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UNA LAMENTABLE HISTORIA DE AMOR Por: Mauricio Linares Bejarano I Nunca fui un chico listo, nunca he sido un hombre con entusiasmo, siempre que empiezo algo lo dejo sin terminar, soy de los que a la mitad del camino se quedan tendidos porque saben que no existe nada mas allá, luchar por causas perdidas no es mi virtud y creo que todo es una causa perdida así que prefiero no avanzar y no luchar. Es una buena filosofía en la vida, el único problema es que debes estar huyendo de esos que ven la vida como una competencia y te dicen que el mundo esta echo para los ganadores, algo que tu ya sabes y que te da lo mismo porque has decidido ser un perdedor. No querer ganar es tener la certeza de que nada es para siempre, que todo ya esta echo y que por lo tanto el mundo no necesita de ti ni de tus ideas geniales que al final de cuenta otro ya las tuvo primero. No necesito de nadie salvo de mí para sobrevivir en las calles
de esta ciudad amurallada por su intolerancia y acorralada entre las luces
artificiales de la noche y el espantoso ruido de la gente que la habita,
nunca he necesitado de nadie para abatirme en el duelo cotidiano de estar
vivo y el profundo desencanto de tener que existir en el mundo, nunca
me he echado para atrás porque nunca he caminado para adelante,
prefiero quedarme en un mismo lugar solo para evitar mas II Tal vez mi madre nunca escucho hablar de los buitres, ellos nunca han hecho nada, pero son algo, esperan a que otros trabajen por ellos pero son algo y cuando los demás animales terminan con su presa se lanzan a devorar la carroña, son carroñeros pero son algo, si es verdad, mi madre nunca escucho hablar de los buitres, de lo contrario me hubiera dicho algo diferente. El caso es que Silvia trabajaba en una oficina de abogados, era la secretaria y por las noches estudiaba Ingeniería de Sistemas, soñaba con llegar a hacer una gran Ingeniera mientras yo soñaba con no llegar mas allá de los 20 años, a ninguno se nos cumplió el sueño, a Silvia porque una noche un auto la atropelló dejándola cuadraplejica y a mi porque la vida me atropello dejándome inservible para morir a los 20. Un viernes a las diez de la noche Silvia llego a mi casa y me dijo: - Oye Mauricio vamos a tomar algo fuerte, hoy no deseo beber cerveza,
me gustaría, no sé, un vodka o un ron de cana. - ¿Y de que trata? - De un perdedor que le pide a otro perdedor que le haga una historia de amor para que su novia se acueste con él. - Suena bien - Supongo que sí La historia la termine diciendo que el amor no correspondido es como un gusano enamorado de las estrellas, algo tan estúpido como el tipo que me pidió la historia, ¿pero que se puede esperar de alguien que no es capaz por sus propios métodos de llevarse a una chica a la cama y tiene que acudir a un tipo que no es capaz de llegar ni siquiera solo a su propia cama? Esa noche bebimos vodka y nos emborrachamos, a Silvia le dio por seducirme y yo que nunca había hecho el amor me sentí acorralado, ella parecía un buitre intentando devorar la carroña que otras mujeres habían dejado, al final el buitre se impuso y terminamos en la cama, no fue nada extraordinario, pero fue el anuncio de que siempre iba a hacer igual, escuchar gemidos y gritos y esperar a que todo llegue a su final donde solo queda un vació y una angustia por seguir vivo. A la mañana siguiente Silvia se fue y yo me hice un café, encendí un cigarrillo y bebí una taza, mientras escuchaba la cerveza calurosa y las mujeres frías de Tom Waits, mi boca tenia una sensación de derrota y cansancio, mi cuerpo era leve y mi mente estaba en blanco, así que me fui a dormir de nuevo hasta que el timbre de mi apartamento me despertó, era Martha, la amiga de Silvia una chica delgada, de ojos amarillos y labios gruesos, su cuerpo era hermoso y sus piernas largas, quería beber algo fuerte conmigo y yo quería beber algo fuerte conmigo así que estábamos conectados, fuimos a una licorera, compramos tres botellas de vodka, Martha era alcohólica y yo empezaba a dejarme llevar por el alcohol. Martha y yo nos bebimos las tres botellas de vodka y luego me confeso que estaba enamorada de Silvia y que en la tarde ella le había roto el corazón cuando le contó que la noche anterior habíamos hecho el amor, yo la mire y le respondí: - Supongo que el mundo es cruel, yo no quería hacerlo con ella, sonaba hacerlo contigo, pero mira como son las cosas, a Silvia gustan los hombres y a ti las mujeres, pero que le vamos a hacer el mundo es cruel - Eres un hijo de puta Me grito mientras su rostro se transformaba - Creo que si lo soy, siempre he pensado eso y creo que todos piensan lo mismo de mí, así que no veo cual puede ser la novedad en esta discusión - Voy a matarte Mauricio Linares - Hazlo, me harías un enorme favor Martha se quedo en silencio, su mano derecha sostenía un cuchillo y sus ojos ya me habían asesinado. - Hazlo de una vez por todas - No puedo, nunca he odiado a alguien y tampoco puedo matar a otra persona - Entonces mírame como si fuera un buitre que se va a devorar tu carroña Martha soltó el cuchillo y salió corriendo por la puerta, yo mire a través de la ventana, corría entre los autos y la gente gritando - Nunca he odiado a alguien. El viernes volvió Silvia, le conté lo que había sucedido con Martha - Pobre chica Me respondió - No tiene el valor para odiar, no tiene el valor para matar a alguien, tampoco tiene el valor para decirme que me ama y llevarme a al cama. No dije nada, igual no me importaba, Silvia me intento besar, la mire con desprecio - Esta vez no vas a poder, esta vez no lograras nada de mí, salvo que te saque a patadas de mi casa Silvia abrió sus ojos, no entendía nada, entonces la tome del brazo izquierdo y la empuje a patadas de la casa, nunca mas alguien volvería a intentar aprovecharse de mí; Silvia volvió varias veces y varias veces la saque con una patada en el culo, hasta que un día me entere que un auto la había atropellado y dejado cuadraplejica, no digo que me alegre pero dentro de mí sentí una ligera tranquilidad, alguien se había compadecido de mí, por primera vez en la vida alguien era solidario conmigo. Nunca fui a visitar a Silvia, odio estar enfermo y que otros me visiten, es denigrante ver a otros de pie y tú tumbado en una cama, impotente e indefenso. Una tarde mientras caminaba ella venia en su silla de ruedas, la traía su hermana, yo mire sus ojos estaban sin brillo, vacíos, deteriorados, ella estaba destruida, sus sueños ahora eran nada y tenia un profundo rencor por aquello que alguna vez había amado: la vida, su corazón estaba roto y yo supe por primera vez que tenemos El hábito del corazón roto, algunos se niegan a saberlo y andan por la vida esquivando esa realidad, otros lo tenemos claro y andamos por la vida enfrentando fantasmas mucho mas devastadores.
Encontré a Martha siete meses después del accidente de Silvia, estaba parada en una esquina, llevaba el cabello bien peinado, el rostro maquillado, una camisa negra de seda brillante, abrochada hasta la mitad que dejaba ver sin ningún afán sus senos algo redondos algo marchitos, una falda pequeña negra que descubrían al mundo sus piernas largas y finas, unos zapatos altos y azules, un pequeño bolso colgaba de su brazo derecho, era de color fucsia, igual que el color de su lápiz labial, ahora era puta y tenia los ojos enrojecidos por el alcohol y la droga. Me contó que había renunciado a las mujeres: - Son más crueles que los hombres Me dijo - Pobre chica Pensé, como se nota que jamás se enamoro de un hombre, los hombres con las mujeres que se enamoran de ellos son sanguinarios, asesinos a sueldo, devastadores, no se alejan hasta que su victima esta derrotada por completo, la dejan moribunda y herida, con heridas difíciles de curar. - Ven, vamos a hacer el amor, no te preocupes, no te cobro nada - Gracias Martha pero no, esta noche no deseo dormir con alguien, ven te invito a comer algo Ella acepto y los dos caminamos despacio, no había prisa, igual
la vida seguía su curso y por mas que intentaras robarle unas horas
ella iba a cumplir su misión contigo, la de derrotarte, la de llevarte
hasta la muerte. Llegamos a un pequeño carro de perros calientes,
lo atendía un hombre gordo, de bigotes largos y cabello escaso,
su rostro era redondo y su nariz roja, su boca era pequeña y cuando
sonreía dejaba ver sus dientes amarillos, sus ojos eran dos diminutas - ¿Van a beber algo? Nos pregunto con su voz de hombre feliz, mientras sus ojos tomaban un brillo más intenso - ¿Tiene cerveza? Le pregunte - No, pero tengo aguardiente por cuartos - Deme dos cuartos Yo no termine el perro caliente, se lo tire a un perro callejero que andaba olfateando por todo lado, era un perro extraño, le faltaba media oreja izquierda, y tenia tanto pelo que cubría sus ojos, el perro batió la cola mientras comía. - Así somos todos Me dijo Martha - Vamos por la vida batiendo la cola esperando que nos tiren algo, no importa que, un empleo miserable, un poco de amor, una sonrisa, un abrazo, una amistad desinteresada o con interés, cualquier cosa, siempre vamos batiendo la cola esperando algo de alguien. Esa noche nos bebimos dos botellas de aguardiente, yo la deje en el mismo lugar donde la había encontrado y seguí mi camino a casa, voltee un momento y le vi subirse a un auto, yo tenia frió y estaba algo ebrio, quería llegar a casa y dormir, no despertar mas, no volver a ver la luz del sol, no volver a escuchar a nadie, no volver a existir. Entre a mi casa, cerré la puerta, no alcance a llegar a la cama así que me deje caer en el piso, cerré los ojos con la esperanza que no los volvería a abrir, pero a la mañana siguiente ahí seguía yo, con una resaca fuerte y sintiendo que mis suplicas no eran escuchadas. Esa mañana mientras desayunaba con un café y un cigarrillo pensé en Martha, pobre chica, ¿habría tenido alguna vez un sueño?, supongo que si, todos han tenido algún sueño en su vida y son sueños llenos de triunfos, nadie sueña con ser un borracho y dormir en las calles, nadie sueña con ser un fracasado o un perdedor, nadie sueña con ser un desperdicio humano, un rechazado por el mundo, nadie sueña con no llegar al final de la meta sin haber logrado tener dinero, una familia, una casa y un auto, nadie sueña con terminar sus días sin haber logrado sus metas, nadie sueña que algún día tiene que huir de su casa porque lo van a asesinar otros que quizás nunca soñaron con ser verdugos. Esa noche volví al lugar donde se estacionaba Martha, la vi hablando con un tipo, espere, el tipo se marchó y yo me acerque - Hola Martha - Hola Mauricio - Quería saber si aun seguías acá o ya te habías marchado - Si, como puedes ver sigo acá - Bueno, entonces nos hablamos luego - Espera, ¿quieres tomarte algo? - Si, claro, la noche apenas comienza y yo necesito beber para comenzar a enfrentarla Cruzamos la calle, llegamos a una licorera, Martha pidió una botella de tequila, nos sentamos a fuera en una silla de madera con hierro, allí estuvimos hasta que la botella termino, pero mientras bebíamos Martha hablaba -¿Has visto la luna? Todos estamos bebidos en la luna, de alguna manera todos estamos bebidos en la luna, yo por ejemplo miro la luna y recuerdo cuando era niña, cuando tenia siete anos y sonaba con ser una maestra de escuela, entonces jugaba con mis muñecos, ellos eran los alumnos y yo les enseñaba a leer y escribir, era un juego divertido, salíamos al descanso, bebíamos jugo de mandarina y luego jugábamos a la rayuela, al soldadito libertador, a las rondas, cantábamos canciones de niños y sonreíamos, de verdad Mauricio era divertido, fui una niña feliz y ahora cuando miro la luna y siento que todos estamos bebidos en ella sueno con volver a ser niña, pensar que no transcurrió el tiempo, que nada de esto sucede, que fue un mal sueno y que despierto llorando y mi madre me toma en sus brazos, mientras que mi padre acaricia mi cabeza y me dice: tranquila mi pequeña princesita, solo fue un mal sueno, nunca el mundo de va a hacerte daño tu madre y yo nunca lo permitiremos. -Nada es para siempre Mauricio, nada dura lo suficiente para que seas
feliz el resto que té queda de vida, a veces me siento como cayendo
con un auto por un despeñadero ¿qué pensaras? Supongo
que cuando el auto cae por el despeñadero pensaras en todo lo que
pudiste ser y no lo lograste, en tu primer beso, en la primera vez que
sonaste con tener un oficio, en tus juegos de niño, supongo que
cuando el auto cae por el despeñadero ya no importara que tu vida
haya sido una mierda, ni los golpes recibidos, ni los rechazos, ni el
haber logrado nada, ni el no haber sido lo que deseabas, ni el ser hasta
ese instante nada. - ¿Has tenido algún sueno en tu vida Mauricio? - Imagino que si, pero ya lo olvide - Es mejor, creo que es mejor olvidar que has tenido sueños, creo que es mejor olvidar que fuiste niño, que amaste alguna vez, que quisiste conquistar el mundo, creo que es mejor olvidar todo, de nada sirve recordar tus sueños ¿para que? ¿Para sentir que tu vida ahora es solo derrota y esta llena de huecos? Si, es verdad, es mejor olvidar que tuviste sueños. Esa noche nos despedimos, la deje de nuevo en el mismo lugar donde la había encontrado y camine un buen rato, entre a un bar y pedí una cerveza, estaba sonando Yo amaría cambiar el mundo de Ten years after y por primera vez en mi vida quise poder cambiar el mundo, lograr que Martha volviera hacer niña y jugara a hacer maestra con sus muñecos, para lograr recordar si alguna vez tuve un sueño, pero no era posible, el mundo es un tornado que te arrastra y te deja tirado con tus sueños rotos y tu vida derrumbada, ¿pero que podemos hacer si el mundo es una trituradora y tu estas siendo cercenado por el? Y te das cuenta que no existe camino para la muerte, la muerte es el camino |