Yugoslavia: Bombas de uranio (junio '99)
Mercede Blanco
 
El uranio vaciado (DU) es uno de los más peligrosos desechos radioactivos. Recientemente este material ha sustituido al plomo en las balas y misiles de la OTAN, y fue por primera vez usado en la guerra del Golfo. 

Es uno de los mayores causantes del Síndrome de la Guerra del Golfo, experimentado por el pueblo iraquí y los veteranos yankees. 

El DU se inflama por el impacto cuando da en el blanco. El 70% del uranio se quema y produce un humo de partículas tóxicas, también llamadas de cerámica, de unas dos micras de tamaño.
La inflamación del uranio hace que el proyectil pueda perforar las corazas de los tanques o el hormigón armado de los hangares de los aviones, soltando dentro de ellos esta especie de aerosol mortal de uranio radioactivo matando a todos sus tripulantes.

Pero, lo verdaderamente peligroso del DU es que el polvo radiactivo puede viajar decenas de kilómetros y depositarse en los pulmones irradiando los tejidos con partículas alfa, causando enfisema y fibrosis. Las partículas al ser respiradas por los seres humanos o los animales no se elimina en por lo menos 10 años.
El DU puede también ser tragado y dañar el aparato digestivo y los intestinos. Con el tiempo, traspasa los tejidos de los pulmones y entra al torrente sanguíneo. Puede ser guardado en el hígado, el riñón, los huesos u otros tejidos durante años generando cáncer.

Los científicos de la OTAN se defienden argumentando que las dosis de radiactividad no superan los límites permitidos para el ser humano en virtud de estudios y pruebas realizadas. Sin embargo, estos estudios se hicieron sobre objetivos aislados en zonas no pobladas al aire libre.

Teniendo en cuenta que la OTAN, cada vez más, bombardea áreas urbanas pobladas por civiles, con edificios y zonas residenciales, estaríamos ante una verdadera tragedia.

Al producirse la explosión en una zona urbana, un poco al amparo del viento, la contaminación del aire está más concentrada y debe durar mas tiempo. En estas circunstancias, la contaminación es nueve veces superior a la radiactividad que puede asumir durante un año un trabajador de una central nuclear. 
Además, el polvo puede ser levantado de nuevo por el viento, o contaminar productos alimenticios u objetos utilizados por los seres humanos, o alcanzar directamente las manos, la piel de las personas y dañar las cadenas de ADN. Puede también contaminar los animales que luego serán comidos por el hombre, o contaminar las plantas, el agua, etc.

Los peligros e incertidumbres no son mínimos cuando se bombardean sistemáticamente zonas urbanas. La polución debida al bombardeo de zonas urbanas no afecta solo a adultos con buena salud sino también a personas mas sensibles (enfermos, ancianos, niños...) para los cuales el riesgo parece mucho mayor. Además, no solo actúa la radioactividad. 

Falta el aspecto químico. El óxido de uranio es por si mismo muy tóxico, mucho peor que los óxidos de plomo. Es, pues, una toxicidad química elevada la que se añade a la radioactividad. Suficiente para afectar seriamente, en cualquier caso, a las personas de salud frágil.

!Es imperativo que todos denunciemos esta guerra tóxica! El daño que se está haciendo no sólo causará una pena interminable para las víctimas de hoy, sino que el daño genético puede heredarse a sus descendientes. Semejantes armas y la guerra misma deben ser condenadas como barbaries absolutas.

 
 
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