Salida de emergencia


Y cuanto tengo que esperar para que mis dudas alcancen su final. Todo ello, todo, desde el primero hasta el ultimo de mis pasos, todos, todos ellos, uno tras otro, son pasos confundidos y confusos de un camino equivocado. No se donde esta el final, pero mucho menos se donde se encuentra el principio. Tan solo se que me arrastro a ciegas, que me muevo a golpes de curiosidad. Cubro mi cupo con creces y mi mente despierta se llena de experiencias, algunas pobres o vacías, otras repletas pero contrariadas, enfermas pero edificantes, y en el fondo experiencias al fin y al cabo. Queriendo adentrarme en ellas, en algunas más apetecibles, me inmiscuyo sacrificando mi persona. Me entrego en parte, me tomo como moneda de cambio buscando un "no se que vine a hacer aquí" y hurgando llego a jugar donde solo vine a curiosear. Y la jodemos porque ya formo parte de ella. Y la jodemos porque participo de ella. Y la jodemos porque pasa a ser nuestra experiencia. Y la jodemos porque es difícil salir una vez dentro. Y si intento salir es fácil que lo consiga, pero la volvemos a joder porque no se si realmente quería salir, y realmente el precio de la fuga es enorme. Y la jodemos porque todos acaban jodidos y yo, tan solo, jodido y vagamente alimentado. De todo se aprende que dicen. Alimentado pero nunca saciado. Alimentado de otra experiencia que queda jodida, destrozada, quizás saqueada cual horda de bárbaros. Queda triste. Pertrechada.

Estoy enfermo de experiencias.

Soy un cabrón profanador de corazones.

Se puede mirar el escaparate, pero no se puede entrar a curiosear, porque antes de salir hay que pasar por caja. Difícilmente se puede huir sin dejar algo a cambio. Difícilmente se puede huir sin dejar rastro.

Las veces un precio que hay que pagar.

Otras una salida de emergencia, de esas que tienen una barra enorme para empujar pero que carecen de pomo en el otro lado de la puerta. Sólo se abren desde dentro. Y fuera no hay banco donde sentarse a esperar.



Fernando
Majadahonda 20.5.99

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