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El respaldo monetario Este no es más que una recopilación de los debates surgidos en: Argentinos a las Cosas. |
Este artículo no pretende convertirse en un tratado sobre economía, pero sí llevar una explicación que nos ayude a conocer algunas de las reglas del “mercado” e impedir así que se nos siga mintiendo tanto.
Esta es un producto del intercambio de opiniones en el Foro, que produjo en su momento el Ing. Yañez.
Horacio Dupuy
Administrador
Argentinos a la Cosas
Lo que es políticamente correcto, pude ser inoportuno y poco propicio, pero… el político piensa:
“Es preferible devaluar a tener la actitud valiente de rebajar los salarios”. Todo esto descontando que no está dispuesto a restringir el despilfarro administrativo.
No cabe duda que el enorme perjuicio causado al país se hubiese evitado, adecuando los gastos del estado a las posibilidades económicas del país, en lugar de sostenerlos con endeudamiento.
El causante de la falta de competitividad es la ineficiencia del Estado para administrar los recursos y su excesiva voracidad fiscal.
Algunos afirman que “la relación peso-dólar 1 : 1 fue una fantasía".
Si esto fuese así, debería considerarse muy auspicioso para nuestro país el haber modificado la relación austral-dólar 0,801 : 1 llegando a ser de 1 a 10.000.
El mecanismo para fijar el valor de nuestra moneda está establecido en nuestra constitución desde 1853, ratificado en 1994, conjuntamente con la fijación de pesos y medidas (cfr. CN, art. 75, inc. 11). Pero desgraciadamente la Constitución, la Ley y las Normas solo existen para violarlas.
Si la moneda que es una unidad de medida sufre variaciones en su paridad ¿porqué no variar el metro, el kilogramo, el segundo, el ampere, el kelvin, el mol y la candela?.
¿Porqué respetar estas convenciones y no la de la moneda?
¿Es correcto variar las relaciones según el grado de desarrollo de cada país?
Nosotros desde los años 50’s agregamos 13 ceros a nuestra moneda.
Cuando EE.UU. abandona el Gold -exchange-Standard tiene un claro objetivo: emitir sin respaldo e inundar Europa de “eurodólares”, para esto cuenta con los “traveler checks” y las tarjetas de crédito.
¿Por qué la moneda norteamericana no se devalúa? Sencillamente porque EE.UU. es suficiente garantía para el que invierte. Son excepciones que no son tales, una garantía puede estar dada por el patrimonio que lo respalda o la confiabilidad. Esto sucede entre los países y entre las sociedades de cualquier índole.
Nosotros, como país, por no ser confiables deberemos tener un respaldo “externo” que nos avale. Pedimos inversiones extranjeras pero depositamos nuestros dineros en el exterior… Y si logramos una cierta estabilidad cambiaria, los préstamos se realizan con intereses usurarios, aún en divisas.
En general se escucha: “el dólar estaba alto y sobrevaluado”, olvidando tal vez que dólar alto significa salarios altos y viceversa. La devaluación y la inflación afecta principalmente a los asalariados y beneficia a aquellos que “licuan pasivos” y a los que necesitan mano de obra barata… El resto, los que se modernizaron e invirtieron y por ello se endeudaron, los que confiaron salieron perdidosos...
Los salarios altos con respecto a las divisas provocaron que las industrias se tecnificaran, esto es positivo pero tiene ventajas y desventajas.
Si el empleado/obrero dispone de dinero, consume, con lo que genera puestos de trabajo.
Si el Estado no administra convenientemente, debe aumentar la presión impositiva quitándole circulante al mercado, siendo esta la causa principal de la baja del consumo y de la disminución de la competitividad.
El peor enemigo de la competitividad es la carga impositiva desmedida y caprichosa.
La modernización trae aparejado una baja en los costos que hace mas poderoso el poder adquisitivo de la población en general, pero si no se promueve convenientemente las áreas de servicio y turismo y si no se incentiva sobretodo a las pequeñas industrias se produce la catástrofe inevitable, el DESEMPLEO, cada robot y sus aliadas la computadoras desalojan una cantidad importante de mano de obra que debe reconvertirse y dirigirse hacia las PYMES, que generalmente por su carácter artesanal no pueden prescindir de la mano de obra. Siempre el problema señala a la carga impositiva y el despilfarro estatal.
No debemos olvidar que un país con moneda fuerte atrae inevitablemente mano de obra de países menos afortunados, es por ello que articula políticas migratorias selectivas permitiendo solo el acceso a aquellos que le son necesarios por conocimientos o a los que realizan tareas que los “locales” no desean cubrir.
Algunos pensamientos:
Santiago Ramón y Cajal: "Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas."
Henry Thoreau: “Jamás existirá un Estado realmente libre y culto, mientras el Estado no se avenga a reconocer al individuo como un poder superior e independiente, de donde proviene su propio poder y autoridad, y lo trate como tal.”
Juan Bautista Alberdi: “Para proteger mejor el fin social de la riqueza, la Constitución Argentina ha preferido la distribución libre a la distribución reglamentaria y artificial. La distribución de las riquezas se opera por sí sola, tanto más equitativamente cuanto menos se ingiere el Estado en imponerle reglas”.
Benjamín Franklin: “En general, sería mejor que el gobierno no se mezclase en el comercio y lo dejara seguir su camino libremente. Casi todos los estatutos, leyes, edictos, reglamentos y prohibiciones de los parlamentos, príncipes y estados para regular, dirigir o restringir el comercio han sido, en nuestro concepto, o disparates políticos o artimañas introducidas por hombres astutos para sacar provecho propio so pretexto de promover el bien público.”
"Una moneda eficaz es la condición de la libertad humana. Creedme: hoy como ayer, el porvenir del hombre depende de la moneda"
(Jacques Rueff. "La época de la inflación". Ed. Guadarrama)
Dijo Michel Andreutti: "La moneda es a la economía lo que la palabra al ser humano: puede o no reflejar su contenido, pero lo que jamás podrá hacer es generarlo"
Moneda y palabra. Moneda y lenguaje. Los dos elementos que los bolcheviques aconsejaron corromper si se quería destruir el Espíritu de Occidente.
La única ley que hemos respetado los argentinos casi con religiosidad fue la de la CONVERTIBILIDAD, que no fue una ficción; fue una ley de la Nación. Lo que constituye una ficción desde 1983 en adelante es tratar de mantener el gasto público por encima de la capacidad tributaria del pueblo y por encima de la capacidad de recaudación del Estado. Esta desproporción, mantenida a rajatabla, provocó la hiperinflación anterior a la convertibilidad, el endeudamiento durante la convertibilidad y la inflación reprimida posterior a la convertibilidad.
Manifestó el Ing. Gustavo Ibáñez Padilla
Libre mercado: Todas las medidas que limitan la libertad de comercio perjudican a la sociedad en su conjunto en beneficio de unos pocos. Un sistema económico real es más eficiente en cuanto más se aproxime al ideal de libertad pura. Aquellos que pregonan por un tipo de cambio alto, o que alaban la devaluación, o los que piden aranceles preferenciales, leyes especiales o cualquier otro tratamiento diferencial, omiten aclarar quién paga el costo de estas medidas. Es simple, la moneda debe ser una reserva de valor independiente del criterio de la autoridad de turno (un ejemplo muy claro es cuando la moneda es el oro o cualquier otro elemento que no puede ser emitido según lo desee el Banco Central). Los que ponderan la devaluación en realidad apoyan la disminución arbitraria y generalizada de todos los salarios, jubilaciones y rentas de los ciudadanos. Curiosamente, por lo general, son los mismos que criticaron la disminución del
13% a los estatales, cuando se intentó aplicar el déficit cero. Manipular el tipo de cambio equivale a modificar la hora. Se desea que la gente se levante más temprano, entonces en vez de intentar modificar los hábitos se impone por la fuerza un cambio en la “hora oficial”. Esto puede dar resultado en un principio,
siempre y cuando se aplique con moderación, pero luego, al insistir con estas medidas puede llegarse al absurdo de una hora oficial totalmente desconectada de la hora solar. Si modificar arbitrariamente el tipo de cambio fuera la solución, entonces habríamos inventado la máquina generadora de riqueza. Queremos
exportar más, fijemos entonces la relación dólar/peso en diez, o mejor en veinte. luego, si es necesario, la incrementaremos a cincuenta o cien. El engaño es obvio, pero a veces las cosas más obvias son invisibles a los ojos de la gente. Ya lo dijo Sherlock Holmes: “No hay nada más engañoso que lo obvio”. Si queremos tener una economía sana y en crecimiento se precisa disponer de una moneda estable. Por supuesto esto requiere que los precios relativos de todos los intercambios no sean rígidos por decreto. Esto incluye a los salarios, y especialmente a los que paga el Estado. Los trabajadores privados llevan años de ajustarse el cinturón y de ver disminuir sus ingresos conforme a lo que dicta la ley de la oferta y la demanda. En cambio los empleados públicos poseen sueldos “protegidos” de los avatares del mercado, aunque su empleador esté prácticamente en quiebra. Hay que decirlo, aunque sea una invitación a recibir críticas, en la Argentina no hay igualdad ante la ley. Un juez, por ejemplo, recibe un ingreso que no pierde valor en el tiempo invocando la intangibilidad de sus haberes. Cabe preguntar ¿vale más un juez que un policía que arriesga su vida en las calles por un sueldo miserable? Lo mismo podría decirse de un médico o un maestro rural en comparación con un diputado o un senador (o un chofer de ambulancias del Pami). Lamentablemente abundan en nuestra tierra los hipócritas, y sino cómo entender a nuestros “industriales” de la UIA, que hace unos años aplaudían a Domingo Cavallo y hoy aplauden a Roberto Lavagna cuando dice que la convertibilidad fue una tontería imperdonable cercana a la estupidez. La verdad obvia de la que nadie habla, aunque esté frente a sus ojos, se llama déficit fiscal.