CONFERENCIA DE RICARDO LEGORRETA PUBLICADA EN LA REVISTA HUMANIDADES DEL ITESM, MONTERREY, MEXICO, 1988.

 

 

Conferencia dictada por el Arq. RICARDO LEGORRETA durante el Congreso Internacional de Arquitectura celebrado del 19 al 24 de septiembre de 1997 en el ITESM, Campus Monterrey.

 

“Buenos días, me da muchísimo gusto estar nuevamente con ustedes. El entusiasmo regiomontano y de los estudiantes va en aumento y significa para todos nosotros una inyección para seguir trabajando.

 

Les quiero platicar, no solamente mostrar lo que hemos hecho en el despacho

últimamente,  platicarles mis experiencias, mis últimas impresiones. El comienzo del siglo XX, quizá es simplemente una cosa, una situación psicológica pero invita a meditar sobre qué está pasando, qué hemos hecho y hacia dónde vamos. Siento algunas incertidumbres importantes, ¿qué hemos hecho de arquitectura?.

 

Si analizamos el siglo XX y vemos qué hemos hecho en proporción o en comparación con otras actividades, empiezan las preocupaciones. El progreso de la medicina ha sido excepcional, la cantidad de enfermedades que han sido controladas, el haber aumentado el promedio de vida fácilmente en 10 años, la salud, etc.

 

El aumento de la tecnología, el progreso de la tecnología pues ha sido quizá todavía más impresionante al grado de que se ha vuelto ya no sólo una herramienta, sino un fin absurdo de nuestra vida. No sabemos por qué, pero estamos guiados por la tecnología, no sabemos realmente para qué queremos tanto progreso, pero lo importante es tenerlo. Muy frecuentemente los arquitectos jóvenes me dicen, -arquitecto, le tengo una muy buena noticia: ya tengo computadora-,  y les digo, -¿y para qué?- y muy rara vez me contestan.

 

Uno de mis hijos, es fanático de la computación y hace poco tiempo llegó y me dijo, -¡papá, ahora sí estoy muy orgulloso, porque ya tengo una oficina en la que no se usa el papel, todo lo hacemos por la computadora!-  y le dije, -te felicito, sensacional, ¿y ya llegas a tu casa más temprano?- >dice, -no, todavía no- ,  -¿y tu compañía gana más?-, -bueno, en esas >estamos...-, le dije, - ¿y te están pagando más?- ,  -no, bueno,  pues tengo primero que demostrar-, le dije, -entonces, ¿qué has hecho?-,  me dijo,  -¡ya soy más eficiente!-, le digo,  -¿más eficiente para qué?-...Y volteamos a la arquitectura y ¿qué hemos hecho en este siglo? No hemos mejorado, o en parte muy pequeña las condiciones de vida del ser humano.

 

Si comparamos la vivienda popular de principios de siglo con la vivienda popular de ahora, creo que hemos dado varios pasos hacia atrás. Estamos destruyendo nuestras ciudades, hemos perdido calidad de vida y en eso participamos, mucho, nosotros.

 

Ustedes recordarán cuando vino Richard Rogers y dio los datos espeluznantes de que el 50% de la energía que se consume en el mundo es en los edificios, el 25% en el transporte. ¿Y qué hemos hecho los arquitectos? Realmente, no veo un progreso de ese tipo.

 

Por otro lado, precisamente por el progreso de la tecnología, la información se ha vuelto apabullante. Sabemos todo de todo y nada de nada, ya no sólo es el progreso de la comunicación, sino de la información que presenta casos que apenas empezamos a darnos cuenta de la trascendencia de ellos. Me decía un doctor, -en este momento podemos saber toda la información sobre enfermedades sin saber quién la da, sin saber si está autorizada o no está autorizada-.

 

Cualquiera de nosotros podemos introducir a Internet una filosofía de la arquitectura, todo mundo la va a oír y no va a saber si es buena o mala, y mucha gente no tiene autoridad para hacerlo. Esta globalización ha afectado a la arquitectura como es natural, no somos una excepción. Estamos ante esa disyuntiva, ¿qué vamos a hacer en este país para seguir adelante?

 

Les quiero platicar la experiencia de una reunión que tuvo lugar hace tres o cuatro meses y que me impresionó como pocas cosas me han impresionado en la vida, y fue la reunión de la Unión Internacional de Arquitectos en Barcelona.

 

Estas reuniones normalmente, los congresos, pues son congresos de organización entre todas las organizaciones de arquitectos del mundo y normalmente asisten 1000 personas, 800 personas. Este año fue en Barcelona, y pues nadie sabía si fue por Barcelona que es una ciudad maravillosa, si fue que decidieron invitar a algunos arquitectos a unos paneles,  pero el hecho es que tres semanas antes del Congreso había 5000 personas inscritas, dos semanas antes del Congreso había 8000 y finalmente al  Congreso llegaron 10000.

 

Había para estos paneles cuatro teatros seleccionados en Barcelona con capacidad para 200 personas cada uno. El primer día estaba Foster y dos arquitectos más; se presentaron 5000 personas al teatro de 200 personas. Fue un lío espantoso, trataron de romper las puertas, pararon el tráfico, tuvo que intervenir el alcalde y acabaron haciendo el panel en una plaza pública.

 

Después se presentó el problema, ¿en dónde iban a seguir las sesiones?, y dada la asistencia acabaron las sesiones en el estadio de basket ball diseñado por Isozaqui el cual, además de ser un extraordinario diseño, funciona con luz natural, luego las diapositivas no funcionan  y para una arquitecto presentarse a hablar sin diapositivas, pues es como presentarse sin ropa: no sabe uno qué hacer.

 

El resultado fue fascinante, fascinante en varios aspectos. Había representantes principalmente de los países ricos económicamente, de Europa, Estados Unidos, Japón. En un momento dado me dieron la estadística y la comprobé después, de que el 35% de los asistentes era de Latinoamérica.

 

Las primeras ponencias, las primeras pláticas, eran cuatro días, fueron por los arquitectos ingleses, franceses, japoneses. Los temas que se trataron, el tema del Congreso, era El Futuro de las Ciudades. Los temas y propuestas que se trataron correspondían a sus países; los ingleses, Richard Rogers, mi gran amigo, proponía que se debían de estudiar más lugares de esparcimiento porque la gente cada día trabaja menos, que era importante darles lugares de descanso. Las propuestas francesas fueron totalmente intelectuales, las propuestas japonesas fueron casi diría yo, surrealistas.

 

Cuando me tocó el panel -el último día eran dos paneles, uno en que estaba yo, en el otro estaba Charles Correa de la India, en mi panel estaba un crítico italiano -  y fue  impresionante cuando él empezó a decir pues que la verdad estaba muy preocupado porque se veían propuestas universales, que por lo que se había hablado durante dos días, las ciudades de todo el mundo deberían ser iguales, todo era lo mismo y que él quería protestar enérgicamente de por qué se estaban haciendo edificios en todas partes del mundo sin tener en consideración la ciudad y la cultura.

 

Llegó un momento en que inclusive puso ejemplos específicos, cosa que considero yo  muy delicada, cuando dijo, -¿para qué necesita Barcelona un Richard Meyer - y empezaron los aplausos, empezó a romper el orden la gente, se empezó a crear una excitación muy impresionante.

 

Cuando anunciaron mi nombre, fue un aplauso enorme porque era yo representante de Latinoamérica. Yo nunca había visto palpablemente el impacto y la fuerza del número de las personas. Hablamos del número de habitantes de la India, de China, de Latinoamérica, pero nos quedamos en las cifras, y aquí en un momento dado me di cuenta lo que representamos todos nosotros...  podemos hablar de problemas económicos, de problemas culturales y de educación, pero en número, somos muy importantes. Yo hice la exposición basado en eso, basado, y se los quiero decir a ustedes, en que tengamos mucho cuidado porque estamos guiados, en este momento, por un porcentaje del mundo muy bajo.

 

Después, Correa hizo unos análisis y llegamos a la conclusión de que todas las discusiones y todas las propuestas venían de países que tienen entre el 20 y el 25 por ciento de la población mundial, el 75% no importaba, no contábamos para nada. Desgraciadamente, eso es cierto y en México nos está afectando, queremos tener los caminos del 25% de la población mundial y no tenemos ni los recursos económicos, ni la cultura, la forma de vida, ni las ganas de seguirlo, pero esta élite que somos los arquitectos estamos entercados en seguir esos caminos. Queremos seguir esos caminos bajo la bandera de la globalización; la globalización, pues está lidereada por gente de otra cultura, de otros países y que lo que necesita es trabajo fuera de su país y con el argumento de la globalización lo va a lograr en todas partes.

 

Nosotros no necesitamos eso, nosotros necesitamos resolver los problemas de nuestro país. ¿Qué tenemos de ventajas nosotros? Tenemos todas las ventajas, la vez pasada que estuve se los dije y les repito hasta que me canse. Tenemos una cultura arquitectónica de las más fuertes del mundo, hay países con una cultura general mucho más fuerte que la nuestra, pero cultura arquitectónica, por cultura arquitectónica entiendo la participación de todo el pueblo, de toda la nación en la arquitectura, es impresionante en nuestro país. Como ustedes lo notan, toda la gente discute de arquitectura, analiza la arquitectura y vive con ella. Tenemos pues todas las bases para poder hacer nuestro trabajo correctamente, tenemos todas las posibilidades, tenemos todos los problemas a resolver.

 

Ustedes recordarán que les platiqué la visita de Richard Rogers a la Ciudad de México, la repetí con Foster y el resultado es el mismo: “cuántas oportunidades tienen ustedes”,  y nosotros queremos dedicarnos a resolver la arquitectura en México bajo las mismas condicionantes que la están haciendo en los países ricos. Y empezamos a analizar un poco y decimos -¿qué es lo que estamos haciendo?- pues la gran mayoría de los arquitectos que todos respetamos, que todos admiramos, están haciendo, casi diría yo, monumentos.

 

Si ven ustedes las últimas publicaciones, el gran porcentaje de los edificios reconocidos son museos, son centros de cultura, son centros de descanso que si bien es un aspecto muy importante de nuestra vida, no es el único y no vemos a nadie  -con todas las excepciones- que esté verdaderamente dedicado, y allí me incluyo yo con toda reclamación a mí mismo, a la vivienda de interés social. No vemos arquitectos verdaderamente dedicados a mejorar nuestras ciudades.

 

Me pregunto, cuando hacemos un proyecto, o cuando ustedes como estudiantes atacan un problema verdaderamente en serio, en el fondo de nosotros, ¿estamos pensando en la ciudad, estamos pensando en la forma de vida?, y no lo estamos haciendo, no estamos dedicados a eso.

 

¿Qué camino tenemos? Estamos creciendo, las ciudades mexicanas se están desarrollando y ahí tenemos una oportunidad verdaderamente que yo creo que es el objetivo del próximo siglo, es hacer mejores ciudades. No mejores edificios, principalmente mejores ciudades.

 

Alguna vez platicando con Luis Barragán, hablábamos de París y los dos decíamos: “qué maravillosa ciudad, qué bien la pasa uno en París ”, ¡y cómo nos divertíamos!. Ya que habíamos llegado a esa conclusión, me dice Luis, -ya viste Ricardo, el mal gusto entró al occidente por Francia- me dijo, -dime un edificio de París que te parezca excepcional- y dijimos muy pocos, y si lo comparamos con otras ciudades, hay mucho mejores edificios en otras ciudades, sin embargo como ciudad,  París es extraordinario.

 

Y a nosotros no nos importa, estamos destrozando la forma de vida, queremos implantarla, es más, dentro de nuestro propio país queremos establecer una sola forma de vida, yo no encuentro ninguna relación entre la forma de vida y la cultura de Monterrey con la Ciudad de México, con Guadalajara, con Puebla, pero estamos obstinados en todas partes en abrir las famosas “plazas comerciales”.

 

 Estamos obstinados en que con el clima de Monterrey vivamos con el mismo sistema y forma que con el clima de Aguascalientes, que con el clima de Cancún, y ahí empezamos a echar a perder toda esta maravillosa herencia que tenemos de la variedad de culturas, la variedad de formas de vida, la variedad de materiales.

 

Y hablamos de una arquitectura mexicana, yo pregunto, ¿mexicana para quién?. Que cada uno de nosotros tenga un lenguaje está muy bien, pero la forma de resolver los problemas debe ser adecuada a cada una de las ciudades, y dentro de las ciudades a cada uno de los barrios, y dentro de los barrios a cada una de las manzanas y acabamos con que la solución de cada terreno debe ser especial.

 

Parece un poco de retórica, pero no es así., cada terreno tiene una orientación, cada terreno tiene una forma, cada programa representa un problema diferente y afortunadamente en México lo podemos hacer, lo podemos hacer porque todavía construimos, afortunadamente, en una forma que eso lo permite.

 

Qué necesidad tenemos de soluciones súper tecnificadas y de producción en masa cuando lo que hace falta en México es mano de obra, es dar trabajo  y todas estas consideraciones de tipo social, de tipo práctico, las debemos de tomar en cuenta para nuestra arquitectura.

 

Muy impresionante, que los líderes del High Tech inglés, Foster y Rogers estén dando vuelta a su arquitectura y se estén concentrando en ver cómo pueden hacer edificios que ahorren energía, cómo pueden hacer edificios que funcionen con ventilación cruzada, cómo pueden hacer edificios que verdaderamente respondan a la orientación de las fachadas, y nosotros estamos necios y entercados en copiarlos a ellos cuando ellos ya van hacia otro camino.

 

Hay un proyecto  que está haciendo Rogers en el cual el propietario citó a todos los empleados de la compañía y les dijo: -señores, se acabó esto de que el mejor ingeniero es aquel que conserva el aire acondicionado exactamente en los veintitrés grados centígrados, le dimos al ingeniero margen de tres grados hacia arriba, tres grados hacia abajo, hicimos un ahorro fundamental , y les voy a pedir que se diviertan vistiéndose diferente para trabajar según la época del año.

 

No tiene nadie de malo, -dijo él, - que en verano trabajen en camisa y en invierno usen un pequeño sweater-. Y nosotros estamos necios en que  tenemos que hacer eso, que necesitamos el aire acondicionado... sí,  lo necesitamos, ¿pero en todo, en todas partes, en todas formas? o simplemente Monterrey lo necesita, indudablemente el bajío no lo necesita, y seguimos haciendo las famosas plazas comerciales igual, seguimos pensando que existen las teorías de que las ciudades ya desaparecieron, que ya es una sola forma de vida , que es lo mismo en todos lados... se compra lo mismo en todas partes del mundo, entonces, ¿para qué estamos en esa nostalgia de recuperar la vía del peatón, la vía de la plaza, etc.?.

 

Y yo me pregunto, ¿y para qué?, ¿vamos a ser realmente más felices con esas soluciones?, ¿o simplemente estamos siguiendo teorías intelectuales de otros países en los cuales posiblemente funcionen?,pero que son casi ejercicios intelectuales. Necesitamos, vuelvo a insistir, trabajar en equipo; me impresiona el interés de todos ustedes, me impresiona muchísimo ver este número de asistentes, felicito a los organizadores y los felicito a ustedes por estar aquí, pero al mismo tiempo me da un temor: ¿qué van a hacer ustedes, si los seguimos llevando por el mismo camino que hemos seguido hasta ahora? ¿Quiénes son los reconocidos? Pues lean las listas de los conferencistas, y todos son conocidos porque diseñan muy bonitos edificios. Yo estoy aquí porque nos dicen y alguien dice, no sé si tenga razón o no, “¡qué bonitos edificios hace Legorreta, los pinta de colores y se ven sensacionales!”.

 

Esa es la única imagen del arquitecto triunfador, -hace cosas muy bonitas, las fotos salen muy bien, lo publican en todos lados, ¡ese debe ser el bueno y ese quiero ser yo!-. Nada más que no a todo el mundo le toca jugar ese papel, recordarán ustedes, les ponía yo el ejemplo del fútbol, o del trabajo en equipo, ustedes pueden tener una gran selección de fútbol, no como la mexicana, sino una buena, y dejen solo a Jorge Campos y verán qué goleada le ponen, no puede jugar solo, dejen a un core back solo y lo matan.

 

Sin embargo, ese es el que sale en los periódicos: “sólo Campos juega dos partidos en un día, y todos podemos ser Campos”, y ese es un grave error, un grave error. Necesitamos aprender a trabajar en equipo, cuesta mucho trabajo en México, ustedes en el Norte están mejor preparados que el resto del país, pero por favor, encuentren todo el orgullo y toda la satisfacción de las otras actividades, porque en primer lugar no es uno el que diseña, yo estoy aquí, a mí me toca jugar el papel del líder pero sin mi gente yo no puedo trabajar, no sólo no puedo trabajar: no puedo producir, no produzco.

 

Es importante que en la educación y en la carrera le demos el reconocimiento y la importancia que tiene ese trabajo.

 

Tengo un socio de hace todos los años del mundo, sin él yo no hubiera podido hacer nada; estoy seguro de que ustedes no conocen su nombre, su nombre es Noel Casto. No le interesa dar conferencias, no le interesa salir, pero he tratado, no le interesa más que su vida personal.

 

Cada año nos vamos a comer, nos tomamos varios tequilas y meditamos, y siempre acabamos en la misma conclusión, quién será más feliz y quién está haciendo una mejor labor, y siempre llego a la conclusión de que él está mejor que yo.

 

Tienen que entender eso, necesitamos eso, si no hay ese apoyo, vamos a perder la batalla, vamos a perder la batalla en manos de los que sí le dan valor a eso.

 

¿Por qué el arquitecto se ha desprestigiado tanto en nuestro país?, ¿por qué alguien que va a hacer una casa, en edificio, un conjunto de habitación dice, -¿para qué queremos arquitecto?, ¡no hombre!, no traigas arquitecto, nada más va a complicar la cosa, son gente muy difícil y nos va a costar más-. ¿Por qué es eso?, porque no sabemos cuál es nuestro papel, porque no le damos respeto a cumplir con todas esas cosas, porque llegan esos equipos norteamericanos que hacen proyectos en tres días, dicen que entregan el martes a las cuatro, entregan el martes a las cuatro, ¡horrible!, pero lo entregan a las cuatro, y nosotros no le damos valor a eso:  -sí hombre, pobres, estamos perdiendo campo, pues porque la gente es inculta, no hay respeto por la arquitectura, necesitamos fomentar que a la gente le interese la arquitectura-”,  y es que si no le resolvemos los problemas a esa gente, no vamos a ser arquitectos. Con riesgo a que mi hija se enoje, les voy a platicar la última cosa que me acaba de pasar.

 

Acabo de terminar la casa de mi propia hija, la quiero muchísimo, me quiere muchísimo, es una mujer excepcional, pero no le interesa la arquitectura... por supuesto, yo tenía que hacer la casa. Hice la casa, le dediqué por supuesto todo el amor y todo el tiempo que se le dedica cuando hace uno algo para una hija, creo que quedó muy bien la casa.

 

Se mudó ella, estaba viviendo en Guadalajara y se fue a la Ciudad de México, hicimos toda la casa y ella en Guadalajara y a los dos días de mudada me habló por teléfono y me dice: -¡oye papá, sabes qué, esto es un desastre!, ¡el agua de tal recámara no sale bien, tenemos un problema con la calefacción...!-, cinco, seis, diez quejas de ese tipo.

 

Cuando colgué dije, ¡bueno, esta niña no entiende nada!,nada de todo el esfuerzo que yo he hecho,  y después, uno de mis hijos me dijo, -mira papá, date cuenta de que a ella no le interesa, ella necesita una casa,  lo otro le va a llegar después, pero ahora lo que quiere es una casa en que el agua aliente salga, en que las puertas cierren, en que  la pintura esté bien, después va a entender lo otro, pero para ella lo más importante es eso-,  y para un promotor, lo más importante es que le hagamos arquitectura que dé dinero y poco a poco van a apreciar la estética, van a apreciar el ambiente.

 

 

Nos pasa a nosotros un cosa muy curiosa en nuestra arquitectura, que a veces la considero un defecto y no lo ha dicho uno, sino muchos clientes; dicen, por ahí ya cuando vamos en los acabados, me dicen ,  -sabes qué, ya estoy empezando a entender tu proyecto, al principio me parecía un absurdo, pero es que las cosas que tú haces, necesitan terminarse para entenderlas-,  y ya que se mudan, uno ó dos años después, esto también me acaba de pasar recientemente en un edificio de oficinas que hicimos en la Ciudad de México para rentar, hace poquito me dice el dueño, -oye,  caray, qué cosa tan rara, en la crisis, ya renté todo el edificio, qué curioso  y es que me he dado cuenta pues que algo tiene lo que tú haces que a la gente le gusta-, y es muy triste porque  desgraciadamente nos pasa ya que acabamos, pero es eso, es que si no le damos la importancia a lo otro, no vamos a resolver el problema, y no vamos a tener trabajo y la arquitectura del siglo XX, y lo digo de veras, muy sinceramente, ó rectificamos los arquitectos nuestra postura o les va a sonar pesimista y no soy pesimista: la profesión puede desaparecer.

 

Yo les digo algo, que es impresionante el dominio de los promotores, de los hombres de empresa, de los políticos; o  hacemos mejor nuestro trabajo, o nos vamos a quedar sin trabajo. No  tengo los datos exactos, posiblemente alguno de ustedes los conozca, pero el porcentaje de obra de construcción que se hace en este país sin la intervención de un arquitecto es altísima, altísima, o corregimos o nos quedamos sin trabajo.

 

O aprendemos a trabajar en equipo, nos ayudamos unos a otros y  reconocemos todas las actividades que hay dentro de la profesión, que son muchas y que son maravillosas, yo admiro profundamente a un buen jefe de taller, admiro profundamente a una gente que controle los costos, admiro profundamente a una persona que sepa supervisar, que sepa construir, ya no sabemos construir, o nos vamos a quedar sin trabajo, nos vamos a  desaparecer; acuérdense que la profesión es relativamente joven en la historia de la humanidad y somos fundamentalmente constructores, no somos pintores, no somos escultores, somos constructores. Y no veo ese camino dentro de la educación ni dentro de la práctica profesional.

 

La experiencia en mi oficina de los últimos años no puede ser mejor. En mi caso personal obviamente tiene una característica, desde hace cinco años cambiamos radicalmente la oficina, son puros jóvenes; a la cabeza está mi hijo, cosa que por eso yo digo que es muy especial, porque se le agrega la enorme satisfacción, y son jóvenes que quieren seguir este camino, y les digo que están sumamente felices, encantados, la energía que hay, y no estoy hablando de la calidad del diseño, esa ustedes la juzgan, la energía que hay, el entusiasmo por hacer esas cosas bien dentro de mi oficina es sorprendente y afortunadamente, gracias a ellos, no nos ha faltado trabajo.

 

Por último, les insisto, necesitamos abrirnos, ¿por qué siempre hablamos deque para que México se vuelva internacional hay que importar cosas? ¡Ah!, para importar somos los amos, desde toda la organización, hasta cada uno de nosotros que ya sabemos cómo cruzar la frontera para sacar la luz verde en lugar del foquito rojo, tenemos todos lo recursos para que nos den una factura mas baja, pasamos las cosas sin impuestos, toda la cultura es para importar, y no tenemos cultura de exportación.

 

Ustedes en Monterrey están siendo los líderes de eso, por favor, llévenlo a la arquitectura, representa una actitud diferente. Pregunto yo, ¿por qué tememos que importar todos los ismos de los últimos diez años? El desconstructivismo, el historicismo, el postmodernismo , ¿y por qué no exportamos el mexicanismo, por qué no exportamos la calidad de pensamiento nuestra ,el humanismo del mexicano, la calidad de vida, la forma de hacerlo ? La única razón, se los digo porque lo hemos hecho en la oficina, la única razón, es que no queremos.

 

Talento creativo tenemos mucho más nosotros que en muchos otros países. ¿Qué se necesita?,  una actitud diferente y trabajar muchísimo. Ustedes en el Norte son muy trabajadores, no tienen ese problema, lo único que nos falta es estar muy orgullosos de nuestra cultura, y no vean nuestra cultura como una cosa de nostalgia:“-¡ah sí!,  sí es muy bonita la arquitectura precolombina, pero ya no es ahora hombre, ya eso ya  no cuenta, ya necesitamos un México nuevo. ¡Qué bonita es la arquitectura popular!, pero ya necesitamos un México nuevo, un México que se presente en el mundo de forma diferente-”

 y pregunto yo, ¿qué hay de malo en Octavio Paz  y qué hay de malo en Carlos Fuentes? ¿Qué hay de malo en ellos? Son figuras respetadas porque han llevado a México adelante.

 

Tienen ahí un caso increíble de trabajo, de éxito, sobre todo, de orgullo por nuestro país. Y piensen una cosa que hace tiempo que no hacía yo, creo que la hice con ustedes una vez, pero pues no tiene nada de malo repetirla.

 

Antes de enseñarles los últimos proyectos los cuales seleccioné, pues los proyectos que pienso son los que menos  posibilidades tienen ustedes de visitarlas, hay unos que los pueden ver muy fácilmente, pero tengo algo que decir sobre ello: den una vista de qué es lo que estamos haciendo,  pero por favor no lo interpreten como que eso es lo que tenemos que hacer, interprétenlo como que esa es la calidad que tenemos que seguir, ese el pensamiento y la cultura a la cual tenemos que llegar.

 

Cada quien llegue con sus formas, con sus materiales, con su filosofía, lo que quieran, pero no pierdan de vista que el objetivo es esa calidad.

 

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