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La Torre de Marce (Vilar de Ortelle, Pantón)









    En algunas guías turísticas de la comarca de Monforte de Lemos se cita la existencia de una torre medieval en el lugar de Marce, perteneciente a la parroquia de Vilar de Ortelle (Pantón). Sin embargo, este monumento, ya muy alterado arquitectónicamente, ni siquiera es aludido en otras referencias patrimoniales de la misma zona. En general, las menciones a la Torre de Marce son bibliográficamente muy raras y vagas, y nada aclaratorias. Sí recibió una cierta atención en la ingente obra de M. Vázquez Seijas sobre los castillos de la provincia de Lugo (Fortalezas de Lugo y su provincia), con aportación de documentación histórica relativa. No obstante se echaba en falta una presentación sobre el estado actual de la torre y un estudio contextualizador más adecuado. Ésta es ahora nuestra pretensión.
    Lo que se conoce como Torre de Marce es un edificio, restos de una antigua fortaleza, emplazada en el extremo SE. de la aldea del mismo nombre, en medio de campos de cultivo. Este núcleo se situa en pleno cañón del Río Miño, en un terreno que en pronunciada pendiente desciende unos 320 m. en 1,5 kms. De hecho Marce se asienta a unos 180 m. de altura sobre el curso del Miño. A pesar de esta negativa orografía la aldea estuvo hasta fechas recientes muy poblada, pues sus habitantes se preocuparon desde tiempos ancestrales de acondicionar el territorio para su práctica agrícola.
    La torre en cuestión se encuentra en los márgenes del poblado. Cerca de ella, hace medio siglo, como recuerdo de los vecinos emigrados, se levantó otra torre, dotada con un reloj, que evidentemente no debe ser confundida con la verdadera fortaleza. Los lugareños conservan perfectamente el recuerdo de que aquella edificación cumplía funciones militares, y acerca de ella circulan diversas tradiciones que comentaremos a continuación.
    Como ya venimos indicando, el edificio que ahora contemplamos es en realidad lo que queda de la torre, muy modificada e inserta en construcciones de época más reciente. Entre un conjunto de viviendas, establos y otras dependencias sobresale una unidad de planta cuadrada, de unos 7,5 m. de lado, con una techumbre de teja a una sola agua, y de una altura de unos 7 m. por la parte más alta, mientras que por el otro lado tan sólo mide 4 m. Posee dos plantas separadas por pavimento de madera. La planta inferior está como medio embutida bajo el suelo, al menos, por la parte de mayor pendiente del terreno. Ambos niveles disponen de sendas puertas, pero en los muros no consta ni una sola ventana. Esta edificación está construida en un mal sillarejo muy tosco, apenas regularizado, pero de granito. Las paredes tienen un espesor de unos 120 cms., dimensión en verdad, bastante inusual por su exigüidad para una construcción con fines militares.     
    Más arriba hemos adelantado que esta torre está actualmente rodeada en tres de sus caras por edificaciones más recientes. Las diferencias arquitectónicas entre éstas y la supuesta torre son muy elocuentes, sobre todo si nos fijamos en los materiales empleados, que son pequeñas piedras pizarrosas, delgadas, y no muy gruesas en estas últimas, mientras que en la torre, son malos bloques de granito. Además, hemos podido comprobar que estos espacios se han añadido a aquella unidad precedente, sin haber sido debidamente imbricados en los paramentos preexistentes. En otro sentido, destaca la singularidad arquitectónica de la torre, tipológicamente desconocida en las viviendas tradicionales y en sus dependencias. Actualmente, entre otros usos, se utiliza para almacenar paja para el consumo animal.
    Esto es lo que queda de la Torre de Marce. Dicen los vecinos que era un antiguo castillo, tan alto, que por las mañanas la proyección de su sombra llegaba hasta el Miño. Comentan también que la torre fue desmantelada sucesivamente por algunos vecinos, y sus piedras sacadas para construir bastantes viviendas. Dicen asimismo, que con la aldea pertenecía al Conde de Lemos, en donde además poseía otra buena casa. En otro sentido, nos relataron que este castillo era muy importante en la zona, pues por Marce pasaba un antiguo camino que comunicaba con la otra ribera del Miño por la barca de Chouzán, y que esta víal era utilizado para ir, por ejemplo camino de Ribadavia, por lo cual, su control era particularmente de mucho interés estratégico.
    Hasta aquí la descripción geográfica, patrimonial y etnográfica del monumento en estudio. Ahora se plantea un estudio más detallado de estos datos, así como de la documentación divulgada a tal efecto.

    Un examen superficial del paraje donde se asienta la aldea de Marce, nos revelaría la ocupación de un hábitat un tanto marginal. En efecto, la localización topográfica del lugar, en una empinada ladera del cañón del Miño, así lo parecería convenir. Si hacemos un recorrido por la biliografía monacal de la Ribeira Sacra, denominación con la que históricamente se ha conocido la comarca del cañón del Sil, muy semejante a la de la zona de Marce, veremos continuamente menciones a lo alejado de estos sitios de los nichos poblacionales tradicionales: continuamente se sugiere que el establecimiento de instalaciones monacales en estos espacios seguía la norma de la búsqueda de los loca deserta, por lo tanto alejados de los centros de civilización de la época.
    Esta concepción historicista del poblamiento medieval de los cañones del Sil y del Miño, mantenida por numerosos investigadores, probablemente necesite una revisión, o al menos alguna matización: si bien es cierto, que los establecimientos monacales se localizan en puntos muy alejados de las aldeas, también se debe admitir la existencia de algunos caminos que curiosamente cruzaban por los lugares más favorables los respectivos cañones, y muchos de estos monasterios se sitúan en esos itinerarios. La documentación histórica conservada así lo describe. Pero asimismo, una simple ojeada al mapa de la Galicia central, cuyo territorio se encuentra tajado por estas profundas gargantas, nos obligaría a un esfuerzo en pro de explicar cómo se solucionaban las comunicaciones de ambos márgenes. Quizás muchos investigadores se han dejado llevar por una visión muy actual del modelo de hábitat y del tipo de comunicaciones, y lo acabaron por proyectar en su apreciación de la colonización medieval.
    La aldea de Marce, en efecto, está situada en un espacio muy agreste, no el más propicio, ni para la práctica agrícola, ni si se nos apura, para vivir con plena comodidad. Es un lugar muy húmedo, y muy frío, con reducida exposición solar. Sin embargo, en tiempos antiguos no se vieron las cosas del mismo modo, valorándose otras variables no menos importantes. Así por ejemplo, Marce salta a las fuentes escritas en el 841, en cuya fecha se menciona la existencia de un castelo, fortaleza que vuelve a ser mencionada en el 1158, esta vez bajo la forma de Castelo do Miño. En época medieval Marce cambió varias veces de manos, pasando su dominio del monasterio de Sto. Estevo de Chouzán, al convento femenino lucense de Nova, pero también según parece, el Condes de Lemos ejercía su dominio en la zona. Como ya sabemos, Chouzán se encuentra frente a Marce, pero en la otra ribera del Miño, y las comunicaciones entre ambos lugares se realizaban mediante una barca.
    Según relataba Castellá y Ferrer en su célebre obra de 1610 (Historia del Glorioso Apóstol Santiago), en esta comarca, tomada de un modo extensivo, tenían intereses solariegos y de presentación diversas familias hidalgas. Una de estas familias, la de los López o Lupos, entre otros bienes, ostentaban la fortaleza de Marzo. Este autor comenta haber visto el monumento de Marce, indicando que constaba de una torre, con un palacio desmantelado, un foso y traveses. Sin embargo, el mismo Castellá y Ferrer prefiere identificar esta fortaleza de Marzo de los documentos en otro lugar, próxima a la que ahora nos ocupa, pero más abajo, ya junto a las aguas del río, en una prominencia, donde señala haber visto los restos de un antiguo castillo, cerca de una ermita dedicada a San Martiño. Para este historiador, este segundo castillo sería más antiguo que la actual Torre de Marce, y donde inicialmente se asentaría la casa matriz del linaje de los López.
    Sea como fuere, de lo que no hay duda es de la existencia de un verdadero castillo donde ahora no consta más que los restos de una torre. Lo curioso del testimonio, es la mención a un recinto defensivo, con foso y parapetos de tierra (traveses). De un detenido examen del lugar, nada de esto podríamos ver en la actualidad, de lo que se deduce que las transformaciones del entrono en épocas recientes fueron muy intensas. en consecuencia ya a comienzos del siglo XVII presentaba un avanzado estado de abandono. No disponemos de información precisa, pero quizás, la destrucción acaeciese al menos en las convulsiones del último tercio del siglo XV.
    Sea o no esta torre la mencionada en la documentación medieval, de lo que no cabe la menor duda, es del interés demostrado ya en el siglo IX por este lugar, como lo demuestra la existencia de un castillo, que dudamos mucho no sirviese más que para asegurar el dominio de un paraje, que probablemente, en aquellos tiempos debía ofrecer muy escasa importancia económica desde el punto de vista agrario. Lo más probable es que la instalación militar cumpliese la misión de controlar una vía de comunicación de cierto relieve. No en vano, también a la misma centuria parece remontarse la fundación del cenobio de Chouzán, en la otra ribera del cañón. Chouzán y Marce serían los puntos de un itinerario que salvaba el Miño por el antiguo Porto Monsulto, o como se le llamaba más recientemente Porto o barca de Chouzán.


Vigo, a 22 de Marzo del 2001





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