para GARANTIZAR que los acuerdos entre las empresas
y los gobiernos no contribuyan a violaciones a los derechos
humanos. Sería mas pertinente que tales procedimientos
fuesen emprendidos por los gobiernos estadounidense
y británico en cooperación con los gobiernos
de los países receptores". Es decir, proponen
una VEEDURIA en manos de los impulsores de la
guerra. Es el gobierno estadounidense que invocando
SU INTERES NACIONAL aprobó el Plan Colombia por
encima de las recomendaciones de Amnistía Internacional,
de Human Rights Watch y WOLA, que presentaron un informe
conjunto sobre la grave responsabilidad del gobierno
colombiano y las fuerzas militares, en por lo menos
los últimos 10 años, en la VIOLACION PERMANENTE
Y SISTEMATICA DE LOS DERECHOS HUMANOS EN COLOMBIA. Informe
que abordaremos más adelante.
El acta del 17 de marzo, sobre la Iniciativa
USA-UK, plasma lo que viene aconteciendo en nuestro
país "…en entornos inestables, las sociedades
de seguridad privada pueden tener que ocuparse de temas
de seguridad, tales como ocuparse del CONTROL DE
PROTESTAS Y MUCHEDUMBRES, coordinando con las fuerzas
estatales, ó suministrar una seguridad armada
a las instalaciones y al personal". Esta es una
de las acusaciones que pesa sobre la BP en el Casanare,
donde una protesta de trabajadores contra la empresa
fue violentamente reprimida por las fuerzas de seguridad
mixta, resultando asesinado un manifestante. Será
que es legítimo el derecho a la seguridad mas
no el derecho a la protesta y a la vida?.
Finalmente en el acta del 17 de marzo,
sobre la Iniciativa USA-UK, se plantea. "Asimismo,
algunas sociedades de seguridad privada pueden emprender
actividades <<de uso dual>> tales
como proveer vigilancia aérea simultáneamente
para las empresas y para las fuerzas estatales; o bien
suministrar seguridad a la empresa y al mismo tiempo
servir de contratista privado militar para el gobierno
del país receptor". Aquí lo que se
pretende es lavar la imagen del nefasto papel del mercenario.
Es de destacar que el mercenario Yair Klein, excoronel
del ejército israelí, adiestró
grupos paramilitares en el Magdalena Medio y operaba
a través de una agencia de seguridad privada
avalada por el ministerio de defensa de Israel. Grupos
paramilitares financiados por gremios económicos
y políticos locales fueron organizados por las
Fuerzas Militares en el Magdalena Medio, a finales de
los años 70s. La TEXAS, dueña del
suelo y el subsuelo, facilitó sus instalaciones
para celebrar varias reuniones en las que se crearía
el grupo paramilitar "Muerte a Secuestradores - MAS".
Posteriormente, en los años 80s, los narcotraficantes
Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha se asociarían
a estas estructuras paramilitares. También servicios
británicos de seguridad privada, contratados
por empresas petroleras, han fomentado el uso de mercenarios
con conocidos antecedentes criminales, así como
los nexos con estructuras paramilitares locales en el
Casanare.
Igual acontece con el Plan Colombia.
"La administración de Clinton, de forma silenciosa,
ha contratado un grupo de alto nivel formado por antiguo
personal militar de Estados Unidos, cuyo objetivo excede
el simple objetivo de la lucha contra la droga y cuya
intención es convertir a las fuerzas militares
de Colombia en una máquina de guerra de primera
clase capaz de vencer a la insurrección izquierdista
de varias décadas". Soyster, portavoz de
estos Recursos Militares Profesionales Inc -MPRI-, declaró:
"Nos están utilizando para llevar a cabo la
política exterior norteámericana.
Es cierto que no determinamos la política exterior,
pero podemos ser parte del gobierno de los Estados Unidos
al llevar a cabo la ejecución de la misma".
Aquí es necesario volver la
mirada hacia los orígenes del paramilitarismo
en los años 60s del siglo pasado. Nace y se desarrolla
como una estrategia de Estado ligada a los grupos de
poder económico y político, que han hecho
de él un instrumento de lucha contrainsurgente
y tuvo sustento legal que obra en distintas disposiciones,
resoluciones, reglamentos y directrices de la Fuerzas
Armadas Colombianas. Política de Estado que pervive
y se recrudece. El Informe de la Alta Comisionada para
los Derechos Humanos de las Naciones Unidas presentado
el pasado año ante la Comisión de Derechos
Humanos afirma, "la Oficina ha sido testigo de las
declaraciones de altos oficiales del Ejército
señalando que los paramilitares no atentan contra
el orden constitucional y por consiguiente no es función
del Ejército combatirlos".
Llegados a este punto es válido
tener en cuenta que otros intentos de seguridad privada
en Colombia, como las CONVIVIR, han sido nefastos. Empresas
privadas de seguridad que la Organización de
Naciones Unidas ha llamado reiteradamente a desmontar,
producto de lo cual han sido ilegalizadas, pero a pesar
de esto continúan operando.
En este sentido igualmente preocupa
que la Iniciativa USA-UK termine favoreciendo el propósito
de reconocimiento del terror como actor político,
con lo que sé perpetua la ya de por sí
angustiosa impunidad. Más aún, cuando
desde los grandes medios de comunicación se ha
lanzado un proceso de reconocimiento y legitimación
social del paramilitarismo.
LA NORMA VOLUNTARIA.
La norma voluntaria asume de hecho
que es necesario aumentar el poder LIMITADO de los Estados
en los países en desarrollo, mediante seguridad
pública y privada. Fuerzas de Seguridad que,
entre otras, deben respetar la normatividad internacional
aplicable en materia del uso de la fuerza y las armas
de fuego. E incluye algo insólito. "Cuando
los gobiernos receptores son incapaces de suministrar
la seguridad adecuada para proteger el personal y las
instalaciones de la empresa, puede ser necesario contratar
a suministradores de seguridad privada" y continúan
"para complementar la seguridad pública",
en la que no creen.
Esta "buena voluntad" de las empresas
para hacer coherentes en cuanto a seguridad y derechos
humanos implica: examinar el historial y reputación
de la fuerza pública y privada y las estructuras
de aplicación de la ley para culpar a los infractores
de los derechos humanos y del derecho internacional
humanitario.
Es decir, la propuesta apunta al establecimiento
de un "Código de conducta" o un "Código
ético", suscrito voluntariamente por las empresas,
carente de fuerza jurídica vinculante, sin mecanismo
de sanción en caso de violación. Ciertamente,
las empresas se comprometerían a observar las
normas internacionales de derechos humanos, a respetar
los derechos humanos, no patrocinar prácticas
que atenten contra estos, etc.. Esto es, sin lugar a
dudas, un loable propósito. No obstante, dado
los involucramientos recientes de varias de estas empresas
en graves violaciones de derechos humanos y actividades
paramilitares, y dado que las zonas de exploración
y extracción coinciden con territorios bajo fuerte
control militar y paramilitar en los cuales se cometen
violaciones a derechos fundamentales de los habitantes,
este tipo de "Códigos de conducta" no parece
ser un mecanismo adecuado a la gravedad de la situación.
Al fin y al cabo estos "Códigos de conducta"
no pasan de ser "acuerdos de caballeros" y no es ilegitima
la desconfianza que estos generan, así como la
promesa hecha por algunas empresas de no volver en el
futuro a estar implicadas en violaciones de derechos
humanos y actividades paramilitares, cuando estos hechos
no parecen afectar la rentabilidad de sus negocios,
sino todo lo contrario.
Mucho más si se toma en cuenta
que el gobierno del Presidente Clinton eludió
a través de la figura denominada "wayver"
los condicionamientos establecidos por el Congreso de
los Estados Unidos para el desembolso de la ayuda militar
prevista en el Plan Colombia, ignorando la sólida
documentación de organizaciones internacionales
participantes de la Iniciativa USA-UK, como Amnistía
Internacional y Human Rights Watch, respecto del incumplimiento
por parte del gobierno colombiano de las condiciones
relativas a: destitución y procesamiento inmediato
ante Tribunales Civiles de los miembros de la fuerza
pública comprometidos en violaciones a los derechos
humanos y crímenes de lesa humanidad; el combate
de los grupos paramilitares y el procesamiento de todos
sus miembros, instigadores y colaboradores igualmente
por Tribunales Civiles. Incumplimientos corroborados
por los informes sucesivos sobre Colombia de la Alta
Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos.
El documento "Colombia y la ayuda
militar estadounidense" presentado conjuntamente
por tres organizaciones internacionales, Amnistía
Internacional, Human Rights Watch y WOLA es contundente
en afirmar como:
"En la actualidad, decenas de miembros
de las Fuerzas Armadas que han estado involucrados en
abusos no sólo continúan en servicio activo
sino que están al mando de tropas o realizan
tareas de inteligencia y reciben ascensos con regularidad.
Incluso cuando la Fiscalía ha presentado una
acusación formal y los soldados en cuestión,
según los informes oficiales, se encuentran detenidos,
a menudo permanecen de servicio y disfrutan de libertad
para entrar y salir del cuartel".
Meses después, Amnistía
Internacional, sería enfática en manifestar:
"También existen pruebas concluyentes de que
los grupos paramilitares continúan operando con
el apoyo tácito o activo de las fuerzas armadas
colombianas. Existen también pruebas de que personal
militar colombiano entrenado por fuerzas especiales
estadounidenses ha estado implicado -por acto u omisión-
en violaciones graves a los derechos humanos, incluidas
masacres a civiles. Según los informes, el equipo
militar proporcionado por Estados Unidos a las fuerzas
armadas colombianas se ha usado para cometer violaciones
de derechos humanos contra civiles. Amnistía
Internacional no cree que existan los mecanismos necesarios
para garantizar que las futuras transferencias de armas
a las fuerzas armadas colombianas no pasarán
a las organizaciones paramilitares o no serán
usadas por los militares para facilitar violaciones
de derechos humanos que cometen las fuerzas paramilitares
o sus propias fuerzas"
Amnistía Internacional "teme
que las organizaciones paramilitares puedan utilizarse
en la estrategia militar que contempla el Plan. Aunque
este no les reconoce una función formal, la reciente
presencia de estas organizaciones en áreas claves
designadas para operaciones militares (departamento
de Putumayo y la región del Catatumbo en Norte
de Santander) parece algo más que pura coincidencia.
La estrategia paramilitar de atacar y eliminar las estructuras
de base y organizativas va dirigida a anticipar y prevenir
cualquier oposición organizada a la erradicación
militar de los cultivos ilícitos".
Sumado esto al papel fundamental que
en el marco del Plan juega la inversión extranjera
"en la construcción de un aparato productivo
moderno", según las palabras del propio
Presidente Andrés Pastrana ante el Congreso de
la República, y, el particular interés
de las Empresas Multinacionales del Petróleo
de aprovechar las ventajas que les otorga el Plan para
ensanchar su papel en el negocio, resulta poco viable
pensar que tales empresas en términos de la Iniciativa
USA-UK asuman efectivamente su compromiso de propugnar
por la defensa de los derechos humanos y el fortalecimiento
democrático.
PAZ DURADERA CON JUSTICIA SOCIAL
¿Será acaso legítimo
"proteger la inversión" a costa de aumentar la
capacidad represiva de un Estado que se presupone es
"limitado" para brindarla, como lo plantea la Iniciativa
USA-UK, cuando los hechos, demuestran, que no lo es?
Los grupos económicos nacionales
y extranjeros, los organismos multilaterales de la economía,
los gobiernos extranjeros y el nacional, deben ser respetuosos
de esas voces que desde los sectores sociales y las
ONGs colombianas se vienen gestando en pos de una paz
duradera con justicia social. Voces que ganan, cada
vez más, reconocimiento en el plano internacional,
y que, iniciativas como el Manifiesto por la Paz
en Colombia, suscrito por un gran número
de organizaciones de Europa y las Américas y,
por personalidades, le otorga a las organizaciones sociales,
defensoras de derechos humanos y víctimas, un
rol fundamental en la construcción del proceso.
Sobre el contenido del Manifiesto,
merece destacarse que:
- Saluda el interés de la Comunidad Internacional
"en la solución política negociada"
al conflicto colombiano y propugna por un "replanteamiento"
de la política antidroga que "viene
afectando a pequeños cultivadores de coca,
amapola y marihuana" mientras deja intacta la
estructura internacional de un negocio donde no es
"exagerado afirmar que la ganancia del narcotráfico
alimenta a gran escala el sistema financiero del norte".
Por ello insta a "desnarcotizar" las
relaciones con Colombia.
- Hace especial mención a la IMPUNIDAD
como el "obstáculo más grande para
alcanzar la paz".
- Les exige a las instituciones financieras internacionales
como FMI, BM y BID y a los gobiernos de los
países desarrollados reflexionar "sobre
sus DECISIONES POLITICAS que muchas veces han
aportado a la violencia" y a la pobreza en Colombia.
- Solicita en cuanto a ayuda militar "CANCELAR
LA EXPORTACION DE ARMAS" y "suspender
toda cooperación en materia de formación
militar" dado que "la vinculación
de altos mandos militares en graves violaciones a
los derechos humanos y conformación de grupos
paramilitares exige tomar en cuenta que cualquier
cooperación en este sentido puede ser utilizada
para la violación de los derechos humanos o
como contribución a su impunidad".
- Exhorta a los gobiernos de los países desarrollados
a "exigir a las empresas multinacionales presentes
en Colombia el no propiciar la conformación
de ejércitos privados para seguridad de sus
intereses, ni enviar expertos extranjeros de dudosa
reputación sobre la materia".
*Cesar Carrillo y Freddy Pulecio
Comisión Internacional de
la Unión Sindical Obrera USO Europa.
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