Duende de la siesta, fulgor del campo,
Salas donde el tiempo grabó iniciales.
Sombra de los pianos, lento milagro
donde los acordes tejen cristales.
Sepia amarillenta, dorado antiguo;
Voces del amor susurran ensueños.
Dueña de las tardes y los romances,
musitando versos vuelve su voz
Tras los pinares vuelve la canción,
la misma que ella supo deletrear.
Desde el teclado, reflejando el cielo
luces de ayer besan su piel.
Músicas del humo de la memoria
vuelven desde el fondo de los veranos
Hacia el oro gris de la piel en duelo
Llorando a la sombra de tu retrato
Tersa mansedumbre la siesta nombra,
fiebre enamorada tras el jazmín.
No hay mejores versos que los del tiempo
cuando nos devuelve la propia voz.