Por: Fernando
16 de Septiembre de 1.998



Maldito cristal.


El otro día intentaba ver a través de una copa llena de agua lo que escondía tras de si. Estaba convencido de que aquella figura era el cuerpo de una mujer envuelta en un vestido largo, con un ribete blanco en la solapa, de cabellos graciles y lacios que se contorneaba delante de mi para regocijo mio. Me imaginaba situaciones deseadas, momentos infinitos, llenos de felicidad y armonía, y cuanto mas pensaba en ellos mas hermosa me parecía. Quiso el azar que un camarero se llevara la copa, quiso el azar que se abriera el telón y quiso el azar que mi hermosa visión se transformara en un jarrón áspero y sobrio, coronado con una plástica margarita artificial. No se yo si la realidad la desvirtuó mi pensamiento, libreme dios de haberlo hecho a propósito, no se yo si la copa se alió con su primohermano el cerámico jarrón, y me engañaron, no se yo a quien juzgar, no se yo quien es el culpable... quizás el líquido elemento que con su inestabilidad le daba movimiento a la escena. Ahí te evapores, ahí te fragmentes en mil pedazos, ahí te rompas mala pécora. Si sólo bebía agua!!! Que perturbó mi conciencia, ¿el cristal con que se mira?. Me engañaron mis sentidos. Pero si yo no uso gafas, me felicitó el otro día el oftalmólogo. ¿quién fue?¿qué fue?. Yo deseaba una mujer hermosa, le di gracia y movimientos, le di palabras incluso hasta olor, le di vida.
Otro día no teniendo gana alguna de pegarme con el camarero por robarme mi sueño, me quedé en casa. Estando delante de la pantalla, navegando por la red, quisé entrar en aquello que llaman chat, me bauticé como Robín, sin miedos, ni presunciones entré al bosque y ... oh dios mio cuanta princesa, cuanta buena persona, cuanta armonía. ....esto es una sinfonia!!! algo falla, algo no puede funcionar, ¡¡¡NO!!!, otra vez no...
Esta vez el monitor acabó hecho trizas... .demostré que las implosiones no llegan ni a los 20 decibelios. Me cepillé el cristal con que se mira pues entre el filtro, el cristal curvado de la pantalla, los 256 colores, mi asqueroso modem de 14400 baudios, y la estúpida telefónica, .... tan solo hasta ahí no quise viajar más lejos en mi mirada, tan sólo hasta ahí, eran suficientes elementos para perturbar mi visión, ya no creo ni en refracción ni en reflexión, sólo se que aquello que tenga en mente, aquello que me quiera imaginar puede surgir, puedo darle forma inconscientemente y como un alfarero construía el cerámico jarrón para el restaurante de la esquina, yo construía de aquello una hermosa damisela y en este caso construir quien sabe si el jardin del Eden o las walkirias de aquel alfanumérico lugar. Una mirada a mi mismo me hizo ver que no era más que un mediocre oficinista, algo fantasma y barrigón, con poco mas de 200 canas sobre mis espesas cejas. Sabía que inconscientemente podía hacer ver a mis colegas de turno en la red que era el chico del anuncio. No quiero sentirme jarrón después. Lo siento.
Todo no depende solo del cristal con que se mira, depende de que si yo quiero ver una damisela de un jarrón, la veré. Si quiero ver una alfombra turca con bordados dorados y flecos de un bolígrafo bic descapuchado la veré. Y, el grave problema es que todos queremos ver lo que queremos ver.


A esta copa se la tengo jurada.

Paranoias en el descanso del partido RMadrid-Inter.
16/9/98 Fernando

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