LAS   AVES  ESTINFÁLIDAS

Cerca de la ciudad de Estinfalo, en la Arcadia, había un pantano donde vivían unas espantosas aves que se alimentaban de carne humana y mataban a los caminantes arrojándoles sus plumas, que eran de bronce, a manera de flechas. Su número era tal, que cuando alzaban el vuelo en bandadas, obscurecían la luz del sol.

Como sexto de sus trabajos, Heracles recibió la orden de darles muertes. Para conseguirlo, el héroe subió a una montaña vecina y comenzó a tocar con todas sus fuerzas unos címbalos de bronce fabricados por Hefestos, y que le había regalado Atenea. Las repugnantes aves se vieron así obligadas a abandonar su refugio, y Heracles pudo derribarlas a flechazos.

Mariluz

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